Modelos de Evaluación en los Museos


 

Monitoreo y evaluación: ¿cuál es la diferencia? Se trata de cosas diferentes, pero a menudo se confunden. En el ámbito de los museos, el monitoreo tiene que ver con la recolección y el análisis continuo de información para «comprobar» el progreso de alguna de sus actividades en cualquier momento. Podría, por ejemplo, relacionarse con la observación de fluctuación en las cifras del número de visitantes durante un período de tiempo, analizando mes a mes si suben o bajan. La evaluación, en cambio, se produce en un tiempo concreto. Podemos usar el monitoreo de información, además de otros datos, para observar el progreso realizado en comparación con los puntos de referencia establecidos anteriormente sobre una actividad determinada. Es una forma de medir el efecto y/o rendimiento a lo largo de dicha actividad, y cuestionar y analizar, así, su trayectoria general y los puntos de referencia en sí mismos. Al revisar las cifras de tus visitantes, podrías preguntarte, por ejemplo, si has logrado, o no, el objetivo de aumentar su número. La evaluación, cuando se hace bien, también puede permitir conocer el «cómo» y el «por qué» de lo que funcionó y de lo que no. De esta manera, te ayudará a comprender qué es lo que necesita mantenerse, ser modificado o revisado por completo en el futuro, si es que tu deseo es llevar a cabo un proyecto o actividad similar.

¿Cuáles son los diferentes tipos de evaluación? La evaluación inicial se produce durante las etapas de planificación de un proyecto o actividad, cuando se analizan los datos , y antes de que los recursos que vayamos a necesitar se comprometan para desarrollar dicho proyecto. Se utiliza particularmente en los casos de remodelación de museos y galerías. La evaluación inicial incluye:

  • Una consulta a las personas sobre sus expectativas de los resultados del proyecto y sus necesidades (por ejemplo, cómo se puede desarrollar nuestro museo de manera inclusiva y accesible para todos).
  • Datos nacionales o locales existentes que pueden proporcionar información sobre el público objetivo y el de referencia.
  • Encuestas configuradas específicamente para un proyecto, con el fin de medir el conocimiento actual de tu público objetivo.

La evaluación formativa tiene lugar durante el proceso o desarrollo de tu proyecto o actividad. Puede implicar la prueba de un prototipo o una maqueta (una vitrina, panel de texto) con los usuarios, para hacer ajustes del modelo hasta que se mejore lo suficiente. Esto te permite no tener que comprometer todos tus recursos para lograr un producto final sin saber si funciona en la práctica (si es accesible, si se entiende fácilmente, o si funciona de modo correcto en el caso de exposiciones interactivas). También puede incluir otros tipos de evaluación que se lleven a cabo mientras el proyecto está en marcha, como las reuniones del equipo de personal para controlar si está progresando, o no, el proyecto, con el fin de corregir el plan si fuera necesario. Llegados a este punto, podríamos formularnos la siguiente pregunta: «¿Estamos llegando a dónde queremos estar?»

La evaluación sumativa se produce al final del proyecto o actividad, cuando deseas conocer el impacto del «producto terminado», ya sea una nueva exposición, una campaña en las redes sociales o la edición de un nuevo catálogo. En este momento, probablemente surjan preguntas del tipo «¿Cumplimos con nuestras metas y objetivos?» .»¿Qué funcionó bien?. ¿ Qué no?»

La evaluación retrospectiva tiene lugar cuando te das cuenta de que es demasiado tarde para llevar a cabo una evaluación sumativa, por ejemplo, después del cierre de una exposición temporal. No se recomienda la evaluación retrospectiva, ya que pudiera mostrarte que existen lagunas en las fuentes de datos (lo que lleva a una evaluación desequilibrada). Por ejemplo, si recurres a los comentarios de los visitantes que figuran en un artículo ya publicado o en las redes sociales, no tendrás un control real sobre cómo fueron recopilados o presentados. Por lo tanto, no sabrás cuán representativos o confiables pueden ser.

A veces, los diferentes tipos de evaluación pueden resultar confusos. Si se utilizan los resultados de la evaluación sumativa en la planificación de un ejercicio similar posterior, se convierten en una forma de evaluación inicial ( comprobando retrospectivamente lo que tuvo éxito u observando lo que podría ser necesario desarrollar a partir de la experiencia pasada). La evaluación debe partir del aprendizaje de la experiencia. Si no es así, tu museo y tú habréis perdido una buena oportunidad.

Si deseo ejecutar cierto tipo de actividad o proyecto: ¿Existe algún método de evaluación «correcto» que pueda usar? La respuesta no es sencilla. Todo depende de los recursos que tengas para evaluar, las personas a las que consultarás para obtener comentarios, y el tipo de actividad o proyecto que se esté ejecutando. Tu método de evaluación deberá adaptarse a tu actividad y a tu público. Para poner esto en contexto, si estás trabajando con niños, no puedes esperar que completen un cuestionario largo y detallado. En su lugar, conviene optar por observar su progreso, recopilar comentarios informales de los padres o maestros, y hacer preguntas sencillas a los «pequeños» a las que podrían responder con una «levantada de manos». Estos métodos son simples, pero si se hacen bien, formulando las preguntas «correctas», te proporcionarán información válida que podrá ser analizada e interpretada para fines de evaluación. Del mismo modo, si estás ejecutando un proyecto a largo plazo, deberías esperar a llevar a cabo una evaluación más detallada (basándote en varios tipos de recopilación de datos) como en el caso de que se trate de evaluar un único evento.

¿La evaluación debe ser complicada para ser válida? La respuesta es «no». La evaluación puede ser tan simple o tan sofisticada como quieras. Lo que hace que sea válida y sólida es que te regales el tiempo suficiente para idear un plan efectivo, formular adecuadamente tus preguntas, tener debidamente en cuenta las diversas perspectivas de los involucrados y analizar y presentar el resultado de manera apropiada para tu público.

¿Qué es mejor: una evaluación interna o una evaluación contratada? Ambas tienen sus ventajas y desventajas. La evaluación contratada cuesta más en términos económicos, pero te proporciona una evaluación independiente e imparcial. Sin embargo, es posible que tu evaluador externo no tenga suficiente información sobre museos – y sobre cómo funcionan – para poder elaborar recomendaciones adecuadas y prácticas en este contexto. La evaluación interna o «autoevaluación» puede considerarse menos objetiva o sólida, ya que pueden decirte cosas que creen que quieres escuchar, o porque uno es menos capaz de juzgarse a sí mismo (endogamia institucional) o a su organización de manera objetiva. Sin embargo, puedes tener una comprensión más profunda de cómo y por qué las cosas funcionaron o no, y lograr así estar en una mejor posición para hacer recomendaciones futuras que sean realistas para tu organización.

Recurso bibliográfico:

Harriet Foster (2019): Evaluation toolkit for museum practitioners. The East of England Museum Hub, Norfolk Museums & Archaeology Service Shirehall, Norwich, Reino Unido.

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