Museos y Trabajo Afectivo

Son ya un buen número de profesionales de los museos y del patrimonio que han dado un “giro afectivo” en los últimos años, con teorías apuntando hacia los lenguajes del afecto y la emoción. Estas coordenadas emocionales pretenden remarcar las formas en que los sitios del patrimonio y los museos podrían “actuar en el ámbito social” (Bennett 2005: 525). Se trata de cambios conectados con las ideas reductivas sobre el impacto de los museos y sitios patrimoniales y relacionados con la forma, a menudo inesperada, en que el compromiso con estas instituciones afecta a personas individuales y a grupos sociales.

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Este giro afectivo hacia los museos ha puesto de relieve la complejidad de las respuestas del público cuando los visitan ( ver Bagnall 2003, Bennett 2012, Crang 1997, Crang y Tolia-Kelly 2010, Gregory y Witcomb 2007, Tolia-Kelly y Crang 2010 Witcomb 2013). Gran parte de la bibliografía al respecto sostiene que las respuestas afectivas de los visitantes a los museos pueden ir en contra de lo que éstos  pretenden. Así por ejemplo, Crang y Tolia-Kelly (2010), enfatizan en que a menudo se ignora lo que la personas llegan a sentir en un museo, y sin embargo las experiencias corporales producidas por el compromiso con estos espacios pueden tener efectos insospechados; en su caso, argumentan que las experiencias de los visitantes pueden funcionar en oposición a los intentos institucionales para garantizar el acceso y la inclusión. Gregory y Witcomb (2007), sostienen que la experiencia del museo está cambiando como resultado del pensamiento reciente sobre la naturaleza afectiva de las visitas; también explican que algunos museos se han alejado de los modelos familiares y didácticos de exposición a favor de otros que optan por la incertidumbre (véase también Matthews 2013; Modlin et al 2011).

The Fox is Black

El giro afectivo en estas nuevas áreas de investigación se basa en el trabajo sobre la naturaleza emocional de nuestras interacciones con los museos (Schorch 2012). Los estudios relacionados con el tema se centran predominantemente en museos que buscan generar respuestas emocionales en sus visitantes; hablamos,por ejemplo, de museos dedicados a comprender eventos históricos dolorosos o “difíciles” (Logan y Reeves 2008; Tyson 2008). Sin embargo, no debemos olvidar que las emociones son importantes para poder disfrutar de la experiencia a raíz de sensaciones que van apareciendo en los entornos más comunes e inesperados.

Katy Berry

El concepto de trabajo afectivo no se emplea actualmente en las investigaciones sobre museos y patrimonio, pero creemos que es de particular importancia. Se describe, generalmente, como el esfuerzo realizado por una persona con la intención de producir una experiencia afectiva o emocional en otra. Existen estrechos vínculos entre las teorías del trabajo afectivo y otras más antiguas sobre el trabajo emocional, dado que ambas se refieren al empeño que se lleva a cabo explícitamente para estimular una reacción en otra persona. Hardt (1999: 96) sugiere que el trabajo afectivo produce, entre otras cosas, una sensación de tranquilidad, bienestar, satisfacción, emoción, pasión e incluso un sentido de conexión o de pertenencia a una comunidad. De acuerdo con ideas sobre la evidencia de su impacto social, se les pide cada vez más a los museos que se consoliden como espacios accesibles y acogedores, para poder generar sentimientos de seguridad e inclusión en todos los visitantes. Por supuesto, gran parte de este trabajo de compromiso depende de las actitudes y la conducta del personal, por lo que tal vez sea sorprendente que las teorías del trabajo afectivo y emocional aún no tengan su sitio en los estudios de museo.

Stephen Poff

En la última década, más o menos, encontramos autores que han intentado analizar las tácticas que los trabajadores con funciones emocionalmente exigentes pueden implementar para garantizar la “seguridad” emocional y la comodidad de todos los involucrados. En particular, ha aumentado la literatura  dedicada a cuestionar los vínculos entre el llamado trabajo “emocional” y las psicoterapias. Bondi (2005, 2008) enfatiza que las relaciones entre individuos son extremadamente complejas y dinámicas – independientemente del entorno – y señala la utilidad de las ideas terapéuticas, como la empatía y la identificación, para quienes se dedican al trabajo emocional (ver también Bondi y Fewell 2003). 

Fubiz

Últimamente se ha producido un crecimiento del trabajo relacionado con la gestión emocional, en diferentes contextos, por lo que llama la atención que existan relativamente pocos estudios que intenten entender los aspectos emocionales del trabajo museístico. El compromiso comunitario a menudo representa la faceta más radical del impulso emocional hacia su introducción en los museos, y se percibe como una intervención a pequeña escala que potencialmente tiene un impacto social mucho más amplio. Algunos estudios muestran cómo, dentro del servicio de museos, el impacto social de la participación comunitaria surge de la idea de que un bienestar individual mejorado puede lograr un cambio social más amplio. Si bien este efecto de “reducción” se ha criticado en los últimos años, sigue siendo un tópico común en muchas discusiones dentro de las instituciones culturales, incluidos los museos.

FastCo

Los miembros del personal del museo tienen clara la necesidad de involucrarse para saber cómo desenvolverse en el territorio emocional. Si bien la mayoría es consciente de que su formación profesional resulta completa, son muchos los profesionales que, aun formados de manera excelente, sienten que existe una falta de capacitación respecto a cómo tratar específicamente las emociones de los visitantes. Algunos llegan a trazar paralelismos entre el compromiso de la comunidad y las psicoterapias formales, lo que sugiere que ciertas habilidades podrían, y tal vez deberían, ser utilizadas en este área. Otros alegan haber recibido capacitación sobre el manejo de las emociones, manifestando que ha resultado muy beneficioso y que ha sido de obligado cumplimiento para el personal que se ocupa de exposiciones potencialmente emocionales.

Tom Starkweather

Resumiendo, apuntamos que las ideas sobre el trabajo emocional podrían ofrecer nuevas formas de pensar sobre el papel del personal del museo en los entornos de participación comunitaria. A través del material anlizado queda de manifiesto que los practicantes de compromiso comunitario utilizan rutinariamente actuaciones emocionales como parte de su trabajo. Sostenemos que el trabajo sobre la emoción que se realiza en estos entornos culturales está infravalorado, siendo recomendable  que tanto los estudiosos de los museos como los profesionales presten más atención a las relaciones interpersonales que podrían forjarse dentro de los entornos de participación comunitaria.


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RECURSO:

Munro, E. (2014): Doing emotion work in museums: reconceptualising the role of community engagement practitioners. Museum & Society, marzo 2014. 12(1) pags. 44-60.

Fotografía principal: Logopond


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