Museos, Sueños y Soledad

“No hay nada como un sueño para crear el futuro”. ― Victor HugoLes Misérables

Todo parte de un sueño. Los sueños son las puertas a la creación, a la inspiración, a las ideas. ¿La manzana de Newton y la formulación de la teoría de la gravedad? ¡No, que va! Newton estaba durmiendo la siesta cuando la manzana golpeó su cabeza; estaba soñando con la atracción entre masas, y no era precisamente un sueño erótico. Sueños y ensoñaciones son el km. 1 en el camino del proceso creativo, sin duda. En la fórmula de esta ecuación creativa hay un elemento imprescindible, al menos para nosotros: la soledad. Esta profesión tiene la maravillosa cualidad, entre otras, de poder visitar museos estando a solas. Hasta tuvimos en nuestro poder las llaves de un castillo que visitábamos cuando nos daba la gana, y a solas. Si nos encargan un nuevo proyecto para un museo que ya existe, lo principal, como paso previo a cualquier decisión que se pueda tomar al comienzo del proceso de creación, es entrar en contacto con ese museo a fondo, en absoluta soledad, para que el museo y nosotros nos presentemos, nos conozcamos de la forma adecuada, sin “ruidos”. Es una gran ventaja ser museógrafo, visitar museos sin visitantes, para nosotros no hay nada mejor.

2d04a0a43dbc8dcc551e86fc64665b20Imagen: Laureola

Soñar es vital. Entramos en una especie de trance natural cuando entramos en el museo vacío, sin nadie alrededor. Se entornan los ojos y comenzamos a ver lo que nos gustaría que todos pudiesen ver maravillados, para que todos, no solo nosotros, lo puedan disfrutar intensamente. Son visiones de una realidad que aun no existe, pero que dará pié a que el proyecto vaya cogiendo la forma que nosotros consideramos que debe tener. En soledad, en ese momento en que vamos recorriendo las galerías del museo paso a paso, pasillo por pasillo, imaginando lo que nos gustaría ver y aun no existe, es cuando también se siente mucho miedo. Se siente miedo pensando que esas ensoñaciones que darán paso a realidades no gusten, no respondan al objetivo para el que se crea un cambio. Es la amenaza de todo museógrafo, el miedo a que lo que vayamos a crear no guste al público; más que miedo es horror, al menos en nuestro caso.

239d8b9547dda0b48196e4f2a21d6a99f6066430_mImagen: Archivo EVE

Este recorrido en solitario en el museo, entre la realidad y lo soñado, tiene una consecuencia en le proceso creativo: diseñamos desde la emoción, porque todo son sensaciones. Por eso defendemos tanto que el museo debe emocionar y que nosotros debemos lograr producir todas esas sensaciones sin salirnos del guión, que esa es otra. Tenemos la enorme responsabilidad de crear un proyecto de museo que esté al alcance de todos, y que enseñe emocionando sin alejarnos de la realidad que muestra. En soledad seguimos caminando para percibir todas esas sensaciones que nos llegan y que vamos a resaltar en el proyecto futuro. Los museos deben tener buen olor, deben “sonar” bien, deben invitarnos a entrar en un ambiente positivo y amable. Los museos deben sorprendernos, nos deben enseñar, nos deben mostrar, nos deben relatar, ilustrar, pero sobre todo, lo más importante, deben ser capaces de generar emociones. Nuestra soledad, cuando caminamos por un museo vacío, es un placer, una potente herramienta creativa y, sobre todo, una enorme responsabilidad.

2304555959334_gxwtPe9c_lImagen: Archivo EVE

La cultura que tenemos no hace que las personas se sientan contentas consigo mismas. Estamos enseñando cosas equivocadas. Y uno ha de tener la fuerza suficiente para decir si la cultura no funciona, no hay que tragársela. Uno tiene que crearse la suya. (Morrie Schwartz, profesor y más).

Foto principal y redes sociales: Taking Some Alone Time in the Stunning Symmetrical City by Kai Ziehl / CJWHO

 

 

 

 

 

 

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