El Museo de la Emociones

 

Los museos tradicionales albergan objetos valiosos. El Museo de las Emociones, una instalación de arte en el South Bank de Londres, sugiere que elementos más sutiles y abstractos podrían ser dignos de formar parte de una exposición. Esta, se presenta entendiendo que dichos elementos son emociones en sí, exhibidos en una serie de salas, con ejercicios interactivos que evocan estados de ánimo muy particulares en todos nosotros.

Durante el recorrido, aparecen «puntos de expresión» aquí y allá, donde los signos sugieren cómo podríamos articular nuestros sentimientos. En una tarjeta, por ejemplo aparece «Grita aquí». Inmediatamente después, te hacen saber que podrías ser un potencial paciente psiquiátrico, y a continuación, se puede leer el aviso «Suspira aquí». Clare Patey, directora artística de la galería, comenta que el público realmente grita y suspira. Una pareja se sintió tan abrumada e inspirada por las emociones de la «Sala del Amor» que se propusieron matrimonio en ese mismo momento. El olor extraño en el «Área de la Lujuria» está destinado a convertirse en chocolate.

Los peldaños, que representan las siete etapas del duelo, te conducen a la «Sala del Llanto». Ahí, podrás recoger gotas de agua de la «Fuente de las Lágrimas» usando una botella pequeña, que luego etiquetas, si quieres, explicando el motivo de tu llanto. A lo largo de estantes llenos de botellitas, pasan un montón de visitantes, que han ido depositando cientos de botellas propias. Hay una, que aparece garabateada con los nombres «Piles y Cliff Richard».

Los hospitales y clínicas generales podrían considerarse museos o depósitos de emociones, ya que contienen expresiones extremas de emoción, desde la alegría del nacimiento, pasando por el dolor de la enfermedad, hasta la desesperanza de la muerte. La forma en que las instituciones contienen estas emociones tiene profundas implicaciones para sus habitantes. Es curioso y preocupante que la mayoría de las unidades psiquiátricas sean emocionalmente planas y moderadas, cuando teóricamente están destinadas a cuidar a quienes sufren los estados emocionales más diversos.

El Museo de las Emociones, sugiere que la privacidad y el ocultamiento son vitales en nuestra cultura para permitir la expresión emocional. Esa privacidad raramente la consiguen los pacientes en un hospital, ya que muchas veces solo tienen la posibilidad de aislarse tras una cortina delgada alrededor de su cama. Esta falta de reclusión probablemente sea intencional, tratando de evitar que dichos pacientes se muestren demasiado emocionales, pues el personal, apurado, tendría que controlar aún más el caos.

No solo los pacientes serán «abandonados»  frente a sus propias emociones; los  médicos se identificarán fuertemente con la «Sala de la Frustración». Se trata de un divertido juego de feria, en el que vas arrojando bolas a la boca abierta de un payaso. Es totalmente imposible acertar, ya que las bolas son un poco más grandes que el hueco de las bocas carcajeantes por donde deben pasar. El público no recibe esta información vital. La sonrisa en el rostro del payaso capta perfectamente la actitud de frustración al establecer otro objetivo.

La galería resulta completamente envolvente y entretenida. Los visitantes manifiestan que salen de allí profundamente reforzados, entre otras cosas, por la lectura de una cita de Emerson en una de las paredes: «A veces un grito es mejor que una tesis».

Este es solo un ejemplo de cómo ciertos museos abordan el complejo mundo de las emociones, contribuyendo a enriquecer la experiencia del visitante, haciéndole aún más partícipe de su encuentro con el museo. En un próximo artículo analizaremos alguno que pudiera parecernos igualmente interesante.

Recurso: 

Doctor Raj Persaud (2018): Art: The Museum of Emotions. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1118070/.


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