Estudios recientes abordan la participación comunitaria como un elemento clave para los museos, aunque esta participación adopta diversas formas, cada una con sus propias ventajas y desafíos. Cada museo, con sus políticas y programas específicos, define su propio enfoque de participación comunitaria. Esta puede variar desde ofrecer oportunidades de voluntariado en el museo (pagado), implicar a la comunidad local en la creación de contenidos y talleres para el museo, hasta modificar las prácticas y la cultura museística. Estas acciones se pueden considerar manifestaciones concretas de la colaboración entre los miembros de la comunidad para compartir recursos y experiencias. Además, el impacto de la participación comunitaria depende del enfoque de acción comunitaria adoptado, los miembros involucrados, cómo se desarrolla el proceso y el contexto en el que ocurre.
La participación de la comunidad puede iniciarse de dos maneras: (a) por iniciativa del museo, como un esfuerzo por acercarse e involucrar a la comunidad en las actividades del museo; o (b) por iniciativa de la comunidad local, a través de la exhibición de sus propios contenidos en el museo o la presentación de actividades. Existen numerosas acciones y programas que permiten la participación comunitaria. Algunos programas buscan apoyar económicamente a la comunidad, destinados a la preservación y mantenimiento de edificios históricos y a involucrar a la comunidad en estos esfuerzos como una forma de combatir la pobreza.
El interés en las discusiones y estudios sobre la participación comunitaria en museos data de 1980, cuando se reconoció como una estrategia efectiva para lograr objetivos políticos, buscando equilibrio cultural, social y económico. La demanda por hacer de los museos un espacio propicio para la participación comunitaria ha aumentado significativamente, enfocándose en escuchar la opinión pública y adoptar métodos que fomenten el diálogo, rechacen la hegemonía y acepten el compromiso social. Los museos buscan equilibrar la voz del Estado con la de la sociedad para promover la inclusión social. Uno de los principales retos para los museos es cómo integrar a la comunidad en sus políticas y programas. Aunque algunos museos han logrado involucrar a la comunidad de manera efectiva y exitosa, otros han sido lentos en adaptarse a estas transformaciones.
El término «museo» a menudo se relaciona con la noción de un espacio neutral, destinado a actividades culturales y al aprendizaje de hechos históricos, científicos y artísticos. Representa la identidad, cultura e historia de una comunidad. Como señala Sharon Macdonald, «cualquier museo o exposición es, de hecho, una declaración o postura. Es una teoría: una manera sugerida de ver el mundo». Los museos influyen en cómo las personas comprenden y perciben el mundo a su alrededor, permitiéndoles diferenciar entre diversas culturas e identidades, quiénes son considerados integrantes y quiénes son marginados, y cuyas perspectivas o interpretaciones de la historia se consideran legítimas. Así, el museo refleja a la comunidad que lo estableció, convirtiéndose en un escenario de debates políticos complejos y multifacéticos.
Por otro lado, las definiciones de «comunidad» varían ampliamente en la literatura; el término no posee una definición definitiva ya que su interpretación depende del contexto. El patrimonio cultural fue descrito como «una función en la vida de la comunidad» en la Convención del Patrimonio Mundial de 1972, implicando que es responsabilidad de toda la comunidad internacional proteger este patrimonio.
La palabra «comunidad» se puede entender como el término más cercano a «stakeholders» en inglés, el cual engloba a la alta dirección, al público y al sector privado, a los residentes locales, inversores, comunidades locales, y a las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales.
El diccionario Merriam-Webster define «comunidad» como «un grupo de personas con intereses comunes que viven en una zona específica» o como «un grupo de personas que comparten una historia común o intereses sociales, económicos y políticos». Sin embargo, el concepto de «comunidad» sigue siendo ambiguo; generalmente, se refiere a un conjunto de individuos unidos por la proximidad geográfica a un objeto de interés y por su compromiso compartido hacia una meta o característica común.
La comunidad patrimonial se describe en la Convención de Faro como «un grupo de personas que valora ciertos aspectos del patrimonio cultural que desean, dentro del marco de acción pública, preservar y transmitir a futuras generaciones».
La participación comunitaria es un proceso de comunicación interactivo que permite a los ciudadanos participar en la formulación de políticas y en la provisión de diversos servicios públicos, siendo esta última responsabilidad del gobierno elegido. Es un proceso ideal donde la labor del gobierno se vincula con la de la sociedad para alcanzar los objetivos deseados. La participación comunitaria implica la colaboración colectiva de un grupo, no de individuos aislados. Para organizar estos procesos participativos, se deben integrar adecuadamente las dinámicas de la sociedad, sus metas conflictivas y sus diversas cuestiones.
La participación pública involucra a un grupo de personas, especialmente a aquellas directamente afectadas por decisiones. El Banco Mundial define la participación pública como «un proceso a través del cual las personas… especialmente aquellas en desventaja… pueden influir en la formulación de políticas y decisiones de inversión».
La «Carta de Burra» establece que «la conservación, interpretación y gestión de un lugar deben incluir la participación de las personas para quienes el lugar tiene significados especiales o que tienen responsabilidades sociales, espirituales o culturales hacia el lugar».
Con respecto a la Convención de 1972 y los desafíos relacionados con su artículo 14, que no especificaba la participación de las comunidades locales en el proceso de nominación, se realizaron diversas reuniones para modificar este artículo, marcando un cambio significativo en la convención del patrimonio mundial. La participación comunitaria se ha convertido en un componente crucial en la conservación del patrimonio cultural, introduciéndose el término «socios en la gestión del sitio» tras esta modificación.
La participación de la población local en el proceso es fundamental para que sientan una responsabilidad compartida con el Estado parte en el mantenimiento del sitio. Esta preocupación a nivel internacional refleja la importancia de la participación comunitaria en los procesos de preservación y protección del patrimonio cultural, confirmando que el éxito en la conservación del patrimonio se logra involucrando a las comunidades locales sin omitirlas ni excluirlas.
La distinción entre «ecomuseos» y «museos tradicionales» se puede simplificar en dos ecuaciones propuestas por Hugues de Varine:
- Museo tradicional = edificio + colecciones + exposiciones + personal especializado + público visitante.
- Ecomuseo = territorio + patrimonio + memoria colectiva + población local.
Estas ecuaciones resumen las diferencias entre estos dos tipos de museos, destacando el enfoque participativo de los ecomuseos con la comunidad local, el cual es continuo y se refleja en sus políticas y programas:
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- Un ecomuseo es iniciado y gestionado por las comunidades locales, promoviendo la participación pública en todas las decisiones y actividades mediante un enfoque democrático.
- Fomenta la colaboración con artesanos, especialistas, escritores, educadores y artistas locales, e incluye el voluntariado de diversos actores.
- Se enfoca en construir identidades y un sentido de pertenencia, buscando el desarrollo sostenible y la valorización de los recursos locales.
- Puede ofrecer beneficios a los residentes locales, como un sentido de orgullo, revitalización y beneficios económicos.
Cada área designada como patrimonio mundial debería poder proteger sus recursos y rasgos distintivos más significativos, promoviendo la preservación de su herencia cultural y sociocultural, y vinculándose con valores más contemporáneos para integrarse en la sociedad globalizada, especialmente en el mercado turístico. Por tanto, el desarrollo del patrimonio requiere políticas y procedimientos centrados en el aspecto humano, cuyo objetivo principal no es solo entretener a las sociedades, sino también encontrar formas más efectivas de conectar estas sociedades con los lugares en los que viven y con unas prácticas diversas para proteger la sensación de pertenencia, lo cual es crucial para asegurar el equilibrio social y lograr el desarrollo económico.
Existen ejemplos destacados y exitosos de experiencias comunitarias, algunas centradas en el desarrollo social y la mejora, mientras que otras se enfocan en la preservación de tradiciones. Lo que las hace únicas y las une es su origen en la cultura local, desarrolladas por la misma comunidad, que ha sido capacitada en la conservación de su patrimonio, ya sea tangible o intangible, y en su gestión.
