El Museo Imaginado

 

El uso de nuestra imaginación juega un papel muy importante en los museos. En 1958, Katharine Beneker hablaba de la capacidad de las exposiciones para «encender la imaginación» de sus visitantes, transportándolos a nuevas áreas de conocimiento previamente desconocidas para ellos. Hoy, esta capacidad es quizás más importante que nunca (Asma, 2001: 38ff., McLean, 2007), ya que las funciones tradicionales de los museos se deben adaptar a los nuevos tiempos, añadiendo múltiples e innovadoras funciones (Dubuc, 2011). Dichas metafunciones incluyen una perspectiva renovada de la didáctica aplicada a los museos, como la interacción con el contenido en una variedad de formas tangibles e intangibles (Dubuc, 2011). El museo moderno debe propiciar las condiciones necesarias para que el visitante pueda hacer viajes en el tiempo y trasladarse mentalmente a otros lugares, generando nuevas experiencias simbólicas más allá de las limitadas por los edificios y su contexto físico (Beetlestone et al., 1998), y reforzando nuestro sentido de comunidad identitaria frente a las barreras de la globalización (Knell, 2011). Podría decirse que estas nuevas funciones han de encender la chispa de la imaginación del visitante. Sin embargo, poco sabemos sobre el papel actual que juega la imaginación en las experiencias del público en las exposiciones (Bedford, 2004, Dufresne-Tassé et al., 2006). En cualquier caso, vamos a reflexionar brevemente sobre ello, para clarificar su utilidad e importancia en el diseño de las experiencias museísticas.

Entendemos por imaginación la capacidad humana esencial que nos permite generar una representación mental de algo (Gendler, 2013). La imaginación nos facilita ver y pensar de nuevas maneras, creando situaciones y posibilidades ficticias (Bedford, 2004). También, nos ayuda a asimilar nuevos conocimientos, permitiéndonos elaborar construcciones mentales basadas en nuestra observación -a partir de un conocimiento ya existente- y relacionarlas con lo que no está presente (Greene, 1988). La imaginación es fundamental, pues, para el aprendizaje (Sneath et al., 2009, Hadzigeorgiou, 2015), y supone una capacidad diferente a la memoria, ya que para imaginar algo no es necesario que exista un recuerdo.

Por lo tanto, podemos contemplar el término «imaginación» como la capacidad de los visitantes para evocar o representar algo que no está presente de manera física en la exposición, que puede provenir del pasado, existir simultáneamente con la visita, venir del futuro, ser analógico o incluso virtual. En un estudio sobre 90 visitantes en tres museos diferentes, Dufresne-Tassé et al. (2006) utilizaron el método de «pensar en voz alta» (van Someren et al., 1994) para acceder a los procesos mentales de los visitantes. Mediante las transcripciones de sus discursos, Dufresne-Tassé et al.elaboraron una lista exhaustiva con catorce tipos diferentes de operaciones mentales. De estas, cinco no requerían el uso de la imaginación, tres sí, y otras seis eran posibles con o sin la intervención de la imaginación.

La primera familia de operaciones consiste en exclamar, observar, identificar, verificar y juzgar. Se trata de operaciones que emplean solo los aspectos cognitivos o afectivos del procesamiento mental, y no requieren que los visitantes usen su imaginación; procesan la información como un hecho o expresan su reacción a lo que ven, como se muestra en los siguientes ejemplos:

  • Cuando los visitantes exclaman, muestran su reacción ante un objeto con una expresión simple como «¡Oh!» o «¡Wow!». Sus sentimientos y emociones no están articulados en una frase; hablamos de una operación mental puramente afectiva
  • Cuando los visitantes observan y reconocen aspectos familiares en lo que están mirando. Por ejemplo, podrían decir: «es un pequeño escarabajo». Su operación mental es principalmente cognitiva.
  • Cuando los visitantes identifican un objeto, le asignan un nombre, reconocen su autor o establecen el momento de su creación. Normalmente lo hacen leyendo la cartela. Debido a que la información está tratada de manera objetiva, su actividad mental es principalmente cognitiva. Podrían declarar: «Este es un Leonardo, del Renacimiento».
  • Cuando los visitantes reconocen su propio conocimiento u observación, verificando la precisión del mismo. Adoptan un enfoque fáctico, por lo que su actividad suele ser cognitiva. Por ejemplo: «creo que es Impresionista, pero , …? (lee la cartela) ¡Oh sí! ¡Es Impresionista!».
  • Cuando los visitantes juzgan, estiman o determinan el valor de lo que están mirando por criterios objetivos o subjetivos.
  • Cuando el criterio es objetivo, la actividad mental del visitante suele ser cognitiva, por ejemplo: «puedo escuchar el agua por encima de los graznidos de los pájaros». En contraste, cuando el criterio es subjetivo, el veredicto se pronuncia según el gusto personal de los visitantes, y su actividad es principalmente afectiva y emocional. Ejemplo: «me gusta el paisaje de este bosque atlántico».

La segunda familia de operaciones mentales trata de asociar, predecir y sugerir. Requieren el uso de la imaginación; es decir, tienen lugar a través de la evocación o representación de algo que no está presente físicamente en la exposición, pero que existe en el pasado, presente o futuro, incluso como algo potencial o virtual (Dufresne-Tassé y col., 2006), como se muestra en los siguientes ejemplos:

  • Asociar implica que los visitantes conecten lo que observan con lo que ya saben -a partir de su experiencia-. Por ejemplo: «me hace pensar en Galicia, sobre todo en Pontevedra».
  • Cuando los visitantes predicen, anticipan algo que está por ser, ocurrir, o simplemente sugieren una posibilidad o hipótesis. Podrían decir: «probablemente será muy húmedo y un poco oscuro [ese bosque]».
  • Al sugerir, los visitantes proponen algo fuera de su contexto inmediato, o recomiendan un cambio en lo que observan. Un ejemplo podría ser: «me acuerdo de la leyenda de la Santa Compaña recorriendo el bosque, da un poco de miedo…».

La tercera y última familia de operaciones mentales tiene como finalidad justificar, explicar, resolver, comparar, comprender, aclarar y modificar. Estas operaciones son posibles sin el uso de la imaginación, ya que el visitante puede valerse de la exposición como ayuda. No obstante, como lo demuestran los siguientes ejemplos, la imaginación está frecuentemente involucrada en este tipo de operaciones:

  • Cuando los visitantes justifican y explican, motivan, evalúan o prueban su posición, valiéndose de la evidencia para hacerlo. Ejemplo sin imaginación: «traté de escuchar a los pájaros, pero en ese momento había demasiado ruido». Frente a un diorama de bosques prehistóricos gallegos, y usando su imaginación podrían decir: «es diferente del paisaje que podríamos ver hoy. Hay mucha más naturaleza… también parece bastante tranquilo y silencioso».
  • Cuando los visitantes resuelven, encuentran la solución a un problema. Reducen o eliminan un obstáculo para el razonamiento adicional o la conclusión. Un ejemplo que no requiere el uso de la imaginación sería: «pensé que eran avejarucos, primero. Pero es otro tipo de pájaro». Otro, que sí la involucra: ¿es un bebé [ciervo]? No, tiene que ser un adulto: tiene cuernos ya grandes».
  • Al comparar, los visitantes establecen las similitudes y diferencias (y, por lo tanto, la relación) entre lo que observan y algo más. Este «algo más» puede estar ubicado en el mismo lugar que ellos. En este caso, la actividad no requiere imaginación. Por ejemplo: «Y de nuevo, en comparación con el bambi (ciervo bebé) que está al lado, ¡qué grande [el ciervo macho] es!» Si la comparación se hace con algo que no está próximo a los visitantes, su actividad mental requiere el uso de la imaginación: «El bambi se ve como un peluche».
  • Cuando los visitantes captan, descubren el significado de uno o más objetos, o la forma en que se relacionan, con o sin el uso de su imaginación. Ejemplo (sin imaginación): «¡Es un ciervo! De acuerdo, interesante. No sabía que podían verse por aquí [bosque en Pontevedra]». Ejemplo (con imaginación): «¡Oh!, pensé que tenían los cuernos más pequeños [sobre el ciervo] «.
  • Cuando los visitantes hablan de un objeto o contenido, apoyándose, o no, en su imaginación. Un ejemplo sin el uso de la imaginación podría ser: «creo que en este bosque no hay peligro». Un ejemplo que sí lo incluye: «es curiosa esta sensación que percibo al ver el bosque; es como si estuviera encantado».
  • Según el uso de su imaginación, los visitantes matizan o disminuyen su posición o perspectiva. Ejemplo (sin la imaginación): «no veo muchos otros animales aquí, solo veo pinos. En realidad, todo es un pinar». Ejemplo (con la imaginación): «es curiosa la tonalidad de verdes del bosque, es un lugar definitivamente relajante».

Dufresne-Tassé y col. (2006) explican que cuando los visitantes utilizan la imaginación, pasan más tiempo en exposiciones y tienen interacciones más ricas y más desarrolladas con los contenidos que exhiben. Según los autores, este efecto se debe a un enriquecimiento del universo semántico creado por el visitante alrededor del objeto. Dufresne-Tassé et al. (2006) observaron que la imaginación juega este rol, unas veces a través de su componente meramente visual, y otras a través de su componente creativo. El componente visual se manifiesta cuando los visitantes asocian o usan su imaginación para comparar, porque están vinculando lo que observan con lo que ya saben o han experimentado (cf. Dufresne-Tassé et al., 2006). Por el contrario, el componente creativo se pone en marcha cuando los visitantes utilizan la imaginación para predecir, sugerir, justificar, explicar, resolver, comprender, aclarar o modificar, porque están creando escenarios mentales (cf. Dufresne-Tassé et al., 2006).

Resumiendo, el componente visual de la imaginación sirve principalmente para integrar lo que se muestra en la exposición con la experiencia del visitante, mientras que el creativo es, en gran parte, responsable de la profundización, estructuración y enriquecimiento del universo de significado que rodea a los objetos (cf. Dufresne-Tassé et al., 2006). Los autores proponen que el mecanismo del funcionamiento imaginario sea el siguiente:

La imaginación promueve primero una contribución personal, una dedicación inicial a través de la cual se establece una relación formal entre el objeto y la información que posee el visitante (imaginación reproductiva). Este establecimiento sitúa el objeto […] y crea un primer nivel de familiaridad con él. Con la ayuda de esa familiaridad, los visitantes pueden realizar más fácilmente otros tipos de inversión, enriqueciendo, profundizando, fortaleciendo y estructurando el universo de significado que ellos crean (imaginación creativa) (Dufresne-Tassé et al. 2006: 172).

El mecanismo propuesto por Dufresne-Tassé et al. (2006) es coherente con una perspectiva constructivista del aprendizaje: un proceso de construcción basado en las experiencias y conocimientos previos de una persona, así como en las formas en que interactúa activamente con el mundo que le rodea (Hadzigeorgiou, 2015). La imaginación es, por lo tanto, una especie de significado que actúa a modo de «motor», ya que impulsa el establecimiento reproductivo inicial de la relación entre el objeto y el visitante al sintetizar una concepción consciente de lo que se ve y la posterior motivación creativa de los antecedentes de la persona -creencias, recuerdos y expectativas- para crear lo que no se ve. Conjuntamente, las nociones de imaginación y constructivismo explican cómo los diversos repertorios de los visitantes del museo influyen en sus procesos de creación de significado en las exposiciones.

Recurso:

Marianne Achiam (2016): The role of the imagination in museum visits. Nordisk Museologi 2016 • 1, s. 89–100. Universidad de Copenhague, Dinamarca. Departamento de Ciencias de la Educación.


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