En su análisis sobre la atención, James (1892) notó que dirigir la atención voluntariamente hacia ciertos estímulos demanda un esfuerzo significativo. Este esfuerzo se manifiesta cuando ignoramos estímulos más llamativos para concentrarnos en algo menos atractivo (James, 1892, p. 224). Investigaciones sobre la atención indican que mantener este nivel de esfuerzo puede llevar a la fatiga. La Teoría de la Restauración de la Atención (Kaplan y Kaplan, 1989) sugiere que el esfuerzo continuo de enfocar la atención resulta en agotamiento mental. Este fenómeno, conocido como «fatiga de atención dirigida», puede provocar irritabilidad, ansiedad, ira, frustración, problemas para realizar tareas cognitivas y un incremento en los errores de desempeño. No obstante, se puede superar la fatiga de atención en entornos «restaurativos» que propician una atención relajada y sin esfuerzo (Berto et al., 2010).
Un hallazgo clave relacionado con la Teoría de la Restauración de la Atención es que la naturaleza suele ser percibida como reconstituyente. Estar en la naturaleza o incluso observar imágenes de entornos naturales puede mitigar la fatiga mental. Los paisajes naturales suelen inducir «fascinación», un estado de reflexión acompañado de una atención relajada y sin esfuerzo. La fascinación es esencial para que un entorno sea considerado restaurador, ocupando un lugar central en esta teoría (Kaplan, 1995). Los elementos fascinantes atraen la atención, evitan el aburrimiento y, crucialmente, permiten a las personas funcionar sin necesidad de enfocar activamente su atención (Berto, 2005).
Algunas investigaciones han evidenciado el alto potencial de fascinación de los museos. Packer y Bond (2010) notaron una correspondencia notable entre las características de los museos y los criterios definidos por Kaplan (1995) para una experiencia restaurativa. Sus resultados sugieren que, para algunas personas, los museos pueden ser tan reconstituyentes como los ambientes naturales, aportando así a nuestro entendimiento sobre los elementos que promueven el bienestar de los visitantes. Esta idea de restauración se profundizó a través de cuestionarios aplicados tras la visita al museo, revelando que la mayoría de los participantes experimentaron una sensación de relajación y un renovado entusiasmo por la vida (Packer, 2008). Esto implica que el efecto restaurativo puede ser especialmente beneficioso para los visitantes durante el proceso educativo en el museo.
La relación entre la restauración percibida de un ambiente y su apreciación estética ha sido objeto de estudio. Galindo e Hidalgo (2005) encontraron que características como armonía, apertura, luminosidad, adecuación para el ocio y como lugar de encuentro, se asocian con la percepción de restauración. Se ha investigado ampliamente sobre la elección de lugares «favoritos» y los juicios estéticos sobre ellos (Korpela y Hartig, 1996; Korpela et al., 2001; Purcell et al., 2001; Peron et al., 2002). Hidalgo y colaboradores (2006) clasificaron lugares urbanos en categorías de atractivo visual en un estudio con residentes de dos ciudades europeas, quienes identificaron los lugares más y menos atractivos de sus ciudades. Las categorías principales fueron espacios histórico-culturales y de ocio, vistas panorámicas, zonas residenciales e industriales, siendo los espacios histórico-culturales (48%) y de ocio (33%) percibidos como más estéticos y restauradores. Esto implica que los entornos museísticos, por su naturaleza «histórico-cultural» y su dimensión recreativa, tienen potencial restaurador y podrían enriquecer la experiencia de aprendizaje. Además, la «Cultura» y «Recreación» figuran entre los principales motivos para visitar museos. Korpela (2002) investigó los lugares favoritos de niños, destacando la preferencia por espacios que permiten actividades e interacciones sociales.
Kaplan y colaboradores (1993) revisaron estudios previos y analizaron nuevamente comentarios de grupos focales acerca de la experiencia en museos, identificando atributos restaurativos:
- Fascinación: espacios que demandan poco o ningún esfuerzo de atención.
- Estar lejos: oportunidad de escapar de la rutina diaria.
- Extensión (Alcance y Coherencia): lugares interesantes y atractivos para la exploración.
- Compatibilidad: cuán bien un ambiente se alinea con las preferencias y objetivos personales.
En un estudio complementario, los investigadores extendieron la lista de efectos restaurativos para abarcar sensaciones de renovación, restauración, reflexión, relajación y ausencia de fatiga o preocupación. Packer y Bond (2010) examinaron los atributos y beneficios restaurativos reportados por visitantes de destacadas instituciones educativas públicas, incluyendo galerías de arte, jardines botánicos, parques, zoológicos, acuarios y sitios históricos. De esta investigación, se identificaron diversas motivaciones que atraen a los visitantes a estos espacios culturales y de ocio: aprendizaje y descubrimiento, disfrute pasivo, restauración, interacción social y autorrealización.
La investigación actual ha empezado a investigar cómo los ambientes restaurativos impactan en el ámbito escolar (Bagot et al., 2015; Berto et al., 2015). Considerando que algunos elementos de la educación actual entrenan a los niños en la atención dirigida y esforzada, mientras otros fomentan la exploración a través de la atención involuntaria, resulta crucial determinar el equilibrio presente en los museos. ¿De qué manera se podría organizar una visita museística para optimizar los beneficios cognitivos, emocionales y sociales para los niños? Los entornos museísticos, mediante características que estimulan la “fascinación”, podrían promover en los niños un estado de atención relajada, mejorando así su proceso de aprendizaje.
En conclusión, la serie de investigaciones exploradas subraya la importancia de los entornos restaurativos, no solo en la naturaleza sino también en contextos educativos como los museos. Los estudios revelan cómo aspectos como la fascinación, la extensión y la compatibilidad de un ambiente pueden tener un impacto significativo en la renovación cognitiva y emocional de los individuos. Específicamente en los museos, estos hallazgos invitan a repensar la manera en que se diseñan las experiencias educativas, buscando un equilibrio entre el esfuerzo y la atención involuntaria que potencie el aprendizaje y el bienestar de los visitantes. Estas investigaciones abren puertas hacia nuevas metodologías que integren los principios de restauración en la educación, ofreciendo entornos más enriquecedores y beneficiosos para todos los públicos.
Recursos Bibliográficos:
Hernández Bento, R., Cabrera Rodríguez, L. F. y Hernández Moreno, S. (2013): Espacios verdes urbanos como lugares de restauración psicológica. Psicothema, 25(3), páginas 330-336.
Bagot, K. L., Allen, F. C. L. y Toukhsati, S. (2015): Perceived restorativeness of children’s school playground environments: Nature, playground features and play period experiences. Journal of Environmental Psychology, 41, páginas 1-9.
Berto, R., Baroni, M. R., Zainaghi, A. y Bettella, S. (2015): An exploratory study of the effect of high and low fascination environments on attentional fatigue. Journal of Environmental Psychology, 32(4), páginas 494-500.
Galindo, M. P. y Hidalgo, M. C. (2005): Environmental perceptions and psychological well-being: A study with adults and children in urban and rural settings. Landscape and Urban Planning, 77(1-2), páginas 44-53.
Hidalgo, M. C., Berto, R., Galindo, M. P. y Getrevi, A. (2006): Identifying attractive and unattractive urban places: Categories, restorativeness, and aesthetic attributes. Environment and Human Behavior, 7(2), páginas 115-133.
James, W. (1892): Psychology: The Briefer Course. Nueva York, NY: Henry Holt & Co.
Kaplan, S. (1995): The restorative benefits of nature: Toward an integrative framework. Journal of Environmental Psychology, 15(3), páginas 169-182.
Kaplan, S. y Kaplan, R. (1989): The experience of nature: A psychological perspective. Cambridge, UK: Cambridge University Press.
Korpela, K. M. y Hartig, T. (1996): Restorative qualities of favorite places. Journal of Environmental Psychology, 16(3), páginas 221-233.
Korpela, K. M., Kytta, M. y Hartig, T. (2001): Restorative experience, self-regulation, and children’s place preferences. Journal of Environmental Psychology, 21(4), páginas 387-398.
Packer, J. y Bond, N. (2010): Museums as restorative environments. Curator: The Museum Journal, 53(4), páginas 421-436.
Purcell, A. T., Peron, E. y Berto, R. (2001): Why do preferences differ between scene types? Environment and Behavior, 33(1), páginas 93-106.
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Imagen: MoMA
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