Museos y Fatiga del Visitante

 

Los primeros estudios de visitantes fueron obra de Benjamin Gilman, Edward Robinson y Arthur Melton (durante 1910). Notaron que algunos de sus comportamientos eran recurrentes en diferentes museos, y se convirtieron en patrones que ahora son considerados como reglas generales dentro del campo de los Estudios de Visitantes. La “Fatiga del Museo”, es un concepto que se caracteriza por la disminución progresiva del interés de los visitantes hacia las exposiciones durante su recorrido dentro del museo (Gilman, 1916; Robinson, 1928; Melton, 1935; Falk et al., 1985). Desde estos primeros estudios, la investigación ha demostrado que se producen otros cambios de comportamiento propios de los visitantes fatigados. La fatiga del museo se compone de diferentes fenómenos, pero no se contemplan en su conjunto, lo que hace que el concepto resulte  ambiguo. Se trata de explicaciones especulativas que no han sido evaluadas en detalle hasta el momento. Es importante comprender “la idea”, pues el interés de los visitantes está relacionado con la comunicación efectiva de los mensajes de las exposiciones y su potencial didáctico (Falk, 1983; Serrell, 1997; Hein, 1998; Bitgood, 2002; Falk y Dierking, 2002; Falk y Storksdieck, 2005). Para abordar este problema, hoy analizaremos algunos aspectos sobre la fatiga de los museos, que pueden servir a modo de introducción para que los profesionales investiguen y contrarresten dentro de sus instituciones.

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Gilman (1916), fue el primero en describir la fatiga del museo, aportando una definición centrada en el esfuerzo requerido para observar las exposiciones. Notó que algunas de ellas, en el Museo de Bellas Artes de Boston, exigían algo más de trabajo de observación por parte del público debido a la forma en que estaban presentadas. Encontró que “después de un breve esfuerzo inicial del visitante, éste se resignaba a ver prácticamente todo de manera imperfecta y con una mirada pasajera”. En un estudio posterior, Robinson (1928) mencionó que la fatiga del museo se generalizaba en cuatro museos con características diversas. Posteriormente, Melton (1935) proporcionó una evidencia adicional: variando el número de pinturas en una galería del museo, se observaba una disminución en el interés de los visitantes a medida que aumentaban las obras expuestas.

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Falk, Koran, Dierking y Dreblow (1985) estudiaron la fatiga del museo en el Museo de Historia Natural del Estado de Florida. Se observó al público, a lo largo de diferentes visitas, para determinar la aparición de comportamientos indicativos de interés hacia las exposiciones, así como hacia otros aspectos del entorno del museo, la atención a otras personas o el interés propio. Descubrieron que ese interés alcanzaba inicialmente un nivel alto, luego se mantenía constante durante unos 30 minutos y , finalmente, disminuía a un nivel más bajo. La orientación de los visitantes pasaba de ser un movimiento lento inicial alrededor de las exposiciones, a deambular por las salas con paradas más selectivas (comportamiento indicativo de un menor interés).

Beverly Serrell ha desarrollado una gran trabajo sobre la duración y la asignación del tiempo de los visitantes en los museos. En un estudio sobre más de 100 exposiciones (Serrell, 1997; 1998), descubrió que el público solía permanecer menos de 20 minutos en ellas, independientemente del tema y la dimensión. Su investigación apoya la idea de que los visitantes se toman su tiempo al principio de la visita; a partir de entonces disminuye su interés progresivamente. Podríamos afirmar que las exposiciones, en general, “no enganchan”.

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Estos cambios de comportamiento podrían unificarse bajo la definición general de “fatiga del museo”, ya que todos denotan una disminución en el interés de los visitantes. Sobre este enunciado podemos sacar las siguientes conclusiones:

  1. La visión tradicional de la fatiga del museo es que el interés de los visitantes disminuye a medida que transcurre el tiempo del recorrido. Por ejemplo, se ha demostrado que el nivel más alto se logra durante los primeros 30 minutos de una visita; después, disminuye.
  2. También se ha encontrado un segundo patrón, por el cual el interés decae en áreas más pequeñas (como una sucesión de exposiciones o vitrinas individuales).
  3. Entre los comportamientos típicos que muestra un visitante fatigado, está el de deambular por galerías- con tasas de visualización relativamente rápidas y sin períodos de descanso-, y una mayor selección de las exposiciones.
  4. Los patrones de fatiga son generalmente constantes y predecibles dentro de un museo y, además, el concepto se puede generalizar.

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Pero, ¿qué provoca la fatiga en el visitante? En general, se considera que la forma en que los visitantes interactúan con el entorno del museo está determinada por los atributos individuales de las personas, los factores asociados con el contexto del museo y la interacción entre ellos (Melton, 1935; Falk et al., 1985; Bitgood, 2002). Estos motivos nunca se han expresado explícitamente como hipótesis teóricas. La primera explicación se centra en los perfiles personales de los visitantes (denominada la “Hipótesis de los perfiles de los visitantes”), mientras que la segunda enfatiza en los factores ambientales (“La hipótesis de los perfiles ambientales”).

La hipótesis postula que los atributos asociados a los diferentes perfiles de visitantes podrían ser los responsables de la disminución de su interés. Por ejemplo, un atributo (Melton, 1935) es la “fatiga física”, que provoca un cansancio físico a medida que avanza la visita. De hecho, Melton comparó la visita al museo con una caminata. Sin embargo, esta explicación es bastante limitada ya que algunos visitantes se fatigan tan solo unos minutos después de comenzar el recorrido: “un tiempo extremadamente corto para la aparición de una fatiga física pronunciada” (Melton, 1935).

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¿Puede realmente la fatiga física explicar la caída del interés por la exposiciones de los museos? El procesamiento cognitivo también se ha valorado como un factor determinante de la fatiga (Melton, 1935; Bitgood, 2002), aunque esta propuesta es difícil de evaluar debido a la falta de conexión entre la psicología cognitiva y los estudios de visitantes. Algunos investigadores argumentan que los procesos cognitivos, como la capacidad de atención (lapso de atención), desempeñan un papel importante: la capacidad de procesamiento de las personas es limitada (el recurso cognitivo disminuye con el tiempo y el esfuerzo) y estas tienden a concentrarse en una sola cosa a la vez (Kahneman, 1973; Hampson y Morris, 1996; Bitgood, 2002). De acuerdo con esto, las capacidades limitadas de atención provocan la fatiga del museo, ya que no se produce de manera progresiva durante la visita (debido al esfuerzo mental ejercido durante las etapas iniciales de una visita; Melton, 1935; Bitgood, 2002). Para apoyar este argumento sabemos que la caída en el interés de los visitantes es relativamente predecible; por ejemplo, con el estudio de Falk et al. (1985) se demuestra que dicho interés permanecía en un nivel alto durante los primeros 30 a 45 minutos, antes de que comenzara a aparecer la fatiga del museo. Este cambio predecible se une a la opinión de que las capacidades de atención se agotan y alcanzan un nivel de saturación, hasta llegar a un punto crítico. Otro área de la psicología cognitiva que podría desempeñar un papel importante en la fatiga del museo es el “efecto exposición única”. Una única exposición aumenta el estímulo de la visita, pero la sobreexposición puede resultar un “desgaste” (es decir, la respuesta de un observador ya no es positiva; Kail y Freeman 1973; Van den Burgh y Vrana, 1998; Nordhielm, 2000). Se ha demostrado que el efecto de exposición única es un factor determinante en los museos de arte (Leder, 2001). Esta podría ser una explicación viable para reducir la fatiga si las exposiciones comparten similitudes que las simplifican (como un tema o tamaño similar), por lo que no hay exigencia en la observación durante la visita. Sin embargo, sería necesario investigar más a fondo para conocer el posible papel que el mero efecto de la exposición, con relación a la capacidad de atención, está vinculado a la fatiga.

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Hay otros atributos de los visitantes que podrían explicar la fatiga del museo. Existe documentación que demuestra que algunas exposiciones atraen a grupos específicos de género o a personas con ciertos rasgos de personalidad. Los visitantes difieren ampliamente a partir de sus experiencias pasadas, intereses, programa de la visita, capacidades intelectuales, familiaridad y comodidad. Todos estos factores influyen en la forma de interactuar con los museos (Falk et al., 1985; Diamond, 1994; Falk y Dierking, 2000). Esta observación aparece bien resumida por Falk et al. (1985) quién nos dice, “esta visión sugiere que la mejor manera de predecir el comportamiento de los visitantes es saber más sobre ellos como personas: Un X% de visitantes se sentirían más atraídos por la exhibición A, mientras que un Y% probablemente no muestre interés alguno”. Se trata de una afirmación apoyada en estudios que han mostrado diferencias de comportamiento entre diversos grupos demográficos (Diamond, 1994). La generalidad de la fatiga del museo sugiere, sin embargo, que los atributos de los visitantes no son determinantes; aquellos que se muestran fatigados parecen mostrar patrones similares y predecibles a pesar de las grandes variaciones en sus características demográficas y de otro tipo (Falk et al., 1985). Por otro lado, la fatiga de los museos puede generalizarse en todos los países y, por lo tanto, a nivel cultural.

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Las investigaciones realizadas durante muchos años han demostrado que el contexto interior del museo (la disposición de las vitrinas y la museografía de la exposición) afecta el interés de los visitantes. Steve Bitgood ha trabajado a fondo sobre el tema (Bitgood, 2002). Los factores de diseño de la exposición incluyen el aislamiento, el tamaño, el contraste con el fondo, algunas características sensoriales (sonido, olor o tacto), la iluminación y la ubicación de la línea de visión (Melton, 1935; Screven, 1974; Bitgood, 1989; Bitgood y Patterson, 1993; Ogden, Lindburg and Maple, 1993; Bitgood, 2002). El flujo de tráfico de los visitantes está relacionado con la atracción sobre un objeto, la distracción de una puerta abierta o la disposición de las vitrinas (Melton, 1935; Bitgood, Benefield, Patterson, Litwak, 1999; Bitgood, 2002). La mayoría de los estudios se han centrado en la influencia de una o dos variables. Johnston (1998) realizó un enfoque más exhaustivo, a través de una investigación sobre la influencia de muchos factores (inicialmente 50 variables). Encontró que los aspectos estructurales de la apariencia de la exposición tenían los efectos más significativos sobre el tiempo de la visita. Los atributos ambientales ayudan a explicar por qué el interés de los visitantes varía entre las exposiciones, pero no la fatiga del museo, durante visitas completas.

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El agotamiento físico parece un elemento determinante durante una larga visita al museo, mientras que los factores ambientales probablemente brindan una explicación más convincente sobre la disminución del interés en un pequeño número de exposiciones sucesivas. Considerar los factores ambientales como causas independientes puede ser demasiado simple. Una visión unificadora, en la que se integran el conjunto de factores para dar forma a la fatiga del museo, puede proporcionar una buena explicación. Esta idea quizás se ilustra mejor utilizando la investigación de la psicología cognitiva, que se centra en los determinantes mentales de atracción hacia el objeto. Se sabe que varias variables de diseño determinan el procesamiento cognitivo y, por lo tanto, desarrolla el atractivo hacia el objeto (Clore, 1992; Reber, Schwarz y Winkielman, 2004). Así pues, existe interacción entre los atributos del visitante (procesamiento cognitivo) y los factores ambientales (diseño de la exposición). De hecho, se cree que algunas variables del diseño (como la presencia de patrones verticales y horizontales, cantidad de información, simetría y contraste figura-fondo) influyen en la preferencia estética, debido a su capacidad para facilitar el procesamiento cognitivo (Reber et al., 2004). Ciertamente los psicólogos especialistas deben dar su opinión sobre cómo dichos procesos cognitivos interactúan en el contexto del museo.

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La fatiga de los museos tiene una gran importancia para los museos, aunque parecen no darse cuenta de ello. Influye en la medida en que los visitantes participan y puede afectar al aprendizaje, ya que el tiempo de visualización se correlaciona con la calidad de éste (Falk, 1983; Serrell, 1997; Hein, 1998; Falk y Dierking, 2002; Falk y Storksdieck, 2005). Sin embargo, encontrar una solución a la fatiga puede no ser tan sencillo, ya que la complejidad del concepto es grande y existe una falta de conocimiento en cuanto a  por qué se produce. Afortunadamente, encontramos gran cantidad de información sobre la relación entre el tiempo de visualización, el aprendizaje de los visitantes, el disfrute y el diseño de las exposiciones.

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El trabajo de Steve Bitgood y Beverly Serrell nos proporciona un buen punto de partida. Por ejemplo, Serrell (1997; 1998) propuso un método para medir cómo los visitantes valoran las exposiciones, y nos muestra ejemplos del buen diseño expositivo que les atrae. Serrell cree que desarrollar objetivos de comunicación apropiados es esencial para un buen diseño de las exposiciones y recomienda que cada exposición contenga elementos atractivos y gráficas cuidadosamente diseñadas. Los museógrafos deben buscar formas de captar la atención. Como señala Bitgood (2002), para aumentar dicha atención, primero es necesario captarla. Sus sugerencias incluyen:

  • Aumentar el carácter distintivo de la exposición (como tamaño, contraste con el fondo, la ubicación de la línea de visión, etcétera), y ubicar las vitrinas o expositores en relación con el flujo del tráfico (objetos destacados, puntos de acceso a la atención del visitante, inercia y sesgo de giro a la derecha; Melton, 1935; Bitgood et al., 1999; Bitgood, 2002).
  • Reducir el esfuerzo mental requerido para comprender las exposiciones estudiando bien cómo comunicar la información.
  • Motivar a los visitantes a participar en las exposiciones animándoles a que formulen preguntas, corrigiendo conceptos erróneos, mostrando contenido interesante, estímulos mentales, folletos, objetos 3D y oportunidades para la interacción (Robinson, 1928; Screven, 1992; Peart, 1984; Bitgood, 2002).
  • Minimizar las distracciones ,como los sonidos, la competencia con otros elementos en la exposición y la rareza del entorno.
  • Proporcionar oportunidades para que los visitantes descansen (porque ayudará a reponer la capacidad de atención).

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Es importante tener en cuenta que no todos los investigadores interpretan el comportamiento de los visitantes de la misma manera. Por ejemplo, Rounds (2004) sostiene que el uso selectivo de exposiciones permite a los visitantes enfocarse solo en los elementos que les interesan, minimizando así el tiempo y el esfuerzo. Afirma que el “uso parcial de exposiciones es una estrategia inteligente y efectiva para el público cuyo objetivo es “picarle” y satisfacer su curiosidad (Rounds, 2004, p.389). Esta es una interpretación interesante, pero no se ha evaluado a partir de estudios de visitantes.

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En cualquier caso, la fatiga del museo es un concepto complejo e importante que influye directamente en la cantidad de tiempo que los visitantes dedican a los museos, galerías y exposiciones. Es probable que existan varias explicaciones al respecto, consideraciones acerca de los atributos de los visitantes, los factores ambientales, y la interacción entre ambos. En cualquier caso, se requiere más investigación, particularmente en colaboración con especialistas en psicología cognitiva. Recomendamos que los propios profesionales analicen las características del tiempo de visualización y la fatiga en cada museo, para poder así diseñar estrategias adecuadas que contrarresten dicha fatiga.



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