Las primeras exposiciones de indumentaria en museos destacaban trajes de épocas específicas, revelando a los visitantes cómo se utilizaban y presentaban, junto con los ornamentos asociados, normas de comportamiento y rituales de vida vinculados a ellos. Además, se formaron colecciones de atuendos étnicos que, históricamente, no se relacionaban directamente con la moda.
Los museos textiles surgieron como entidades independientes, ejemplos notables incluyen el de Boston (1870), Lyon (1890) y París (1905). Es crucial entender que los cambios significativos en la indumentaria se vinculan estrechamente con el desarrollo de la industria textil, avances que han sido fundamentales tanto para el arte del vestuario como para la industria de la moda. Una innovación destacada fue la incorporación de exposiciones en museos que presentan las colecciones y archivos de destacadas casas de moda, organizadas conforme a principios cronológicos e históricos que reflejan el desarrollo de los textiles y la confección, integrados en la cultura de la vida cotidiana.
Con el tiempo, a la estrategia histórica de presentación se le sumó una estrategia temática de curaduría, enfocando en los aspectos visuales y sensoriales para enriquecer la experiencia narrativa del espectáculo. Para los curadores, el carácter mitológico de la moda emergió como un componente esencial. Prácticamente, las estrategias curatoriales transformaron las «historias de moda» en representaciones narrativas dinámicas, donde la narrativa —incluida la ‘performance’ y teatralidad de la moda— se convirtió en un enfoque dominante.
Los estudiosos suelen dividir la historia de la interacción entre la moda y los museos en periodos históricos. El inicial abarca el segundo cuarto del siglo XX y se caracteriza por la adquisición activa de prendas por parte de museos, destacándose el Victoria & Albert Museum (V&A) de Londres. Fundado en 1852 tras la primera Gran Exposición Mundial, este museo de artes y oficios, el más antiguo de Europa, ha creado algunas de las exposiciones más interesantes a partir de su propia colección.
La formación de colecciones de trajes históricos comenzó a finales del siglo XIX. En 1954, el Victoria & Albert Museum (V&A) incorporó el vestuario de Lady Fairbank, una de las figuras más emblemáticas de la moda, considerada la mujer más elegante de Londres durante los años 1920 y 1930. Hasta ese momento, el museo había mostrado un interés predominante en los trajes, o más precisamente, en las artes y artesanías decorativas empleadas en su elaboración. Esto proporcionó una perspectiva más real y cercana sobre la temática.
La narrativa de dichas exposiciones abordaba el traje como un reflejo del contexto histórico general de su época y lugar de origen, sirviendo como un testimonio de las realidades de la vida cotidiana. La presentación cronológica, los datos verificables y las descripciones meticulosas de las piezas, frecuentemente dispuestas sobre maniquíes de sastre neutros, se enriquecían con soportes documentales, como registros artísticos o fotográficos, que evidenciaban el uso de los trajes. De este modo, el traje se reconocía como un objeto de diseño específico (en términos de técnica y tecnología), confeccionado en materiales particulares (textiles), poseedor de un valor material y artístico concreto.
Las muestras de indumentaria, principalmente de la era preindustrial, se recopilaban y exhibían para su estudio desde perspectivas históricas y etnográficas. Los investigadores mostraban interés tanto por los aspectos artísticos del traje (su singularidad, ornamentación distintiva o valor intrínseco) como por su asociación con personalidades destacadas. Uno de los principales desafíos para la museología del traje en aquel entonces era la conservación adecuada de las piezas.
Hasta la segunda mitad del siglo XX, la mayoría de los museos seguían enfoques tradicionales para la exhibición de trajes históricos. Dos de los museos más destacados de París en este campo son el Museo de la Moda y los Textiles (Musee de la Mode et du Textile), o el Departamento de Moda y Textiles del Museo de Artes Decorativas, parte del complejo del Museo del Louvre, y el Museo de la Moda de París en el Palais Galliera (Musee de la Mode de la Ville de Paris). Ubicados en edificios de importante valor histórico y arquitectónico, las exposiciones en estos espacios se organizan en armonía con los interiores recreados. En dichas exposiciones, los trajes se presentan junto a obras de arte, como esculturas, pinturas, y objetos de artes decorativas y aplicadas, así como elementos domésticos, utilizando para ello maniquíes anónimos que destacan la pieza en sí. Este enfoque permite una observación detallada del objeto desde todos los ángulos, facilitando el examen de los detalles más minuciosos en cuanto a forma, corte, técnicas de fabricación y decoración, además de resaltar las cualidades visuales y la textura de los materiales empleados. La estrategia narrativa detrás de la presentación de un traje histórico ofrece una visión de la indumentaria como parte de una ‘experiencia cultural’ amplia.
El Museo de la Moda de París destaca por conservar prendas únicas de figuras como María Antonieta y Luis XVII, junto a colecciones de diseñadores icónicos del siglo XX. Sin exposiciones permanentes, el museo organiza anualmente hasta cuatro muestras temáticas enfocadas en la creatividad de diseñadores o el estilo de vida de personalidades famosas, utilizando maniquíes y pasarelas para crear una conexión artística y emocional con el público.
Desde los años 60 y 70, la museología de la moda experimentó una evolución, marcada por la división entre enfoques históricos y temáticos y la influencia de Diana Vreeland en el Museo Metropolitano, quien introdujo exposiciones con un enfoque emocional y sensorial, creando entornos inmersivos sin precedentes.
En tiempos recientes, las exposiciones de moda han desdibujado los límites entre la museología y la industria de la moda, convirtiéndose en potentes herramientas de marketing y reflejando la cultura social de periodos específicos. La tendencia actual se enfoca en atraer a un público amplio, priorizando la experiencia personal del curador y la representación de personalidades individuales, lo que plantea debates sobre la objetividad y la interpretación curatorial.
El V&A y el Instituto del Traje del Museo Metropolitano han sido pioneros en este cambio, presentando exposiciones que combinan moda, cultura y arte, mientras que las modernas muestras buscan entretener y educar, fusionando moda y espectáculo. Este enfoque narrativo y teatral desafía las convenciones, posicionando la moda como una forma de arte expresivo y relevante.
En resumen, la evolución curatorial en la museología de la moda refleja un cambio hacia la representación de la moda como un fenómeno cultural y social, donde las exposiciones actúan como plataformas para explorar la identidad, la historia y los valores socioculturales a través del vestuario.
La “Investigación de la moda” promueve un estudio detallado de la historia de las exposiciones de disfraces, el desarrollo de métodos para almacenar la ropa, su conservación y su presentación como una forma de aplicar prácticamente los logros de la teoría de la moda en el espacio del museo. De gran importancia es la comprensión comunicativa de la esencia de la ropa, es decir, la conciencia del acto de comunicación a través de la demostración de la ropa en un museo como un proceso que tiene lugar en un cierto nivel de narración. Y las prácticas de representación tienen su propia historia asociada a una persona como portadora de un traje, que puede darse en diferentes formatos. Los curadores recopilan, catalogan, archivan y, al mismo tiempo, desarrollan estrategias conceptuales para organizar exposiciones de vestuario de manera que la moda se sienta como una obra de arte. Las exposiciones contemporáneas han mostrado una tendencia constante hacia una mayor teatralidad y espectáculo.
Los académicos dividen la historia de la exhibición de moda en los museos en períodos, como mencionamos anteriormente:
- El segundo cuarto del siglo XX: período de adquisición activa de prendas de vestir por parte de los museos.
- Décadas de 1960 y 1970: el período de división fundamental de las estrategias expositivas en históricas y temáticas (conceptual-narrativa), determinando la distribución de las esferas de la museología de la «moda» y la museología del «traje».
- Año 1980 en adelante: período de modernización de los museos y exposiciones de prendas de moda debido al aumento de la cobertura mediática y la importancia de los estudios de caso, es decir, la experiencia personal de los curadores. Los curadores utilizan diferentes técnicas para crear el contexto de las exposiciones, y las «exposiciones de performance» son la encarnación de la estrategia de éxito personal de un diseñador y curador individual.
Para los curadores, la performance es un medio de construcción del estilo de un museo, una estrategia para su reconocimiento y una herramienta de identificación. Por estas razones, el posicionamiento de la moda como arte en el espacio museístico sigue siendo relevante.
Resumiendo, la evolución de la museología de la moda subraya la importancia de adaptarse a las cambiantes dinámicas culturales y sociales, utilizando la indumentaria como un vehículo para narrar historias que resuenan con las experiencias personales y colectivas de los visitantes. Este enfoque narrativo y emotivo enriquece la experiencia museística, convirtiendo las exposiciones de moda en testimonios poderosos de la creatividad humana y su capacidad para reflejar y dar forma a la sociedad.
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Exposición Sargent and Fashion en la Tate Britain.
Documental: The First Monday in May.
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Imagen: Secret Melbourne – Exposición de Alexander McQueen de NGV.
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Breve Historia de la Museología del Traje.
| ISSN | 3020-1179 |
BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA – INTERNATIONAL STANDARD SERIAL NUMBER – EVE MUSEOS E INNOVACIÓN – SPAIN.
