Durante años, los museos se han enfrentado al reto de mantener su relevancia en un mundo digital en constante evolución. Con el auge de las tecnologías inmersivas, la realidad virtual y las redes sociales, surgió una pregunta fundamental: ¿puede una experiencia de museo digital alentar realmente a las personas a visitar el museo físico? Una reciente investigación aporta respuestas reveladoras.
El Auge del «Digital Museuming».
A raíz de la pandemia de COVID-19, los museos de todo el mundo se vieron obligados a cerrar sus puertas físicas, pero muchos aprovecharon esa crisis para reinventarse digitalmente. Plataformas online, tours virtuales en 3D, retransmisiones en vivo, aplicaciones móviles o incluso actividades gamificadas con realidad aumentada se convirtieron en nuevas puertas de acceso a la cultura. A este fenómeno se lo denomina «digital museuming» o «musealización digital».
Este tipo de experiencia permite a los usuarios explorar exposiciones desde casa, sin limitaciones de espacio o tiempo, y ofrece una combinación única de interacción, narrativa visual y contenido educativo. Pero ¿hasta qué punto estas experiencias digitales fomentan el deseo de visitar los museos en persona?
Una Investigación desde la Psicología y el Comportamiento.
Un estudio dirigido por Deng, Zhang y sus colaboradores (2023) se propuso comprender cómo las experiencias digitales en museos influyen en la intención de visita presencial. Para ello, se aplicaron dos marcos teóricos: la teoría de la presencia (relacionada con la inmersión en entornos virtuales) y la teoría cognitivo-emocional-conductual (que analiza cómo el pensamiento y la emoción conducen a la acción).
La hipótesis central es clara: cuanto más intensa y significativa sea la experiencia digital, mayor será la probabilidad de que una persona quiera visitar el museo físicamente. Pero el camino no es directo: en el medio juegan un papel fundamental dos factores psicológicos clave: el valor percibido y la identidad cultural.
¿Qué Hace que una Experiencia Digital sea Valiosa?
Según el estudio, la experiencia digital se puede dividir en cuatro dimensiones:
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Inmersión cognitiva: la capacidad de sentirse absorbido, curioso o intrigado durante la experiencia virtual.
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Interactividad: la posibilidad de explorar libremente, interactuar con elementos y recibir respuestas en tiempo real.
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Usabilidad y accesibilidad: una interfaz clara, fácil de manejar, que permita alcanzar los objetivos de la visita sin esfuerzo.
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Experiencia hedónica: el disfrute, la relajación y el entretenimiento que ofrece el recorrido digital.
Estas cuatro dimensiones generan una evaluación subjetiva del valor percibido, que a su vez se vincula con la construcción de una identidad cultural: sentirse conectado con la cultura que representa el museo, desarrollar orgullo, curiosidad o una sensación de pertenencia.
¿De lo Virtual a lo Físico?
Los datos de investigación muestran que tres de las cuatro dimensiones (inmersión, interactividad y usabilidad) tienen un efecto directo y positivo en la intención de visitar el museo físicamente. Esto significa que una experiencia digital que estimule la mente, permita interacción significativa y sea fácil de usar puede activar el deseo de una experiencia presencial.
Curiosamente, la «experiencia hedónica» – es decir, el disfrute puro o el entretenimiento – no tiene un impacto significativo en esa intención de visita. Los investigadores sugieren que esto se debe a que muchas experiencias virtuales actuales carecen de elementos lúdicos o atractivos visualmente potentes, lo que limita su potencial para generar un recuerdo memorable o una emoción sostenida.
Además, se descubrió que, aunque el valor percibido de la experiencia digital aumenta la intención de visita física, no necesariamente fortalece la identidad cultural del usuario. Esta desconexión sugiere que las experiencias digitales actuales aún no logran transmitir con profundidad el significado simbólico y emocional de la cultura que representan.
Implicaciones para los Museos.
El estudio proporciona pistas valiosas para que los museos optimicen sus estrategias digitales:
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Invertir en tecnología inmersiva como realidad virtual, realidad aumentada o vídeo 360° puede mejorar la sensación de “presencia” y motivar futuras visitas.
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Fomentar la interactividad, permitiendo a los usuarios decidir qué ver, cómo recorrer el museo o incluso interactuar con otros visitantes online, refuerza el compromiso emocional.
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Revisar el diseño de la experiencia para que sea intuitivo, agradable y enriquecedor desde el primer clic.
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Aumentar los contenidos con carga simbólica o cultural que ayuden a forjar una identidad cultural en el usuario.
Asimismo, integrar iniciativas como juegos de exploración virtual, colaboraciones con influencers culturales, o visitas guiadas por personajes históricos, pueden potenciar la dimensión hedónica que hoy parece menos desarrollada.
Transformar Experiencias Digitales.
La musealización digital no es un sustituto del museo físico, sino un canal complementario que puede actuar como puente. Si se diseña con inteligencia, empatía y creatividad, puede inspirar, conectar emocionalmente e incluso impulsar al visitante virtual a convertirse en visitante real. Lo que está en juego no es solo la tecnología, sino la capacidad de los museos de transformar experiencias digitales en vínculos culturales duraderos.
Recursos Bibliográficos:
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Marty, P. F. (2007): Museum websites and museum visitors: Before and after the museum visit. Museum Management and Curatorship, 22(4), páginas 337–360.
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Zeithaml, V. A. (1988): Consumer perceptions of price, quality, and value: A means-end model and synthesis of evidence. Journal of Marketing, 52, páginas 2–22.
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Museos y Dimensiones de la Experiencia Digital.
| ISSN | 3020-1179 |
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