Museos: Tecnología de Reconocimiento Facial

 

Actualmente, existen ya muchos lugares en el mundo donde nos encontramos con tecnología de reconocimiento facial en servicio. En algunas ocasiones, se utiliza por razones de seguridad, ayudando a los operadores de control a detectar a determinadas personas. Una vez que las características de un individuo son reconocidas por diferentes algoritmos de inteligencia artificial, esta tecnología permite ofrecer un servicio personalizado.

En China, el Museo del Palacio, un museo gigante situado en el corazón de Pekín, ya ha introducido sistemas de reconocimiento facial tras el lanzamiento del servicio de telefonía móvil 5G en toda la capital. Estos sistemas  permiten al visitante recorrer el complejo del museo sin volver a pasar por lugares donde ya ha estado antes, además de evitar las colas. Debemos recordar que la vinculación de la tecnología de reconocimiento facial con los servicios 5G tenía como finalidad ofrecer un mejor servicio al cliente y crear mejores experiencias para los visitantes. Dicho esto, los directores del museo recibieron fuertes críticas debido a las implicaciones negativas relacionadas con las libertades civiles de los ciudadanos chinos que acuden a este museo.

Por supuesto, en un país como la República Popular de China, con un único partido, la repercusión de este tipo de inconvenientes, o incluso las denuncias interpuestas, son papel mojado. Cuando una institución pública toma la decisión de instalar y utilizar sistemas de software de reconocimiento facial, por razones de «servicio al cliente», no hay marcha atrás. La capacidad de la sociedad civil para decidir sobre este tipo de tecnología y, en particular, sobre su uso en áreas para las que nunca fue diseñada, está tremendamente limitada. En occidente, los museos también se han planteado el uso de la tecnología de reconocimiento facial y han cuestionado si su implementación resulta ética o no. Ciertamente, habría muchas aspectos a considerar cuando estos sistemas se usan en espacios públicos y semipúblicos. Lo que a nosotros nos preocupa es la repercusión de esas cuestiones éticas en el tipo de decisiones que los profesionales de los museos deben plantearse en el futuro.

Los sistemas de reconocimiento facial son capaces de reconocer las características individuales de un solo individuo y registrarlas de tal manera que esa misma persona pueda ser identificada posteriormente. En este sentido, son sistemas que intentan imitar la forma de reconocerse las personas entre sí. Pero para que el resultado fuera completo seria necesario replicar dos elementos de forma artificial. En primer lugar, registrar la cara en cuestión, bien a través de un sistema de reconocimiento facial – mediante el uso de equipos de videovigilancia convencionales -, o bien tomando sus propias imágenes de los rostros. Hablamos de sistemas que disponen de una cámara con una lente que capta la luz que se refleja en una cara para crear una imagen. Y en segundo lugar, habría que simular la forma en que dichas imágenes se retienen en el cerebro humano y diseñar el modo de acceder a ellas cuando es necesario obtener una identificación exitosa.

Aunque todo esto puede parecernos algo muy reciente, los sistemas de reconocimiento facial han requerido décadas de investigación, tanto para la captación de imágenes de alta calidad, como para crear el software capaz de distinguir los rasgos de una persona de los del resto. Observamos que existen diferentes enfoques y que cada desarrollador tiene su propia forma de dividir una cara en sus partes constituyentes; pero en general, se suele hacer un registro digital de la posición relativa de los ojos, las mejillas, los labios, etcétera, que no se puede grabar en nada más complejo que una simple hoja de cálculo. Esto se conoce como «reconocimiento facial tradicional», y ha sido el más utilizado en los sistemas de seguridad durante algunos años. Hoy en día, también podemos encontrar otras técnicas interesantes, como el análisis de la textura de la piel, el modelado tridimensional de la cabeza, el análisis térmico o las combinaciones de todo lo anterior.

Sobra decir que los sistemas de reconocimiento facial son cada vez más sofisticados, y ofrecen a las instituciones públicas grandes posibilidades. La captura de datos sobre visitantes regulares, por ejemplo, podría ser muy útil – de formas muy diferentes -para los profesionales del museo. Los ejecutivos de marketing que desean enviar materiales promocionales a visitantes ocasionales por correo electrónico, tal vez podrían utilizar esta tecnología para identificar a los miembros de su público objetivo. Si además se hace en conexión con plataformas de redes sociales públicas, un visitante podria ser identificable incluso sin haber dado nunca a la institución sus datos personales. Las ventajas son bastante obvias, pero ponen en juego ciertas cuestiones éticas relacionadas con la privacidad y la posibilidad de visitar espacios públicos de forma anónima, como decíamos anteriormente.

Si pensamos que los sistemas de reconocimiento facial no son un tema  «delicado», sería interesante hacer una revisión del caso del Museo del Mundo en Liverpool. Hace unos meses, los profesionales de este museo se vieron obligados a hacer uso de sistemas de reconocimiento facial después inaugurar su exposición «El primer emperador de China y los guerreros de terracota» por indicación del Estado chino; dicha tecnología había sido utilizada para controlar a todos su visitantes, uno por uno.

Un grupo activista inglés que puso en marcha la campaña de privacidad conocida como «Big Brother Watch«, hizo que el Museo Mundial fuera cuestionado, tildándolo de «ironía oscura», dado el uso generalizado que se estaba haciendo de este tipo de sistemas en el estado chino moderno. El Museo del Mundo se vio obligado a publicar una declaración en la que argumentaba que había seguido las directrices de la policía y de los asesores antiterroristas locales, debido, al parecer, al alto grado de seguridad que la exposición demandaba  al museo. La denuncia por haber recopilado datos faciales sin el conocimiento de los visitantes también fue refutada, dada la evidente señalización que existía y que estaba a la vista de todos los visitantes.

En general, se ha intentado establecer una utilización limitada del software de reconocimiento facial, por lo que su uso en espacios públicos, como museos o galerías, seguirá siendo controvertido. Para algunos, es una herramienta excelente que puede ayudar a adaptar y personalizar la experiencia del museo a las necesidades y preferencias individuales de cada visitante. Para otros, se trata de una tecnología que genera tantos problemas potenciales como beneficios aporta.

Recurso:

Manuel Charr (2019): What Implications Are There With Facial Recognition Technology For Museums? Museum Next – artículo on line: https://www.museumnext.com/article/what-implications-are-there-with-facial-recognition-technology-for-museums/


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