El Papel del Educador del Museo

El museo debe jugar el papel de ser un complemento valioso de la formación en los programas educativos dirigidos a niños y jóvenes en edad escolar. El museo debe contribuir a aumentar el nivel educativo y de formación humana a través de la cooperación y trabajo en equipo con escuelas, colegios o cualquier otra institución de carácter educativo y/o cultural. Para que esto sea posible, el museo debe conocer a fondo los programas y contenidos de las disciplinas educativas que se imparten en las escuelas en su área de influencia: historia, ciencias, etnografía, arqueología, arte, etcétera. Por otra parte, el museo debe ofrecer asesoramiento a las profesoras y profesores manteniendo reuniones periódicas de apoyo educativo. Esto puede hacerse también aportando material didáctico por parte del museo a los educadores, visitas guiadas, talleres especiales de trabajo conjunto que aporte información exhaustiva sobre las colecciones e incluso sobre las exposiciones temporales que se programen. Querer es poder.

1482705011136_eViXUYP1_l“Young rebellious lovers”

Como en todo que se pretenda que funcione, el museo debe saber implicar a los educadores en el propio diseño del material educativo ese la institución. Teóricos como son Allard y Boucher apuntan: “la elaboración del programa educativo debe llevarse a cabo por un equipo compuesto por algún representante del museo, conocedores bien de naturaleza de la colección del museo, bien de su organización humana y material; los educadores del museo son los que mejor pueden realizar esta tarea junto a uno o varios representantes del medios escolar, ya sean conocedores de los programas escolares y de la organización de las escuelas, los consejeros pedagógicos y los profesores cuentan entre los más cualificados”.

6c98bcca471e32b75c365e76c167e1e8“Fucking young”, Elijah

Siguiendo en esta línea, la pedagogía aplicada a los museos debe buscar el punto de encuentro donde se desarrollen propuestas educativas que respondan a las necesidades tanto de la escuela como a las del museo, sin que eso genere dependencia entre ambas. Se trata de generar un clima de trabajo que sea positivo, agradable, ameno, amable – evitando en la medida de lo posible incorporar eruditos al equipo o a educadores marisabidillas, ya que no se puede perder el tiempo gestionando egos -, todo ello basado en la confianza del museo hacia las profesoras y profesores y viceversa.

76efce7ae712f5bd63f64d020e718e7f“Lulu”, Benhance

En la elaboración de programas educativos dirigidos a niños y niñas por parte del museo, es más que recomendable conocer sus contenidos y programación para adaptar el saber y conocimiento a el ritmo formativo escolar, todo ello de manera simple, útil, concreta y sobre todo muy visual e interactiva. En lo que se refiere a las visitas guiadas, debemos basarnos en la mecánica de las preguntas incitando a buscar respuestas en las niñas y los niños sobre la colección del museo. Podemos relacionar los contenidos con sus propias experiencias cotidianas para acercar de una forma más directa y comprensible el proceso del conocimiento.

young_director_award_by_cfp-eshots_pool“Born to create drama”, Ads Of The World

Es importante que el educador del museo busque la forma de generar semejanzas entre los objetos expuestos y sus propias vivencias; el museo debe despertar la curiosidad de todos los visitantes si se pretende crear un vínculo sólido y duradero entre ambos, facilitando el aprendizaje de los contenidos. Es muy importante tener en cuenta que los niños y niñas tiene su propia idiosincrasia particular a la hora de interpretar la realidad desde su lado emocional y razonamiento interior, con sus propias características de identidad infantil, generando continuamente interrogantes que el educador del museo debe saber contestar adecuadamente.

1257197835036_jBOE9QH8_lAcne Paper Magazine

Lo más complicado en cualquier caso son las visitas de adolescentes, los a que están en la “edad del pavo”, sobre todo ellos. Hablamos de criaturas provenientes de una galaxia muy, muy lejana, nacidos en la ya muy desarrollada edad tecnológica. Hablamos de verdaderos androides a los que les ha salido un smartphone en una de sus manos, incluso en ambas manos según el caso – una potencial herramienta didáctica para el museo si se sabe usar -. Hablamos de seres vivos que no pueden soportar 60 minutos de charla y mucho menos en el recorrido de un museo. El educador del museo solo puede establecer un vínculo con este grupo si se tiene una extraordinaria capacidad de empatía en la presentación de los contenidos. Debemos intentar conectar utilizando un lenguaje apropiado que no les cortocircuite su razonamiento púber. El profesor debe ser muy activo, que les predisponga positivamente desde el km. 0 y que sepa controlar el comportamiento del grupo. No vamos a entrar en detalles sobre lo letal que para el museo puede resultar un grupo de adolescentes aburridos y en grupo.

32120029“Social snaps”, Anatoly Kirichenko

Existe una enorme diferencia entre los grupos que han tenido una presentación previa en el colegio sobre la visita al museo de los que no. Si los adolescentes “saben a lo que van” al museo, todo resulta mucho más sencillo y llevadero. Lo ideal es que no lo entiendan como una imposición u obligación sino como una forma divertida y manera de aprender cosas nuevas, es decir, conseguir la panacea del método educativo para adolescentes. El papel de la profesora y profesor son fundamentales en el éxito de la visita, desde su comienzo en el vestíbulo – cuando ya podemos determinar que va a ocurrir durante la visita -, durante y al final.

1890199790274_FWbibxrx_l-2“Retrato”, Richard MacVicar

Los bachilleres están preocupados fundamentalmente por su acceso a la universidad, por ello, si el museo se implica también en colaborar con los colegios para establecer programas de investigación y trabajos prácticos que puedan realizar los alumnos sobre ciencias, historia, arte, etcétera como decíamos anteriormente, puede generarse una fantástica alianza entre ambas instituciones para ajustar la visión que tienen los jóvenes de los museos evitando todo lo negativo y potenciando lo positivo. La buena convivencia que podemos generar entre los jóvenes y los museos mejorará el futuro de nuestra sociedad.

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Fotografía principal y para redes sociales: “True democracy must come from a place of empathy and love rather than appeasement”, Synaptic Stumuli

 

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