Identidad Personal y Experiencia del Visitante

Seremos incapaces de diseñar una correcta experiencia del visitante al museo si solo atendemos a los criterios expositivos de las colecciones – el diseño de las exposiciones -; no es suficiente. Para que el proceso del diseño de esa experiencia llegué a buen fin, deberemos analizar exhaustivamente el perfil de nuestros visitantes a partir de su demografía y psicografía, o incluso mediante el estudio de la frecuencia de sus visitas o los contextos sociales en los que se hace. Para obtener una respuesta más completa que nos ilumine sobre por qué las personas visitan o no los museos, qué hacen allí y qué aprendizaje/significado reciben a partir de su experiencia, necesitaremos una investigación a fondo. A pesar del considerable tiempo y esfuerzo que los investigadores de los museos han dedicado a estudiar la naturaleza de la experiencia del visitante, los resultados han sido deprimentemente limitados. Podría decirse que estas perspectivas han aportado una comprensión descriptiva bastante rudimentaria, sin aproximarse lo suficiente a un modelo verdaderamente predictivo y útil.

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Los nuevos enfoques que intentan acercarse más y más al conocimiento del visitante se basan normalmente en el planteamiento de una serie de entrevistas en profundidad, en las que los profesionales hablan con el público sobre sus experiencias. La información que se extrae sistemáticamente, a partir de los datos de esas entrevistas, es que las visitas al museo son acciones muy personales y profundas, y se hallan ligadas al sentido de identidad que tiene cada persona de sí misma. También nos llama mucho la atención observar cómo la experiencia posterior a la visita de cada uno coincide con la percepción del museo antes de entrar. En otras palabras, lo que normalmente se queda en la mente de una persona se relaciona con las razones por las que ésta manifestó haber acudido al museo. La manera de hablar sobre la razón de su visita, así como lo que recuerdan de su experiencia, parece tener mucho que ver con lo que personalmente pretendían “vivir-experimentar” en el museo. Curiosamente, los visitantes expresan de algún modo cómo sus objetivos personales estaban relacionados con la idea de quienes ellos pensaban que verdaderamente eran o deseaban ser, mencionando cómo el museo dio respuesta a estos objetivos y necesidades personales. Los conocimientos extraídos de estas entrevistas nos llevan a cambiar el rumbo del pensamiento sobre lo que supone una experiencia en el museo para cada uno de nosotros. Se podría formular, con cierta seguridad, que la construcción y el apoyo a la identidad personal es una de las principales motivaciones que hay detrás de prácticamente todas las visitas.

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Seguimos invirtiendo mucho tiempo y esfuerzo para comprender el origen y significado de todas esas motivaciones . Algunos investigadores han comenzado a explorar las conexiones entre los motivos que llevan a los visitantes a los museos y la creación de significados personales. Como postulan Doering y Pekarik, es probable que los visitantes entren en el museo con una idea prefijada y que ésta vaya cambiando a lo largo del recorrido influidos por el aprendizaje, el contexto y las percepciones de satisfacción de cada uno. A pesar de la dificultad, las ideas (estímulos) para la visita al museo parecen responder a un grupo relativamente pequeño de categorías, pudiéndose entender mejor si pensamos en ellas como descripciones sobre las motivaciones que cada individuo tiene para visitar un museo. Estas categorías de motivación pueden, a su vez, valorarse desde el punto de vista de la satisfacción de una o más necesidades relacionadas con la identidad personal.

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Durante más de 100 años, las teorías sobre el “yo” y la identidad personal han sido utilizadas por una amplia gama de investigadores de ciencias sociales, aplicándose a una gran variedad de disciplinas. A pesar del uso generalizado de la identidad como concepto, no disponemos de una única definición universal, aunque sí tenemos planteamientos teóricos muy útiles desde diversas perspectivas. Resaltando las complejidades que tiene este tema de la identidad, Bruner nos dice: “el Yo es tanto externo como interno, público y privado, innato y adquirido, el producto de la evolución y el resultado de la narrativa culturalmente formada”.

La identidad personal se caracteriza como resultado de la comparación con “otros, tanto vivos como no vivos”. Tal vez lo más significativo sobre todo esto es lo que Simon enuncia:

“Incluso si la identidad resulta ser una ‘cita analítica’, será una herramienta analítica muy útil en la búsqueda de una mejor comprensión de las experiencias y comportamientos humanos. Si se utiliza como una expresión abreviada o marcador de posición para procesos socio-psicológicos que giran en torno a la autodefinición o la autointerpretación, incluidas las variables pero sistemáticas instancias de los mismos, la noción de identidad servirá a la función como una poderosa herramienta conceptual”.

Necesitaremos esa herramienta conceptual cuando intentemos comprender mejor la naturaleza de la experiencia de cada individuo en el museo.

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Tal como se describe en el libro del doctor John H. Falk, “Identity and Museum Visitor Experience”, la identidad es resultado de la influencia de las fuerzas sociales internas y externas: agencias culturales e individuales. Esa identidad siempre está condicionada, en mayor o menor medida, por las percepciones innatas y aprendidas sobre el entorno físico en el que a cada uno de nosotros nos toca vivir. La creación de uno mismo (del Yo) es un proceso sin fin, sin límites temporales claros. Desde esta perspectiva, la identidad emerge como maleable, continuamente construida; como una cualidad que siempre se sitúa entre las realidades del mundo físico y el sociocultural, en un entorno social inmediato (familia)- en el que puede estar inmerso un individuo-, así como en un contexto social más amplio (cultura e historia pasada y futura) de cada cuál.

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Debemos pensar que no poseemos una identidad única sino numerosas, que se expresan colectiva o individualmente en diferentes momentos, dependiendo de la necesidad y las circunstancias que estemos viviendo en cada etapa de nuestras vidas. Cada uno de nosotros actúa sobre un conjunto de identidades perdurables y profundas, lo que algunos teóricos denominan las “grandes identidades del Yo”. El sentido de género, nacionalidad, puntos de vista políticos o religión, etcétera, son elementos para la construcción de nuestras diferentes identidades;  identidades que llevamos con nosotros a lo largo de nuestras vidas y, aunque evolucionan constantemente, permanecen (por ejemplo, la mayoría de nosotros no cambia su sentido de género o nacionalidad, aunque nuestro sentido de lo que significa ese género o nacionalidad pueda evolucionar). Sin embargo, una gran parte de nuestra existencia está dedicada a representar una serie de identidades que intentan responder a nuestras necesidades, a realidades del momento y a circunstancias vitales específicas, lo que podríamos denominar “pequeñas identidades del Yo”. Por ejemplo, si estuviéramos a punto de obtener el Premio Nobel y alguien nos entrevistara, la identidad del “Yo” que mostraríamos al entrevistador se vería condicionada por el hecho de haber recibido ese magno galardón, pero para nuestra esposa o esposo seríamos el “Yo de siempre”. Este tipo de identidades juegan un papel crítico en la definición de quiénes somos y cómo nos comportamos gran parte del tiempo. Las observaciones, la mayoría de las veces, nos muestran que en las visitas a los museos las personas tienden a recurrir a las identidades predominantemente relacionadas directamente con el “Yo”. En otras palabras, las personas acuden al museo para dar respuesta a las necesidades relacionadas con su propia identidad personal, como el deseo de ser una mejor persona, más sabia, o para satisfacer el sentido de curiosidad o la sensación de que sería bueno alejarse del mundanal ruido por un poco de tiempo. La nacionalidad, la religión, el género o la afiliación política no parecen ser las motivaciones principales que hay detrás de las visitas a los museos de arte, ni a los museos sobre la naturaleza, ni a los arqueológicos o los centros de ciencias.

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Por otro lado, aquellos que visitan los museos suelen recurrir a un modelo funcional de lo que implica este hecho de ir; también tienen una idea más o menos clara de qué beneficios personales obtendrán al hacerlo. Por lo tanto, podemos pensar que los visitantes atribuyen una serie de aspectos personales a sus experiencias en el museo, enmarcadas en torno a los recuerdos de las que ya han vivido en otras ocasiones. El conocimiento de los aspectos personales de los visitantes es, pues, necesario si pretendemos comprender lo que el museo puede ofrecer como respuesta a las necesidades de los visitantes relacionadas con su identidad. Según Erikson, los individuos no tienen más remedio que formar sus identidades usando como marco “el rango existente de alternativas para la formación de la identidad”. Parece evidente que los visitantes utilizan sus experiencias personales previas a la visita para justificar por qué deben realizarla, y luego, de forma retrospectiva, para dar sentido a la importancia de su visita.

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Por ejemplo, muchos visitantes de museos de arte se describen a sí mismos como personas curiosas, generalmente interesadas por el arte. Se trata de personas que valoran estos museos como sitios ideales para dar respuesta a esa curiosidad e interés. Cuando se preguntó a una persona en particular sobre los museos de arte, respondió: “los museos de arte son excelentes lugares para ser visitados porque organizan exposiciones diseñadas para cultivar los intereses y la comprensión del arte por parte de todas las personas”. A la pregunta de por qué estaba visitando el museo de arte en ese momento, respondió: “Vine a ver qué hay de nuevo aquí. No me lleva mucho tiempo y lo que espero es ver un arte realmente nuevo e interesante”. Varios meses después, se volvió a contactar con esa persona, y hablando de su visita comentó: “pasé un tiempo excelente en el museo de arte, solo deambulé y vi que todo el arte expuesto era fabuloso; hubo algunas obras realmente sorprendentes. Incluso descubrí algunos trabajos que nunca antes había visto o conocido. Eso fue lo realmente maravilloso”.

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La comprensión de la experiencia del visitante en el museo es invariablemente autorreferencial y proporciona coherencia y significado a la misma. El público tiende a valorar su comportamiento dentro del museo y los resultados posteriores a la visita tienen que ver con los rasgos de personalidad, actitudes y/o afinidades grupales, como en el ejemplo de la persona que mencionamos que valora los museos como un mecanismo para reforzar su visión de sí misma como alguien curioso. Otros visitantes utilizan el museo para satisfacer roles y valores personalmente relevantes, como ser un buen padre o un intrépido turista cultural. A pesar de las características comunes respecto a estos aspectos propios en todos los grupos de visitantes, cuando se trata de visitantes individuales experimentan dichos aspectos personales como expresiones de su propia identidad e historia personal. La forma de verte a ti mismo como visitante de un museo depende en gran medida de cómo conceptualices el museo. En otras palabras, si te ves como un buen padre y crees que los museos son el tipo de lugares donde los buenos padres llevan a sus hijos, podrás buscar activamente ese lugar para “que represente” esa identidad tuya. O bien, si piensas que eres el tipo de persona curiosa que se desvía de su camino para descubrir hechos inusuales e interesantes sobre la condición humana, tanto en el presente como en el pasado, entonces demandarás activamente la visita a un museo de historia durante tu tiempo libre. Creemos que esto es lo que realmente hace un gran porcentaje de visitantes; no solo les mueve la curiosidad y a las ganas de aprender algo nuevo, sino también el hecho de encontrar en el museo el medio para representar una amplia gama de significados relacionados con nuestra identidad.



RECURSO:

Dr. John H. Falk (2014): Understanding Museum’s Visitors Motivations and Learning. Oregon State University, OSU Center for Research on Lifelong STEM (Science, Technology, Engineering & Mathematics) EE.UU.

Fotografía principal: Fundación Alejandra Forlán


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