Si observamos a un grupo de niños en un museo sin intervenir, la escena es reveladora: algunos se tiran al suelo para mirarlo todo mejor, otros buscan bancos como si fueran islas, otros tocan todo lo que pueden (a veces también lo que «no se puede»), muchos miran más a otros niños que a las vitrinas. Antes de leer una sola cartela, ya han leído el espacio que les rodea: comprueban si se sienten invitados o expulsados, si hay lugar para su escala y su forma de estar en el mundo.
Lo que a veces olvidamos es que esa «lectura» depende menos de los contenidos y más de las decisiones de diseño: alturas, recorridos, luz, sonido, densidad de objetos, materiales, mobiliario, señalética, normas visibles y no visibles. Y, sin embargo, la infancia sigue apareciendo en muchos proyectos como un «colectivo receptor» (público escolar, familiar) más que como agente con voz propia en el diseño del museo.
De la Solemne Vitrina al Espacio Conversable.
Históricamente, el diseño del museo ha sido territorio de arquitectos y curadores. El museo se pensaba como contenedor noble para colecciones y relatos de expertos eruditos. A mediados del siglo XX, el diseño expositivo comenzó a consolidarse como disciplina, incorporando criterios de comunicación visual, ergonomía y flujo de visitantes, y más tarde se sumaron la educación, la evaluación de públicos y la mediación cultural, entrando en el territorio de la museografía didáctica.
Pero la infancia se quedaba al margen: se diseñaban «rincones infantiles», talleres o programas escolares sin cuestionar demasiado el modelo general de espacio. El mensaje implícito era claro: el museo «serio» es para adultos; los niños tienen anexos donde se les «traduce» el contenido.
La nueva definición de museo de ICOM (2022) cambia el marco: la participación de las comunidades en todos los aspectos de la operación del museo ya no es un añadido, es un principio estructural. La infancia, como parte plena de esas comunidades, no puede limitarse a ser receptora de programas; ha de ser considerada en el núcleo de las decisiones de diseño.
Los Niños y Niñas Leen Antes el Espacio que los Textos.
Quienes trabajamos con museos lo vemos con claridad: un niño decide si el museo «es para él» mucho antes de ver un contenido «importante». Lo decide cuando entra por la puerta y percibe:
-
Si hay cosas a su altura o todo está pensado para cuerpos adultos,
-
Si hay lugar para moverse sin ser reñido continuamente.
-
Si el mobiliario invita a parar, jugar, dibujar, conversar.
-
Si el lenguaje visual y verbal le incluye o le trata como «estorbo simpático».
-
Si ve a otros niños y niñas siendo protagonistas de algo, o solo en carteles promocionales.
Desde enfoques pedagógicos como Reggio Emilia se habla del ambiente como «tercer maestro»: el espacio educa tanto como las personas y los materiales. Trasladado a museos, eso significa asumir que el diseño espacial es, de facto, un dispositivo educativo y político: define quién tiene derecho a estar, cómo, cuánto tiempo y en qué condiciones.
De Diseñar «Para» a Diseñar «Con» la Infancia.
La palabra participación se ha instalado en el discurso museístico, pero no siempre en la práctica. Hay talleres de co-creación para niños que en realidad consisten en «decorar» decisiones ya tomadas por adultos. La cuestión de fondo es cómo desplazar el eje de:
-
consultar a niños de forma puntual («¿os gusta este color?»), a…
-
integrar su mirada a lo largo del proceso: diagnóstico, generación de ideas, prototipado, pruebas y evaluación.
Algunas Claves Prácticas:
-
Observar antes que preguntar: Las visitas de observación son oro: ver cómo niños de distintas edades usan realmente el espacio, dónde se detienen, qué ignoran, qué les intimida. Esa evidencia vale más que muchas encuestas.
-
Prototipar con materiales accesibles: Maquetas de cartón, bloques, dibujos, fotos recortadas. Los niños pueden reorganizar una sala hipotética, proponer «lugares refugio», imaginar dispositivos a su medida. Es diseño, no «manualidades».
-
Usar mediadores que hablen ambos idiomas: Educadores, mediadores y artistas que sepan traducir los lenguajes técnicos (arquitectura, museografía) a dinámicas comprensibles para niños… y devolver luego sus aportes de manera legible para equipos de proyecto.
-
Incorporar la infancia a estructuras estables: Más allá de talleres puntuales, crear consejos o grupos permanentes de niños y niñas que revisen proyectos, evalúen cambios y propongan mejoras puede marcar una diferencia real.
Los Límites de la Participación (y por qué Merece la Pena Intentarlo).
No conviene idealizar: las asimetrías de poder no desaparecen porque hablemos de co-diseño. Las decisiones sobre presupuesto, tiempos, normativas de seguridad o conservación seguirán en manos adultas. Pero la pregunta es si estamos dispuestos a dejar que la visión de los niños incomode y desplace algunos supuestos de partida:
-
Que el silencio absoluto es siempre necesario.
-
Que todo debe explicarse con texto.
-
Que la circulación lógica es la línea recta.
-
Que tocar es sinónimo de riesgo.
-
Que un museo «serio» no puede dejar lugar al juego.
Tomar en serio la participación infantil no significa hacer del museo un parque temático, sino reconocer que el juego, la curiosidad y el cuerpo, lo físico y sensorial, son formas legítimas de conocimiento. Y que diseñar espacios que las acojan mejora la experiencia de todos los públicos, no solo de los niños.
Museos Más Habitables para la Infancia (y Para Todos los Demás).
¿Qué cambios concretos podemos introducir en proyectos nuevos o en reformas?
-
Pensar alturas, escalas y vistas desde 1,20 m, no solo desde 1,70 m.
-
Introducir «capas infantiles» en la narrativa museológica sin infantilizar el contenido: preguntas, retos, micro-historias encajadas en el relato general.
-
Reservar espacios intermedios entre sala y aula: lugares para procesar lo visto, dibujar, hablar, moverse.
-
Usar materiales cálidos y diversos, no solo superficies duras y blancas.
-
Diseñar señalética que contemple iconos, color y rutas pensadas también para niños, no solo texto.
-
Dejar márgenes de indeterminación: rincones donde se pueda estar sin «hacer nada productivo».
En resumen, se trata de que la infancia deje de ser una «excepción manejada» y pase a ser condición de diseño. Cuando el museo se vuelve legible, habitable y negociable para niños y niñas, suele volverse más amable para mayores, personas mayores, visitantes con discapacidad y públicos poco familiarizados con estos espacios.
Recursos Bibliográficos:
Asensio, M. y Pol, E. (2008): Nuevos públicos, nuevos museos. Ariel.
Tonucci, F. (1996): La ciudad de los niños. Fundación Germán Sánchez Ruipérez.
Estepa, J. y Ferreras, M. (2015): Museos, infancia y ciudadanía: experiencias de participación infantil. Revista de Museología.
Ministerio de Cultura y Deporte (España) (2015): Guía para trabajar con públicos infantiles y escolares en museos.
Falk, J.H. y Dierking, L.D. (2016): The Museum Experience Revisited. Routledge.
Hooper-Greenhill, E. (2007): Museums and Education: Purpose, Pedagogy, Performance. Routledge.
UNICEF (2009): A Practical Guide for Developing Child-Friendly Spaces.
Bishop, K. y Corkery, L. (2017): Designing Cities with Children and Young People: Beyond Playgrounds and Parks. Routledge.
MacLeod, S., Hanks, L. y Hale, J. (editores) (2012): Museum Making: Narratives, Architectures, Exhibitions. Routledge.
Murray, C. (2025): Museum Design with, by, and for Children. Innovative international approaches. Global Perspectives on Children in Museums.
Consultas sobre La Museografía Infantil: info@evemuseos.com
Catálogo EVE 2026 descárgalo aquí.
Tlf. (0034) 600320681 (España) – (0052) 3318939356 (América).
EVE Formación Museos: Aquí.
Imagen: Architizer
Si quieres recibir los artículos por correo electrónico y el newsletter semanal, completa el campo correspondiente en el formulario de inscripción que encontrarás más abajo en esta página. Tu dirección de correo electrónico será utilizada exclusivamente para enviarte nuestros newsletters y los artículos, pudiendo darte de baja en el momento que quieras.
La Museografía Infantil.
| ISSN | 3020-1179 |
BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA – INTERNATIONAL STANDARD SERIAL NUMBER – EVE MUSEOS E INNOVACIÓN – ESPAÑA.