Diseño y Experiencia del Visitante

Soportes escenográficos como el escenario, la contextualización temática, la iluminación teatral y las caracterizaciones parecen haberse convertido en algo común en los diseños museísticos contemporáneos. Podemos observar en algunos museos una creciente similitud entre los métodos y procesos de los diseños de exposiciones y los de las representaciones teatrales. Recorremos los museos y nos tropezamos con las calles victorianas o selvas amazónicas, réplicas de otros mundos y otros tiempos. Vemos objetos liberados de las vitrinas, exhibidos de maneras diferentes a las convencionales situándolos en un contexto. La tendencia hacia la teatralidad de estos entornos parece obvia. No son solo estas reproducciones de lugares, en ocasiones exactas, las que tuvieron comparaciones notables con la escenografía de las representaciones teatrales. También se reconoce una tendencia emergente hacia el uso del diseño de exposiciones para la creación de una atmósfera que complementa la interpretación de las colecciones, utilizando un principio arraigado en los fundamentos de la escenografía. Pero, cabría preguntarse por qué los diseñadores de los museos crean esas avenidas; ¿es esta una tendencia impulsada por la necesidad de atraer a los visitantes hacia los museos, o simplemente es fruto de la creatividad de los diseñadores de exposiciones?

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Algunos responsables de museos, o sus promotores, en ocasiones nos piden explorar “enfoques teatrales” para las exposiciones, argumentando que pueden ofrecer “nuevas y atractivas experiencias para los visitantes”, y tienen mucha razón. Nosotros, en principio, siempre tenemos interés en la posibilidad de utilizar los principios de la escenografía en los museos para crear esas experiencias atractivas para los visitantes. Pero debemos plantear consideraciones críticas y únicas al crear espacios de museo, no todo vale, ni mucho menos. Podemos aprender mucho de las investigaciones sobre el desarrollo de la escenografía en los museos, con el objetivo de explorar el potencial de la misma en el diseño de las exposiciones.

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Con la esperanza de entender mejor la evolución de los museos y el diseño de los mismos, podemos utilizar la bibliografía existente, mayoritariamente anglosajona. Si la revisamos, se hace evidente que el uso de componentes escenográficos en diseños de museos se ha desarrollado paralelamente a una serie de cambios radicales en estas instituciones en los últimos treinta años. La evolución de los museos durante este tiempo se puede resumir mejor a partir de una mayor conciencia hacia los visitantes y la necesidad de cumplir con sus demandas, además de un intento por atraer a un público más diverso. “El cambio más importante que ha afectado a los museos es la convicción casi universal de que existen para servir al público” (Hudson en Kotler y Kotler, 2004: 167). Los museos “se consideran cada vez más como parte de la industria de servicios, apareciendo una creciente presión sobre los administradores de los museos y los responsables políticos para que funcionen como tales” (Alcaraz, 2009). Al reconocer en los museos una mayor preocupación por las necesidades de los visitantes, observamos que hay que trabajar para que aquellos cumplan con su nuevo papel de centros basados más ​​en los servicios.

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El diseño de los espacios museísticos siempre se ha visto directamente afectado por sus objetivos y funcionamiento. En los últimos años, el creciente enfoque para dar respuesta a la demanda de los visitantes ha generado cambios drásticos en el diseño de los espacios de los museos, particularmente en las exposiciones. Los museos comenzaron siendo lugares para que los ricos exhibieran sus colecciones privadas; “el deseo de coleccionar cosas y de mostrarlas a otras personas, así es como se comenzaron los museos” (Burcaw, 1997: 15). No fue hasta mediados del siglo XVIII cuando se abrieron los museos públicos en Francia y en el Reino Unido (como el Louvre y el Museo Británico). Incluso entonces, el acceso era restringido y la visita al museo estaba valorada socialmente como un honor (Burcaw, 1997: 19). En ese momento, el papel del diseño del museo era crear exposiciones de objetos, que ya con la exhibición de sí mismos provocaban y sorprendían (Hughes, 2010: 12). Así es como los museos permanecieron durante muchos años, aunque muchos de ellos continúan estancados en aquellos tiempos pasados. Incluso cuando se abrieron más museos y aumentó la asistencia, la experiencia de ser testigo de aquellas maravillosas colecciones era algo por lo que el visitante debía sentirse profundamente agradecido, y el diseño de los museos reflejaba esta actitud. Hughes describe el diseño del museo en aquel momento de la historia;

“Muchos curadores se vieron a sí mismos como depositarios de colecciones importantes; satisfacer las necesidades del público a menudo se consideraba una tarea más que un deber, una actitud que se reflejaba en una atmósfera silenciosa y en las barreras que se interponen entre el espectador y el objeto” (Hughes, 2010: 13).

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En la década de 1980, el aumento de popularidad de los museos independientes y el rápido crecimiento de la variedad de atracciones de ocio que competían por el tiempo libre de los visitantes ejercieron una presión adicional sobre los museos y su capacidad para atraer a dichos visitantes. Con la financiación pública y patrocinadores privados imponiendo indicadores de desempeño basados ​​en los números de asistencia, el papel del museo comenzó a cambiar, pasando de ser una organización centrada en las colecciones a convertirse en un lugar público. Esta situación tuvo un gran impacto en el diseño de los espacios de los museos. Para competir con otras formas de atracciones de ocio, los museos alteraron los diseños de sus espacios ofreciendo a los visitantes nuevos métodos de interpretación y nuevas experiencias (Kotler y Kotler, 2004). A finales de la década de 1990, Blais describió cómo el diseño de los museos estaba dirigido por las fuerzas del mercado y las presiones para persuadir a las familias (y otros visitantes )de que visitar los museos era una alternativa divertida, incluso mucho más que acudir a los parques temáticos u otros centros de ocio (ibid, 1997: 43).

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Los estudios de visitantes y la investigación de la audiencia resultan cada vez más útiles para proporcionar información en muchas áreas del trabajo de los museos, desde la gestión diaria hasta la planificación y la política a largo plazo. Kotler y Kotler explican cómo la investigación de la audiencia ayuda a planificar los diseños de los museos; “En los últimos años, la investigación de visitantes ha proporcionado datos que iluminan la percepción y las actitudes de estos, permitiendo a los administradores (ya no los llamamos directores) que respondan de manera proactiva a las necesidades de los visitantes, generando entornos de diseño y experiencias para que los visitantes pueden disfrutar en los museos” (Kotler y Kotler, 2004: 173). El diseño del museo, especialmente las exposiciones, se centra ahora en satisfacer la experiencia de los visitantes. Las exposiciones representan el rostro cambiante del museo y son una herramienta vital para atraer nuevas audiencias y/o incitar a que las visitas se repitan. Si no fuera porque los visitantes siguen queriendo experimentar las colecciones, no habría necesidad alguna de hacer exposiciones, los objetos podrían permanecer en almacenes seguros y ambientalmente controlados. Esto sería mucho más adecuado para la conservación y preservación, y mucho más conveniente según el punto de vista de los curadores. Sin embargo, los museos no son dueños de los objetos; más bien son los cuidadores de las colecciones. Su papel no consiste solo en exhibir las colecciones al público; su supervivencia depende cada vez más de su capacidad de hacerlo de una manera atractiva e inspiradora para todos nosotros.

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El diseño se concibe ahora como un “factor primordial” (Lorenc et al, 2007: 22) y, a menudo, es la clave del éxito (o fracaso) crítico de una exposición. Algunos profesionales de los museos incluso han afirmado que los “elementos físicos” de una exposición pueden ser más importantes para la interpretación de un visitante que el texto, ya que el público responde primero a los entornos 3D. Si el entorno tridimensional es interesante y consigue atraer al espectador, es más probable que dedique más tiempo a observar un objeto que a leer una cartela (Ellefson et al, 2001: 4).

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El diseño del museo ya no está impulsado únicamente por la exhibición de colecciones. Su objetivo no es enseñar a los visitantes todo lo que hay que saber sobre un tema, sino alentarles a continuar para que descubran cada vez más, para que se cuestionen ideas. El propósito de una exposición no es ser una fuente completa de conocimiento, sino una introducción; una ilustración del tema; el diseño es una teoría; una forma sugerida de ver el mundo. Y como cualquier teoría, puede ofrecer nuevas perspectivas y conocimiento. Al mismo tiempo, el diseño puede contener ciertas suposiciones, elige comunicar algunos temas e ignora otros (MacDonald y Fyffe, 2004). Una buena exposición proporciona un estímulo que inspira entusiasmo e interés por el tema, vendiéndolo de una manera que motiva a los visitantes a seguir aprendiendo. El diseño de exposiciones de museos, sobre los principales métodos de interpretación, ha evolucionado más allá de la enseñanza didáctica y la presentación de los objetos, ahora el diseño facilita experiencias memorables. Hughes describe el diseño moderno de los museos de la siguiente forma:

“Los diseñadores modernos enfatizan que las exposiciones se preocupan por crear experiencias a los visitantes en lugar de ser exhibiciones en un sentido tradicional. La distinción es importante porque mueve el límite de la tarea de diseño desde la visualización física – el montaje de objetos para que los visitantes los puedan observar desde una distancia segura – hasta la tarea más exigente de alterar y captar la percepción del visitante sobre el tema de la exposición. Cada vez más, los diseñadores se preocupan en la creación de eventos de galvanización y transformación que brinden impresiones memorables” (Hughes, 2010: 78).

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La evolución del diseño de museos y exposiciones responde a los cambios generales en la gestión del museo, con una mayor consideración hacia los visitantes, proporcionándoles experiencias atractivas y memorables. Esto implica para los museógrafos que las colecciones sean más accesibles, para audiencias más amplias y diversas, rompiendo las barreras físicas que mantienen los objetos fuera del alcance del público y promoviendo cambios en el enfoque de la interpretación, potenciando una mayor interactividad y participación. Parece ser que esta tendencia continuará, centrándose mayoritariamente en la interactividad, la interpretación narrativa y la coproducción con los usuarios, algo que es y será de suma importancia para el diseño de los museos del futuro.



RECURSO:

Jenniefer Gadsby (2014): Scenography in Museum Design: An examination of its current use, and its impact on visitors’ value of experience. Birmingham City University – Birmingham Institute of Art and Design.

Fotografía principal: Editorial Penguin


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