Una exposición también se escucha.
Pensemos por un momento en una exposición que se visite a ciegas. Cerremos los ojos e intentemos recorrerla únicamente a través de aquello que escuchamos: pasos sobre el pavimento, conversaciones lejanas, el sonido de una máquina, una voz procedente de un audiovisual, una puerta que se abre, música, reverberación, silencio. De repente descubrimos algo que normalmente pasa inadvertido: el museo nunca fue exclusivamente visual.
Durante mucho tiempo, buena parte de la museografía occidental se construyó alrededor de la mirada. Observar la pieza, leer la cartela, contemplar la colección o las obras y mantener nuestro silencio parecían formar parte de una misma convención cultural. Sin embargo, las exposiciones contemporáneas están cuestionando progresivamente esa jerarquía de los sentidos. El sonido empieza a entenderse como algo más que acompañamiento o recurso audiovisual. Puede convertirse en lenguaje museográfico.
Cuando el Sonido Comienza a Importar.
Una exposición sobre patrimonio industrial puede mostrar una gran máquina apagada. Podemos explicar mediante un texto qué hacía, cuándo funcionaba y cuántas personas trabajaban alrededor de ella. Pero si reconstruimos cuidadosamente su paisaje sonoro —motores, transmisiones, herramientas, señales, voces— aparece una dimensión completamente diferente.
La máquina deja de ser únicamente un objeto, para recuperar parcialmente su condición de experiencia.
Algo similar puede suceder en un museo marítimo con el sonido del casco de un barco, en un museo etnográfico con testimonios orales, en una exposición histórica mediante discursos radiofónicos o en un museo de ciencias recreando ambientes naturales.
El sonido puede proporcionar información que difícilmente puede transmitirse únicamente mediante el plano visual. Nos habla de ritmo, distancia, intensidad, actividad, peligro, intimidad, escala y presencia humana.
La pregunta museográfica no debería ser, por tanto, “¿dónde ponemos sonido?”, sino “¿qué parte de esta historia necesita ser escuchada?”.
El Silencio También Se Diseña.
Existe una paradoja interesante: incluso cuando decidimos que una exposición necesita silencio, estamos tomando una decisión relacionada con el sonido.
El silencio puede favorecer contemplación, concentración o solemnidad. Puede separar narrativamente dos escenarios. Puede crear una pausa después de una experiencia intensa. También puede hacer que un pequeño sonido adquiera una enorme importancia.
Por eso una buena museografía sonora no significa llenar la exposición de estímulos. Significa diseñar relaciones entre sonido y silencio.
Del mismo modo que no iluminamos todos los objetos con la misma intensidad, tampoco deberíamos construir un paisaje sonoro donde todo reclame atención simultáneamente. Una exposición saturada de voces, música, audiovisuales y efectos puede producir exactamente el efecto contrario al buscado: cansancio, interferencia y pérdida de atención.
La escucha también necesita jerarquía.
El Espacio Tiene Su Propia Voz.
Existe además un componente frecuentemente olvidado: la acústica. Una sala de museo no solo contiene sonidos. Los transforma.
Altura, volumen, materiales, superficies, mobiliario y distribución determinan cómo se propagan las voces y hasta qué punto diferentes fuentes interfieren entre sí. Una instalación audiovisual excelente puede fracasar simplemente porque la arquitectura impide escucharla correctamente.
Esto obliga a pensar conjuntamente museografía y acústica desde las primeras fases del proyecto.
No debería ocurrir que el especialista audiovisual llegue al final para intentar resolver mediante altavoces un problema creado previamente por la arquitectura.
El visitante no distingue entre arquitectura, contenidos, iluminación, acústica y tecnología. Experimenta todo simultáneamente. Por eso el diseño expositivo funciona mejor cuando las disciplinas también trabajan juntas.
Hay Objetos que Necesitan Recuperar Su Sonido.
Los museos conservan una enorme cantidad de patrimonio que originalmente producía sonido.
- Instrumentos musicales.
- Máquinas.
- Relojes.
- Vehículos.
- Herramientas.
- Juguetes.
- Radios.
- Teléfonos.
- Equipos científicos.
- Objetos rituales.
Exponerlos tal cual modifica profundamente su significado.
Naturalmente, conservación y seguridad impiden en muchos casos ponerlos nuevamente en funcionamiento. Pero la documentación sonora puede devolver al visitante una parte esencial de su contexto.
Una grabación rigurosamente documentada, una recreación sonora o una simulación pueden ayudar a comprender dimensiones del objeto que permanecen ocultas cuando simplemente lo observamos detrás de una vitrina.
Aquí el sonido deja de ser ambientación para transformarse en información patrimonial.
Escuchar Personas Cambia la Relación con la Historia.
Existe todavía otra posibilidad especialmente poderosa: la voz.
Un texto explica, pero una voz también revela edad, emoción, pausa, duda, procedencia, carácter y memoria.
En exposiciones relacionadas con migraciones, conflictos, trabajo, patrimonio industrial, memoria oral o historia social, escuchar directamente a las personas puede modificar completamente la relación entre visitante y contenido.
La diferencia entre leer “trabajé treinta años en esta mina” y escuchar a alguien decirlo no es únicamente formal. La voz introduce presencia. Pero también exige responsabilidad. El testimonio no debería utilizarse como simple recurso emocional. Necesita contexto, procedencia, consentimiento y una integración narrativa que respete a quien habla.
El sonido puede acercarnos a una historia. También puede manipularla.
El Visitante Lleva Consigo Un Mundo Sonoro.
La expansión de auriculares, teléfonos móviles, pódcast y plataformas de audio ha modificado además nuestra relación cotidiana con la escucha. Nos hemos acostumbrado a construir nuestros propios paisajes sonoros.
Esto abre posibilidades interesantes para los museos: recorridos sonoros personalizados, audioguías narrativas, los podcast vinculados con colecciones, testimonios geolocalizados, experiencias para ambos oidos (binaurales) o contenidos que continúan después de abandonar el edificio.
La experiencia museística ya no tiene por qué terminar físicamente en la puerta. El sonido puede acompañar al visitante antes, durante y después de la visita.
Escuchar También Obliga a Hablar de Accesibilidad.
Una estrategia sonora necesita igualmente preguntarse quién puede utilizarla. No todas las personas oyen de la misma manera.
Diseñar una exposición basada en sonido sin ofrecer alternativas puede crear nuevas barreras precisamente cuando intentábamos enriquecer la experiencia.
Subtitulado, transcripciones, lenguaje de signos, visualización de frecuencias, vibración, recursos táctiles y diferentes sistemas de apoyo permiten traducir o complementar información sonora.
La accesibilidad no consiste en eliminar el sonido. Consiste en evitar que acceder al contenido dependa exclusivamente de él.
Esta mirada conduce hacia una museografía verdaderamente multisensorial: los sentidos no compiten; se complementan.
Diseñar el Sonido desde el Guion.
Tal vez este sea el cambio profesional más importante.
El sonido no debería aparecer cuando la exposición ya está terminada y alguien pregunta qué música podemos añadir. Puede comenzar mucho antes, en el guion museológico.
- ¿Qué necesitamos explicar?
- ¿Qué debería sentirse?
- ¿Qué objeto tuvo originalmente una dimensión sonora?
- ¿Qué testimonios merecen escucharse?
- ¿Dónde necesitamos intensidad?
- ¿Dónde necesitamos silencio?
- ¿Cómo se moverán las personas entre diferentes ambientes?
- ¿Qué escuchará alguien situado a veinte metros?
Responder estas preguntas permite integrar sonido, espacio, narrativa y públicos dentro de un mismo sistema interpretativo.
Cinco Conceptos Fundamentales Sobre el Sonido en los Museos:
- El sonido como lenguaje museográfico. No debe entenderse solo como acompañamiento, sino como un recurso capaz de narrar, contextualizar, orientar y construir significado dentro de la exposición.
- El museo como experiencia multisensorial. La visita no se construye únicamente desde la mirada; sonido, silencio, arquitectura, memoria, emoción y percepción corporal forman parte conjunta de la experiencia museística.
- El paisaje sonoro como patrimonio. Voces, máquinas, músicas, ambientes y sonidos vinculados a objetos o lugares pueden aportar información histórica y cultural que no siempre es visible y que también merece ser conservada e interpretada.
- La accesibilidad sonora. Incorporar sonido exige contemplar diferentes capacidades auditivas y ofrecer alternativas como subtítulos, transcripciones, vibración o apoyos visuales, evitando que el contenido dependa exclusivamente de la audición.
- El sonido debe diseñarse desde el guion museológico. Acústica, tecnología, arquitectura, contenidos y experiencia del visitante deben plantearse conjuntamente desde las primeras fases del proyecto, y no añadir el sonido como un recurso final o decorativo.
El sonido amplía la capacidad del museo para comunicar, emocionar y construir memoria. Cuando se integra desde el guion, junto con arquitectura, accesibilidad e interpretación, deja de ser un complemento y se convierte en parte esencial de la experiencia museográfica.
EVE · Conceptualiar También Aquello que No Vemos.
En EVE Museos e Innovación entendemos la experiencia museográfica como una combinación de contenido, espacio, iluminación, interacción, tecnología, mediación y percepción sensorial. El sonido forma parte de ese conjunto y debe responder, como cualquier otro recurso, a una intención museológica concreta.
En nuestros planteamientos de museografía e interpretación, una solución sonora tiene sentido cuando ayuda a comprender, orienta, recupera memoria, contextualiza un objeto, introduce una voz o genera una atmósfera necesaria para el relato. No se trata de añadir tecnología, sino de decidir cuándo escuchar aporta algo que mirar no puede proporcionar por sí solo.
Porque una exposición puede estar perfectamente diseñada para los ojos y, sin embargo, haber olvidado una parte fundamental de nuestra relación con el mundo.
También escuchamos para comprender.
Recursos Bibliográficos Profesionales:
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López Benito, V. (2013): La museografía de los museos de arte: un modelo en proceso de cambio. Anales de Historia del Arte, 23(Especial), 461–470.
Navarro Newball, A. A., & Moreno Sánchez, I. (2015). Redefinición de las TIC en el museo: del discurso invasivo al inclusivo. Complutum, 26(2), 219–228.
Santacana Mestre, J., & Serrat Antolí, N. (coordinadores) (2005): Museografía didáctica. Ariel.
Bijsterveld, K. (2015): Ears-on exhibitions: Sound in the history museum. The Public Historian, 37(4), 73–90.
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Kelly, C. (2017): Gallery sound. Bloomsbury.
Levent, N. y Pascual-Leone, A. (editores) (2014): The multisensory museum: Cross-disciplinary perspectives on touch, sound, smell, memory, and space. Rowman & Littlefield.
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Wiens, K. y de Visscher, E. (2019): How do we listen to museums? Curator: The Museum Journal, 62(3), 277–281.
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El Museo que Se Escucha.
| ISSN | 3020-1179 |
BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA – INTERNATIONAL STANDARD SERIAL NUMBER – EVE MUSEOS E INNOVACIÓN – ESPAÑA.