Los museos hablan cada vez más de públicos, participación, mediación y experiencia de visita. Sin embargo, todavía es frecuente que el conocimiento del visitante se reduzca a cifras generales: cuántas personas han entrado, qué edad tienen, de dónde vienen, cuánto tiempo permanecen o cuántas repiten. Estos datos son necesarios, pero no bastan para diseñar mejores exposiciones, programas educativos o recursos de interpretación.
Un museo puede saber que recibe visitantes jóvenes, adultos, escolares (público cautivo), turistas o personas con formación universitaria, y aun así no comprender cómo recorren el museo, que observan, qué entienden, qué les desconcierta o qué necesitan para relacionarse mejor con los contenidos. La verdadera investigación de públicos comienza cuando dejamos de preguntar no solo quién visita el museo sino cuando analizamos cómo se construye sentido durante la visita.
Las propuestas de Abigail Housen, publicadas originalmente en 1987, siguen siendo muy útiles para los profesionales de los museos, ya que plantean una distinción clara entre tres formas de conocer al público: el estudio demográfico, el estudio actitudinal y el estudio del desarrollo estético. Cada método aporta una información distinta y, cuando se combinan, permiten comprender al visitante con mucha más precisión.
El Visitante No Es un Grupo Uniforme.
Una de las ideas más importantes de Housen es que los visitantes no tienen las mismas necesidades, aunque compartan características similares. Dos personas de la misma edad, con estudios parecidos y hábitos culturales semejantes pueden valorar un contenido de forma completamente distinta. Una puede buscar datos, otra puede responder emocionalmente, otra puede necesitar contexto histórico y otra puede sentirse perdida ante una colección.
Esta diversidad obliga a los museos a evitar una práctica demasiado extendida: diseñar recursos educativos para un “público medio” que, en realidad, rara vez existe. La mediación museística eficaz no se basa en suponer que todos aprenden igual, sino en reconocer distintos niveles de comprensión, familiaridad, motivación y autonomía interpretativa. Esa es la razón fundamental por la que en EVE hemos creado las capas museológicas.
Housen lo demuestra a partir de un estudio piloto realizado en el Institute of Contemporary Art de Boston, durante una exposición de arte contemporáneo. El objetivo era conocer mejor al público y detectar qué tipo de apoyos educativos podían mejorar su experiencia. El caso es especialmente interesante porque el público analizado era aparentemente cualificado: joven, con formación académica, visitante frecuente de museos y mayoritariamente vinculado al mundo del arte. Aun así, los datos revelaron contradicciones significativas.
Primer Método: Datos Demográficos.
El método demográfico es el más habitual en los museos. Recoge información como edad, sexo, nivel educativo, ocupación, procedencia o frecuencia de visita. Su utilidad es evidente: permite construir una primera fotografía del público y tomar decisiones generales sobre comunicación, horarios, accesibilidad, programación o captación de visitantes.
En el estudio de Housen, estos datos mostraban un público joven, mayoritariamente femenino, con alta formación universitaria y una fuerte relación con el arte. Según las tablas del documento, el 68,6 % de la muestra eran mujeres, el 68,6 % eran artistas o estudiantes de arte, el 83,7 % tenía estudios universitarios y el 88,6 % había recibido formación artística. A primera vista, parecía un público especialmente preparado para enfrentarse al arte contemporáneo.
Pero ahí recibimos la primera advertencia: los datos demográficos pueden inducir a conclusiones demasiado rápidas. Que una persona tenga estudios o visite museos con frecuencia no significa que comprenda una exposición concreta, que se sienta cómoda en ella o que encuentre recursos suficientes para interpretarla. En el caso analizado, muchos visitantes permanecían poco tiempo en el museo, algo que los datos demográficos no lograban explicar.
Segundo Método: Actitudes y Preferencias.
El segundo método es el estudio actitudinal. Aquí ya no se pregunta solo por características personales, sino por opiniones, preferencias, valoraciones y deseos. Este tipo de investigación permite saber qué gusta, qué incomoda, qué se echa en falta o qué recursos podrían resultar útiles.
En el estudio del ICA, muchos visitantes expresaron interés por los folletos informativos de sala y un 80 % afirmó que utilizaría otros recursos con información adicional sobre las exposiciones. Este dato era relevante porque más de tres cuartas partes decían no usar habitualmente ayudas educativas en museos. La contradicción era aparente: no querían una mediación invasiva o escolarizada, pero sí valoraban tener recursos disponibles para consultarlos a su ritmo.
El método actitudinal aporta información muy valiosa, pero también tiene límites. Las opiniones pueden ser vagas, contradictorias o demasiado conectadas con el momento. Un visitante puede decir que no necesita ayuda y, al mismo tiempo, abandonar pronto la exposición porque no encuentra claves suficientes para interpretarla. Por eso, escuchar al público es imprescindible, pero no siempre basta con preguntar directamente.
Tercer Método: Desarrollo Estético.
El tercer método propuesto por Housen es el más profundo: el análisis del desarrollo estético. Su objetivo es comprender cómo piensa el visitante cuando mira una obra. No se centra solo en lo que prefiere, sino en la estructura de razonamiento que utiliza para interpretar, clasificar, valorar o conectar emocionalmente con el objeto artístico o con un contenido concreto.
Para ello, Housen utiliza entrevistas abiertas en las que los visitantes hablan libremente ante una imagen. Sus respuestas se graban, transcriben y analizan según diferentes etapas de desarrollo estético. Estas etapas van desde una mirada más descriptiva y asociativa, centrada en elementos concretos, hasta formas más complejas de interpretación que combinan análisis formal, memoria, emoción, sensaciones, simbolismo y reconstrucción personal de la obra.
Este método permite descubrir algo fundamental: muchos visitantes no pueden explicar con claridad qué tipo de apoyo necesitan porque no son plenamente conscientes de su propio modo de pensar. La investigación de desarrollo estético ayuda a revelar esa dimensión invisible de la experiencia museística.
Consecuencias para la Mediación en Museos.
La principal enseñanza del estudio es que la programación educativa debe diseñarse a partir de una comprensión más fina del público. En el caso del ICA, los visitantes no necesitaban una visita guiada convencional ni una explicación cerrada. Necesitaban orientación flexible: materiales introductorios, información contextual, recursos visuales, documentos sobre artistas, vídeos, revistas, libros y espacios donde ampliar la visita de manera autónoma.
Esta conclusión tiene plena vigencia para los museos actuales. No todos los públicos demandan el mismo nivel de mediación. Algunos necesitan una introducción sencilla. Otros buscan profundidad. Otros prefieren explorar por su cuenta. Otros necesitan apoyo emocional, narrativo o sensorial para conectar con los contenidos.
La solución no consiste en saturar la exposición con información, sino en aplicar a la museografía capas museológicas como las nuestras. Un buen recurso museográfico permite diferentes grados de lectura: una entrada clara para quien llega sin conocimientos previos, una explicación más amplia para quien quiere profundizar y materiales especializados para públicos con mayor experiencia.
Diseñar Desde la Experiencia Real.
Los planteamientos de Housen nos recuerdan que el estudio de públicos no debe ser una operación administrativa, sino una herramienta de diseño museológico. Conocer al visitante permite tomar mejores decisiones sobre textos de sala, cartelas, recursos digitales, visitas guiadas, áreas de descanso, centros de documentación, talleres, audioguías y estrategias de mediación.
Los datos demográficos nos dicen quién está entrando. Los datos actitudinales nos dicen qué declara ese público. Los datos de desarrollo estético nos ayudan a comprender cómo piensa, interpreta y aprende. La combinación de los tres métodos ofrece una base mucho más sólida para diseñar experiencias significativas.
El museo que investiga de este modo deja de trabajar basándose en la intuición y empieza a tomar decisiones basadas en evidencias. No se trata de perder criterio profesional ni de entregar la exposición al gusto inmediato del público. Se trata de comprender mejor a las personas para diseñar mejor la relación entre contenidos, objetos, espacios y visitantes.
Una Museografía Más Precisa y Adaptada.
Para los profesionales de museos, la aportación de Housen sigue siendo clara: no hay un solo visitante, ni una sola forma de mirar, ni una sola manera de aprender. La exposición eficaz no es la que explica todo de la misma forma para todos, sino la que ofrece apoyos diversos para que cada persona pueda construir una experiencia más rica, comprensible y memorable.
Investigar públicos no es solo medir asistencia. Es entender la calidad de la experiencia. Y en ese terreno, los museos tienen todavía mucho camino por delante y mucho que ganar.
Recursos Bibliográficos:
Alderoqui, S. y Pedersoli, C. (2011): La educación en los museos: de los objetos a los visitantes. Paidós.
Asensio, M. y Pol, E. (2002): Nuevos escenarios en educación: aprendizaje informal sobre el patrimonio, los museos y la ciudad. Aique.
Falk, J.H. (2009): Identity and the museum visitor experience. Left Coast Press.
Falk, J.H. y Dierking, L.D. (2013): The museum experience revisited. Left Coast Press.
Hein, G.E. (1998): Learning in the museum. Routledge.
Housen, A. (1987): Three methods for understanding museum audiences. Museum Studies Journal, Spring-Summer.
Hooper-Greenhill, E. (1994): Museums and their visitors. Routledge.
Pérez Castellanos, L. (editor) (2016): Estudios sobre públicos y museos. Volumen III: Referentes y experiencias de aplicación desde el campo. Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía.
Roppola, T. (2012): Designing for the museum visitor experience. Routledge.
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