Museos y Prescripción Social de Salud

 

La prescripción social es una forma de vincular a los pacientes en atención primaria con recursos de salud dentro de su comunidad, a fin de ayudarles a mantenerse samos y potenciar su bienestar (Bicherdike, Booth, Wilson, Farley y Wright, 2017). Con la implantación de programas diseñados para involucrar a grupos de pacientes con sus comunidades, algunas organizaciones trabajan para apoyar su salud con ayuda de los museos, intentando aliviar algunas cargas en los sistemas de atención médica de dichas comunidades (American Alliance of Museums, 2014). La «prescripción social», como concepto, es un desarrollo relativamente nuevo. Aparece ligado a la práctica que se describió a principios del siglo XXI, acuñada en el Reino Unido por equipos de profesionales de la salud, y que en unión con los museos se creó para trabajar en la promoción de la salud y el bienestar en las comunidades de Gran Bretaña. Con este término se introduce la idea de usar recursos sociales y comunitarios para apoyar a la atención del paciente.

En las últimas dos décadas, la prescripción social ha aumentado en popularidad (Bicherdike, Booth, Wilson, Farley y Wright, 2017) a medida que las comunidades han ido haciendo un uso cada vez mayor de los servicios de atención médica. Pero la financiación de esos servicios no puede mantenerse al día en muchos países, lo que supone una carga para los sistemas públicos de atención médica (Scrutton, Holley-Moore y Bamford, 2018). A fin de aliviar está creciente carga, profesionales y organizaciones médicas se asocian con otras organizaciones comunitarias, y más específicamente con museos y galerías, con el propósito de desarrollar y presentar programas atractivos para sus pacientes (Leung, 2019) que enseñen, apoyen y complementen las actividades de atención médica, según lo indiquen los agentes de atención primaria. Estas acciones van desde facilitar el aislamiento social hasta promover actividades físicas y aprender sobre la salud y el bienestar. Los programas de los museos pueden ofrecer una gran variedad de oportunidades para que los pacientes participen en actividades durante su recuperación (Chatterjee y Noble, 2013).

Actualmente, algunos museos, de todos los tipos y tamaños, trabajan para proporcionar un espacio y una programación que permitan apoyar las iniciativas de atención médica en sus comunidades, demostrando que esta asociación con las organizaciones de arte y cultura ayudan a mejorar la salud pública (Philipp y Thorne, 2018). En Norteamérica, los museos han generado una red de asociaciones con sedes locales de sociedades de atención médica, terapeutas clínicos y proveedores de atención primaria para crear una gama de programas que aborden las necesidades de la comunidad. Desde el cuidado de la memoria y la participación de las poblaciones de personas mayores, hasta programas de educación y enriquecimiento para visitantes con discapacidades, se han aventurado, incluso, en el ámbito de la educación sobre la salud, a través de programas de salud pública y capacitación para proveedores de atención médica. Además de esto, los museos pueden conseguir que los visitantes se involucren con sus espacios y colecciones. Según las recomendaciones de los proveedores de atención primaria, los pacientes visitan museos, o participan en programas museológicos, con la intención de formar parte de acciones que se concentran en la estimulación de la memoria, la comunicación verbal, la fisioterapia, el intercambio de nuevas estrategias de atención médica con el público o la introducción de conceptos de atención y capacitación de profesionales médicos en este tipo de terapias. Si bien cada programa puede ser revisado y analizado individualmente por sus contribuciones a la práctica de divulgación del museo, nuestro objetivo aquí es presentar el concepto de prescripción social y mostrar cómo los museos, en general, han respondido a la llamada de apoyo a la salud de su comunidad.

El programa Meet Me at MoMA (MoMA, 2020), es uno de los primeros y más reconocidos en la lucha contra la demencia en los Estados Unidos. La iniciativa se ha convertido en una acción nacional de los museos focalizada sobre pacientes con síntomas de pérdida de memoria y salud cerebral a través de la divulgación y programas en sus salas. Los programas del Instituto de Arte de Minneapolis (Instituto de Arte de Minneapolis, 2020), la Galería de Arte Kitchener-Waterloo (Sociedad de Alzheimer, accedido a 2020) o el proyecto de la Casa de la Casa de la Memoria de Liverpool (Museos Nacionales de Liverpool, 2020), tratan de involucrar a los visitantes con demencia y a sus cuidadores en programas estimulantes que fomenten la comunicación, los recuerdos, el compromiso activo y (algunos) el contacto físico con los objetos en sus colecciones, todo esto en un esfuerzo para incorporar al paciente-visitante-participante en una terapia semiestructurada, al tiempo que brinda al cuidador una oportunidad para descansar y disfrutar con su ser querido. Los programas de cuidado de la memoria basados ​​en museos también se llevan a cabo dentro de las instalaciones de cuidados y, además de permitir el acceso a las galerías del museo, ofrecen la oportunidad de participar en los programas del mismo (The Morris and Sally Jestein Heritage Museum, 2016). Aunque estos programas tienden a ser de menor escala – debido a las capacidades de los residentes y a la disponibilidad limitada de espacios de reunión  en las instalaciones -, se parecen mucho a los que tratan de involucrar a sus participantes a través del contacto verbal y físico con objetos e historias. La creciente presencia de estos programas a través de los museos locales y nacionales dibuja su efectividad a la hora de proporcionar actividades atractivas para los participantes, y consiguen ofrecer un servicio a su comunidad mientras se llena el vacío existente en el sistema de atención médica (Camic, Baker, DClinPsy y Tischler, 2016).

A medida que la prescripción social se ha ido popularizando, las asociaciones estructuradas entre museos y organizaciones médicas han ido convirtiéndose en elementos cruciales de apoyo a los programas de salud y bienestar individuales y comunitarios (Bicherdike, Booth, Wilson, Farley y Wright, 2017 y Koebner, et al., 2018) Las asociaciones museo-médicas pueden iniciarse por museos o por profesionales de la salud que identifiquen una brecha en el sistema de atención médica (generalmente a escala local), aunque parece ser que muchos de los programas destacados en las investigaciones (especialmente en América del Norte) fueron el resultado de iniciativas de museos que buscaban apoyar a sus comunidades de una manera diferente. A medida que el personal del museo fue identificando las necesidades de su comunidad en relación con el bienestar, se buscaron alianzas con los proveedores de atención médica para comprender la naturaleza de la brecha de esa atención médica, explorando formas en que la programación del museo podría ayudar a aliviar la carga de la atención. Juntos, estos socios trabajan para crear programas que apoyen a los pacientes en su atención médica, proporcionando indicios del entorno clínico (American Alliance of Museums, 2014). Según los primeros programas iban mostrando un nivel de éxito en la participación de los pacientes (Philipp y Thorne, 2018), surgieron más oportunidades para generar nuevos programas y asociaciones, incluida la educación en salud pública y el apoyo a la salud mental.

Los museos tienen una larga tradición en cuanto a proporcionar espacios para que las personas se unan y se involucren con objetos e historias. Siempre han apoyado el aprendizaje informal y la exploración dentro de sus muros y han alentado la participación pública a través de programas de divulgación. Su experiencia en este campo ha facilitado la creación de proyectos y asociaciones cuyo objetivo es el de conectar a los pacientes a través del arte, la música y los programas educativos que abordan elementos más amplios de la salud, como la inclusión social y la participación comunitaria, el ejercicio, la actividad física o el mantenimiento de la salud mental, que tienden a estar fuera del alcance habitual de la práctica de atención primaria (Leung, 2019). Proyectos como el iniciado por la Alianza para Comunidades Más Saludables en Ontario, Canadá, tienen como objetivo involucrar a los pacientes de salud comunitaria en actividades y grupos que los alienten a ser más activos física y/o socialmente, tratando de fomentar hábitos saludables, con la esperanza de que un estilo de vida más activo logre disminuir la necesidad de medicamentos, visitas al médico y hospitalizaciones, y, en última instancia, libere en cierto grado la carga del sistema local de atención médica (Leung, 2019). Otros programas de prevención de la salud se esfuerzan por brindar apoyo a los cuidadores, aliviando los sentimientos de aislamiento y la ansiedad asociada al aislamiento debido a afecciones médicas. Asimismo, se intenta hacer un esfuerzo por mejorar la información en las redes sociales y los sentimientos de empoderamiento (Madill, 2014). Recientemente, ciertos programas han comenzado a surgir públicamente, como el del Museo Nacional de EMS, donde en 2019, junto con el lanzamiento de su exposición itinerante The Art of Emergency Care, se organizó un programa de recuperación traumática para socorristas. El personal del museo anfitrión, los voluntarios y los miembros de la comunidad participaron en una exposición sobre cómo crear y compartir arte, algo que bien podría ser parte de una estrategia de recuperación. A medida que estos programas evolucionan, los museos buscan oportunidades que apoyen iniciativas de salud en entornos clínicos y públicos, permitiendo a los participantes tomar el control de sus actividades. Proporcionando un espacio acogedor, los museos han comenzando a demostrar su capacidad para ayudar a aliviar las cargas en el sistema de atención médica y para generar programas estructurados adaptados a los objetivos de salud de la comunidad (Philipp y Thorne, 2018 y Bicherdike, Booth, Wilson, Farley y Wright, 2017).

Las asociaciones museo-médicas y el uso continuo de la prescripción social constituyen una encrucijada interesante. Durante más de dos décadas, los museos han estado trabajando en silencio con socios de la comunidad para brindar apoyo y aliviar la carga del sistema de atención médica a través de programas que fomentan estilos de vida activos, compromiso social y una buena salud mental. Sin embargo, la literatura académica carece de datos que exploren la efectividad de estos programas (Bicherdike, Booth,Wilson, Farley y Wright, 2017). Algunos estudios han revisado los informes anecdóticos de los museos y sus socios, mientras que otros, de enfoque limitado, se centran en un programa concreto y analizan los datos recopilados a través de un museo. Mediante la revisión de estos informes, la tendencia a la prescripción social ha surgido como un fenómeno nuevo e interesante en respuesta a las necesidades de la comunidad. En los próximos años, aquellos proyectos que han encontrado un éxito anecdótico con sus participantes – evaluando sus programas a través de una forma más académica basada en datos -, lograrán evaluar de manera más definitiva las afirmaciones hechas por los museos y sus socios del programa. Con datos suficientes que respalden las suposiciones de aquellos que están desarrollando y presentando activamente estos programas, es probable que surja una nueva plataforma para reflexionar sobre el papel de los museos en la atención y el bienestar de la salud (Philipp y Thorne, 2018), de este modo se podrá ayudar a quienes participan en asociaciones de atención de la salud, desarrollando estrategias que permitan crear una subdisciplina museo-médica dentro del área museológica.

Recursos bibliográficos:

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