El Museo Budista

Observamos el devenir de algunos de los museos más importantes del mundo, y nos da la sensación de que son absolutamente ajenos a lo que está ocurriendo en nuestro planeta. El planeta Tierra y la civilización global se enfrentan ahora a una constelación de problemas que amenazan la misma existencia del todo, y los museos ni se inmutan. Sufrimos terribles actos terroristas mientras hay quien celebra fiestas donde la exhibición de la riqueza y la opulencia es la moneda de cambio.

Archivo EVE

¿No son los museos (con la posible excepción de los museos de arte contemporáneo) los autoproclamados custodios de la posteridad, y se supone que sus responsabilidades actuales serán los dones del futuro de la sociedad? Si es así, existe una alarmante desconexión entre esta creencia y la trayectoria de muchos museos, más preocupados por el mercado, el couché, las medidas cuantitativas de gestión con agendas internamente impulsadas por una curaduría divina de la muerte, la exhibición y el entretenimiento. Repensar el papel de los museos como instituciones con conciencia social requerirá no menos que reinventar el concepto de museo y conseguir que sea una organización consciente, incorporando lo mejor de los valores de estas instituciones, siempre al servicio de la sociedad, con una sana gestión y con un sentido de responsabilidad social que ahora acampa por sus fueros. La sociedad debe exigirles un compromiso activo de autoridad compartida con aquellos individuos y comunidades a los que los museos pretenden (deben) servir:

Los museos han llegado inadvertidamente a un punto en el que se hace imprescindible cuestionar qué hacen, hacia dónde van, plantearles una buena variedad de cuestiones políticamente incorrectas y proponer soluciones. Este punto de inflexión metafórico no es muy diferente del concepto de Peter Drucker sobre la “división”. En sus palabras, “en unas pocas décadas, la sociedad  reorganizará su cosmovisión; sus valores básicos; su estructura social y política; sus artes; sus principales instituciones. Cincuenta años después, habrá un mundo nuevo” (Drucker 1994, 1).

Posters SH

Asumir que los modelos existentes de la práctica museística pueden cumplir de alguna manera los requisitos del futuro, es no saber lo que está pasando en el mundo. Como E.O. Wilson señaló: “estamos creando un lugar menos estable e interesante que nuestros descendientes van a heredar. Ellos entenderán y amarán la vida más que nosotros, y no se verán obligados a honrar nuestra memoria” (Wilson 2006, 81). Reconociendo la posibilidad de que este inquietante resultado se haga realidad, ¿cómo podríamos imaginar un museo consciente y solidario?

Off the wall

Consciencia y Museo.

La palabra “consciencia” entró en el vocabulario del museo recientemente a partir de un artículo titulado “The Mindful Museum“, del ensayista estadounidense Adam Gopnik. Él escribió: “el museo debe, en primer lugar, ser consciente principalmente de los objetos que contiene. La primera experiencia (del visitante) al entrar en el museo consciente debe ser una obra de arte” (Gopnik 2007, 90). Aunque Gopnik señala que utiliza la palabra “consciente” en el sentido budista – “de un museo que es consciente de sí mismo, consciente de sus propias funciones, y que vive el momento” -, afirma que le falta el “auto” a “consciente”, basándose en el hábito y la práctica tradicional y en ausencia del verdadero significado y valor de la atención. Irónicamente, la preocupación por los objetos y las colecciones es uno de los principales obstáculos que impiden que los museos sean verdaderamente conscientes. Aunque Gopnik se ocupa principalmente de los museos de arte, esto no explica el uso de la palabra “consciencia”, especialmente con respecto a su significado budista. Ahora que el concepto ha entrado en el mundo de los museos, podríamos abordarlo desde una comprensión más clara de lo que en realidad significa en realidad “consciencia”.

Defringe

El cultivo sistemático de la atención ha sido llamado “el corazón de la meditación budista”. Es una forma particular de prestar atención, y una de sus principales fortalezas es que no está basado en un sistema de creencias o ideología. Sus beneficios están al alcance de cualquiera (Kabat-Zinn 1990, 12-13). En esencia, la atención plena se cultiva mediante el propósito de prestar atención a las cosas que ordinariamente ignoramos; requiere que sepamos siempre lo que estamos haciendo. En realidad, la Consciencia nos ayuda a tener muy en cuenta los acontecimientos que ocurren en el mundo exterior, reaccionando ante ellos (Fontana 1999, 112). Ser más conscientes es particularmente importante en este punto de nuestra evolución como especie, cuando hay tensiones y grandes desequilibrios globales, todo ello agravado por las distracciones de la revolución digital.

Mad Future

Y hablando de tecnología, sólo necesitamos considerar los dramáticos cambios tecnológicos para apreciar las nuevas e implacables presiones de la era digital en el trabajo museístico. Hay ordenadores en casa y en el trabajo, routers, modems, teléfonos inteligentes, paletas, portátiles, relojes, conectividad de alta velocidad, correo electrónico e Internet, todos ellos convenientes, eficientes y útiles, pero el costo que representan es que demandan atención plena. Jon Kabat-Zinn, profesor de medicina y de meditación, describe las consecuencias:

“Esta nueva manera de trabajar y vivir nos ha inundado de repente con infinitas opciones, interminables oportunidades de distracción, habilidad de respuesta altamente condicionada… Y una especie de urgencia flotante unida incluso a los eventos más triviales. La lista de tareas crece cada vez más, y siempre estamos corriendo a través de un momento para llegar al siguiente” (Kabat-Zinn 2005, 148).

Flickr

Creemos que tampoco el aumento de la conciencia de un museo requiere el descarte masivo de sus prácticas convencionales. De hecho, los museos pueden ser más conscientes en el curso de sus actividades habituales, siempre y cuando se preste suficiente atención a la misión. La misión consciente favorecerá la síntesis sobre el proceso y, en lugar del típico compromiso de los museos de “coleccionar, conservar e interpretar”, el museo consciente reconocerá que los procesos son sólo los medios para llegar a la meta. También es esencial darse cuenta de que las voces disonantes son materia de discernimiento y problemas, y esto es especialmente importante ahora, cuando la sociedad escucha voces en la lejanía (Hawken et al., 2000, 310-313). El debate en curso sobre el medio ambiente es un buen ejemplo del choque de voces disonantes: los capitalistas de libre mercado (arraigados en la economía convencional donde el crecimiento lo es todo); los medioambientalistas (que ven el mundo en términos de ecosistemas y se centran en el agotamiento y el daño); y los sintetizadores (que toman lo mejor de cada opción, pero son los menos).

Collectors Weekly

Todos los museos tienen la responsabilidad y la oportunidad de convertirse en sintetizadores, y fomentar una comprensión clara sobre los problemas a los que nos enfrentamos en el mundo, tanto ambientales como sociales. El museo consciente rechazará la ideología de mercado, demostrando que las soluciones surgen del lugar y de la cultura “cuando las personas locales son empoderadas y honradas” (Hawken et al., 2000, 312). Un museo consciente puede potenciar y honrar a todas las persona que van en  búsqueda de un mundo sostenible y justo, creando una misión centrada en la interconexión de nuestro mundo y sus desafíos, promoviendo la integración de sus diferentes perspectivas (Janes 2008, 23).

Mathew Emmet

El museo consciente también defenderá un conjunto de valores bien considerados, pero no los envasados ​​y entregados por consultores de gestión y gurús de la marca. En lugar de valores egoístas tales como “excelencia en el reconocimiento” y “profesionalismo”, existirán otros que reflejarán el compromiso requerido para una participación efectiva en un mundo más amplio (más allá de sus ombligos). La lista podría contener términos como idealismo, humildad, interdisciplinariedad, intimidad,  interconexión,  inventiva, transparencia, durabilidad, resistencia, y conocimiemto  de su comunidad y de su entorno.

Filippo Minelli

El diseño de la organización interna también debe reflejar una mayor consciencia, si se pretende alcanzar la promesa de la atención plena. Esto excluirá a la popular organización jerárquica, ya que ha demostrado categóricamente que restringe la iniciativa y premia la pasividad funcionarial. En su lugar, el museo consciente debe basarse en grupos de trabajo multifuncionales, no en departamentos y divisiones homogéneas y semejantes a los silos piramidales que son comunes en los museos de hoy en día y que anulan la creatividad. Estos grupos de trabajo también persistirán a lo largo del tiempo, a diferencia de los equipos de proyectos temporales, y todos ellos se beneficiarán de la presencia de escritores, poetas, artistas y diseñadores, así como de participantes que provengan de agencias y organizaciones que sustenten el museo. Este personal no tradicional será una fuente clave para generar emociones, estimular la imaginación, la intuición y la reflexión, todo aquello que es esencial para catalizar y mantener la consciencia del museo.

Drop Anchor

El organigrama ideal también incluirá uno o más grupos de respuesta rápida (GRR), ya que los museos son notoriamente ineficaces en la modificación de sus planes de trabajo para abordar cuestiones y oportunidades imprevistas. Los GRRs permitirán al museo consciente responder mejor a tales contingencias. ¿Suena idealista, eh? Lo es, pero sin un apunte al cambio sobre cómo se hace el trabajo, puede haber pocas esperanzas de cambiar lo que se hace mal. La forma en que un museo hace su trabajo permitirá o excluirá la reflexión inclusiva, el cuestionamiento de su existencia y una mayor conciencia hacia el mundo exterior.

A long, long time ago

El significado y el valor de la consciencia plena aún no han sido aprovechados por la comunidad de museos en general, y su potencial podría ser ilimitado. Para las gestoras y los trabajadores de los museos que se sienten perturbados si se cuestiona su papel tradicional y sus responsabilidades, cabría formular una pregunta: ¿Cómo es posible que los museos, como instituciones sociales, permanezcan alejados de las cuestiones socioambientales que nos enfrentan, cuando muchas de estas cuestiones están íntimamente relacionadas con el propósito, la misión, las responsabilidades y las capacidades de los museos? No se trata de una llamada de atención para que los museos se conviertan en agencias de bienestar social o activistas de Greenpeace, sino más bien para aumentar su consciencia y unir responsablemente sus capacidades y recursos de forma que ayuden a lograr cambios, tanto interna como externamente. Margaret Wheatley escribe: ”no hay mayor poder para el cambio que una comunidad que descubre lo que realmente importa”. 

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REFERENCIAS:

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– Drucker, P.F. 1994. Post-Capitalist Society. New York: HarperCollins.
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– Weil, S. 1999. From being about something to being for somebody: The ongoing transformation of the American museum.
– Daedalus: Journal of the American Academy of Arts and Sciences (128): 229–258.
– Wheatley, M.J. 1992. Leadership and the New Science: Learning about Organization from an Orderly Universe. San Francisco: Berrett-Koehler.
– Wilson, E.O. 2003. The Future of Life. New York: Vintage Books. 2006.
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– Hawken, P., A. Lovins, and L.H. Lovins. 2000. Natural Capitalism. New York: Back Bay Books⁄Little, Brown and Company.
– Homer-Dixon, T. 2001. The Ingenuity Gap. Toronto: Vintage Canada. 2006.
– The Upside of Down: Catastrophe, Creativity, and the Renewal of Civilization. Toronto: Alfred A. Knopf.
– Hooper-Greenhill, E. 2000. Museums and the Interpretation of Visual Culture. London – New York: Routledge.
– Janes, R.R. 2008. Museums in a troubled world: Renewal, irrelevance or collapse?
– Keene, S. 2005. Fragments of the World: Uses of Museum Collections. Oxford: Elsevier, Butterworth-Heinemann. Kotler, N.G.

– P. Kotler, and W.I. Kotler. 2008. Museum Marketing and Strategy: Designing Missions, Building Audiences, Generating-Revenue and Resources. Segunda edición. San Francisco: Jossey-Bass.

– Lezner, R. and S.S. Johnson. 1997. Seeing things as they really are: Entrevista con Peter F. Drucker. Forbes 10 (March): 122–8.
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– Janes, R.R. and G.T. Conaty, eds. 2005. Looking Reality in the Eye: Museums and Social Responsibility. Calgary: The University of Calgary Press and the Museums Association of Saskatchewan.
– Kabat-Zinn, J. 1990. Full Catastrophe Living: Using the Wisdom of Your Body and Mind to Face Stress, Pain, and Illness. New York: Bantam, Doubleday, Dell Publishing Group, Inc. 1994.
– Wherever You Go, There You Are: Mindfulness Meditation in Everyday Life. New York: Hyperion. 2005.
– Coming to Our Senses: Healing Ourselves and the World Through Mindfulness. New York: Hyperion.

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