Los museos contemporáneos se están transformando progresivamente en laboratorios de experiencias sensoriales, donde la vista, el oído, el tacto, el olfato – e incluso el gusto – se entrelazan con recursos tecnológicos avanzados para redefinir la forma en que los visitantes perciben y disfrutan el arte y la cultura.
La investigación reciente sobre museos subraya que la experiencia estética es un proceso complejo, resultado de la interacción entre múltiples factores: desde la iluminación, la acústica y la arquitectura, hasta la inclusión de tecnologías inmersivas como la realidad aumentada (RA), la realidad virtual (RV) y la realidad mixta (Rx). Nuestro desafío actual consiste en integrar estos elementos de manera coherente, con el fin de crear experiencias más ricas, inclusivas y memorables.
El Museo como Espacio Multisensorial.
Durante siglos, la experiencia en los museos estuvo dominada por la primacía de la vista. La contemplación silenciosa, casi ritual, marcaba la relación entre el público y los contenidos y sus vitrinas. Sin embargo, hoy sabemos que la percepción estética no se limita al plano visual: involucra al cuerpo entero, a las emociones y a la memoria.
Estudios como los de Joy y Sherry (2003) ya habían mostrado que la apreciación del conocimiento está ligada al cuerpo y a la interacción multisensorial. En este sentido, elementos como la luz natural, las texturas, los sonidos ambientales o los aromas pueden intensificar – o, en algunos casos, entorpecer – la experiencia del visitante.
El diseño museográfico, por tanto, debe prestar atención a todos los sentidos. Iniciativas como la “Tate Sensorium” en Londres, que incorporó sonidos, olores y degustaciones en la interpretación de obras de arte, demostraron el enorme potencial de un enfoque integral, capaz de estimular la imaginación y generar recuerdos más duraderos (Capece y Chivăran, 2020).
Luces, Sonidos y Aromas: Atmósferas que Transforman.
La iluminación es uno de los factores más estudiados. Investigaciones de Zhao (2020) o Bazán, Ajmat y Sandoval (2018) muestran que tanto la calidad de la luz artificial como la integración de la luz natural condicionan la percepción del espacio y de las obras. Una iluminación adecuada no solo resalta detalles invisibles a simple vista, sino que también influye en el confort del visitante y en su disposición emocional.
El sonido es otro recurso clave. Más allá del ruido ambiental, que puede resultar molesto, la música y los paisajes sonoros intencionales (soundscapes) contribuyen a generar atmósferas inmersivas (Voegelin, 2014). Experiencias como los “soundwalks” en museos europeos demuestran que el oído puede convertirse en un canal privilegiado para la interpretación y la emoción estética.
En cuanto al olfato, los resultados son más ambiguos. Cirrincione et al. (2014) evidencian que los aromas pueden reforzar la memoria y la evocación, pero también generar distracciones o interpretaciones contradictorias. Aun así, museos como el del Perfume en París o iniciativas experimentales en América Latina han explorado con éxito cómo los olores pueden aportar capas narrativas insospechadas.
El Tacto como Vehículo de Inclusión.
El tacto ha emergido como un componente esencial, no solo para ampliar la experiencia sensorial, sino también para garantizar la accesibilidad. Proyectos como Explora Guernica (González D’Ambrosio, 2008) incorporaron diagramas táctiles y explicaciones verbales para personas con discapacidad visual, demostrando que la inclusión sensorial puede enriquecer la experiencia de todos los visitantes.
Asimismo, investigaciones de Christidou y Pierroux (2019) revelan que el contacto físico con materiales y superficies permite una interpretación más profunda de esculturas y objetos, complementando la información visual con una percepción háptica que intensifica el vínculo con la obra.
Realidad Aumentada, Virtual y Mixta: Nuevas Fronteras de la Experiencia.
El auge de las tecnologías inmersivas abre un capítulo fundamental en la transformación de los museos. Estudios recientes (Nechita y Rezeanu, 2019; Trunfio et al., 2022) destacan que la RA y la RV no solo potencian el aprendizaje y la empatía, sino que también generan experiencias emocionales más intensas y memorables.
La realidad aumentada, en particular, ofrece la posibilidad de superponer capas de información interactiva sobre los objetos físicos, ampliando la narrativa sin desplazar la materialidad de las piezas. Por su parte, la realidad virtual permite recrear entornos históricos o artísticos en los que los visitantes pueden sumergirse, ampliando radicalmente el alcance de la mediación museística.
No obstante, estas tecnologías deben concebirse como medios al servicio de la historia y la inclusión, no como fines en sí mismos. El riesgo de la «tecnofilia» – es decir, priorizar la novedad tecnológica por encima de la experiencia cultural – puede diluir la misión del museo y banalizar la visita.
Factores Arquitectónicos y Ambientales.
La arquitectura y las condiciones ambientales también desempeñan un papel decisivo. Investigaciones de Jeong y Lee (2006) y de Sharif-Askari y Abu-Hijleh (2018) demuestran que aspectos como la densidad de visitantes, la temperatura, la humedad o la calidad del aire influyen directamente en el bienestar del público y en la preservación de las colecciones.
Diseñar un museo sensible al cuerpo del visitante implica reconocer que la experiencia estética está mediada por la comodidad, la orientación espacial y la accesibilidad. Señalización clara, recorridos intuitivos y espacios de descanso son tan relevantes como las piezas exhibidas.
Hacia un Sensorium Museístico Inclusivo.
El concepto de sensorium museístico (Carolina Vivar-Cordero, 2023) nos invita a pensar en el museo como un ecosistema de percepciones, donde los sentidos se integran con la tecnología y la narrativa expositiva. Este enfoque propone una museografía más inclusiva, capaz de responder a públicos diversos y de adaptarse a las expectativas de una sociedad cada vez más acostumbrada a experiencias inmersivas.
Para lograrlo, la investigación de Vivar-Cordero apunta a la necesidad de generar:
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Enfoques interdisciplinarios, que reúnan museólogos, diseñadores, arquitectos, psicólogos y tecnólogos.
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Experimentos controlados, que permitan evaluar de manera rigurosa el impacto de cada elemento sensorial en la percepción estética.
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Políticas inclusivas, que aseguren el acceso equitativo a experiencias multisensoriales para personas con diferentes capacidades.
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Uso responsable de la tecnología, donde RA y RV amplifiquen la narrativa sin reemplazar la autenticidad de los objetos.
Escenarios Multisensoriales y Tecnológicamente Enriquecidos.
La estética en los museos del siglo XXI no depende solo de los contenidos exhibidos, sino de la capacidad de las instituciones para diseñar entornos multisensoriales y tecnológicamente enriquecidos. Vista, oído, tacto, olfato y gusto, junto con recursos digitales avanzados, conforman un sensorium capaz de transformar la visita en una experiencia significativa y duradera.
El desafío es doble: aprovechar el potencial de los sentidos y de la tecnología para crear experiencias inclusivas, inmersivas y memorables, y al mismo tiempo evitar que la fascinación por la novedad desvíe a los museos de su misión cultural y social. En este equilibrio se juega buena parte del futuro de la museografía contemporánea.
Recursos Bibliográficos.
Bazán, L., Ajmat, R., y Sandoval, J. (2018): Iluminación en museos, experiencia y satisfacción de visitantes en contextos patrimoniales. Anales AFA, 1(1), páginas 39–48.
Camacho, C. (2019): Introducción a la museología sensorial como herramienta de inclusión social. Eikón/Imago, 8(1), páginas 89–106.
Capece, S. y Chivăran, C. (2020): The sensorial dimension of the contemporary museum between design and emerging technologies. IOP Conference Series: Materials Science and Engineering, 949, páginas 1–9.
Christidou, D. y Pierroux, P. (2019): Art, touch and meaning making: Multisensory interpretation in the museum. Museum Management and Curatorship, 34(1), páginas 96–115.
Cirrincione, A., Estes, Z. y Carù, A. (2014): The effect of ambient scent on the experience of art. Psychology & Marketing, 31(8), páginas 615–627.
González D’Ambrosio, S. (2008): Explora Guernica: unir los sentidos para conocer la obra clave de Picasso. Museo Reina Sofía.
Joy, A., & Sherry, J. (2003). Speaking of art as embodied imagination: A multisensory approach to understanding aesthetic experience. Journal of Consumer Research, 30(2), páginas 259–282.
Nechita, F. y Rezeanu, C. (2019): Augmenting museum communication services to create young audiences. Sustainability, 11(20), páginas 1–18.
Trunfio, M., Lucia, M., Campana, S. y Magnelli, A. (2022): Innovating the cultural heritage museum service model through VR and AR. Journal of Heritage Tourism, 17(1), páginas 1–19.
Vivar-Cordero, M.C. (2023): Museum Sensorium: Redefining the aesthetic experience in museums through sensory elements and advanced technology. South American Research Journal, 3(2), páginas 17–25.
Voegelin, S. (2014): Soundwalking the Museum: A Sonic Journey Through the Visual Display. Rowman & Littlefield.
Zhao, G. (2020): The influence of natural light on museum design.Journal of Physics, 1601(2), páginas 2–6.
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