Qué es un Museo Nacional

Qué es un Museo Nacional

El concepto «Museo Nacional» es una invención de origen europeo, creado para definir y enunciar el conocimiento y las identidades nacionales en un continente con una profunda y rica historia – actualmente en continua evolución, a veces de forma vertiginosa -, y sobre un desarrollo social definido por el intercambio cultural y la influencia territorial. Este concepto se ha ido aplicando sistemáticamente a todos los museos del mundo con un perfil potencialmente público, poseedores de colecciones en exposición permanente relacionadas con unos contenidos que abarcan la cultura de toda la nación, e incluso de más allá.

Si hablamos de Europa, el «Proyecto Europeo», en sus diversas formas, ha contribuido a que la realidad del continente se extienda a más de una nación. A pesar de esta corriente política unificadora, toda la zona euro sigue siendo vulnerable a las fuerzas de división – ya lo hemos visto con el brexit y con los movimientos político-ideológicos que piden romper con la Unión -. Se han elaborado ideas que hacen hincapié en la reivindicación de lo local, remarcando las diferencias nacionales, étnicas y religiosas que obstaculizan el pleno desarrollo del potencial económico, cultural y político de la escena mundial. Como instituciones de confianza, los museos nacionales son enormemente relevantes para Europa, y han sido, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, importantes actores en la escena cultural entre las naciones.

Por razones operacionales, podemos categorizar los museos nacionales a partir de sus acuerdos de financiación pública, la definición de un enunciado político-administrativo o por un decreto del gobierno. Estas clasificaciones, un tanto simplistas, resultan poco útiles si pretendemos comprender los procesos de cambio en los museos en las diferentes naciones, fundamentalmente en el ámbito de la cultura y del conocimiento. Por esta razón, se ha adoptado un enfoque que va un poco más allá: por «Museo Nacional» nos referimos a aquellas instituciones museísticas que exponen colecciones y contenidos que reivindican, articulan y representan valores, mitos, saberes y realidades dominantes en el plano nacional. Los museos nacionales son entidades institucionalizadas con valores que constituyen una base sobre la que construir y difundir identidad nacional, operando a partir de fundamentos culturales en la organización del Estado. Sin embargo, hablamos de museos que no pueden ser entendidos simplemente como entes con frontera delimitada; surgieron primero en Europa porque ese continente estaba involucrado en una competencia entre naciones poderosas, defendiendo dentro de sus numerosos territorios «ocupados» aspiraciones de autonomía política.

Si focalizamos nuestra atención en el continente europeo comprobamos que sus museos nacionales hablan de Europa, y aunque algunos visitantes consideran que éste es un contexto para comprender la historia nacional en cada caso, otros sugieren que no debería ser un tema relevante en los museos nacionales. Sin embargo, el intenso proceso de competencia y emulación que surgió a partir del crecimiento de una población particularmente alta en Europa, el gran número de estados-nación, una historia turbulenta, la existencia de fronteras por doquier y el tamaño continental, redujeron la posibilidad de que se desarrollase un lenguaje compartido de representación. Como resultado, las naciones invirtieron sus esfuerzos en representarse a sí mismas a través de categorías idénticas de objetos – muchos de ellos reunidos antes de la formación de las disciplinas que ahora los estudian -. Los museos nacionales, con sus colecciones de objetos y su arquitectura monumental, se mantienen en Europa como un espectáculo institucional «convenido».

Son museos que han hecho que Europa se convierta en una forma cultural definida y, sobre todo, con un lenguaje material que permite la diplomacia cultural. Y son precisamente esas formas culturales comunes las que posibilitan que la idea de Europa sea difundida. Sabemos que los visitantes de los museos nacionales podían entender esta lengua y establecer vínculos con el material expuesto, asignándolo a un contexto europeo más amplio, a pesar de ser, a su vez, una representación limitada de la propia Europa. Al igual que sucedía con otros temas, los museos nacionales actuaron como espacios dentro de los cuales se retuvieron o reforzaron esas nociones establecidas. Algunos visitantes describieron cómo eran geográficamente parte de Europa, unidos por la cultura, la sociedad y la historia, y pudieron ver estas conexiones en términos de leyes similares, valores y derechos sociales, arte y artesanía, edificios y cultura material. Existía una «forma de ser» que se reflejaba en una mentalidad europea, una cultura que era reconocible, diferente de «otras»  con las que no se compartían esos rasgos (los países asiáticos, por ejemplo). Estas eran las sensaciones y emociones que los visitantes iban recibiendo de los museos nacionales, no las percepciones desarrolladas a través de la interacción con las narrativas históricas que pudieran mostrarse en esos espacios de exhibición. A continuación, os transcribimos un comentario recogido de un visitante anónimo:

Creo que ser europeo significa seguir algunos valores que se desarrollaron, y que existen, en Europa, en Occidente. Respeto a los seres humanos, su privacidad, respeto de los derechos individuales y a la propiedad personal. Creo que son los derechos humanos los que más me hacen sentir europeo.

Re-imaginar el Museo Nacional.

Los museos nacionales se crearon para construir muros alrededor de las comunidades, para actuar como armamentos culturales que definían el «yo» y no el «otro», y para establecer visiones del mundo a través de la lente de la nación. Diríamos que no son éstas, precisamente, características institucionales de la nueva museística que pudieran sugerir inmediatamente un papel en una mayor cohesión europea. El hecho mismo de que estas instituciones sean, a menudo, orgullosamente nacionalistas, las hace particularmente útiles para actos de reconciliación y equilibrio social y cultural. Como proveedores de confianza de las idiosincrasias nacionales, más que cualquier otra institución, tienen el poder de reimaginar, construir historias que tiendan puentes entre las comunidades y las naciones. Por ello, el futuro de los museos pasa necesariamente por la unión en la cooperación, y debe hacerse a partir del respeto fundamental por la diversidad cultural.

Recursos bibliográficos:

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Gombrich. E. 1981): El Museo: pasado, presente y futuro. Ideales e Ídolos: 230 – 252. Barcelona.

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La Museología y la Museografía en la facultad de arquitectura de Milán (1987): Museam, 156: 261-244. París.

MacDonald, E. (1987): El futuro de los Museos del mundo en la comunidad mundial. Mu.seum, 155: 206-216. Paris.

Middleton, V.T.C. (1991): The future demand for Museums 1990-2001 . The Museums Profesión: Internal and External Relations: 139-160. Leicester.

Navarro Arisa, I.J.(1987): Un grupo de arquitectos presenta en Kassel sus sueños de Museos ideales e imaginarios. El País – La cultura, 24/IX/87:36. Madrid.

Navascues.J.M. (1959): Aportaciones a la Museografía española. Madrid.

Neickel, C. E. (1727): Museographia. Leipzig.

Pérez Sánchez, A. (1977): Presente, pasado y futuro del Museo del Prado. Madrid.

Shouten, E. (1987): La función educativa del Museo: un desafío permanente. Museum, 156: 240-243.

Consultas: info@evemuseos.com

Fotografía: National Heritage Board – Singapur.


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