Museos Comunitarios y Pueblos Indígenas

 

En estas últimas décadas, se han producido cambios muy importantes respecto al concepto de museo. Una evidencia clara de lo que está pasando, es que los museos se han dado cuenta de que necesitan urgentemente establecer y construir relaciones más profundas con las comunidades a las que pertenecen. Son ya muchos los que han puesto en marcha programas innovadores para que sus visitantes participen en nuevas formas de aprendizaje museístico, pero aún queda bastante por hacer. Algunos de estos programas han sido capaces de atraer a individuos que nunca antes habían visitado un museo, como, por ejemplo, grupos de minorías étnicas, familias con bajos ingresos o mujeres, y lo han hecho entendiendo que los museos son una magnífica fuente cultural y construyen relaciones cada vez más estrechas con las comunidades que los rodean. Los ejemplos de museos que han organizado estos programas son muy diversos; desde los grandes museos de perfil universal, pasando por algunos de carácter local, hasta centros culturales dirigidos por indígenas.

Comunidad Wayuu

El desarrollo de proyectos comunitarios viene acompañado de un cambio de perspectiva que remarca la puesta en valor del patrimonio cultural. A menudo, se considera que la cultura es un vehículo poco útil para resolver problemas sociales y económicos. Terry Eagleton, por ejemplo, afirma que “los problemas primarios a los que nos enfrentamos en este milenio – guerra, hambre, pobreza, enfermedad, drogas, contaminación ambiental, desplazamiento de personas-, no son problemas especialmente culturales”. Añade, además, que “los teóricos más importantes de la cultura tienen muy poco que aportar para la resolución de esos problemas” (Eagleton, 2000: 130). Si hablamos de Canadá, por ejemplo, en algunas reservas aisladas de pueblos indígenas, además de las malas condiciones de vida, comparables con las del tercer mundo, encontramos que los problemas sociales, como la falta de una educación adecuada, el alcohol, las drogas, el desarraigo e incluso el suicidio, son cuestiones tremendamente serias que este tipo de promoción cultural, en sí misma, no es capaz de abordar.


Society 6

Sin embargo, George Yúdice ya argumentaba en su tiempo, que la cultura como recurso tiene el potencial de “satisfacer las necesidades y aspiraciones de las generaciones presentes y futuras” (Convención, 1992: 5, citado en Yúdice, 2003: 1). “La cultura se utiliza cada vez más como un recurso para la mejora sociopolítica y económica” (Yúdice, 2003: 9). Esta idea se ha ido aceptando gradualmente y, en algunas comunidades que han desarrollado proyectos con la ayuda de sus museos comunitarios, se demuestra que ese enunciado es cierto. Por ejemplo, en la Comunidad India Aki-Chin, Arizona (Estados Unidos), “las tradiciones culturales que sostuvieron al pueblo Ak-Chin durante miles de años, remarcándose como una comunidad, estuvieron en peligro de desaparición a principios de la década de 1990” (Fuller, 1992: 328). En aquellos años, se produjo un debilitamiento gradual de la cultura de la comunidad, provocado por fuerzas externas y, especialmente, por la construcción de carreteras que cruzaban su territorio. Aquellas personas también se vieron afectadas por infinidad de cambios económicos, sociales, políticos e incluso generacionales, con un grupo de jóvenes cada vez menos familiarizados con las normas de la comunidad. El entonces presidente del consejo comunitario, planificó un museo ecológico cuyo objetivo era lograr que la generación más joven conociera más a fondo la historia de su tribu y se sintiera orgullosa de su identidad étnica.

U.S. Census Bureau

El éxito del modelo de museo ecológico, se debe a que es capaz de generar una nueva forma de transmitir el conocimiento cultural. Fuller sostiene que “este modelo ofrece un nuevo rol para los museos comunitarios: el de un instrumento de autoconocimiento y un lugar para aprender y practicar regularmente las habilidades y actitudes necesarias para la resolución de problemas comunitarios” (1992: 361). Otro ejemplo, es el del Centro del Patrimonio Nativo de Alaska de Anchorage, que ha facilitado un cambio en la política de identidad de los nativos de Alaska, planificando varias prácticas diferentes de recuperación cultural, interpretación y alianzas. Si trasladamos este enfoque a una gran ciudad, el Museo de Arte de Brooklyn, en Nueva York, puso en marcha el Primer Programa de los Sábados. El museo permanece abierto hasta las 11 de la noche el primer sábado de cada mes y la entrada, después de las 5 de la tarde, es gratuita para todos. Esta estrategia tiene como objetivo captar audiencias a las que anteriormente el museo no prestaba especial atención, como la comunidad afrocaribeña cercana. El programa ha logrado atraer a un mayor número de visitantes nuevos, además de prestar un buen servicio a la comunidad, generando un destino de ocio gratuito, seguro, divertido y educativo para todas las edades. El Museo de California de Oakland desarrolló el “Proyecto de la Historia Latina”, un programa piloto dirigido a los más jóvenes, para recopilar, preservar y exhibir la historia de la comunidad latina de California. Con él, se pretendía involucrar a estudiantes de las escuelas secundarias en un trabajo supervisado por historiadores profesionales, con el objetivo de realizar investigaciones históricas originales. Para ello, fueron incluídas diversas entrevistas a miembros de la comunidad y se utilizaron bibliotecas y recursos varios. Este tipo de iniciativas construyen y amplían las audiencias de los museos, formando a los jóvenes sobre su historia y el conocimiento de su identidad. El informe del proyecto puso de manifiesto que el museo se había posicionado donde “diversas audiencias podían reunirse para aprender más sobre ellos mismos y sobre otros”. Concluía diciendo que los jóvenes se sentían motivados y orgullosos de que sus obras fueran vistas por tantos visitantes en un “museo” (Museo de Oakland de California: 67).

Mitsubishi

El proyecto cultural de las mujeres en Vanuatu es otro ejemplo interesante sobre este tipo de conceptos. El Centro de Cultura de Vanuatu desarrolló en su día un proyecto cultural dedicado a las mujeres. Tenía como objetivo ampliar el conocimiento y la práctica de la cultura Vanuatu, en acciones puntuales como tejer esteras de kastom –“algo que la gente anciana Vanuatu solía valorar como muy propio de la cultura de su pueblo, algo ancestral”-, a través de un ejercicio que servía como instrumento identitario con relación a otras tribus. Antes de este proyecto, apenas se concedía importancia a la falta de conocimiento y práctica de las mujeres con el kastom. Sin embargo, durante el desarrollo del mismo, los integrantes de esta comunidad comenzaron a valorar esas tareas: “las mujeres ahora trabajan elaborando su propio kastom, contribuyendo a participar juntas en la vida cultural de la comunidad”.

Armando Valbuena Guerra

Las conclusión a la que nos llevan estas iniciativas, es que se puede producir un retorno claro de la inversión en cultura. Como Kylie Message argumentó en su momento:

“La cultura como patrimonio se reconoce cada vez más como un recurso nuevo y valioso, contribuyendo con herramientas de desarrollo que potencian la capacidad nacional para el desarrollo y el apoyo a las comunidades locales. Esta dinámica continúa ofreciendo nuevos modos de experiencia y productos innovadores, así como renovados mercados laborales para sus productores”.

En este tipo de proyectos, la entidad del museo trabaja como capital cultural de la comunidad. Nancy Fuller describe esta modalidad de museos relacionándola con los “ecomuseos”. De acuerdo con Fuller,

“Un ecomuseo es un agente que gestiona el cambio hacia la puesta en valor de la educación y el potencial cultural de una comunidad. Un ecomuseo consolida la misión de un museo para defender la dignidad humana. La metodología, basada en los conceptos educativos y psicológicos del aprendizaje permanente y el desarrollo en las diferentes etapas de la vida de las personas, busca poner en práctica aquellas condiciones que permitan a las comunidades aprender más sobre sí mismas y sobre sus necesidades, y actuar de acuerdo con ese conocimiento. El concepto de ecomuseo fortalece el papel del museo como mediador en el proceso de transición cultural”.

Mario Ramos Junior

Los ecomuseos son centros de aprendizaje comunitario que vinculan el pasado con el presente, de una manera estratégica, para hacer frente a las necesidades futuras de esa sociedad concreta. Sus actividades y el mantenimiento de sus colecciones reflejan lo que es verdaderamente importante para la comunidad, que no necesariamente ha de  estar de acuerdo con los valores e interpretaciones de lo convencional. El modelo de ecomuseo reconoce la relevancia de la cultura en cuanto al desarrollo de la identidad propia y a su papel para ayudar a una comunidad a adaptarse a los veloces cambios coyunturales. De este modo, se convierte en una magnífica herramienta para el crecimiento y desarrollo económico, social y político de aquella comunidad en la que se hace realidad.


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Fotografía principal: National Geographic

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