No hay duda sobre que los museos desempeñan un papel esencial en el ámbito cultural y social. Como señalan Drotner et al. (2013), «Desde 2012, la forma en que los museos se comunican e interactúan con sus audiencias ha sufrido transformaciones rápidas y profundas. Esto ha sido particularmente evidente en los últimos cinco años, impulsado por la universalización de internet y las redes sociales, así como por la expansión de las tecnologías móviles». Los museos están incorporando cada vez más tecnologías digitales en sus prácticas, tales como aplicaciones móviles, sitios web, audioguías, códigos QR, tecnologías de realidad virtual y aumentada, y plataformas de redes sociales, entre otros, lo que influye significativamente en la experiencia de los visitantes.
El Informe Horizon (2016) ya destacó en su día los desafíos en la adopción de tecnologías digitales en el sector cultural, indicando que los museos frecuentemente debían trazar sus propios caminos para integrar tecnologías digitales en sus operaciones. Además, resalta la necesidad de que los museos desarrollen métodos para evaluar el impacto de estas adaptaciones tecnológicas.
Es evidente que un museo no puede planificar su presencia en línea de la misma manera que diseñaría un folleto o un catálogo; esto requiere el desarrollo de nuevos flujos de trabajo y roles para el personal (Horizon Report, 2015).
Existe tanto la necesidad como el interés en obtener información y formación sobre cómo evaluar de manera más efectiva las necesidades de los usuarios y el uso de sistemas y productos digitalizados por los visitantes (The Institute of Museum and Library Services, 2006). Aparentemente, el sector cultural adolece de procedimientos estandarizados para adaptarse a la tecnología digital y, en particular, para medir el impacto en los visitantes que hacen uso de ella.
Un estudio de Vaz et al. (2018) señala que se han realizado escasos esfuerzos para proporcionar a los museos directrices claras. En sus conclusiones, mencionan la ausencia de recursos o estrategias que los museos puedan implementar directamente. Por consiguiente, hacen un llamado a futuras investigaciones para que se enfoquen en esta área crítica.
Natassia y Ramadhan (2019) exploraron los retos asociados con el uso de dispositivos móviles dentro del contexto museístico, centrándose en el caso específico del levantamiento de la prohibición de tomar fotografías en el Museo Van Gogh de Ámsterdam. Aunque esta medida facilitó la participación y gestión de información por parte de los visitantes de manera habitual, tuvo un impacto negativo en la experiencia general de los visitantes. Se recibieron numerosas quejas relacionadas con las largas colas formadas por personas esperando para fotografiar las obras. Este caso ilustra el deseo de los museos de adaptarse a las prácticas digitales de los visitantes, pero también resalta la falta de directrices sobre cómo integrar estas prácticas de manera que se preserve la calidad de la experiencia museística.
Schick et al. (2013) realizaron un análisis de los perfiles de Facebook de museos daneses, descubriendo que la participación de los visitantes era, en general, limitada y de baja calidad. Este estudio concluyó que las redes sociales eran empleadas más como canales de marketing que como plataformas de interacción. Esta investigación subraya la necesidad de proporcionar orientación a los museos para que desarrollen estrategias digitales efectivas, maximizando así los beneficios que las tecnologías digitales pueden ofrecer a la experiencia del visitante.
El foco de la reflexión de hoy se relaciona entonces con la carencia de estrategias y directrices claras para que los museos integren la tecnología digital en la experiencia de sus visitantes, representando un desafío significativo para su función cultural y social. La ausencia de una metodología definida para la adopción tecnológica puede comprometer la credibilidad y relevancia de estas instituciones como guardianes del patrimonio cultural. La falta de estrategias efectivas para interactuar con los visitantes menoscaba la misión y los objetivos educativos y culturales de los museos, lo que podría resultar en una disminución de la participación del público y en una eventual reducción de la financiación. Por ello, es crucial investigar y analizar las estrategias que los museos están implementando actualmente, contribuyendo así a una mejor comprensión de cómo los museos se relacionan con la tecnología digital y su impacto en la experiencia del visitante.
Recursos bibliográficos:
Falk, J. H. y Dierking, L. D. (2013): The Museum Experience Revisited. Walnut Creek, CA: Left Coast Press.
Simon, N. (2010): The Participatory Museum. Santa Cruz: Museum 2.0.
Drotner, K. y Schrøder, K. C. (editores) (2013): Museum Communication and Social Media: The Connected Museum. Routledge.
Hassenzahl, M. (2010): Experience Design: Technology for All the Right Reasons. Synthesis Lectures on Human-Centered Informatics. Morgan & Claypool.
Roto, V., Law, E., Vermeeren, A.y Hoonhout, J. (editores) (2011): User Experience White Paper: Bringing Clarity to the Concept of User Experience.
Bitgood, S. (2011): Social Design in Museums: The Psychology of Visitor Studies Collected Essays, Volume One. Edimburgo: MuseumsEtc.
Museos y Falta de Directrices Tecnológicas.
| ISSN | 3020-1179 |
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Ilustración: Dezeen
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