Museos de Ciudad y Etnografía

 

Las personas coleccionamos cosas desde siempre. Sin embargo, exponer en los museos y otras instituciones patrimoniales para mostrarlas al público es, en origen, un fenómeno típicamente occidental, cuyas raíces se remontan a la antigüedad clásica. La pasión por el coleccionismo es, en cierto sentido, algo puramente personal. Incluso los curadores y museólogos hablan a menudo de «su colección», aunque ésta no sea de su propiedad sino de una institución pública – normalmente un museo -.

Si nos centramos en los museos sobre ciudades, dado su origen antiguo, la diversidad de muchas de las colecciones que se exponen en ellos , y el carácter personal que conlleva la recolección de sus fondos, muchos de los contenidos expositivos ofrecen una enorme variedad de elementos e, incluso, cierta falta de coherencia en su exhibición, en su guión museológico.

Existe, por lo general, escasa investigación sobre el desarrollo y evolución de las colecciones históricas de las ciudades, al igual que ocurre con otras muchas colecciones públicas. Los conservadores, curadores, museólogos y demás profesionales que trabajan en los museos, se enfrentan, a menudo, a las consecuencias del crecimiento histórico de los fondos, así como a la falta de coherencia interpretativa de algunas colecciones, debido a la ausencia de recursos para esa necesaria investigación. Una de las diferencias entre quienes trabajan para un museo y otros profesionales del sector cultural es, en definitiva, el hecho de elegir una forma «superficial» de trabajar con las colecciones existentes, en vez de intentar desarrollar  investigaciones y estudios completamente innovadores.

El modo en que los museos de la ciudad reflexionan sobre su desempeño útil – acerca de los contenidos de sus colecciones y la programación de actividades -, ha evolucionado más que la forma y sistema de exposición de dichas colecciones. Por otro lado, los grupos de visitantes objetivos y las motivaciones de visita a los museos de ciudad, no están aún claramente definidos. Por esta y otras razones, uno de los desafíos más importantes en este tipo de museos es el de encontrar la manera de mostrar la idiosincrasia  de las urbes o de integrar un mundo más amplio – o diferentes contextos y escenarios urbanos – en la representación museológica de ciudades que son, cada vez, más variadas.

Otro de los problemas que se plantean es que muchos de ellos y sus colecciones carecen de componentes que realmente reflejen la diversidad de las ciudades en sí, tanto por su situación histórica como – y esto es más importante aún – desde el punto de vista de la evolución , es decir, de todo aquello que, finalmente, aporta una explicación coherente sobre la realidad actual en el plano de su existencia. Por otro lado, sabemos que las colecciones etnográficas urbanas, si se contextualizan y actualizan, tienen la capacidad de reflejar la «riqueza» de su mundo. Podrían ayudar a ubicar una ciudad dentro de un marco más atrayente y comprensible para los visitantes del museo, convocando a sus habitantes a ver reflejados aspectos de sus diversas comunidades, que es lo que tiene verdadero valor para este perfil de público.

Los museos de ciudad deben definir sus objetivos, el proceso para alcanzarlos y los temas de la presentación – a partir de las consecuencias de la intención original -. Asimismo, han de reconocer algunas de las dificultades con las que se enfrentan. Una forma de generar «orden» consiste en dividir el enfoque museológico en dos fases. En primer lugar, reunir varias partes históricamente segmentadas de las colecciones de la ciudad (folklore, artes aplicadas y colección histórica) generando una narrativa lineal sobre su historia. En segundo lugar, tomar la decisión de utilizar referencias concretas (personajes, hechos históricos destacados, etcétera) para abrir la historia de la ciudad al mundo – tanto del mundo hacia la ciudad, como de la ciudad hacia el mundo -. Para alcanzar este objetivo puede recurrirse a las colecciones etnológicas de la ciudad. ¿Seria ésta la única forma de integrar la diversidad necesaria en la historia de una ciudad y, como resultado, sintonizar dicha historia con la realidad cotidiana y el mundo? Probablemente no, pero podríamos concluir que es la manera más interesante de hacerlo tras examinar exhaustivamente las colecciones (sus orígenes, crecimiento y composición actual), estudiar el paisaje del museo en la ciudad y analizar las oportunidades de una renovación total de conceptos museológicos a aplicar.

Estamos convencidos de que la integración de una colección etnográfica ofrece muchas oportunidades para vincular el papel, la presentación y las actividades de los museos de ciudad con los muchos grupos objetivo – habitantes de la ciudad y sus visitantes -. También somos muy conscientes del hecho de que la variación en nuestras colecciones encierra ciertas trampas – por lo que es esencial mantenerlas actualizadas -, y de que puede «renunciarse» más o menos a la categoría de un museo de la ciudad al integrar las colecciones etnográficas. Cuestionar esta categoría no nos plantea dudas en cuanto al enfoque original de narrar una historia de la ciudad, si bien genera ciertas ambigüedades.

¿Supone esto un problema? Creemos que no. En nuestra opinión, el cuidado de las colecciones, y el servicio a un público amplio y diverso, es más importante que el instrumento que se utilice para hacerlo. El hecho de que dicho instrumento, en este caso una categoría para clasificar museos, evolucione, es algo natural. Podemos pensar en una historia sobre los orígenes de la colección de nuestra ciudad y nuestros museos municipales; también podemos plantear la discusión sobre «museo histórico versus museo de la ciudad»; o manifestar el deseo de retratar a la ciudad solo como ciudad.

Vemos que existe la necesidad de integrar las colecciones etnográficas urbanas en los museos de ciudad, aunque ello suponga cierta complejidad. Las inversiones sustanciales en infraestructura y colecciones son inevitables, pero sin duda contribuyen a mejorar su cuidado, ampliando las oportunidades de narrar una historia contemporánea y servir a un público más amplio y diverso.

Se pueden encontrar otras «recetas» que también funcionen, tratando de buscar, por ejemplo,  razones suficientes para desarrollar tanto un museo de la ciudad como un museo etnográfico sobre la misma. Un museo de la ciudad se abre a sus comunidades y al mundo, mientras que el etnográfico lo hace a los eventos actuales y a los aspectos urbanos, cada vez mayores, de las culturas occidentales. Ésta sería  la opción más atrevida para mejorar las colecciones, la historia que narran y la manera de llegar a su público.

Recurso:

Steven Thielemans (2012): DiverCity: towards a new approach to reach diversity in city museums. City museums on the move: A dialogue between professionals from African countries, the Netherlands and Belgium. Universidad de Amsterdam, Amsterdam Museum y Reinwardt Academy (Amsterdam School of the Arts).

L. Beyers (ed.) (2011): Guía MAS. Antwerpen, Holanda.

S.A. Crane (ed.) (2000): Museos y memoria (Stanford, 2000).

P. De Rynck (ed.) (2004): En el lugar. Ciudades y museos de la ciudad. Antwerpen, Holanda.

C. Mersch (ed.) (2000): Une histoire sans limites? Luxemburgo.


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2 Respuestas a “Museos de Ciudad y Etnografía

  1. Muy interesantes los artículos sobre museografía, llenan mis espacios vacíos de nuevos conocimientos sobre el tema, mil gracias

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