En el diseño de exposiciones contemporáneas existe una tendencia clara: eliminar cualquier tipo de dificultad en la experiencia del visitante. Se busca que todo sea fluido, inmediato, fácilmente comprensible. Sin embargo, desde la práctica profesional, esta lógica merece ser revisada. No toda dificultad es negativa. De hecho, cuando se elimina completamente, lo que suele desaparecer también es la profundidad de la experiencia.
En museografía, introducir ciertos niveles de fricción puede convertirse en una herramienta estratégica para mejorar la comprensión y la permanencia del contenido.
Fricción Cognitiva: Activar el Procesamiento del Visitante.
La «fricción cognitiva» no implica complicar el recorrido, sino diseñar momentos donde el visitante tenga que detenerse, interpretar o tomar una posición. Frente a las exposiciones que se visitan sin resistencia, este enfoque busca activar un procesamiento más profundo.
Cuando todo está resuelto desde el inicio, el visitante avanza sin esfuerzo, pero también sin implicación real. En cambio, cuando se introducen pequeñas dificultades -información con llamada a la acción, exploración, preguntas abiertas – se genera un cambio en la actitud del visitante. De receptor pasa a ser intérprete.
Consumo Lineal Frente a Implicación Real.
Uno de los problemas más habituales es el diseño de recorridos excesivamente lineales y previsibles. Este tipo de planteamiento facilita la circulación, pero reduce la intensidad de la experiencia.
Introducir interrupciones controladas en ese flujo – cambios de ritmo, puntos de inflexión, quiebres narrativos – permite recuperar la atención y evitar la monotonía. No se trata de romper el recorrido, sino de introducir variaciones que obliguen a reajustar la mirada.
Disonancia Controlada: Trabajar con Tensiones Interpretativas.
Otro concepto útil es el de «disonancia controlada». En lugar de construir discursos completamente homogéneos, se pueden introducir tensiones internas que inviten a la reflexión.
Esto puede materializarse a través de perspectivas divergentes, interpretaciones no coincidentes o elementos que generan duda. En contextos patrimoniales, donde los relatos suelen ser complejos, esta estrategia permite evitar lecturas simplificadas y abrir el campo interpretativo.
Latencia Interpretativa: el Tiempo como Recurso de Diseño.
No todo contenido debe entenderse de manera inmediata. Diseñar exposiciones donde ciertas ideas se revelan progresivamente permite trabajar con lo que podríamos denominar latencia interpretativa.
El visitante necesita recorrer distintos espacios, establecer conexiones y reconstruir sentido a lo largo del tiempo. Este tipo de planteamiento genera experiencias más duraderas, donde el contenido no se agota en el momento de la visita.
Estructuras No Evidentes: Recorrer Sin Anticipar.
Desde el punto de vista espacial, esto se traduce en recorridos que no son completamente previsibles. Las estructuras no evidentes introducen un grado de exploración que puede resultar especialmente eficaz si está bien calibrado.
El visitante no anticipa completamente lo que va a encontrar, lo que aumenta la atención y la implicación. Este enfoque exige un diseño preciso para evitar la desorientación, pero bien aplicado mejora la calidad de la experiencia.
Gestión del Silencio Expositivo: el Valor del Vacío.
En muchas exposiciones, la tendencia es llenar todos los espacios de contenido. Sin embargo, la gestión del vacío puede ser una herramienta muy potente.
El silencio expositivo – entendido como ausencia de estímulos o información explícita – permite al visitante procesar lo visto, reducir la saturación y generar asociaciones propias. Estas pausas no son espacios vacíos, sino momentos activos desde el punto de vista cognitivo.
Resistencia del Objeto: Aceptar lo No Resuelto.
En numerosos proyectos, los objetos se convierten en meros soportes de información. Se explican completamente, se contextualizan a la perfección y se integran de forma total en la narrativa museológica.
Sin embargo, algunos objetos tienen la capacidad de generar significado por sí mismos. Permitir que mantengan cierto grado de ambigüedad – lo que podríamos llamar «resistencia del objeto» – puede enriquecer la experiencia. No todo necesita ser completamente explicado.
No Simultaneidad: Ordenar la Activación del Contenido.
Otro problema frecuente es la acumulación simultánea de estímulos: textos, audiovisuales, interactivos, gráficos. Todo ocurre al mismo tiempo, compitiendo por la atención del visitante dejándolo agotado.
Trabajar con «no simultaneidad» implica diseñar secuencias donde los contenidos se activan progresivamente. Esto mejora la concentración, reduce la dispersión y permite una interacción más clara con cada recurso.
Equilibrio: Entre Exigencia y Accesibilidad.
Introducir fricción no significa excluir. El objetivo no es dificultar la visita, sino ofrecer distintos niveles de profundidad.
Un visitante puede recorrer la exposición de manera básica, mientras que otro puede detenerse, interpretar y profundizar. Diseñar para distintos niveles de lectura permite mantener la accesibilidad sin renunciar a la complejidad.
Diseñar Para el Pensamiento.
En última instancia, este enfoque implica un cambio de lógica. La exposición deja de ser un sistema orientado únicamente a la transmisión del conocimiento para pasar a ser un escenario donde se activan procesos de pensamiento.
En un contexto donde muchas experiencias culturales tienden a la inmediatez, el museo tiene la oportunidad de ofrecer algo distinto: un espacio donde comprender requiere tiempo, atención y cierta implicación.
Y, precisamente por eso, nos resulta más valioso.
Recursos Bibliográficos:
Brea, J.L. (2005): El tercer umbral: estatuto de las prácticas artísticas en la era del capitalismo cultural. CENDEAC.
Didi-Huberman, G. (2014): Lo que vemos, lo que nos mira. Manantial.
Eco, U. (1992): Los límites de la interpretación. Lumen.
Innerarity, D. (2011): La democracia del conocimiento. Paidós.
Maroevié, I. (2014): The Museum exhibition: a challenge for museology. Universidad de Zágreb.
Moxey, K. (2015): El tiempo de lo visual: la imagen en la historia. Sans Soleil Ediciones.
Rancière, J. (2010): El espectador emancipado. Manantial.
Virilio, P. (2006): La bomba informática. Cátedra.
Zunzunegui, S. (2007): Pensar la imagen. Cátedra.
Tlf. (0034) 600320681 (España) – (0052) 3318939356 (América; comunicación por whatsapp).
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Museografía Activa.
| ISSN | 3020-1179 |
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