Gastronomía Como Experiencia en el Museo

Intentaremos explicar qué resulta de la posible combinación entre los museos y los intereses culinarios de sus visitantes. Por otro lado, nos focalizaremos en el concepto del turismo patrimonial, una actividad de ocio que podríamos definir como “viajar para experimentar los lugares, objetos y actividades que representan auténticamente las historias y las personas del pasado”. El turismo patrimonial puede incluir recursos culturales, históricos y naturales.

Las investigaciones nos muestran que los turistas constituyen una gran parte de la afluencia de visitantes a nuestros museos. Éstos experimentan actualmente, y cada vez más, un cambio de paradigma en el que la institución se está alejando principalmente de las colecciones para centrarse más en las personas. La transformación ha llevado a los museos a reconsiderar la eficacia de la programación actual y cómo administrarla apropiadamente. En “The Manual of Museum Management” (Lord y Lord, 2014), se sugiere que “hay dos elementos que caracterizan la gestión exitosa de los programas públicos: la receptividad y la creatividad del visitante”. Partiendo de este enunciado intentaremos comprender el fenómeno de incluir las sensaciones multisensoriales en las visitas a museos históricos, fundamentalmente a partir de la degustación de alimentos.


Miss Moss

El turismo culinario se define como “la búsqueda y el disfrute de experiencias únicas y memorables probando alimentos y bebidas”; estamos hablando de una de las áreas de mayor rápido crecimiento en la industria del turismo. Cada vez se gasta más dinero en experimentar la gastronomía. Los académicos sugieren que las experiencias memorables de comida y bebida contribuyen significativamente a la motivación y al comportamiento del viaje e influyen en cómo los turistas experimentan un destino turístico. El turismo culinario se ha convertido en una herramienta poderosa para promover una zona o región. Según Michael Dietler en “Encuentros culinarios: alimentación, identidad y colonialismo”, los posmodernos han retratado los alimentos como “cultura material incorporada” y sugieren que las identidades sociales y culturales pueden expresarse a través de ellos. La alimentación desempeña un papel central en el turismo de patrimonio cultural y supone el principal motivador de viajes en la última década. Ha habido un interés creciente en la promoción del turismo culinario en muchas áreas del mundo que tradicionalmente no eran conocidas por la buena cocina (Inglaterra, p.e.); o se ha llegado a crear una identidad culinaria clara en lugares como Australia, Canadá y Estados Unidos. Desarrollando y promoviendo tours culinarios, las regiones pueden definirse a sí mismas culturalmente, gracias a la conexión entre los alimentos y la comunidad local. La gastronomía puede identificarse como un símbolo cultural de un área determinada, lo que determina la forma en que los turistas experimentan tanto la cultura local como el destino.

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Si hablamos de la combinación entre museos y gastronomía, hay muchas formas diferentes en las que podemos experimentarla: conferencias, recorrido, consultas/debates, guías de audio, etcétera. El recorrido estilo conferencia está diseñado para crear un marco interpretativo proporcionando al visitante información contextual mientras visualiza los contenidos en exposición. El público adquiere un papel pasivo, pudiendo no estar comprometido ni motivado para aprender del material que se le presenta. El recorrido de consulta/discusión permite que los visitantes respondan a preguntas planteadas por el docente, por lo general dirigidas a las audiencias más jóvenes, si bien, esta forma de recorrido ha demostrado ser exitosa también con el público adulto. Las investigaciones concluyen que las preguntas ayudan a procesar y retener más información y fomentan un mayor aprendizaje a través de la naturaleza participativa de la discusión/investigación. 


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Cuando una persona visita un museo, lo hace a través del cruce de tres factores, a los que John Falk y Lynn Dierking se refieren en “The Museum Experience Revisited”,que  son: contextos personales, socioculturales y físicos. El contexto personal se refiere a la relación de una persona con el museo en general y específicamente; también define por qué el individuo eligió visitar ese museo así como sus modos de aprendizaje personales preferidos. Estas características dan forma a lo que la persona busca en términos de satisfacción, lo que disfruta y aprecia de la visita y lo que conforma su agenda personal.

El contexto sociocultural define a la persona en un contexto más amplio, dependiendo de los antecedentes culturales de cada uno, incluidos el origen étnico, el nivel socioeconómico y el país de origen. Su relación con el museo y sus contenidos puede diferir de los del personal del museo, cuyos propios contextos personales y socioculturales marcan lo que es relevante y digno de cuidado, preservación e interpretación.

Astrid Lindgren

Finalmente, el contexto físico incluye la arquitectura, la “sensación” del edificio y los objetos mismos. Una subcategoría del contexto físico es el tiempo, que se refiere a cuánto esperamos dedicar al recorrido y cuánto estamos dispuestos a permanecer en el museo. Este aspecto del Modelo Contextual es crucial porque el tiempo de ocio y las actividades son dictadas por los primeros tres contextos, que impactan en cómo una persona elige pasar su tiempo. Si bien el período de ocio se asocia tradicionalmente con la relajación, un porcentaje cada vez mayor de personas elige enriquecerse y rejuvenecerse a través de su inmersión en nuevas ideas, espacios y experiencias.

A medida que las visitas a los museos se vuelven más personalizadas (o deberían serlo), el visitante pasa de observar “algo” a convertirse en “alguien” a través de su experiencia. Las visitas multisensoriales, que dependen de la interacción del visitante con el contenido, pueden proporcionar una experiencia más individualizada. Los recuerdos de museos a largo plazo no se limitan a exposiciones y objetos, sino que a menudo están ligadas a la sensación de participación. En “Investigar el papel de la emoción” en Science Center Visitor Learning, se hizo un estudio sobre veintidós visitantes  museo conducidos por John Falk y Katie Gillespie, y se descubrió qué cuatro factores principales influían en su memoria: novedad, motivaciones/expectativas relacionadas con la identidad, emoción/afecto y ensayo. Los museos ofrecen un entorno en el que los objetos, eventos, imágenes e ideas novedosas se pueden apoyar con materiales interpretativos, como soportes de información, medios y personal con conocimiento. Además, generan experiencias emocionales satisfactorias, que a menudo se vuelven a narrar después, lo que refuerza la formación de la memoria.

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Los recorridos multisensoriales tienen la capacidad de beneficiar positivamente a los visitantes del museo que no son aprendices visuales y prefieren vivir otras experiencias sensoriales. Según el educador de arte Viktor Lowenfeld, hay dos tipos de personas: aprendices visuales y aprendices “hápticos”, estos últimos necesitan estímulos táctiles o la sinestesia para funcionar en el mundo. John Falk y Lynn Dierking realizaron un estudio sobre 2.000 visitantes y descubrieron que las experiencias sensoriales de olor, luz y tacto se retenían anclándose en la memoria de los visitantes. Otro estudio similar realizado hace ya unos cuantos años nos mostraba que el 70% de los participantes calificaban las “actividades activas y prácticas” como “muy importantes” para su aprendizaje y experiencia. Falk y Dierking concluyeron que “la visión, los olores y los sonidos se combinan para crear experiencias memorables que pueden tener larga duración y posiblemente ejercer un efecto transformador en los participantes “.

El Lower East Side Tenement Museum en la ciudad de Nueva York fue fundado en 1988 con la misión de contar las historias de las familias inmigrantes que alguna vez vivieron en el Lower East Side. Este museo ya tenía varios recorridos a pie cuando el vicepresidente de educación del museo, Annie Polland, decidió diseñar uno nuevo; uno que narrara historias de los inmigrantes a través de la comida. Consideraba que esta experiencia era necesaria para una comprensión más completa de la vida “del día a día de estos inmigrantes”‘. Adam Steinberg, supervisor de los programas de excursiones a pie del museo, fue elegido para diseñar la nueva excursión, basada en alimentos, que se lanzó en junio de 2011.

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Junto a su equipo, Steinberg descubrió que “la inmediatez de los recuerdos a partir de la comida trasladaría a los visitantes hacia un extenso campo académico en la historia de la cultura alimenticia de los inmigrantes”. El recorrido fue diseñado para caminar y comer durante dos horas por el West Side de Nueva York. Durante ese tiempo, Steinberg pidió a los visitantes que compartieran con el resto de participantes sus propios recuerdos sobre comida. Esta actividad “puso a todos de buen humor, los animó a compartir historias y dialogar durante el recorrido, [y] se determinó como el tema central del recorrido, porque casi todos los recuerdos infantiles favoritos eran sobre algún hecho familiar relacionado con la comida en casa en ocasiones especiales”. Steinberg llegó a dos conclusiones a partir del desarrollo del recorrido: uno, la gira debería cuestionar la idea de “autenticidad” y dos, “todos tenemos diferentes recuerdos y sentimientos sobre los alimentos que comemos, por lo que no necesariamente dos personas llegan a tener la misma experiencia comiendo el mismo plato”. Cualquier museo puede programar recorridos a pie basados ​​en alimentos e involucrarse en la tendencia del turismo culinario.

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Los recorridos a pie que pueden organizar los museos de base histórica basándose ​​en alimentos son financieramente exitosos. Por otro lado, se crean relaciones sólidas entre los visitantes y las instituciones, así como de colaboración entre el museo y las empresas locales de hostelería.

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En base a los resultados de algunos de los estudios a los que hemos tenido acceso, se recomienda que al planificar una visita guiada de museos históricos basada en alimentos, el personal colabore con los restaurantes, familias y artistas locales; diseñe recorridos a pie que tengan al menos una o dos horas de duración y que comiencen y terminen en el museo; utilicen los autobuses cuando los destinos deseados del recorrido estén a más de cinco kilómetros de distancia de la institución y, para finalizar, ofrezcan entrada gratuita al museo (si fuera posible).


RECURSO:

Claire E. Aldenhuysen (2016): Food for Thought: Emergence of Food-Based Historical Museum Walking Tours. Universidad del Estado de Washington, Seattle (EE.UU):

Fotografía principal: Creative Roots


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