Durante mucho tiempo, los museos se han organizado bajo una lógica eminentemente visual y objetual. La contemplación silenciosa, la autoridad del texto escrito, el diseño de recorridos lineales y el predominio de vitrinas han configurado una experiencia centrada en ver y leer. Pero ¿qué ocurre cuando el conocimiento y la memoria no se transmiten en objetos, sino en voces, ritmos, relatos, silencios y gestos?
En diversos contextos culturales, especialmente aquellos en los que el patrimonio inmaterial tiene un papel protagonista, el museo necesita transformarse para no imponer una forma de representación que silencie las memorias vivas. Es en este marco donde emergen propuestas que apuestan por una museografía sensorial y narrativa, capaz de activar todos nuestros sentidos, provocar emociones y conectar con formas de conocimiento que escapan a la escritura y al archivo convencional.
Escuchar el Patrimonio: Cuando la Memoria Habla, se Canta, Vibra.
El habla, la música, los paisajes sonoros y los relatos compartidos constituyen formas fundamentales de transmisión del saber. En muchos pueblos y comunidades, la historia se cuenta a través de las voces: madres que narran, ancianos que recuerdan, cantantes que improvisan, ruidos del entorno que hablan sin palabras.
Por ello, cualquier proyecto expositivo que quiera poner en valor el patrimonio inmaterial debe comenzar por una pregunta sencilla pero radical: ¿qué lugar le damos al sonido en el museo? No como complemento o ambientación, sino como materia significativa, como contenido en sí mismo, como vehículo de memoria y emoción.
Incorporar el sonido como núcleo narrativo permite devolver al visitante la posibilidad de escuchar la historia a su ritmo original, de sentir los matices de una voz que representa una identidad, de sumergirse en una atmósfera cargada de sentido. Se trata de transformar el museo en un espacio de sonido, no solo una insque muestra.
Narrativas Sonoras Colaborativas: Voces que Construyen Territorio.
Uno de los ejes más innovadores de este enfoque es la creación de narrativas sonoras producidas colectivamente, a partir de entrevistas, registros de campo, archivos orales, grabaciones domésticas y paisajes acústicos. Estas piezas no funcionan como ilustraciones de un contenido principal, sino que son el contenido principal.
Dar protagonismo a las voces comunitarias implica un giro político y metodológico. Es reconocer que la historia no está solo en los documentos oficiales o en las grandes piezas arqueológicas, sino también en los susurros, en los silencios, en los relatos mínimos que construyen identidad.
Además, la construcción colaborativa permite que la comunidad no sea solo objeto de estudio, sino sujeto activo de representación. Las personas no solo hablan de su cultura, sino que la narran, la interpretan y la comparten en su propio lenguaje, con sus ritmos, sus énfasis y sus emociones.
El Museo como Espacio Sensorial: Activar el Cuerpo del Visitante.
Esta propuesta de museografía sonora se complementa con un diseño sensorial e inmersivo, que busca activar el cuerpo del visitante como herramienta de percepción y reflexión. A través de ambientes oscuros o íntimos, materiales táctiles, juegos de luces tenues, aromas y sonidos envolventes, la experiencia se desplaza de la lectura a la vivencia.
El visitante ya no es un espectador pasivo que observa desde fuera, sino un cuerpo presente que explora, escucha, se detiene, se conmueve. El recorrido no es lineal ni obligatorio. Cada quien puede encontrar su propio ritmo, su propia puerta de entrada, su propia conexión emocional.
Este tipo de diseño invita a una lectura desde los sentidos, donde el saber no se construye por acumulación de datos, sino por afectación, por inmersión, por resonancia. Se reconoce que entender algo es también sentirlo, y que el conocimiento es más profundo cuando atraviesa la piel y no solo el intelecto.
Una Museografía Descolonial, Afectiva y Situada.
Más allá de lo estético, esta forma de hacer museo plantea una crítica profunda a la «tradición eurocéntrica» y «ocularcentrista» que ha dominado la museología moderna. Una tradición que ha privilegiado el texto sobre la voz, la vitrina sobre el cuerpo, la jerarquía del experto erudito sobre la sabiduría y el conocimiento comunitario.
Frente a ello, el sonido – como elemento inestable, móvil, irrepetible – se presenta como una estrategia descolonial. Darle lugar a lo sonoro es también dar lugar a otras formas de conocer, de recordar, de comunicar. Es cuestionar el canon del museo moderno y abrirse a formas de representación diversas, más justas, más accesibles, más afectivas.
Esta estrategia museográfica también es situada, en el sentido de que no pretende ser universal ni exportable, sino que nace de un territorio, de una lengua, de una comunidad, de un cuerpo social concreto. Su fuerza está en la raíz, en el contexto, en la memoria viva de las comunidades que la inspiran.
Resonar en Vez de Mostrar.
En tiempos en que los museos buscan reinventarse como espacios relevantes, accesibles y emocionalmente significativos, la apuesta por una museografía sensorial y sonora ofrece una vía potente de transformación. No se trata de sumar tecnologías ni de sorprender al visitante con recursos espectaculares , parque temático sino de crear experiencias que le hagan vibrar.
Escuchar es una forma de cuidar, de comprender, de estar con el otro. Una sala que suena es una sala que acoge, que despierta, que permite recordar. Y en ese gesto sencillo pero profundo – escuchar para comprender – se juega buena parte del futuro del museo como institución cultural viva.
Recursos Bibliográficos.
Orellana, M. (2013): La museografía emocional: narrativas sensoriales para la inclusión y la diversidad. Cuadernos de Museología, 28, páginas 95–113.
Brulon Soares, B. (2020): Museología crítica y poscolonialismo. Revista Museología Crítica, 14, páginas 20–36.
Cuenca, M. (2022): Museos inteligentes: tecnología, accesibilidad y emoción. Universidad de Murcia.
Macdonald, S. (editor) (2011): A Companion to Museum Studies. Wiley-Blackwell.
Pink, S. (2009): Doing Sensory Ethnography. SAGE.
Giaccardi, E. (editor) (2012): Heritage and Social Media: Understanding Heritage in a Participatory Culture. Routledge.
Hooper-Greenhill, E. (2000): Museums and the Interpretation of Visual Culture. Routledge.
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