Durante décadas, los museos nacionales fueron las “catedrales” del Estado-nación. Ordenaban el pasado, elegían qué episodios merecían ser recordados y construían un “nosotros” compacto frente a los “otros”. Ese modelo nació en Europa y se exportó al resto del mundo, incluyendo los países hoy llamados del Sur Global, donde a menudo se reprodujo sin demasiadas preguntas.
Hoy, sin embargo, el tablero ha cambiado: la crítica al eurocentrismo, las luchas decoloniales, la emergencia de movimientos comunitarios y el auge de la llamada Nueva Museología ponen sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿de quién es la identidad que construyen nuestros museos?
De los Museos de Estado a las Identidades en Disputa.
Los grandes museos nacionales han sido herramientas poderosas para consolidar proyectos estatales: fijaban una lengua, una historia común, unos héroes y unos símbolos oficiales. En contextos poscoloniales, sin embargo, esa misma herramienta resultó ambigua. Por un lado, ayudó a afirmar la existencia de una nación frente a las antiguas metrópolis. Por otro, mantuvo muchas veces los mismos marcos interpretativos occidentales y las mismas jerarquías entre centro y periferia, élites y “pueblo”, cultura “alta” y cultura “popular”.
La crítica poscolonial y los estudios de museos han insistido en que estos relatos nacionales suelen silenciar o simplificar experiencias de comunidades indígenas, afrodescendientes, campesinas, minorías religiosas o de género. El museo, lejos de ser neutro, reproduce relaciones de poder: quién aparece, quién no, quién habla y quién es representado.
Es en este contexto donde la Nueva Museología lanza su propuesta: pasar del museo orientado al objeto al museo orientado a las personas, el territorio y los procesos sociales.
Nueva Museología: del “Tesoro Nacional” al “Nosotros Situado”.
La Nueva Museología no se limita a cambiar vitrinas por interactivos. Propone un giro de fondo:
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El patrimonio deja de ser sólo la colección monumental o artística, y pasa a incluir memorias cotidianas, paisajes, saberes locales, prácticas comunitarias.
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El museo deja de ser un edificio aislado para pensarse como parte de un ecosistema territorial.
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Los habitantes no son sólo “público”, sino potencialmente coautores del relato, con derecho a interpretar su propia historia.
De ahí nacen figuras como el ecomuseo o el museo comunitario, que no se definen tanto por el tipo de colección como por su manera de trabajar: con el territorio, con los vecinos, con la vida cotidiana. Se trata de museos que buscan reforzar el “sentido de lugar”, la autoestima colectiva y la capacidad de las comunidades para definirse frente a discursos externos.
En países del Sur Global esto abre una posibilidad potente: construir identidades nacionales y locales menos dependientes del molde europeo, más enraizadas en historias propias, con sus contradicciones, mezclas y fracturas.
Identidad Nacional vs. Identidad Local: una Tensión Productiva.
La cuestión, sin embargo, no es sencilla. Los Estados siguen necesitando grandes relatos compartidos (especialmente en contextos de fragmentación social) y los museos nacionales continúan ocupando un lugar simbólico central. Al mismo tiempo, muchas comunidades reclaman el derecho a contar su historia sin pasar por la “traducción” de capitales y ministerios.
Ahí aparece una tensión productiva:
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Por un lado, los museos nacionales intentan incorporar discursos inclusivos: salas sobre pueblos originarios, exposiciones sobre minorías, revisiones de episodios traumáticos.
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Por otro, museos locales, ecomuseos y museos comunitarios experimentan con formas de patrimonialización “desde abajo”, donde son los habitantes quienes deciden qué es importante y cómo se muestra.
En contextos poscoloniales, estas dos escalas no siempre se hablan bien. Hay iniciativas locales muy innovadoras con poca visibilidad y apoyo; y grandes instituciones nacionales que, pese a sus discursos renovados, siguen organizadas verticalmente, con lógicas burocráticas y jerárquicas poco porosas a las voces subalternas.
Promesas y Fragilidades de los Museos Comunitarios.
El potencial de los museos comunitarios es evidente:
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Pueden fortalecer la identidad local, entendida no como folklore congelado, sino como proceso vivo.
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Son espacios donde se negocian conflictos internos (quién tiene voz, qué memorias se priorizan, qué se oculta).
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Pueden vincular la interpretación del patrimonio con procesos de desarrollo social, organización vecinal, educación y lucha por derechos.
Pero también arrastran fragilidades:
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Financiación precaria, a menudo dependiente de proyectos puntuales o voluntariado.
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Baja visibilidad institucional, al estar lejos de circuitos turísticos y mediáticos.
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Tensiones internas entre líderes comunitarios, organizaciones externas, ONG, universidades y administraciones.
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Dificultad recurrente: convertir la “participación” en algo más que la asistencia a actividades, es decir, en participación real en la toma de decisiones.
En muchos casos, además, la idea misma de “comunidad” es problemática: ¿quién decide quién pertenece?, ¿qué pasa con los conflictos de clase, género, etnia y generación dentro de ese colectivo?
Hacia una Práctica Más Cercana a la Arqueología Pública.
Una de las vías más fértiles para fortalecer el vínculo entre Nueva Museología e identidades poscoloniales es su encuentro con la arqueología pública y comunitaria. Cuando los procesos de investigación del pasado se abren a la participación de residentes, no sólo cambian los contenidos; cambia quién tiene derecho a formular preguntas y a interpretar respuestas.
En este sentido, los museos –especialmente los comunitarios– pueden funcionar como plataformas de co-investigación: lugares donde se cruzan fuentes orales, archivos domésticos, registros oficiales, hallazgos materiales y experiencias actuales. La exposición deja de ser un producto cerrado para convertirse en un estado provisional de un proceso mucho más largo.
Esto supone pasar:
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Del museo que “enseña” historia al museo que acompaña la construcción compartida de relatos.
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Del museo que “representa” a la comunidad al museo que se reconoce como parte de esa comunidad, con responsabilidades y limitaciones.
De la Crítica al Eurocentrismo a la Creación de Futuros.
Deconstruir el eurocentrismo en museos del Sur Global no significa sustituir unos héroes por otros o cambiar banderas en las vitrinas. Implica revisar las categorías con las que pensamos el patrimonio, la historia, la modernidad, el desarrollo. Implica aceptar que la identidad nacional es conflictiva y plural, y que la identidad local no es un bloque homogéneo ni idílico.
Los ecomuseos y museos comunitarios, cuando se toman en serio como procesos y no como etiquetas, pueden ser laboratorios para imaginar futuros: conectan memoria y aspiraciones, territorio y justicia social, cultura y política. Pero para ello necesitan algo más que discursos bienintencionados: requieren marcos de apoyo estables, redes de colaboración, reconocimiento institucional y una reflexión autocrítica constante sobre sus propias prácticas.
En definitiva, la pregunta por “cómo construir identidades nacionales y locales desde el museo” no tiene una respuesta única. Sí tiene, en cambio, una condición: que el derecho a interpretar la historia deje de ser monopolio de unos pocos y se convierta en un ejercicio compartido, situado y abierto.
Recursos Bibliográficos:
Anderson, B. (1993): Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo. FCE.
García Canclini, N. (1990): Culturas híbridas: Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Grijalbo.
Hooper-Greenhill, E. (2000): Museums and the Interpretation of Visual Culture. Routledge.
Karp, I., Kreamer, C. y Lavine, S. (editores) (1992): Museums and Communities: The Politics of Public Culture. Smithsonian Institution Press.
Kreps, C. (2003): Liberating culture: Cross-cultural perspectives on museums, curation and heritage preservation. Museum Anthropology.
Corsane, G. (editor) (2005): Heritage, Museums and Galleries: An Introductory Reader. Routledge.
Simpson, M. (1996): Making Representations: Museums in the Post-Colonial Era. Routledge.
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Museos e Identidad en Clave Poscolonial.
| ISSN | 3020-1179 |
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