Museo y Espacio

Uno de los principales obstáculos que nos encontramos los diseñadores de museos, dentro de lo que tiene que ver concretamente con la experiencia del visitante en las exposiciones, es el factor tiempo, elemento con el que todos debemos lidiar en esta carrera de ratas en la que se ha convertido la vida de la mayoría de nosotros. Tenemos prisa, lo queremos todo y ahora, vamos a la carrera por las exposiciones para verlo todo, que no se nos escape nada; intentamos recabar la mayor cantidad de información posible, vamos en modo esponja y resulta agotador. Luego nos damos cuenta de que no hemos disfrutado de la experiencia de la exposición en absoluto por las prisas. Muchos van ligeros de paso por el gran museo porque no han encontrado el sentido del placer de la exposición, de esta forma no atendemos a los detalles y no disfrutamos de todas las posibilidades que, cuando la exposición está bien realizada, nos ofrece la experiencia. En definitiva, abandonamos el museo agobiados y agotados.

1082130717“Storytelling series about a an astronaut loving life”, de Kelly Hofer

Las visitas continuas a espacios de exposición es una de las fuentes de información más precisas que tenemos los profesionales del diseño de museos, nuestra base de datos personal, nuestro bagaje de experiencia. Por supuesto, cuando afrontamos un proyecto nuevo en un museo que ya existe, disponemos de datos suministrados por los responsables del mismo: planos, mediciones, escalas, los facility reports y el material fotográfico, pero nada es más efectivo que vivirlo, que hacerlo nuestro. Vagamos por ese espacio afinando nuestros sentidos porque el museo cuenta muchas cosas y necesitamos tiempo para escucharlo. El museo es un amigo o una amante a la que hay que dedicar mucho tiempo, no ir con prisas en absoluto si no queremos que se enfade con nosotros.

2380011327772_k4i3kuFL_lExposición de Dan Flavin en Viena (2013)

Ante la primera experiencia en un espacio, una de las normas que tenemos es visitarlo en plena actividad entre los demás visitantes, viendo cómo se comportan estos, atendiendo a sus respuestas, formando parte de la masa, haciendo lo que hace el resto. Entonces podemos valorar cómo hay virtudes y defectos que deben ser tenidos en cuenta ante nuestra futura intervención de diseño museográfico. Todo lo que podamos sentir en ese momento lo hará también cualquier espectador, profesional o no. Por eso, es muy importante para nosotros recibir las percepciones que experimentemos con nuestra propia experiencia; de modo que si miramos preferentemente al techo por su desmedido protagonismo, la mayoría de visitantes hará seguramente lo mismo, por lo que hay que recordar y tener en cuenta ese dato como un problema a resolver. Cada mirada es un mundo, es cierto, pero también existe la universalidad en las miradas.

1482704047847_JJHNAmFT_l“Mano de un graffitero”, archivo EVE

Para nosotros los profesionales, es muy recomendable visitar el museo de la mano de uno de sus responsables, alguien que lo conozca muy a fondo, que haya escuchado todos sus secretos. La información que recibimos puede que no se corresponda con nuestras conclusiones como visitante al uso, pero es bastante elocuente el modo en que desde su propia organización se vive un espacio, la mayoría de las veces bastante irreal, otorgando al lugar cualidades inexistentes o fallidas, forzando recorridos imposibles para el público, con una señalética indescifrable o completamente invisible. Allá donde siempre dicen que «esa pared es protagonista y siempre se coloca en ella la obra más importante de la exposición», podemos hacer justamente lo contrario, precisamente porque hemos descubierto otros espacios aparentemente invisibles. Una última visita es recomendable: aquella que haremos solitariamente, con la sala vacía y a oscuras, para escuchar el pulso del espacio, para escuchar los susurros del museo. Ese es el momento para dejarnos llevar por la ensoñación. Recorrer el espacio con la imaginación es un ejercicio muy sano que debemos ejercitar con frecuencia, hasta con obstinación, algo así como lo que ocurre en Wyoming, en las que el cowboy de Cody en el rodeo le da sopas con ondas al caballo salvaje por la cabezonería de domarlo a pesar de sus numerosas caídas.

541024339399_2xKwIX0O_l“NASA”, Eight Our Day Blog

Para nosotros los diseñadores, la calle se convierte en un interesante laboratorio expositivo. En este momento se está viviendo una nueva circunstancia respecto al espacio exterior de los museos, forzados estos por la crisis, buscando fórmulas para la obtención de ingresos, cediendo las fachadas para la publicidad. El resultado no deja de ser contestatario, aunque sin duda han abierto la vía de nuevos modelos de representación urbana. La pregunta que muchos críticos se formulan es: ¿hasta cuándo resistirán los museos para ceder también los interiores de sus salas a productos comerciales?

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Fotografía principal y para redes sociales: “Space inspired vision” de Vicent Fournier

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