Museo Rico – Museo Pobre

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Parafraseando el título de la famosa serie de los años 1970 en España, hoy pretendemos reflexionar sobre el museo local tipo una vez más. Del museo rico en realidad no vamos a hablar hoy, nos fijaremos exclusivamente en el museo pobre que es el que mejor conocemos. Hay quien los denomina directamente museos locales, pero no todos los museos locales son pobres en contenido “de valor”, pero sí muy pobres en contenido museógráfico y ahí vamos. Nosotros, sin pretender en absoluto caer en la descripción caricaturesca de esta tipología de museos, sí podemos transcribir lo que algún especialista ha definido como tal, relacionando directamente la idea de museo pobre con la de museo local: “Los museos denominados locales son un paradigma de lo heterogéneo. Los museos locales suelen ser un auténtico muestrario de objetos fetichizados, que llenan habitaciones, salas y espacios” (1). “Los objetos que constituyen los fondos de muchos de nuestros museos, en especial los locales, son pinturas, arreos, reliquias, herramientas, fotografías, vasijas, armas, vestidos, banderas, esculturas, placas, medallas, mapas, monedas, muebles, fósiles, láminas, cruces, ropa antigua, enseres, etcétera, que, por el simple hecho de haber sido seleccionados alguna vez por alguien, se transformaron en elementos musealizables. Sin embargo, puede que no tengan nada más en común que el de haberse convertido en fetiches culturales. Y no cabe la menor duda de que pudieron no haber sido seleccionados nunca jamás” (2).

1518930093096_lPMmsjy7_lNicola Yeoman / Don’t Panic

La procedencia, el origen de estos museos locales, cómo nacieron, es algo que siempre nos ha parecido muy curioso. En las clasificaciones hechas por museólogos, el museo local sencillamente no existe. El Sistema Español de Museos distingue, fundamentalmente, entre museos públicos, museos privados y colecciones. Los museos públicos los clasifica como “museos de titularidad estatal”, museos que dependen de las comunidades autónomas – estados en otros países -y, finalmente, los museos municipales. Estos últimos suelen ser el patito feo de toda la clasificación y más hoy en día cuando casi no disponen de personal que los mantenga en condiciones. Los museos locales que tienen titularidad privada, pongamos por caso el Museo Picasso de Barcelona, propiedad de las personas que lo crearon aunque hayan recibido en casi la totalidad de los casos fuertes subvenciones públicas para mantenerse abiertos, no entran en la categoría de pobres en absoluto. También existen asociaciones locales sin ánimo de lucro y fundaciones que dependen de patronatos que han creado sus propios museos, normalmente también de carácter local. Muchos de estos museos pobres nacieron casi sin recursos y el tiempo los ha dejado con lo puesto, sin grandes posibilidades de renovar su museografía.

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El museo local suele ser el museo de lo particular, de lo cercano, de la micro-historia, de la etnografía más cercana, del artista o artistas del lugar. El museo local no pretende analizar el mundo, ni tan siquiera una faceta general del mismo. Su objetivo está enfocado en lo cercano, en lo de ahí al lado, es el museo de lo particular. Frente a un mundo global en proceso de gran transformación, el museo local puede ser el instrumento que ayude a mantener, comprender y a respetar la cultura tradicional autóctona, algo de grandísimo valor. Ese es el gran valor del museo local. Sea cual sea su titularidad y objeto, todos los museos locales al día de hoy tienen en común el hecho de ser instituciones con muy poca capacidad económica: son museos pobres. No tienen capacidad para organizar eventos importantes, casi no tienen exposiciones temporales que suele ser el nervio que mantiene vivo a un museo en cualquier lugar del mundo, recibe muy pocas visitas por tanto, etcétera. Dependen normalmente de exiguos presupuestos municipales que cuando se recortan aun más, siempre meten tijera primero a la cultura. La amenaza de cierre es algo que está siempre presente para estas instituciones, en continuo peligro de echar el cerrojo para siempre.

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El museo local suele ser fruto de un momento de euforia, de una situación excepcional, en el que la ilusión de crearlo está muy por encima del cálculo racional de los recursos necesarios para mantenerlo. Una de las preguntas que nosotros hemos formulado más veces en nuestra vida profesional es: ¿cómo pensáis mantenerlo? Por ello, cuando los que tuvieron la idea e iniciativa para montar el museo van desapareciendo, las vitrinas y las maquetas van llenándose de polvo hasta que, o bien cierran esperando mejores tiempos, o bien subsisten con raquíticas aportaciones municipales. Un futuro muy poco esperanzador y muy doloroso para los profesionales como nosotros, observando con impotencia la desidia del maltrato a estos museos y a los profesionales que dependen de ellos por parte de la administración.

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1. Remo Guiderini: Chronique du neutre el l’auréole. Sur le musée et ses fétiches. Paris. Editorial Difference, (1992).

2. “Puesto que no cumplen requisito alguno para ser objeto susceptible de ser expuesto en un museo: la mayoría no son piezas únicas, no tienen valor estético añadido, no han pertenecido a un personaje históricamente relevante… Suelen ser objetos de la vida cotidiana que, sin una museografía didáctica adecuada y un guión significativo, no tiene atractivo alguno para el visitante”. Sobre este tema, véase: Joan Santacana y F. Xavier Hernández: Museología crítica, Editorial TREA, Gijón (2006).

BIBLIOGRAFÍA:

SANTACANA I MESTRE, J. / LLONCH MOLINA, N.

Museo local: la cenicienta de la cultura

Ediciones TREA, Gijón (2008)

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