Diseño Emocional en Museos

 

¿El espacio era grande y abierto? ¿Laberíntico? ¿Color rojo oscuro? ¿Azul suave? ¿Luminoso, con sonido y con muchas personas, como la Puerta del Sol de Madrid?, ¿o calmado y contemplativo, como un monasterio benedictino? ¿Las cartelas eran indescifrables o estaban escritas con calidez humana? ¿Sentiste inquietud porque no acababas de descifrar el tema de la exposición? ¿Estabas feliz por haber acudido al museo con un ser querido? Los humanos somos animales emocionales. Ya sea porque los desarrolladores de exposiciones planifiquen la emoción, o no, cada visitante aporta su sentimiento personal al museo; y lo hace sin separarse del yo pensante. De hecho, diversas investigaciones en ciencias sociales sugieren que, de manera espontánea, las emociones nos ayudan realmente a aprender de una forma más efectiva.

En el libro «Identidad y experiencia del visitante en el museo«, el investigador de públicos John Falk explica esta conexión: «cada recuerdo viene con un sello emocional adjunto. Cuanto más fuerte sea el «valor» emocional, más probable es que la información sensorial pase esta inspección inicial y sea admitida en nuestra memoria». En otras palabras, la emoción y la memoria están conectadas en el cerebro humano, y si la emoción no se involucrada con la experiencia, nuestro cerebro no la etiquetará como «significativa». Por lo tanto, si queremos que los visitantes tengan momentos transformadores y memorables en nuestros museos, debemos dejar un espacio para la emoción.

Pero antes de nada, revisaremos la definición de emoción. Los investigadores científicos aún no han llegado a un consenso sobre el significado de la emoción – no deja de ser curioso tratándose de algo tan familiar para todos nosotros -. Comúnmente descrita como «un fuerte sentimiento», la emoción es un estado de conciencia afectivo que, a menudo, incluye una respuesta fisiológica. Etimológicamente, el término está relacionado con el movimiento; es algo que nos mueve o nos conmueve; de hecho, la emoción puede provocar cambios tanto en la motivación como en el comportamiento. La emoción suele ser una reacción ante una experiencia (un evento, una interacción social o un recuerdo, por ejemplo). Técnica y teóricamente, existen diferencias significativas entre emoción, sentimiento, estado de ánimo y afecto, pero en el lenguaje cotidiano estos términos se emplean, por lo general, indistintamente.

Las emociones – tanto en el contexto de un museo como no – pueden ser positivas o negativas, privadas o públicas, espontáneas o racionalizadas, solas o combinadas. Asimismo, pueden existir diferentes niveles de intensidad emocional, dependiendo de la situación. Una experiencia puede tener un arco emocional en el que los sentimientos se desarrollen consecutivamente, uno tras otro. Las respuestas emocionales varían entre individuos y culturas. Por otro lado, no cabe hablar de emociones correctas o incorrectas- simplemente son -, y aunque a veces, desde el exterior, puedan parecer socialmente inapropiadas, o poco auténticas, siempre existe alguna razón que las provoca.

Los científicos a menudo hacen referencia a cinco emociones básicas: ira, miedo, disgusto, tristeza y felicidad, pero la lista podría alargarse mucho más. ¿Cómo sería una exposición que provocara sensación de mareo en el público?: ¿Inquietante?, ¿alarmante?, ¿amenazadora?, ¿desagradable?, ¿preocupante?, ¿anhelante?, ¿aterradora?, ¿emocionante?, ¿estremecedora? Los investigadores del patrimonio, Laurajane Smith y Gary Campbell, señalan que las personas acuden a los museos y sitios históricos para «manejar» su emoción, ya que son lugares que facilitan que las personas sientan emociones complejas, ayudándoles a descubrir o explorar cómo dichas emociones personales pueden reforzarse, proporcionando información para involucrarles con aspectos del pasado y su significado en el presente. En determinados museos se espera del público ciertas emociones. Por ejemplo, los visitantes del Museo Conmemorativo del 11-S o del Museo del Holocausto de los Estados Unidos muestran emociones que van desde el dolor y la tristeza hasta la ira y la compasión. Las exposiciones en los museos de historia locales y nacionales a menudo se construyen (intencionadamente o no) para despertar sentimientos de orgullo, patriotismo o pertenencia identitaria, aunque a veces produzcan el efecto contrario en aquellos que se sienten excluidos de la narrativa dominante. La «maravilla» es una emoción recurrente que pretenden muchos museos. Pero hay mucho más territorio emocional para explorar. De hecho, podemos asegurar que un tema de exposición con poco potencial para provocar respuestas emocionales en los visitantes suele descartarse en la mayoría de las exposiciones.

Al integrar de manera intencionada ideas y emociones en el proceso de planificación de las exposiciones, podemos explorar la complejidad total de la emoción humana y tratar así de crear respuestas más profundas, variadas y significativas para nuestros visitantes en el contenido del museo. A continuación te planteamos algunas ideas para lograrlo. Debemos comenzar por hacer que los miembros del equipo de la exposición sientan que no hay límites a la hora de generar una experiencia que permita hacer sentir al público. Introduciendo oportunidades para practicar la observación y discusión de las emociones – en toda su variedad y complejidad -, podremos ayudar a dicho equipo a fortalecer su capacidad para descubrir el contenido de la exposición, los temas y los elementos museográficos con mayor potencial emocional. Sería interesante empezar cada nuevo proceso de planificación interpretativa pidiendo a los miembros del equipo que compartan públicamente sus temores sobre el proyecto. Es importante transmitir el mensaje de que la emoción tiene un lugar legítimo en nuestro trabajo. Otra estrategia consiste en hacer juntos un «viaje por el campo emocional» hacia un museo o espacio público diferente. Al final, podemos discutir cómo ese espacio hizo sentir a cada miembro en varios hitos del viaje, lo que obtuvieron de las experiencias emocionales de los demás aplicadas a los espacios y cómo éstos pudieron contribuir  al desarrollo del proyecto.

El potencial emocional es un criterio que a menudo se pasa por alto al elegir objetos para una exposición. Es posible que deseemos adaptar las herramientas de documentación de la exposición para rastrear y clasificar objetos en consecuencia (se necesita incluir un «campo de emoción» en las bases de datos de las colecciones, para que acabe siendo una práctica común de todos los museos). Con algunas obras de arte y objetos, la oportunidad de provocar una respuesta emocional es bastante obvia: piensa, por ejemplo, en el Guernica de Pablo Picasso, que representa la tragedia de un salvaje bombardeo fascista; o en los zapatos de niñas y niños víctimas del Holocausto amontonados en una sala. En otros casos, el visitante necesitará información interpretativa cuidadosamente enmarcada para que provoque en él una reacción emocional. Recordemos que los objetos pueden evocar diferentes emociones en diferentes personas y diferentes contextos. Por lo tanto, en el proceso de desarrollo de cada proyecto, resulta muy útil recabar comentarios de varios tipos de visitantes: ¿Cómo se sienten ante determinados objetos? ¿La información que proviene de esos objetos, cambia su respuesta emocional? ¿Se transforma cuando el objeto se relaciona con otros objetos o con imágenes?

Durante la fase de diseño conceptual, podemos considerar el trazado de un mapa de la exposición como un paisaje emocional por el que los visitantes se muevan en el tiempo. Hay museos que ya han experimentado con esta técnica. En el desarrollo de la exposición «Dear Boston», una exhibición sobre el bombardeo del maratón de Boston, el objetivo era diseñar una experiencia que ayudara a los visitantes a procesar sus emociones negativas sobre aquel acto terrorista, para abrir así un camino a la esperanza. El mapeo no está destinado a dictar emociones, sino más bien a considerar el arco narrativo de una exposición y cómo una variedad de respuestas pueden participar en todo el espacio expositivo. Nos podriamos formular preguntas como éstas: ¿cuál es la progresión emocional para los visitantes, y dónde está su punto álgido? ¿Cómo esperamos que se sientan los visitantes cuando se marchen? Podemos hacer antes el ejercicio de practicar viendo unas cuantas películas dramáticas y mapeando sus arcos emocionales.

Por otro lado, los humanos captamos constantemente señales de nuestro entorno inmediato que influyen sobre nuestras emociones. Ya sabemos que movernos por una exposición supone una experiencia sensorial-motora determinada por una multitud de factores de diseño; ten en cuenta que esos factores también influyen en las emociones. Una vez que hayamos establecido los objetivos para la progresión emocional del contenido de la exposición, podremos pasar a planificar el espacio, el color, la iluminación, la textura, el olor, el sonido y otros detalles en la museografía que mejorarán, aún más, este arco emocional.

Todos estamos conectados para responder a la emoción que expresan los demás. Durante la planificación, busca el contenido de la exhibición (audio, video, luz) que permita que una variedad de personas se comuniquen, con sentimiento, a su manera. El Museo de las Relaciones Rotas, muy popular (fundado en Zagreb, Croacia y ahora viajando por todo el mundo) exhibe objetos cotidianos, aportados por miembros de la comunidad, acompañados de etiquetas escritas en primera persona que revelan la variedad de emociones que se experimentan durante las rupturas. Leer estas historias en palabras de sus protagonistas hace que la emoción sea aún más inmediata y significativa. También puede crearse un espacio para que los visitantes aporten sus propias voces y sentimientos sobre el contenido de la exposición (Estaciones Talkback). Al recopilarlas, lograremos enriquecer el contenido si conseguimos formular preguntas significativas que inviten a obtener respuestas emocionales. Las entrevistas publicadas en línea también ofrecen ejemplos de cómo suena una narrativa emocionalmente convincente en primera persona. Por último, podemos considerar formas en que la emoción pueda hacer que la voz curatorial parezca más humana y real, aportando inspiración, generando situaciones amables, de conexión, o, simplemente, evocando momentos. También es importante apoyar a los visitantes en el procesamiento de esas emociones.

Consideramos que la empatía es el cénit de las emociones de los visitantes, porque alimenta no solo la conexión social (tanto la vinculación como el vínculo) sino también la transformación social. La empatía está cada vez más reconocida como una cuestión importante para nuestro campo y, sin embargo, parece que apenas hemos intentado comprender las formas en que las exposiciones del museo pueden fomentar respuestas empáticas en nuestros visitantes. ¿Qué puede aportar a esta práctica en desarrollo? ¿Puedes usar la emoción para ayudar a los visitantes a identificarse con contenidos? ¿Eres capaz ayudar a los visitantes a empatizar entre ellos? ¿Alguna vez has experimentado algo parecido? ¿Cómo te sentiste? ¿Puedes diseñar y crear un prototipo de conexión empática? El Museo de la Empatía, que no tiene un sitio formal, produce exposiciones emergentes en todo el Reino Unido, y constituye una excelente fuente de inspiración a este respecto. Su proyecto «A Mile in My Shoes» (literalmente te calzas los zapatos de otra persona mientras escuchas su diario de audio), revela con gracia el poder de esta emoción, complicada pero crucial para todos nosotros.

Nuestro público necesita que le ayudemos a profundizar en las emociones fuertes, incluso cuando generan miedo. Es la única forma de crecer y mejorar juntos. Y resulta aún más importante cuando la raza, la clase, el género, la política y las opiniones sociales crean emociones y polarización – la reacción emocional de un grupo se ve entonces favorecida sobre la de otro -. El personal del recién inaugurado Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana tomó la decisión de exhibir el ataúd de Emmett Till, quien fue linchado en Mississippi en 1955 (su madre insistió en que en el funeral el ataúd permaneciera abierto para resaltar la brutalidad de su muerte). En un artículo del Washington Post del 18 de agosto de 2016, la escritora Krissah Thompson describió por qué el director Lonnie Bunch tomó la difícil decisión: «Por más doloroso que pueda ser, dijo Bunch, es esencial que su institución profundice en historias como la de Till, el adolescente de Chicago, asesinado por silbar a una mujer blanca durante una visita a Mississippi, un evento que galvanizó el movimiento de derechos civiles».

Al planificar las evaluaciones de la exposición, intenta ir más allá de los resultados basados ​​únicamente en el conocimiento. Sí, probablemente tus visitantes aprendan los detalles de las formaciones rocosas, o la historia de su lugar de origen, pero el hecho de que las personas lleguen a «sentir» pueden ser tan poderoso y válido – o más – para los museos que realmente quieran servir a su público. Un marco de evaluación común para integrar la emoción con otros resultados del proyecto consiste en preguntar: «¿Qué quieres que los visitantes sepan, sientan y hagan al abandonar la exposición?» Este modelo reconoce que la emoción a menudo sirve de puente entre el conocimiento y la acción. En el Centro Harriet Beecher Stowe en Hartford, Connecticut, la emoción y la empatía son elementos clave en una interpretación recientemente desarrollada de la casa de Stowe, una experiencia que es parte de la exposición y del diálogo facilitado en un entorno histórico de la casa. Las respuestas sobre «sentimiento» de los visitantes ayudan a solidificar la conexión entre conocimiento, sentimiento y acción.

Debemos continuar investigando, explorando y experimentando con la emoción en los museos, a fin de mejorar nuestra propia práctica museística. Esperamos que todos los profesionales hagan lo mismo para que, como campo, podamos aprender y compartir juntos ese conocimiento. Todos tenemos una experiencia emocional que compartir. También lo hace cada visitante que visita tu museo; forma parte del ser humano, algo maravilloso. Pero debemos tratar de ser buenos profesionales en esta forma particular de dar a conocer el contenido de las exposiciones en el momento en que se crean, intentando actuar con total responsabilidad.

Referencia bibliográfica:

Linda Norris y Rainey Tisdale (2017): Desarrollando un juego de herramientas para la emoción en los museos. Nuts & Bolds. The Exhibition Magazine, NAME, Spring’17.

Alli Burness (2013): Reaccionar a los objetos: atención plena, tecnología y emoción | Museo en una botella. Abril 29, 2013: https://museuminabottle. com/2013/04/29/reacting-to-objects/

John H. Falk (2009): La identidad y la experiencia del visitante del museo. Left Coast Press, 147.

Julie Beck (2015): Sentimientos duros: la lucha de la ciencia para definir emociones. The Atlantic, Febrero 24, 2015, http://www.theatlantic.com/health/archive/2015/02/ hard-feelings-sciences-struggle-to-define- emotions/385711/

Paul Ekman (2016): Sobre qué están de acuerdo los científicos que estudian la emoción. Perspectives on Psychological Science 11, nº. 1 (Enero 1): 31–34.


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