Los Objetos Biográficos

Los estudios y trabajos basados en biografías tuvieron un desarrollo paralelo a la creación de las exposiciones en la Europa del siglo XIX y, como estrategias culturales específicas, también contribuyeron a la definición de las identidades sociales y nacionales (Pearce 1995: 111-31, Duncan 2004). Formas ideológicas comunes en las naciones, acerca de los conceptos de la identidad nacional que se debían resaltar, fueron dando forma a las biografías – ya fuerea con el uso de textos escritos o imágenes -, con el objetivo de rendir un homenaje público a sus ciudadanos más ilustres. En Gran Bretaña, la fundación en 1859 de la National Portrait Gallery de Londres, que recogió retratos de los hombres y mujeres británicos más notables a lo largo de la historia, fue seguida en 1885 por la publicación del primer volumen del Diccionario de Biografía Nacional. Los promotores y autores consideraron los retratos y las historias basados en la vida de personas ilustres como un medio de moldear la conciencia moral y social de la nación, cimentando el prestigio nacional sobre ejemplos históricos de sus ciudadanos más distinguidos. Del mismo modo, la noción del “panteón” como lugar de entierro y rendición de honores (es decir, tal como se concibió en Roma) se amplió para forjar un espacio metafórico de identificación nacional. Esta concepción resulta evidente en la creación en 1842 del Walhalla, el Templo de los Dioses, encargado por el rey Ludwig de Baviera para celebrar el genio alemán con la exposición de los bustos de los prohombres nacionales.

Seth Lunsford

A partir de aquí, los relatos escritos y testimonios visuales que promocionan la reputación de figuras ilustres siguen siendo evidentes (y en algunos casos muy polémicos) y, como Alison Booth sugiere:

“Las prosografías victorianas, como las de hoy, pueden tomar formas variadas, desde libros impresos hasta monumentos, placas, estatuas y onomásticas como medio de registrar los nombres interrelacionados, las narrativas y las representaciones visuales de personas”. (Booth 2006: 55).

Dobrazsc

En lo cotidiano, en un ámbito no tan solemne, observamos los objetos que están presentes en nuestras vidas, formando parte de nuestra identidad, hasta el punto de convertirse en inseparables, ya que “la capacidad de una persona de actuar como sujeto social se define por su relación con el mundo material y particularmente con ciertos objetos que lo representan”. (Hoskins 1998: 193). La socióloga Violette Morin habla específicamente de objetos biográficos, y se refiere a ellos como “aquellos que están investidos de la relación que existe entre el sujeto y el objeto, con rasgos de uso y/o pertenencia”. Según Morin, los objetos biográficos marcan la vida de una persona ya que ayudan a crear un paisaje tangible de ella, proporcionando al yo una configuración cultural que ancla su naturaleza fluída y fragmentada dentro de un marco concreto de experiencias (Hoskins 1998: 7-9).

My vintage avenue

Los objetos biográficos, como recuerdos, son partes tangibles de nuestro pasado y nuestro presente, de sentimientos y emociones; son evocaciones a partir de imágenes. Actúan contextualizando los relatos a través de los cuales modificamos el yo y nuestro pasado: las historias del pasado son transmitidas a partir de una realidad que no es repetible, sino que es reportable, en narrativas que van desde el nacimiento y hacia el interior de toda una vida. Poco a poco, el recuerdo mismo se convierte en el punto de apoyo de la historia, y lo que fue una vez parte de una vida, ahora se utiliza para explicar esa vida (Pearce 1995: 244).

Archivo EVE

Tanto en las exposiciones como en las biografías, la presentación del sujeto tiene una dimensión figurativa, exhibiéndose a través de las relaciones retóricas establecidas entre las exposiciones. Estas relaciones son abstractas y pueden variar, ya que las “reliquias biográficas” funcionan como evidencia sólo en relación con el sujeto biográfico, y dentro de un sistema en el que se requiere el objeto para contextualizar y autentificar la narración. A través del proceso de inclusión, los objetos biográficos forman parte del marco retórico de la exposición, actuando como elementos retóricos metafóricos, representando, sustituyendo y aludiendo al tema biográfico en cuestión.

Matthew Quick

Los objetos biográficos, al funcionar como rastros de la vida de una persona, impregnan la exhibición con un poder emocional e imaginativo dentro del contexto de la exposición. Esta dimensión figurativa se refiere no sólo a la producción de la exposición, sino también al diseño de exposiciones biográficas, ya que condiciona la presentación del sujeto biográfico y el uso de sus objetos personales dentro del contexto de la exposición. Sin embargo, como ocurre en una biografía, la presentación de los hechos puede también ir acompañada de una dosis de imaginación, empleando estrategias narrativas, algo que puede resultar fundamental para el biógrafo. Los lectores tienden a “malinterpretar el ideal artístico de coherencia con el ideal histórico de la objetividad” (Nadel 1984: 156). ). El equilibrio se hace necesario entre la aceptación de los hechos por el lector y su pensamiento figurativo, entre la coherencia narrativa de la biografía como forma literaria y su objetividad histórica. Por lo tanto, “el poder del objetivismo como fuerza social y moral en la sociedad ha determinado la forma en que la biografía ha sido escrita y mostrada como una explicación literal del tema” (Nadel, 1984: 157).

As I told you before, ideas not Airships

El equilibrio deber estar también presente en la narrativa de las exposiciones biográficas, ya que va de la mano con supuestos culturales que nos indican que, a partir de la materialidad de los objetos, esta propiedad actúa como evidencia de la “verdad”. Para los objetos biográficos, la noción de pertenencia y autenticidad puede ocultar otras muchas facetas culturales importantes, algunas con una alto grado de emoción. Ésto es algo que ocurre cuando los objetos centran su significado y valor documental en meras reliquias biográficas. Se hace necesaria una relación coherente entre el papel figurativo de los objetos y su realidad como cosas, y ha de mostrarse este equilibrio en la narrativa de la exposición, generando un balance comprensible entre la verdad biográfica y la representación del objeto.

Swiss Cheese Bullets

Sin embargo, ¿qué ocurre cuando la narrativa va más allá de la realidad, generando una ilusión que desafía la realidad misma de la biografía, y los objetos se convierten en fetiches mitológicos? ¿Qué sucede si el tema central de la exposición focaliza su atención en esos objetos que el mismo Barthes criticó como iconos culturales?

It is nice that

En una exposición organizada por el Centro Pompidou, que abarcaba la vida y el legado intelectual de Roland Barthes, se exhibieron, curiosamente, algunos de los objetos cotidianos que Barthes analizó en sus “Mitologías”, como el Citroën 19 (1957). Dentro del contexto de la exposición, el coche tiene un estatus icónico reconocible para cualquier visitante familiarizado con la escritura de Barthes, al igual que las cajas plásticas de tupperware. El coche, sin embargo, no sólo queda completamente despojado de su función original, sino que también, y hoy más que nunca, aparece culturalmente reconocido como un icono. Los objetos, exhibidos generando una relación mutua con una amplia gama de registros, incluyen cuadernos, fotografías, recortes de papel, libros, manuscritos y obras de arte, así como películas, entrevistas con contemporáneos, instalaciones y un juego de ordenador interactivo destinado a ilustrar el sistema de signos de moda Citroën 19. Todo ello, expuesto conjuntamente, alcanza el estatus mitológico de Barthes y de su legado intelectual, algo aparentemente contradictorio. El mismo objeto cuya “mitología” desentrañó Barthes, se convierte en el signo metafórico y metonímico del texto ahora icónico de Barthes. Se establece una relación paradójica entre el objeto, el sujeto y el texto para la exposición, una ironía que en su día caracterizó toda la exposición.

Archivo EVE

Podríamos imaginar la reacción de asombro de Barthes al visitar su propia exposición (“Barthes: la Exposición”). Jeffries escribe: “Barthes, si estuviera vivo hoy, no le gustaría, o podría experimentar la sensación no completamente desagradable cuando viera a los admiradores que lo canonizan dentro de un templo del arte moderno” (Jeffries, 2003). De nuevo, de forma irónica, a través de la exposición de una serie de fragmentos y símbolos personales – los mismos símbolos y objetos que analizó minuciosamente – Roland Barthes se convierte en un mito e icono moderno. Todo ésto emerge de un espectro de representaciones e imágenes cuyo propósito es el de crear una figura coherente, siguiendo su vida como un continuo que pueda responder a una narrativa llena de significado. Sin embargo, este tipo de exposición quiere ir un poco más allá, reflejando la ironía del proceso biográfico y, como su título nos indica, haciendo que permanezca la dicotomía no resuelta del todo en la diferenciación del signo sobre la persona como tal, del fragmento sobre el todo.


RECURSO:

Albano, Caterina: Displaying lives: the narrative of objects in biographical exhibitions. Innovation Centre. Central Saint Martins College of Art and Design, Londres.

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