COVID-19: Museos de Ciencia Luchando por su Supervivencia

 

A pesar de todo, los especialistas creativos prometen la recuperación, promoviendo la investigación y los programas públicos en línea.

Hace unos meses, la jubilación era lo más alejado de la mente de David Thomas. «Entonces el mundo se puso patas arriba», recuerda el arqueólogo del Museo Americano de Historia Natural en la ciudad de Nueva York. En marzo, la pandemia del coronavirus obligó al museo a cerrar sus puertas. Ya no hubo más grupos escolares abarrotando las salas de exposiciones interactivas, ni filas de turistas internacionales esperando a pagar 23 dólares US por cabeza para maravillarse con los fósiles. Los ingresos del museo se desplomaron un 60%.

En este museo emblemático los profesionales de más edad pidieron jubilaciones anticipadas. A principios de mayo, el personal se recortaba un 20% (de 1100) y se producían 250 despidos. Muchos empleados a tiempo completo trabajan actualmente 3 días a la semana, principalmente desde su casa. David Thomas optó por solicitar la jubilación, junto con cuatro de los otros 38 curadores del museo. «Hice lo correcto», afirma.

En todo el mundo, los museos de historia natural están cerrados y se tambalean. Durante la última semana de mayo, la Academia de Ciencias de California anunció que estaba suspendiendo o despidiendo al 40% de su personal. «Nos recuperaremos, pero no hay duda de que volveremos siendo de alguna manera una institución diferente», explica Peter Roopnarine, un paleontólogo que trabaja allí.

La dependencia de los museos de los ingresos de la venta de entradas y eventos (sin contar las subvenciones públicas) los ha convertido en las primeras instituciones que han sentido el impacto económico de la pandemia del COVID-19. «Me preocupa la salud a largo plazo de todos los museos de historia natural y las colecciones que se encuentran en nuestra sagrada confianza», declaraba Shannon Hackett, ornitólogo del Museo Field de Historia Natural en Chicago. «Será muy difícil para algunos museos volver a abrir», afirmaba Scott Cooper, director de la Academia de Ciencias Naturales de la Universidad de Drexel en Filadelfia.

Pero esta crisis ha conseguido impulsar a los museos a adoptar o expandir prácticas que, aunque no restablezcan los ingresos perdidos, mantienen al público comprometido y permiten que la investigación avance: un concurso de biodiversidad en línea, debates públicos en Zoom, una cámara web que transmite corales cautivos. Los conservadores también difunfen y refinan las colecciones digitales que son accesibles tanto para el público como para los investigadores que se hallan confinados en sus hogares.

«Estamos viendo más cambios en la industria del museo en este momento de los que se hubieran hecho de una manera natural anteriormente», comenta Julie Stein, directora del Museo Burke de Historia y Cultura Natural de la Universidad de Washington, Seattle, cuya propia institución ha sufrido una enorme devastación financiera. El Museo Burke había inaugurado un nuevo edificio en octubre de 2019 y «apuntaba a tener ingresos récord», afirma Stein; pero todo el campus cerró el 6 de marzo pasado.

Algunos museos, incluido el Museo Nacional de Historia Natural de la Institución Smithsonian, en Washington, D.C., han logrado esquivar los acantilados financieros gracias al apoyo gubernamental. El Museo de Historia Natural de Londres permanece a flote con la ayuda de emergencia del gobierno del Reino Unido, pero ha tenido que despedir a la mitad de su personal hasta finales de junio. A su vez, el Field Museum ha evitado hasta ahora los despidos gracias a su reserva de efectivo y al programa federal de protección de cheques de pago, según declaraba el presidente y CEO Richard Lariviere. Pero el 30% de los ingresos del museo proviene de la venta de entradas y actividades relacionadas, y ya se han perdido US$ 17 millones. Dado que los casos de COVID-19 aún no han alcanzado su punto máximo en Illinois, Lariviere duda de que el museo abra este verano, y le preocupa tener que verse obligado a hacer más despidos.

Algunos museos universitarios han conseguido evitar los despidos por ahora, pero pueden pagar el precio más tarde si los presupuestos se reducen. El Museo de Arqueología y Etnografía Peabody de la Universidad de Harvard probablemente no volverá a abrir tan rápido como los museos independientes, afirma su directora Jane Pickering.

Preocupados por el futuro, los investigadores están angustiados por no poder continuar con las investigaciones que tenían en marcha. Las restricciones en los viajes han detenido el trabajo de campo y, con ello, la suma de más especímenes a las colecciones, entre otras cosas. El Museo Americano de Historia Natural de NY ha cancelado 100 expediciones, y los investigadores no pueden acceder a los edificios para analizar las colecciones existentes. «Nos han cerrado nuestras colecciones, instalaciones y el encuentro con colegas», dice Anjali Goswami, paleobiólogo del Museo de Historia Natural de Londres.

Existe una tendencia, acelerada por la crisis, que podría ayudar en algo: los esfuerzos para digitalizar las colecciones. En el Museo de Zoología Comparativa de Harvard, el personal que trabaja desde casa ha estado ocupado mejorando los millones de registros en la base de datos de todo el museo, agregando, por ejemplo, coordenadas de latitud y longitud a los especímenes que hasta ahora solo estaban identificados por los nombres de las ubicaciones donde se encontraron. «Hay una tremenda cantidad de datos encerrados en las colecciones», declaraba Kirk Johnson, director del Museo Nacional de Historia Natural, cuyas imágenes digitales detalladas de plantas prensadas en el herbario permiten a los investigadores examinarlas desde sus ordenadores. «Ahora estamos poniendo luz a los datos oscuros de nuestros museos».

Rebecca Albright, bióloga de corales en la Academia de Ciencias de California, se encuentra estudiando los misterios del desove de los mismos; solo otro equipo de investigación ha logrado que los corales se reproduzcan en un laboratorio. Recientemente, Albright identificó las condiciones adecuadas respecto a la temperatura del agua y la iluminación – que recrean la duración cambiante del día y el ciclo de la Luna – para conseguir un rápido desove. Cuando se enteró de que no podría encontrarse en el museo en el momento clave, ella y sus colegas instalaron una cámara web infrarroja. «Nunca antes habíamos configurado una cámara porque no había sido necesario», explica. La cámara de transmisión infrarroja en vivo les permitió captar el desove en el acto del 22 de abril, Día de la Tierra, hecho que ocasionó un gran revuelo en la web. «Si nos hubiéramos perdido esto, habríamos tenido que esperar un año entero», declaraba Albright. Nuestros corales ahora tienen 1,6 millones de seguidores.

Otros científicos han reenfocado su investigación sobre la pandemia misma. Roopnarine ya había estudiado con anterioridad cómo la naturaleza se recuperaba de las extinciones en masa. Actualmente está reutilizando sus modelos informáticos de recuperación de ecosistemas para evaluar cómo varios esquemas de empleo pueden volver a encauzar las economías a medida que los bloqueos se alivian. «Nuestro trabajo nunca ha sido más relevante de lo que es ahora», explica.

Muchos ven la pandemia como una oportunidad para el cambio. «Estoy haciendo más programas públicos que nunca, en formatos virtuales», afirma Sabrina Sholts, antropóloga biológica del Museo Nacional de Historia Natural de NY.

Para involucrar al público en las investigaciones, el Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles y la Academia de Ciencias de California reclutaron en abril a miles de científicos aficionados en un proyecto de esfuerzo por la biodiversidad global llamado City Nature Challenge. Los participantes reunieron miles de imágenes de aves, insectos y otros animales salvajes en más de 250 ciudades, con el fin de ayudar a los investigadores a estudiar los ecosistemas urbanos.

La pandemia en sí está inspirando nuevas acciones. Leonard Krishtalka, director del Instituto de Biodiversidad e Museo de Historia Natural de la Universidad de Kansas, pretende que los museos amplíen su enfoque para incluir microbios y virus.

En el Museo Nacional de Historia Natural de NY, Sholts ya estaba pensando en ese sentido cuando organizó una exposición temporal inspirada en la epidemia del ébola de 2014. El «brote», que explora cómo se propagan los patógenos entre los animales y las personas, se abrió hace 2 años. Tras la irrupción del COVID-19, esta exposición fue replicada en línea, con una versión digital traducida a media docena de idiomas. Ya se ha adaptado un kit de bricolaje en 41 países y 30 estados y territorios de EE. UU.

«Estamos en el proceso de reinventar para qué sirven los museos de historia natural», declaraba Johnson en una conversación telefónica con un periodista mientras pasaba por los pasillos cerrados de la exposición Outbreak. «Ahora, los museos pueden desempeñar un papel mucho más impactante que en los últimos 50 años».

Recurso bibliográfico:

Elizabeth Pennisi (2020): Shuttered natural history museums fight for survival. Science magazine. Nº: 6496, Volumen: 368, 5 junio 2020.


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