Museos, Interpretación y Gastronomía

 

En los últimos años se ha producido un cambio significativo en el contexto de los museos relacionados con la Historia. La dinámica social está demostrando que los edificios, terrenos, colecciones y exposiciones ya no son suficientes para atraer a un público moderno. Más bien, es ese público quien responde a conexiones socio-emocionales con lugares, objetos y narraciones. Los museos necesitan encontrar formas de conectarse con la audiencia y dejar que los visitantes perciban una relación cercana con ellos, con sus mensajes y con sus historias.

Todos sentimos hambre y por eso comemos. Los alimentos que consumimos y cómo los obtenemos, preparamos y comemos están dictados por normas culturales, sociales y personales. Nuestro modelo gastronómico refleja nuestras circunstancias, valores e identidades, en escalas macro y micro. Es algo que no ha variado a lo largo de la historia, siendo actualmente la comida un medio para investigar y comprender nuestro «yo» histórico. Por lo tanto, para comunicar la historia y el patrimonio, la comida es un conducto maravilloso, pues todos podemos identificarnos con ella; no es necesario ser historiador o académico para comprenderla

Los edificios y espacios relacionados con los alimentos, los objetos de colección, las referencias históricas y las narraciones son plataformas útiles para abrir conceptos más amplios, ya sea el conocimiento histórico, las entidades sociales como roles de género o problemas de clase, la ciencia y la tecnología, los temas ambientales que incluyen la sostenibilidad, la basura, o los conceptos vinculados al plan de estudios de los estudiantes (de dónde provienen los alimentos, la tecnología de los alimentos, las habilidades del lenguaje, etcétera).

Memoria y patrimonio intangible.

Mucho se ha escrito sobre el poder de la memoria y la experiencia personal para conectar a las personas con su vivencia en el museo. Recordar una comida olvidada o el aroma de algo que se cocina puede transportarnos a otro tiempo y lugar, para reconectarnos con familiares y amigos ausentes o lejanos. Recetas, libros de cocina, utensilios y equipos, o más poderosamente, el sabor, pueden generar recuerdos muy potentes.

Las historias personales relacionadas con los alimentos demuestran el poder de lo gastronómico en la memoria y en la vida cotidiana en todas las generaciones y entornos culturales. Se trata de algo que podemos compartir, ya sea descubriendo puntos en común o generando nuevas ideas para celebrar la diferencia. Especialmente para los museos regionales o comunitarios, existe la oportunidad de desarrollar programas escuchando a la audiencia, aprovechando los recuerdos de la comunidad y utilizando éstos para crear o enriquecer dichos programas de acción.

La comida siempre ha sido una experiencia compartida y las mujeres, especialmente, han intercambiado sus trucos, ideas, técnicas y recetas durante mucho tiempo. Estos, a su vez, crean un sentido de comunidad entre los círculos sociales. Son recuerdos que mantienen a amigos y familiares conectados independientemente de la distancia física, haciéndose eco de las experiencias de vivir en las comunidades regionales de hoy.

Programación pública.

Los programas públicos deberían aprovechar la «economía de la experiencia». Pueden aportar vida y actividad a objetos, exposiciones o espacios estáticos, y crear oportunidades para explorar historias ocultas.

La programación gastronómica relacionada con los museos brinda a los visitantes una muestra del pasado. Nos invita a comparar nuestros propios hábitos alimenticios con los de las generaciones anteriores, a apreciar las diferencias y a descubrir conexiones directas con nuestros ancestros a través de similitudes. Ya sea en un programa o simplemente en una pausa para conversar durante un recorrido, los visitantes tienen la oportunidad de reconocerse a sí mismos o a sus propias experiencias dentro del tema principal, construyendo una relación personal con el museo a partir de estas evocaciones y expresiones de sus recuerdos.

Los programas pueden tomar la forma de recorridos por una casa, la cocina y el jardín con componentes prácticos o de degustación; o participar en talleres de «clase magistral» con especialistas. Pueden ser tan simples como una reunión de té por la tarde para leer extractos de cartas o diarios personales, o incluso recetas que muestren la cultura alimentaria de un momento o una comida en particular, o la evolución de un plato; un intercambio comunitario de productos, un evento de comidas temáticas enmarcado en un acontecimiento histórico o un menú de procedencia exterior.

Existen muchas ventajas en el uso de alimentos para la interpretación y la programación cultural:

  • La comida es un «gancho útil» para audiencias nuevas que no necesariamente son visitantes del museo.
  • Ofrece una experiencia sensorial y experiencial que involucra los cinco sentidos: vista, olfato, gusto, tacto y, a veces, incluso oído.
  • Se focaliza en la audiencia, cambia el enfoque de objetivo a subjetivo, de lo material a lo personal.
  • Puede ayudar a hacer que los conceptos históricos y las vidas pasadas sean más accesibles para los visitantes.
  • La interpretación basada en los alimentos es capaz de desarrollar y fortalecer el compromiso y la participación de la comunidad a través de la historia y el patrimonio gastronómico local.
  • El desarrollo de un fuerte interés social y cultural por la comida ayuda a atraer la atención de los medios de comunicación locales y de las redes sociales, aumentando así el perfil público del museo.

Planificación y desarrollo del programa.

Es importante desarrollar programas que cumplan con las expectativas de sus públicos, pero que también establezcan un buen entendimiento del mensaje del museo.

  • ¿Cuál es el mensaje de tu museo?
  • ¿Qué período de tiempo o comunidad representa tu museo?
  • Realiza una auditoría gastronómica: evalúa los objetos de la colección relacionados con los alimentos, las características del museo, el material de investigación, los miembros de la comunidad y sus historias patrimoniales.
  • ¿Cómo podrías explotar los activos y las conexiones relacionadas con los alimentos para desarrollar actividades o programas basados ​​en tus visitantes?
  • ¿Qué espacios – galería, jardín, edificios anexos, áreas educativas, instalaciones comunitarias vecinas o locales-, puedes usar para narrar historias o realizar actividades prácticas?

Desarrollo de conceptos.

  • ¿Qué representan los objetos relacionadas con las historias gastronómicas o tradiciones de tu museo?
  • ¿Qué significado tiene? ¿Cuál es su equivalente / alternativa / legado moderno?
  • ¿Cómo se ha conservado o modificado?
  • ¿Qué historias puedes narrar? ¿Cómo se puede interpretar: alcance, opciones?
  • ¿Cómo se comunica el mensaje de la visión y misión de tu museo?
  • ¿Quién podría responder o conectarse con él en un contexto más amplio?
  • ¿Cómo podrías convertirlo en un programa significativo, agradable y amable para tus visitantes?

Todo esto podría ser la base de tu programa, tema central o concepto. Luego puedes desarrollar el contenido y las estrategias de creación.

Desarrollo de la actividad.

Desarrollo de un contenido enfocado a la audiencia.

  • Decide de qué forma podría plantearse el programa: una charla o conferencia, una demostración, un taller práctico, un enfoque o una visita temática, un orador invitado o especialista, una combinación de todo lo anterior.
  • Desarrolla un mapa mental y un guión gráfico.
  • ¿Qué investigación se requiere? ¿Será preciso probar las técnicas culinarias o recetas?
  • ¿Qué materiales de apoyo necesitarás: cocina, ingredientes, accesorios, copias de recetas o menús, degustaciones?
  • ¿Qué tiene de especial este programa durante una visita regular al museo?
  • ¿Qué verán / harán / cómo interactuarán las personas?
  • Considera tu oferta desde el punto de vista de tus visitantes: ¿Qué hay para mí? ¿Qué voy a ver? ¿Que haré? ¿Qué aprenderé o descubriré? ¿Será divertido / desafiante / trabajaré duro? ¿Será una buena experiencia? ¿Voy a disfrutar de mi tiempo?
  • ¿Qué sentidos se activarán: vista (presentación de diapositivas, objetos en exhibición, lectura de recetas, menús, libros de cocina), tacto, olfato  gusto, «maquinar»? ¿Podrán las personas manejar objetos? ¿Qué comida se puede probar o preparar que conecte o refleje mejor el tema principal?
  • ¿Cómo puedes activar la conexión emocional de tus visitantes: sorpresa, intimidad, inmersión? ¿Podrías usar imágenes, olores, leer recetas antiguas, introducir historias y experiencias personales?
  • Planifica la actividad pensando en la resolución de problemas: ¿a qué obstáculos me enfrentaré?

Comodidad del visitante:

Planifica tu actividad y realiza un recorrido desde la perspectiva del visitante:

  • ¿Qué secuencia / recorrido / camino será recomendable? ¿Dónde estarás situado cuando comience?
  • ¿Qué pasará en cada lugar, qué se requerirá en cada posición?
  • ¿Podrán verme y escucharme? ¿Dónde te pondrás tu o los presentadores? ¿Dónde estará el sol o la fuente de luz? ¿Será necesario acceso a la energía? ¿Está todo funcionando? ¿Hay baterías de respaldo?
  • ¿Cuánto tiempo permanecerán las personas paradas en un lugar? ¿Hay asientos para quienes lo necesiten? ¿Es el lugar adecuado para aquellos que presentan menos movilidad?

Logística:

  • Plan de contingencia en caso de lluvia (si el evento es exterior).
  • Acceso al sitio y seguridad: si la actividad es fuera de horario, ¿debo notificarlo al personal de seguridad?
  • ¿Mi actividad, por ejemplo, al tratarse de una demostración culinaria, activará alarmas de humo? ¿Quién aislará y reactivará los sistemas de alarma?
  • Preocupaciones dietéticas: ¿atiendo las necesidades individuales o pongo un aviso legal, o una advertencia, sobre alergias en la información del programa de la actividad y en las entradas impresas?
  • Suministro de agua y servicios de lavado (especialmente para actividades alimenticias).
  • Restricciones de estacionamiento: un programa de dos horas en un área que ofrece una hora de parquímetros, por ejemplo.

Lista de verificación de desarrollo del concepto y programa de la actividad.

Una vez que hayas establecido el tema o concepto central y hayas desarrollado una actividad o programa, evalúa si éstos cumplen con los siguientes criterios:

  • Mensaje e identidad del museo: ¿cómo transmite o apoya su misión?
  • Procedencia, relevancia y significado: ¿qué aspectos de tu museo se aprovechan, resaltan y activan?
  • ¿Cuál es la conexión con la exposición, colección, propiedad, historia local, patrimonio o temas contemporáneos?
  • El contenido del programa: ¿está enfocado en la audiencia? ¿Narra una historia o presenta una discusión? ¿Está bien documentado? ¿Tienes los recursos para entregarlo (tiempo, instalaciones, habilidades)? ¿Necesitarás asistencia externa o asociaciones?
  • Interpretación y narración: ¿cómo narrarás esta historia? ¿Dónde tendrá lugar? ¿Qué implicará, conceptual, material y experimentalmente?
  • Audiencia: ¿Cómo participarán las personas en la actividad? ¿Cómo se beneficiarán? ¿Qué se llevarán con ellos: un sentimiento, un recuerdo, una habilidad? ¿La audiencia se convertirá en embajadora de tu museo y de su mensaje?
  • Participación de la comunidad: ¿hay oportunidades para la participación de la comunidad local en conjunto?
  • Marketing y promoción: piensa en la mejor manera de llegar a tu audiencia, boletín, catálogos, redes sociales. ¿Atraerás el interés de los medios locales?

Consejos de investigación y recursos.

Puedes desarrollar el tema central a partir de una amplia investigación. El objeto, el período, el lugar, las personas y la práctica pueden sumarse o cruzarse para crear y respaldar una historia general. Es posible que se requiera la evaluación de los derechos de autor, los permisos y la ética para el uso de imágenes, propiedad intelectual, material personal, recetas de manuscritos, etcétera, así que verifícalo antes de reproducirlo de cualquier manera.

  • Comienza a partir de tu propia colección y comunidad para obtener referencias históricas, luego echa la red de manera más amplia, buscando recursos contextuales más específicos para cada tema.
  • Materiales primarios: documentos oficiales, obras literarias (incluídas poesía y ficción), obras de arte y fotografías, artículos periodísticos y bibliografía.
  • Publicación de recetas familiares y colecciones de libros de cocina, anécdotas y referencias en cartas, diarios, historias personales, etcétera.
  • Visita la comunidad local para recoger recetas, historias, imágenes u objetos.
  • Prueba, explora, experimenta y familiarízate con el tema. Prueba las recetas o las técnicas. Mira videos de YouTube para tener una idea de lo que podría estar involucrado. Pregunta a las personas mayores sobre cómo se hacía en «su día».
  • Fuentes en línea: Usa Google Scholar, bases de datos de bibliotecas, estadísticas y sitios web del gobierno, museos o blogs de instituciones privadas y culturales.

Viabilidad y sostenibilidad.

La actividad debe generar una experiencia agradable y gratificante para sus visitantes, pero también para tu personal y organizadores. Ten en cuenta sus limitaciones; no tiene por qué ser un asunto extravagante. Considera el tiempo de investigación y desarrollo que vas a necesitar, la preparación y configuración, energía y agua, servicios de lavado de manos, seguridad y alarmas (sensores de calor y humo), costos de alimentos, comercialización y publicidad. Solicita comentarios o evaluaciones de los visitantes y realiza una revisión o informe interno del proyecto después de cada actividad: ¿qué funcionó, qué no, cómo se puede hacer de manera diferente la próxima vez?

Higiene y seguridad alimentaria.

Se deben mantener normas estrictas de higiene y seguridad de los alimentos al ofrecer comida en tu museo. La acreditación formal sobre el manejo de alimentos puede, o no, ser requerida, sin embargo, el personal que maneja alimentos para el consumo de otros debe conocer los estándares de seguridad alimentaria y seguir las pautas de la Autoridad Alimentaria nacional y local para organizaciones benéficas, grupos y voluntarios. Consulta las pautas del consejo local para conocer los requisitos mínimos de acción.

Recurso:

Jacqui Newling (2015): A recipe for success: practical tips and suggestions for museum interpretation and programming through food. Sydney Living Museums.


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