Factores de Diseño Ambiental en la Experiencia del Museo

Podemos explorar y analizar las percepciones del visitante en el entorno de una exposición para valorar el papel que juega el “ambiente percibido”, un elemento que puede desempeñar una función muy importante en la experiencia de la visita. El tema relacionado con la “atmósfera de percepciones”, ya ha sido explicado en bibliografías sobre turismo cultural y ambientes en espacios comerciales, así como en estudios de museos y de psicología ambiental. El análisis teórico añadido a nuestra experiencia nos demuestra que el entorno de la exposición juega un rol relevante en la forma en que los visitantes experimentan y recuerdan los museos. Sin embargo, son pocas y bastantes limitadas las investigaciones que abordan directamente estas percepciones del público.

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Los resultados de los estudios cualitativos de los que se tiene constancia se han utilizado posteriormente para el desarrollo de una forma de encuesta que puede evaluar lo que hemos denominado “Ambiente Percibido”. Las conclusiones a las que se han podido llegar han sido complementadas con análisis de observación localizados en los museos, facilitando así una cierta comprensión preliminar de la relación entre dicho Ambiente Percibido y el comportamiento de los visitantes.

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Este tipo de investigación parte del diseño de un “modelo atmosférico de museo”, basado en el enunciado por Kotler (1974) para ámbitos atmosféricos aplicados a zonas concretas. El estudio se centraba específicamente en la relación entre el Ambiente Percibido (a partir de ahora AP) y las respuestas de los visitantes en las áreas de conocimiento, percepción, afecto y conducta. Debemos tener en cuenta que el AP es una consecuencia tanto de las características físicas del entorno como de las metas y expectativas personales del público. En particular, el interés por el entorno de la exposición aumenta la relevancia del AP y amplifica su efecto en la audiencia. Se ha demostrado que el concepto de ambiente abarca cuatro dimensiones principales, tres de las cuales (vibración, espacio y orden) influyen en los niveles afectivos y de comprensión racional. La “vibración” tiene el mayor peso en lo referente al compromiso afectivo y de comprensión, y resulta ser el “efecto” que se hace visible en el comportamiento de los visitantes. La investigación cualitativa nos ofrece una idea de los procesos mediante los cuales el AP repercute en las respuestas del público, apoyando los procesos de “atención, mensaje y afecto” descritos por Kotler (1974). 

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Se pueden plantear dos enfoques distintos a la hora de analizar las percepciones de los visitantes en el entorno de la exposición: un estudio cualitativo y exploratorio, basado en visitas acompañadas a las exposiciones; y otro que parte del estudio del AP. Tanto los estudios cualitativos como los cuantitativos confirman que el público percibe que el ambiente de la exposición influye en la calidad de la visita. Si ésta es acompañada puede ofrecer una visión profunda sobre cómo los elementos ambientales marcan las experiencias de los visitantes, tanto en un sentido interpretativo manifiesto, como a un nivel más abstracto. Estos visitantes hacen uso de las señales del ambiente para navegar por el entorno de la exposición y para dar sentido a las exposiciones individuales, y son sensibles al espacio percibido, cuya iluminación afecta tanto a la percepción del mismo como a la sensación general de la exposición. Todos estos hallazgos refuerzan los estudios de iluminación previos (Custers et al., 2010) y evidencian la teoría de iluminación de Stenglin (2004, 2009) que se vincula a la percepción del espacio. Las investigaciones también nos muestran que las exposiciones que ofrecen una gran complejidad visual, pero conservando así mismo un orden comprensible, atraen mucho más la atención del visitante. Los resultados confirman los estudios previos (Packer, 2008, 2014; Roppola, 2012; Schorch, 2013) y sugieren consideraciones a este nivel para el diseño de la exposición (Sección 6.3.1). La auténtica y original contribución de todos estos análisis se produce mediante la combinación de conocimientos cualitativos y cuantitativos que verifican, aún más, cómo las características específicas del ambiente de la exposición se relacionan con varias facetas de la experiencia del visitante. El desarrollo del AP, como instrumento, es fundamental para la generación de nuevos conocimientos.

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En general, queda demostrado que la cuantificación del AP en un entorno de exposición es técnicamente factible, teóricamente coherente y capaz de proporcionar nuevas y útiles ideas sobre la relación ambiente-experiencia en el museo. La medida sobre el impacto del espacio es la que ofrece mayor información sobre la relación entre las propiedades ambientales y el ambiente percibido, ya que características físicas, como el tamaño de la galería y la altura del techo, han sido claramente definibles para los espacios estudiados. Es probable que estas variaciones en las alturas den cuenta de la menor o mayor percepción sobre la espacialidad, lo que respalda la validez de la escala a la hora de tenerla en cuenta.

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Sin embargo, esas diferencias físicas de las que hablamos resultan insuficientes para explicar las percepciones de espacialidad de todo tipo de museos. En particular, si la exposición es bañada con niveles apreciables de luz natural y dispone de una mayor altura libre al techo, no se hace relevante en términos de espacialidad, siendo una coordenada ambiental que pasa más inadvertida para el visitante. Cabe señalar que en estos estudios se solicitaba al público que describiera el espacio que acababa de recorrer: sin comparar distintas galerías entre sí. Otras investigaciones realizadas se basan en visitantes que realizan comparaciones directas entre ambientes, generalmente utilizando imágenes o simulaciones (Stamps, 2010). Es posible que este método pueda revelar diferencias más detalladas en cuanto a las percepciones espaciales. Cuando los visitantes califican un único espacio, las consideraciones sobre espacialidad pueden estabilizarse una vez que el nivel de amplitud percibido alcanza el punto de “máxima utilidad” en términos de posibilidades de ese espacio. 

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La vibración, especialidad y orden se relacionaron de forma positiva con el compromiso afectivo, con la comprensión de los contenidos y con la relajación, pero negativamente con el disgusto y la sobrecarga intelectual. Los análisis de regresión múltiple demostraron que la vibración es determinante en relación al enganche afectivo y al conocimiento en la exposición. La espacialidad es un factor independiente de la relajación, y el orden es un componente negativo que influye en el cansancio intelectual.

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El estudio de la relación entre el ambiente percibido y la experiencia del visitante tienen implicaciones a la hora de plantear el diseño de espacios desde el punto de vista de la optimización de la comodidad del visitante y su compromiso afectivo/cognitivo en el museo. Los entornos de exposición preferidos son aquellos que se perciben como vibrantes: ricos en estímulos sensoriales, activos, tridimensionales, coloridos, dinámicos y enérgicos. Sin embargo deben guardar un equilibrio con el sentido general de orden que permita a los visitantes entender rápidamente el entorno de la exposición. Algunas recomendaciones para el diseño de exposiciones tienen muy en cuenta la importancia de las propiedades ambientales de la vibración, espacialidad y orden ya que pueden ser utilizadas para potenciar el compromiso afectivo y de comprensión positiva hacia el contenidos de las exposiciones. 

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Los ambientes expositivos de alta vibración-alta espacialidad son los más propicios para que el visitante logre el compromiso afectivo y una mejor asimilación de los contenidos, lo que sugiere que para el buen diseño de la exposición debemos considerar la aplicación del “color por zonas” para atraer la atención y organizar conceptualmente el espacio. También observamos que las líneas de visión lejanas (largas) pueden ser una ventaja para ayudar al público a que navegue por el entorno de la exposición y para que pueda mantener en todo momento contacto visual con sus acompañantes. Por el contrario, los entornos de baja espacialidad-alta vibración son, probablemente, espacios que resultan mucho más tensos y dramáticos, algo que puede ser deseable en ciertas circunstancias (para crear un efecto teatral, por ejemplo ) pero cuya combinación debe utilizarse con moderación, tratando de equilibrarlo con áreas más espaciosas que puedan devolver rápidamente una sensación de tranquilidad. Los entornos de baja vibración-alta espacialidad serían los más adecuados para un espacio donde recargar y actualizar (descansar la mente y el cuerpo), como, por ejemplo, los vestíbulos de los museos y espacios de encuentro (meeting points). Por último, es probable que esos espacios de baja vibración-baja espacialidad resulten poco atractivos, sin embargo, podrían ser utilizados como una estrategia deliberada para desalentar a los visitantes a ubicarse en ciertas áreas (como en corredores de acceso y paso internos del museo) por razones operativas.



RECURSO:

Forrest, R. (2014): Design Factors in the Museum Visitor Experience. BSc (Hons) Grad Dip Sci Comm. The University of Queensland (Australia). Business School (Tourism Cluster).

Fotografía principal: Fubiz Media


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