Centros de Ciencia: Compromiso con la Acción

 

Cuando Heureka, el centro de ciencia finlandés, se abrió al público en abril de 1989, existían menos de 400 centros de ciencia en todo el mundo, concentrados principalmente en América del Norte y Europa Occidental. Ahora, 30 años después, el número supera los 3.000, en más de 100 países. Los centros de ciencia se han convertido en un movimiento global y en elementos deseados e integrados en el desarrollo urbano- junto con los museos de arte y los centros dedicados a las industrias creativas-.

Los centros de ciencia representan al patrimonio inmaterial de la humanidad: la cultura científica con sus métodos, prácticas, hallazgos y aplicaciones. Su característica principal es la interacción: aprender haciendo: «Hands on» («Usando las manos»)o «brain on» («Usando el cerebro») son eslóganes clásicos del movimiento del centro científico; asimismo, «heart on» («Usando el corazón») representa, cada vez más, una parte esencial de la relación entre la ciencia y la sociedad, y hace referencia a la mejora de los niveles de ética y empatía en nuestras comunidades.

Es muy importante que los centros de ciencia mantengan una colaboración activa y diversa con la comunidad investigadora contemporánea y con las universidades. Las redes de ciencia y sociedad constituyen la columna vertebral del desarrollo de un contenido verdaderamente relevante para todos. En los centros de ciencia la idea de colaboración ha de ser inherente a la propia organización. Deben estar dirigidos por una fundación sin ánimo de lucro establecida para el bien común. Sería interesante que entre sus socios se incluyeran alguna universidad, la ciudad y el gobierno nacional- representantes de los activos laborales-, así como un sindicato de docentes. Todo centro de ciencia debe estar profundamente arraigado a la sociedad a la que pertenece, especialmente en las esferas de la educación y la investigación.

El activo más valioso de cualquier museo es su público, sus visitantes. La audiencia o audiencias diversas, son la razón principal de la existencia de una institución pública. Un centro de ciencia medio debería tener una afluencia aproximada de 100.000 visitantes al año. Pero ¿cuál es la razón por la que dichos visitantes acuden a estos centros?; ¿qué se llevan de vuelta a casa? Muchas veces las encuestas sobre audiencias se concentran en la demografía  y en la satisfacción.  ¿Ayuda realmente al centro conocer el equilibrio de edad y género y el historial educativo de su público para ofrecer un contenido relevante? ¿O saber qué exposición fue calificada como las más alta o la más baja? Para comprender más a fondo las audiencias del museo, debemos conocer las motivaciones y expectativas de nuestros visitantes.

En Heureka, por ejemplo, se preguntó -hasta tres veces al año- a unos 1.200 visitantes, en total, cuáles habían sido sus motivaciones para la visita, y las respuestas, en 2017, fueron las siguientes:

  • 34% Pasar tiempo en el centro junto a la familia o amigos.
  • 17% Vivir nuevas experiencias.
  • 15% Tener experiencias activas de aprendizaje y participar en actividades divertidas.
  • 13% Aprender.
  • 12% Experimentar mejorando como persona.
  • 4% Relajarse evadiéndose.

La mitad de las visitas poseen motivaciones sociales. La característica del entorno de aprendizaje físico es su dimensión social. Para enfatizar en ello, los centros de ciencia deben formular su visión para convertirse en una forma más divertida de inspiración, para aprender y para pasar tiempo en compañía de otros. En el desarrollo de sus exposiciones, es más que recomendable utilizar dinámicas de grupo: las exposiciones deben hacerse para múltiples usuarios y crear colaboraciones. Del mismo modo, los eventos pueden establecer vínculos entre expertos e investigadores con la audiencia. El centro de ciencias podría asumir el rol de mediador-facilitador y crear una plataforma para estos encuentros.

Con la ayuda de la comunidad científica y tecnológica, los centros de ciencia son capaces de ampliar su oferta. Los siguientes, son ejemplos recientes de estas actividades de construcción de puentes, en las que se involucra a la audiencia con la investigación y la innovación contemporáneas.

«Hágamoslo juntos» es un proyecto de co-creación para fomentar el espíritu de innovación, para afianzar el compromiso de los estudiantes y para aportar valiosos comentarios a los creadores y productores de los juegos educativos. Las empresas de nueva creación presentan su trabajo en curso a una clase de la escuela. Los alumnos ofrecen su feedback sobre los diversos aspectos a los creadores del juego, pero también aportan comentarios referentes a los personajes más idóneos,  las narraciones y otras características de los juegos educativos. Las compañías vuelven a trabajar teniendo en cuenta estos comentarios, reuniéndose posteriormente con el grupo de estudiantes para mostrar cómo se incorporaron sus contribuciones en el juego. «Hagámoslo juntos» puede generar un compromiso práctico y real con los procesos de innovación. Esta clase de proyectos son capaces de conectar a empresas de nueva creación con estudiantes en el propio centro de ciencias. Las compañías que se animen a formar parte de este programa comprobarán que hubiera sido muy difícil crear circuitos de retroalimentación similares sin la plataforma y la función de facilitación del centro de ciencias.

«Matemáticas artísticas» es una iniciativa que consiste en conectar el arte con la ciencia; se puede trabajar en colaboración con una universidad. Los participantes en este programa pueden trabajar en pequeños grupos, produciendo instalaciones artísticas basadas en matemáticas que luego se exponen en el centro de ciencias. La planificación de las diferentes propuestas puede estar supervisada por el equipo de técnicos del centro, que ayudan con su construcción. El arte es un maravilloso punto de entrada al mundo de la ciencia, especialmente en su enfoque directo de la comunicación sin más explicaciones.

«Psicología del testigo ocular» es un proyecto de ciencia ciudadana en el que los visitantes del centro de ciencias prueban sus habilidades como testigos oculares. El planteamiento de este ejercicio, es un proyecto de investigación real diseñado por el departamento de psicología forense en la Universidad Åbo Akademi para Heureka. El centro de ciencias planificó y diseñó la pista de prueba física y ofreció a la audiencia la opción de hacer de investigadores. Dado que el «testimonio ocular» hace referencia al «crimen» en la cultura popular -televisión, cine y literatura- los visitantes suelen mostrarse abrumadoramente interesados. Este proyecto de investigación deriva del «Proyecto Inocencia», en los Estados Unidos: 250 personas condenadas fueron declaradas inocentes gracias a la investigación del ADN. El 75% de estos veredictos erróneos se basaban en identificaciones falsas por los testigos oculares. El viejo proverbio ruso “Miente como un testigo ocular” cobra actualidad, y se comprueba, además, la evidente importancia social del proyecto de ciencia ciudadana.

«Baloncesto de ratones» fue un popular «espectáculo deportivo» que se estuvo programando a diario en el centro Heureka durante más de veinte años. Se basa en la capacidad de las ratones para aprender a hacer cosas: se les puede enseñar, con condicionamiento positivo, a tomar una pelota y meterla en una canasta, la mitad de ellas en un extremo de la mini cancha, y la otra mitad en el otro; los roedores parecen estar jugando al baloncesto. Esta fascinante, e incluso ligeramente humorística, forma de abordar el aprendizaje de los animales ha adquirido recientemente nuevas y serias dimensiones. Un proyecto de investigación de la Universidad de Helsinki estudió cómo reaccionaban las ratas de Heureka a diferentes productos alimenticios: el arroz hervido no estaba mal, pero el salmón resultó ser una golosina maravillosa para ellas, provocando una actividad cerebral mucho más fuerte. Otro proyecto de investigación del centro consistía en comprobar si las ratas podrían usarse para el diagnóstico de la tuberculosis, tal como se hace con los perros. Si se consigue que las ratas, que tienen un mejor sentido del olfato que ellos, puedan entrenarse para detectar la enfermedad a través de muestras de urea de los pacientes, se podría ahorrar mucho tiempo, energía y dinero.

«Arqueología comunitaria», que parte del enclave neolítico de Jokiniemi,  muy cerca del centro Heureka, a solo 1 km arriba del río Kerava. Durante muchos veranos, Heureka ha organizado proyectos comunitarios sobre arqueología: cualquier persona interesada puede convertirse en arqueólogo/a por un día. Dado que el sitio es la morada neolítica más significativa del sur de Finlandia, prácticamente todos los participantes pueden encontrar piezas de cerámica neolítica o incluso otros objetos verdaderamente excitantes, como puntas de flecha, sellos de huesos, figuritas de arcilla, etcétera. De esta forma, toman contacto con la vida de hace 4.500–5.000 años, cuando los cazadores-pescadores habitaban allí, en la costa prehistórica.

Y las ideas y proyectos como éstos pueden seguir fluyendo, haciendo que los centros de ciencia se conviertan en lugares verdaderamente significativos y divertidos para todos los miembros de nuestra sociedad -no solo para el visitante cautivo-. El público necesita, con urgencia, otras opciones, más allá de la consabida visita a los centros comerciales, el fútbol, o una televisión que, en muchas ocasiones, solo muestra estupideces. Los museos y los centros de ciencia podrían ser una maravillosa fuente de creación de vocaciones profesionales para los peques, no lo olvidemos.


Recurso:

Mikko Myllykoski (2018): Science engagemet in action. Museums out of the box! The crossover impact of museums! NEMO 26º Congreso Anual, Network of European Museums Organizations.


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