Breve Historia de la Comunicación en Museos

Breve Historia de la Comunicación en Museos

 

La comunicación es un aspecto fundamental, si no el más importante, en la función de los museos, no solo como instituciones que conservan y exhiben colecciones culturales, sino también como herramientas de mediación entre el conocimiento y el público. Los museos pueden optimizar sus prácticas comunicativas para cumplir con su rol educativo, cultural y social.

La comunicación en los museos no se limita a la simple exhibición de objetos. Los museos actúan como puentes entre el pasado y el presente, facilitando una reflexión crítica sobre la historia y el conocimiento. La comunicación museística se puede llevar a cabo de manera verbal y no verbal, utilizando tanto medios tradicionales como digitales para llegar a una audiencia diversa (Hooper-Greenhill, 1994). Este enfoque multidimensional de la comunicación es esencial en un mundo donde las tecnologías digitales y los cambios en el comportamiento del público reclaman nuevas formas de interacción y participación.

La importancia de la comunicación en los museos se hace evidente al considerar que estos no solo recopilan y preservan objetos y artefactos, sino que también interpretan y transmiten estos objetos como mensajes culturales. Los museos, en esencia, no solo almacenan el conocimiento, sino que lo hacen accesible y relevante para las generaciones actuales y futuras. Esto convierte a los museos en sistemas de comunicación complejos que deben ser gestionados cuidadosamente para maximizar su impacto en la sociedad (Cameron, 1968) y potenciar su visibilidad.

A lo largo de los años, varios modelos de comunicación han sido desarrollados para explicar cómo los museos interactúan con sus públicos. Uno de los primeros modelos fue propuesto por De Borhegyi en 1963, quien enfocó su análisis en la atracción visual de las exposiciones y la responsabilidad del curador a la hora de motivar al visitante a pensar críticamente (De Borhegyi, 1963). Este modelo fue pionero en reconocer la importancia de la experiencia del visitante en la efectividad de los museos como fuentes de conocimiento.

Posteriormente, Parker (1963) introdujo un enfoque cognitivo, identificando al museo como un emisor de mensajes que organizan el conocimiento de manera que los visitantes puedan conceptualizarlos a través de su experiencia previa. Parker también subrayó la importancia de entender el comportamiento de lectura de los visitantes, señalando que estos suelen buscar respuestas específicas en lugar de leer todos los textos presentados (Parker, 1963).

En 1968, Cameron desarrolló un modelo que ponía énfasis en la interpretación de las exposiciones. En este enfoque, la exposición se ve como un medio para transmitir un mensaje donde el museólogo/a y el visitante colaboran en la creación de significado. Este modelo introdujo elementos como la reducción del «ruido» en la transmisión de mensajes, lo que se refiere a la eliminación de elementos de distracción que podrían interferir con la comprensión del mensaje principal (Cameron, 1968).

A lo largo de las décadas siguientes, otros investigadores como Miles (1989) y Hooper-Greenhill (1991) continuaron refinando estos modelos, incorporando conceptos de codificación y decodificación, así como enfoques más centrados en la cultura y la participación activa del visitante en el proceso de comunicación (Miles, 1989; Hooper-Greenhill, 1991). Estos desarrollos reflejan un cambio progresivo hacia la inclusión del visitante como un agente activo en la creación de significado dentro del museo.

Por otro lado, los museos universitarios, por su naturaleza, tienen la tarea de representar disciplinas académicas específicas y de servir como laboratorios vivos para la investigación y la enseñanza. Sin embargo, estos museos no han desarrollado completamente un sistema de comunicación que refleje estas funciones. En este sentido, es fundamental que los museos universitarios evolucionen para convertirse en sistemas de comunicación completos que integren todos los elementos necesarios para transmitir eficazmente sus mensajes educativos y culturales (Rowe, 2002).

Se propone que los museos deben verse a sí mismos como sistemas de comunicación integrales, donde todos los elementos, desde el museólogo/a hasta los visitantes, juegan un papel crucial en el proceso de transmisión y recepción de mensajes. Este enfoque sistémico requiere que los museos adopten un modelo multidimensional de comunicación, utilizando una variedad de medios y canales para llegar a sus diversos públicos.

Este concepto es particularmente relevante en el contexto de la museología moderna, donde los museos ya no son meramente depósitos de objetos, sino espacios dinámicos de interacción social y cultural. En su papel como «terceros lugares», los museos ofrecen un espacio para la interacción social más allá del hogar y el lugar de trabajo, lo que refuerza su importancia como instituciones que contribuyen al bienestar social y cultural (Rentschler y Hede, 2007).

A pesar de los avances en la teoría de la comunicación museística, debemos señalar que muchos museos aún se enfrentan a desafíos para implementar sistemas de comunicación efectivos. Estos desafíos incluyen la necesidad de adaptar sus estrategias de comunicación para satisfacer las necesidades cambiantes de sus públicos, incluyendo aquellos con necesidades especiales y los que se benefician de tecnologías emergentes.

Sin embargo, estos desafíos también presentan oportunidades significativas. Al adoptar un enfoque más consciente y sistemático de la comunicación, los museos pueden mejorar su capacidad para atraer y retener visitantes, al mismo tiempo que fortalecen su relevancia en la sociedad contemporánea. Esto implica no solo mejorar la disposición y el contenido de las exposiciones, sino también fomentar una cultura de participación y feedback continuo entre los visitantes y los curadores (Kotler, Kotler, y Kotler, 2008).

La comunicación efectiva es esencial para que los museos cumplan con su misión de educar, inspirar y conectar a las personas con su patrimonio cultural. Podemos apoyarnos en las muchas investigaciones que nos ayudan a dibujar un marco valioso para entender cómo los museos pueden optimizar sus prácticas comunicativas mediante la integración de múltiples disciplinas y la adopción de un enfoque sistémico. Al posicionarse como sistemas de comunicación completos, los museos pueden no solo mejorar su interacción con el público, sino también reafirmar su rol como instituciones vitales en la construcción del conocimiento y la cultura en la sociedad moderna.


Recursos Bibliográficos:

Cameron, D. F. (1968): A view point: The Museum as a Communications System and Implications for Museum Education. Curator, 11(1), páginas 33-40.

De Borhegyi, S. (1963): Visual Communication in Science Museum. Curator, 6(11), páginas 45-57.

Hooper-Greenhill, E. (1991): A New Communication Model for Museums in Museum Languages. Leicester: Leicester University Press.

Hooper-Greenhill, E. (1994): The Educational Role of Museums. Londres: Routledge.

Kotler, N. G., Kotler, P. y Kotler, W. I. (2008): Museum Marketing and Strategy (segunda edición). San Francisco, CA: Jossey-Bass.

Miles, R. S. (1989): The Design of Educational Exhibits. Londres: Routledge.

Parker, H. W. (1963): Museum as a Communication System. Curator, 6(4), páginas 350-360.

Rentschler, R. y Hede, A. M. (2007): Museum Marketing: Competing in the Global Marketplace. Oxford: Butterworth-Heinemann.

Rowe, S. (2002): The Role of Objects in Active, Distributed Meaning Making in Perspectives on Object-centered Learning in Museums, editor S. G. Paris. NJ: Lawrence Erlbaum Associates, páginas 19-36.


Consultas: info@evemuseos.com 

 

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