6 Falsificadores del Arte Universal

 

Sentimos el spoiler, pero allá vamos. Durante uno de los episodios de «Fake o Fortune» en Netflix, los espectadores se quedaron sin habla cuando se reveló que una pintura comprada por un entusiasta aficionado de las antigüedades podía ser una falsificación. El pobre incauto se habría gastado casi 200.000 euros (215,000 US$) en la obra falsa. Fiona Bruce y su equipo de expertos no pudieron validar aquella obra de arte, titulada «Jarra De Vidrio Con Platos Y Peras» (William Nicholson, 1838), dejando a su propietario devastado con el veredicto final emitido por el programa de Netflix sobre la pintura. Aún así, el comprador finalmente se lo tomó con calma, y declaró a Fiona, la presentadora del programa: «Esto volverá a ocurrir».

Las falsificaciones representan un problema enormemente importante para el mundo del arte. Incluso con la llegada de las medidas anti-falsificación de nivel y de los procesos de autentificación de alta tecnología, los expertos creen que hasta el 50 por ciento de las obras expuestas en los museos y colecciones son falsas. Y este es un negocio muy lucrativo. Como muestran las historias sobre los «mejores» falsificadores de obras de arte, hay mucha fama y fortuna en los negocios de arte ilegales.

Apodado el «falsificador del siglo», el alemán Wolfgang Beltracchi se ganó un renombre falsificando cientos de pinturas en una estafa internacional de arte que le dio a ganar millones de libras. Trabajando junto a su esposa, Beltracchi falsificó y vendió obras de arte de artistas famosos como Max Ernst, Fernand Leger y Kees Van Dongen. Su carrera criminal terminó en 2011, cuando fue declarado culpable. De todo el material que había falsificado, 14 obras de arte se vendieron por un total de £ 28.6 millones (33 millones de euros). Fue sentenciado a seis años de prisión y obligado a pagar millones de libras en restituciones.

Michelangelo, ahora podría ser reconocido como uno de los mejores artistas del Renacimiento de todos los tiempos, pero en realidad estamos hablando de un artista del mundo de la falsificación. En 1496, creó una figurilla de un Cupido durmiente, una réplica de la famosa Eros dormida, y la trató con tierra ácida para que pareciera antigua. Luego se la vendió a un comerciante escocés, alegando que era un auténtico objeto romano. El comprador finalmente se dio cuenta del engaño y exigió a Michelangelo que le devolviera su dinero. De alguna manera, Michelangelo se libró del escocés, se quedó con el dinero y se ganó una reputación como artista. No se sabe qué pasó con la estatua falsa, algunos creen que probablemente fue destruida en un incendio en el Palacio de Whitehall en 1698.

El artista holandés Han van Meegeren llegó al mundo de la falsificación tratando de hacerse un nombre como artista pero, como se dice: hay que tener mucho cuidado con lo que se desea. Comenzó a vender falsificaciones de pinturas de Johannes Vermeer, a veces a precios ridículos; seis de esas pinturas se vendieron por el equivalente a 60 millones de dólares. Las cosas se le complicaron en 1945, cuando una de sus obras falsificadas terminó en la colección del oficial nazi de alto rango Hermann Göring. Van Meergeren fue juzgado por ser colaborador nazi, pero terminó convenciendo a un jurado de que en realidad era solo un falsificador -que de lo de nazi ni flores-. Aunque se le declaró inocente, se le aplicó una corta sentencia con cárcel por fraude. Murió de un ataque al corazón antes de ser trasladado a la prisión.

El falsificador de arte británico Tom Keating no hizo falsificaciones por fama o fortuna, sino por vengarse de los críticos y galerías de arte que él consideraba que estaban anulando a los jóvenes talentos emergentes. A lo largo de la década de 1970, Keating produjo más de 2000 pinturas falsas, incluídas una docena de acuarelas supuestamente atribuídas al conocido pintor Samuel Palmer. Los comerciantes y coleccionistas de arte fueron engañados durante años, hasta que lo pillaron en 1976. Admitió haber realizado falsificaciones, pero no reveló cuáles, dejando que los expertos se encargaran de identificarlas. El público lo calificó de «pícaro adorable», y sus falsificaciones ahora son de colección por derecho propio.

Las cosas pueden complicarse bastante en el mundo de la falsificación de arte: en un caso bien conocido, el falsificador ni siquiera se dio cuenta de que formaban parte de una estafa. Tatiana Khan, comerciante de arte asentada en Los Ángeles, le contó a una amiga artista que su querida pieza, «La Femme Au Chapeau Bleu» de Pablo Piccasso, había sido robada. Entonces comisionó a un amigo para que copiara la famosa obra de arte, pagándole la suma de 1000 dólares por su trabajo. La falsificación resultante fue tan realista que Khan la vendió por 2 millones de dólares, algo que la hizo muy feliz, hasta el punto de que utilizó el dinero para comprar un auténtico Willem de Koonig. El artista que hizo la copia no tenía idea de que involuntariamente había estado involucrado en una estafa de dos millones de dólares.

En la década de los 80, el artista aficionado John Myatt comenzó a crear imitaciones de pinturas famosas bajo pedido, vendiéndolas al precio razonable de 150 libras cada una y firmándolas con su propio nombre, para que quedara claro que no eran originales. Sus habilidades pronto atrajeron la atención de John Drewe, quien vendió una de las piezas de Myatt, «Retrato de un médico del ejército» (Albert Gleizes ,1914), en la casa de subastas de Christie por 25.000 libras. Drewe afirmó que se trataba de un original del pintor cubista Albert Gleizes. Durante los siguientes años, el dúo se embarcó en una elaborada estafa artística en la que Myatt creaba piezas falsas y Drewer redactaba documentos para respaldar su autenticidad. Unas 200 pinturas fueron vendidas en una subasta. La pareja fue capturada en 1995 y encarcelada por sus delitos, aunque por un giro extraño de los acontecimientos, el oficial de policía que había arrestado a Myatt le encargó un retrato familiar de 5.000 libras.

Recurso:

(2018): Fake or fortune? Six of the world’s greatest art forgeries. Mirror, AiA Art News-service.


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