En muchos museos se repite el mismo escenario: las visitas escolares están muy cuidadas, con educadores formados, recorridos probados y actividades adaptadas al currículo escolar. Los grupos salen satisfechos, el equipo siente que el trabajo tiene sentido… pero cuando llegan las familias por su cuenta, sin guía, la experiencia se desinfla. Los niños se aburren, los adultos se sienten desbordados o perdidos, y las reseñas en redes sociales hablan de un museo «poco atractivo para ir con peques».
La idea en la que nos basamos parte precisamente de ese problema: ¿cómo repensar la mediación cultural cuando la unidad de experiencia no es el grupo escolar, sino la combinación adulto/niño que viene un sábado por la tarde en busca de ocio, vínculo y algo de aprendizaje? Y, además, ¿cómo hacerlo en un museo con recursos limitados, sin posibilidad de ofrecer un guía para cada familia?
La respuesta se construye a través de la recopilación de valiosas investigaciones sobre este tema. El reto es muy concreto: diseñar una visita autónoma para familias con niños de 8 a 12 años que mejorará su experiencia, reforzará el vínculo entre adultos y menores y, de paso, ayudará a reposicionar el museo como una opción de ocio cultural atractiva.
De la Visita Escolar a la Visita Familiar: Cambia el Marco, Se Transforma la Mediación.
Debemos recordar algo que a veces olvidamos en la práctica diaria: la visita familiar no es una «versión reducida» de la visita escolar. Es otra cosa.
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En la visita escolar, el adulto mediador es el educador o docente; la autoridad está clara, los objetivos son principalmente educativos y el grupo se mueve como bloque.
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En la visita familiar, el papel central lo ocupa la relación padre/madre–hijo/hija. El adulto busca combinar ocio, cuidado, convivencia y, si es posible, aprendizaje. Espera disfrutar él también, no sólo «sacrificarse por los niños».
Desde la teoría sociocultural (Vygotski) se recuerda que los progenitores actúan como andamios: ayudan a interpretar, hacen preguntas, traducen contenidos, regulan tiempos y emociones. El museo, si quiere recibir familias, debe pensar no solo en lo que el niño ve, sino en lo que el adulto puede hacer para acompañar esa mirada.
Tres Mediaciones Entrelazadas: Curatorial, Parental y Tecnológica.
Las investigaciones a las que hemos tenido acceso proponen un marco socio-semiótico constructivista que articula tres niveles de mediación, como sigue la metodología de EVE:
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Mediación curatorial:
Define el gran relato: qué se cuenta sobre el patrimonio, cómo se organiza el recorrido, qué escenas o «momentos clave» se construyen. Aquí se decide el guion, la escenografía, el tono de los contenidos. -
Mediación parental:
Es la que se da en vivo entre adulto y niño: preguntas («¿qué crees que es esto?»), comentarios, bromas, gestos, maneras de regular la atención. El museo no controla esta mediación, pero puede favorecerla o dificultarla con sus recursos. -
Mediación tecnológica:
Incluye todos los dispositivos digitales: apps, pantallas, tablets, juegos. Su función no es sustituir a la figura adulta, sino reforzar la mediación familiar: activar la curiosidad del niño, ofrecer información digerible al adulto, proponer actividades que hagan cosas juntos.
Lo importante es que estas tres mediaciones no van en paralelo; se entrecruzan. Una app mal diseñada puede romper el vínculo adulto–niño/niña (cada uno a su pantalla). Un buen recurso escenográfico puede invitar al diálogo («ven, mira esto conmigo»). Todo suma o resta.
Una Visita Diseñada a Cuatro Manos: Niño/Niña y Adulto.
El dispositivo desarrollado a partir de este marco es muy sugerente. En lugar de una sola audioguía o una tablet compartida, se crea un recorrido interactivo con dos apps sincronizadas, una en la tablet del adulto y otra en la del niño/niña.
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El niño recibe contenidos visuales y juegos sencillos: vídeos breves, dibujos animados, personajes que hablan su lenguaje, actividades tipo puzle o «encuentra las diferencias».
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El adulto accede a información más elaborada: contexto histórico y técnico, iconografía, detalles sobre máquinas, procesos y oficios.
Ambos dispositivos están coordinados: lo que ocurre en una pantalla tiene eco en la otra, y las tareas están pensadas para resolverse juntos. Además, se introducen personajes mediadores (una mascota vinculada al oficio papelero y un niño «compañero de visita») que acompañan el recorrido y fijan un tono cercano, imaginativo y ligeramente gamificado.
El objetivo es que la tecnología sea el pretexto para que pase algo entre adulto, niño/niña y patrimonio:
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que haya conversación,
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que se compartan descubrimientos,
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que la familia no se limite a seguir flechas, sino que juegue e interprete.
Qué Dicen las Familias Cuando Se les Observa en Serio.
La evaluación se realizó con decenas de díadas adulto–niño/niña, observando sus recorridos, recogiendo dibujos de los niños y realizando entrevistas posteriores. Los resultados apuntan a varios aprendizajes clave:
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Los niños viven la tablet como un privilegio y una motivación: «es mi herramienta en el museo». Esto por sí solo cambia la predisposición inicial: la visita deja de ser un favor a los adultos.
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La narrativa centrada en la fábrica y el proceso de hacer papel se percibe como un universo a explorar, no solo como una serie de máquinas alineadas.
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Los personajes mediadores ayudan a personalizar la experiencia: el niño siente que alguien le habla directamente, en su código, y que le acompaña.
Los adultos, por su parte:
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valoran que la tecnología les ayude a explicar lo que ven, especialmente cuando los contenidos técnicos son complejos;
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perciben que sus hijos se implican más y se aburren menos;
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señalan problemas prácticos (diferencias de ritmo, tiempos de lectura, necesidad de más apoyo sensorial «real»: tocar objetos, participar en un taller, aromas, etc.).
Este último punto es importante: la tecnología funciona mejor cuando no se impone a la experiencia física, sino que la prepara y la amplifica. La familia quiere ver máquinas, oler materiales, escuchar ruidos de taller, no solo deslizar el dedo por una pantalla.
Claves que se Pueden Trasladar a Nuestros Museos.
A partir de este caso se pueden extraer varias orientaciones aplicables a museos y centros de interpretación de muy distinto tipo:
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Pensar en la familia como unidad de diseño, no como suma de individuos.
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Diseñar recursos que activen la mediación adulta, en lugar de anularla.
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Criticar la idea de «modo infantil» separado del resto: lo que funciona es la experiencia compartida, no dos recorridos paralelos.
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Usar la tecnología como herramienta modular, adaptable a edificios complejos o con limitaciones arquitectónicas.
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Integrar siempre que se pueda propuestas sensoriales, táctiles, corporales y presenciales: el museo sigue siendo un lugar de materia, no solo de pantalla.
En definitiva, acoger bien a las familias no es solo cuestión de poner un rincón infantil. Es una decisión de diseño museológico: asumir que la visita de ocio familiar es un momento privilegiado de construcción de significado y vínculo, y que el museo puede cuidar esa experiencia con tanta atención como cuida una gran exposición temporal.
Recursos Bibliográficos:
Andre, L., T. Durksen y M.L. Volman. 2017. Museums as avenues for learning for children: A decade of research. Learning Environments Research 20(1), 47–76.
Andréacola, F. (2014): Musée et numérique, enjeux et mutations. Revue française des sciences de l’information et de la communication 5, 21 July.
Asensio, M. y Pol, E. (2008): Nuevos públicos, nuevos museos. Ariel.
Cuenca, J.M. y Estepa, J. (2017): Museos, patrimonio y educación: la formación de ciudadanía crítica. Octaedro.
Dupanloup, A., et al. (2018): Family mediation and digital devices in museums: rethinking the visit.
Ellenbogen, K.M. (2002): Museums in family life: An ethnographic case study. Visitor Studies Today.
Falk, J.H. y Dierking, L.D. (2016): The Museum Experience Revisited. Routledge.
Masson, A. y Flon, E. (2020): Welcoming families to the museum: reconsidering cultural mediation for parent/child autonomous visits.
Piscitelli, B. y Anderson, D. (2001): Young children’s perspectives of museum settings and experiences. Museum Management and Curatorship.
Viñarás, M. y Cabezuelo, F. (2014): Comunicación y emociones en museos y centros de arte. Editorial UOC.
Wong, A.S. (2015): The whole family: Using digital media to engage family audiences in museums. Curator: The Museum Journal.
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Imagen: EVE Museos e Innovación
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