El papel de la tecnología en los museos ha evolucionado más allá de su función instrumental. Ya no se trata solo de herramientas para mostrar información o para añadir efectos especiales espectaculares; se ha convertido en un componente esencial del diseño experiencial, capaz de transformar las formas en que los visitantes se relacionan con el patrimonio. Esta transformación, sin embargo, no debe depender de la fascinación tecnológica, sino de una reflexión sobre lo que se quiere provocar en el público. La tecnología puede enriquecer la experiencia cuando se subordina a la narrativa, al contexto y a los valores que el museo desea comunicar.
Personalización de la Experiencia.
Durante las últimas décadas, los museos han pasado de centrarse en los objetos a centrarse en las personas. La experiencia ya no se define únicamente por lo que se ve, sino por cómo se siente, se vive, se interpreta y se recuerda. Este cambio responde a una concepción del museo como espacio relacional, donde el visitante se convierte en actor de su propio recorrido. En este contexto, las tecnologías digitales deben facilitar la participación, el diálogo, la emoción y la reflexión.
Antes de la pandemia, ya existía un abanico amplio de tecnologías aplicadas al entorno museístico: redes sociales, proyecciones, realidad aumentada y virtual, apps, chatbots, sensores, juegos y plataformas inmersivas. Algunas de estas herramientas servían para enriquecer la visita in situ; otras ampliaban la experiencia más allá del edificio físico. Sin embargo, muchas de estas iniciativas eran aún fragmentarias o trataban la tecnología como un fin en sí mismo, sin una estrategia clara.
Tecnología para la Supervivencia.
La crisis sanitaria provocada por el COVID-19 aceleró la transformación digital. Más del 90 por ciento de los museos cerraron temporalmente sus puertas, pero la mayoría activó formas de conexión online con su comunidad. Surgieron campañas como #StayAtHomeMuseum o #ResistenzaCulturale, que ofrecieron desde visitas guiadas en streaming hasta exposiciones virtuales y materiales educativos. Esta etapa evidenció que la tecnología no es solo un recurso de innovación, sino una vía para sostener el vínculo emocional y social entre museos y públicos. También mostró que lo digital podía ser un espacio de creación narrativa y participación activa.
Cohabitación Analógica y Digital.
Actualmente, muchas instituciones buscan integrar sus propuestas físicas y digitales de forma coherente. Para ello, trabajan en diseñar experiencias de usuario que comienzan antes de que el visitante llegue al museo y continúan después de que se haya ido. Este enfoque sitúa al diseño como disciplina central. No basta con implementar tecnología, es necesario construir recorridos emocionales, sociales y sensoriales que tengan sentido para los distintos perfiles de visitantes.
En este proceso, el trabajo de las agencias de diseño ha sido clave. Se han desarrollado estrategias donde la tecnología se convierte en aliada del contenido. Según sus testimonios, el punto de partida debe ser siempre la historia, no la herramienta. La emoción, la sorpresa, la identificación o la provocación son dimensiones que el diseño debe activar, y la tecnología debe estar al servicio de esos fines.
El Uso de los Móviles.
La realidad aumentada, por ejemplo, ha ganado terreno como alternativa a la realidad virtual, ya que permite mantener al visitante en contacto con el entorno real mientras se superponen capas de información o ficción. Las proyecciones envolventes, como las aplicadas en algunos museos de arte o ciencia, permiten generar atmósferas inmersivas sin necesidad de dispositivos individuales. Las apps móviles cumplen una función de acompañamiento antes, durante y después de la visita, adaptándose a los intereses del usuario y generando contenido compartible en redes sociales. Incluso los influencers y el lenguaje audiovisual han encontrado su lugar como mediadores entre el museo y las audiencias digitales.
Medición de la Calidad de la Experiencia.
Uno de los grandes desafíos actuales es cómo medir la calidad de estas experiencias. No se trata solo de contar usuarios o descargas, sino de evaluar el impacto emocional, educativo y relacional. En este sentido, los principios propuestos por autores como Hassenzahl (2010, 2022) o Duerden et al. (2018) ayudan a enfocar el diseño desde las aspiraciones y significados que el usuario construye, y no solo desde los objetivos institucionales.
Un elemento emergente es la personalización de la experiencia. Las tecnologías permiten hoy ofrecer recorridos adaptados al perfil del visitante, no solo en términos de idioma o accesibilidad, sino de intereses y motivaciones. La identificación por NFC, el reconocimiento facial, los sensores de movimiento o los sistemas de recomendación basados en comportamiento son algunas de las herramientas que lo permiten. Sin embargo, esto plantea cuestiones éticas sobre privacidad, consentimiento y control de datos, que deben ser consideradas cuidadosamente.
Los Entornos Inteligentes.
Otro campo en expansión es la creación de entornos inteligentes, donde los sistemas respondan en tiempo real a las reacciones o decisiones del visitante. Aunque aún incipiente, esta posibilidad se vincula con el desarrollo de la inteligencia artificial y el aprendizaje automático. También lo es la exploración de experiencias colaborativas en realidad virtual, donde múltiples visitantes pueden interactuar simultáneamente en un entorno simulado, ya sea desde dentro del museo o desde sus casas.
Museos Instagramables.
Finalmente, cabe señalar una tendencia que genera debate: la de los llamados «museos instagramables», espacios diseñados para producir imágenes impactantes, listas para ser compartidas en redes. Aunque este modelo puede aumentar la visibilidad y atraer a públicos jóvenes, también plantea el riesgo de diluir el contenido en favor del espectáculo. La clave está en encontrar un equilibrio donde la estética visual potencie el mensaje y no lo reemplace.
Los museos del futuro no serán únicamente más digitales, sino más conectados, sensibles y adaptables. La tecnología no los define, pero sí puede expandir sus posibilidades. Para lograrlo, es necesario trabajar de forma integrada, con equipos multidisciplinarios, y mantener siempre en el centro la experiencia humana. El museo no es un escenario para mostrar tecnología, sino un espacio para activar memorias, relatos y emociones. Y la tecnología, usada con criterio, puede ser una aliada formidable en ese camino.
Referencias extraídas del documento original:
Calvi, L. y Vermeeren, A.P.O.S. (2023): Digitally enriched museum experiences–what technology can do. Museum Management and Curatorship, 39(3), páginas 335-356.
Hassenzahl, M. (2010): Experience design: Technology for all the right reasons. Morgan & Claypool Publishers.
Hassenzahl, M. (2022): The Thing and I: Understanding the relationship between user and product.
Duerden, M.D., Lundberg, N.R., Ward, P.J. et al. (2018): The impact of technology on visitor experiences in cultural institutions.
UNESCO & ICOM (2020): Museums around the world in the face of COVID-19.
Van den Hoven, E. y Eggen, B. (2017): The role of memory in museum visitor experience design.
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Imagen: EVE Museos e Innovación
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Museos y Tecnología con Propósito.
| ISSN | 3020-1179 |
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