Explorando Experiencias en Museos

 

La primera dificultad que nos encontramos, entre muchas, para describir lo que consideramos experiencias valiosas en nuestros museos, es poder explicar, precisamente, lo que son «experiencias en museos». Actualmente, en la literatura sobre museos no es posible encontrar ni un marco teórico verdaderamente completo sobre estas experiencias, ni una información académica adecuada. Existen, sin embargo, algunos artículos interesantes y reveladores. Uno de los más ambiciosos se le atribuye a Annis, en 1974. Introdujo tres niveles de experiencia simbólica en el museo, a los que denominó «espacio del sueño» (un campo de interacción entre la sugerencia de una relación entre los objetos expuestos y la conciencia del visitante), «espacio pragmático» (el campo de actividad en el que la presencia física de los objetos revela un significado) y «espacio cognitivo» (el campo relacionado con el pensamiento racional y el orden ya establecido aplicado a los contenidos en los museos).

Esta división de experiencia a tres bandas en el museo fue modificada por Graburn (1977), quien escribió acerca de las necesidades humanas básicas que los museos pueden satisfacer: la «experiencia revolucionaria» (equivalente al espacio de los sueños de Annis), el «espacio asociativo» (similar al espacio pragmático de Annis) y el «espacio educativo» (que se corresponde con el espacio cognitivo de Annis, aunque él no lo limita solo al pensamiento racional). En su muy citado artículo, Graburn sostiene que la «experiencia reverencial» es opuesta a las otras dos.

Korn (1992) señala que, aunque las ideas de Graburn fueron aceptadas por la Comisión de Museos para un Nuevo Siglo (1984), los profesionales de los museos tendían a centrarse en la experiencia educativa. Korn se pronunció insistentemente a favor de perspectivas más amplias sobre la experiencia de los visitantes en los museos. Kaplan et al. (1993) respondió a su vez aportando su consideración del museo como un entorno restaurativo para sus visitantes.

Casi al mismo tiempo, Falk y Dierking (1992) manifestaron su visión sobre tres sectores de intersección y superposición dentro de los cuales los visitantes experimentan los museos. Estos son, según ellos, el «contexto personal» (intereses, motivaciones y preocupaciones del visitante), el «contexto social» (compañeros de visita) y el «contexto físico» (el propio museo). Para Falk y Dierking, «la experiencia del visitante puede considerarse como una interacción que cambia continuamente entre los contextos personales, sociales y físicos».

En su investigación sobre la «experiencia del visitante», Roberts (1997) plantea el comienzo de un orden racional que incluye interacción social, reminiscencia, fantasía, participación personal y restauración, además de la información y la curiosidad intelectual. Kotler y Kotler (1998) sugirieron una clasificación en seis partes: experiencias recreativas, de sociabilidad, de aprendizaje, estéticas, celebrativas y encantadoras. Algo después, McLaughlin (1999) defendía la primacía de las experiencias introspectivas.

Aunque difieren en los detalles, estas reflexiones sobre las experiencias en los museos coinciden en que una visita a un museo puede ser muy compleja, e involucra diferentes dimensiones de la vida del visitante: lo físico, lo intelectual, lo social y lo emocional.

Las personas acuden a exposiciones con diferentes marcos de referencia. Yo vengo a aprender porque no sé nada. Ellos [los amigos que vienen conmigo] son ​​mucho más avanzados acerca de este tipo de arte, por lo que vienen para confirmar o reafirmar o a cuestionar. Ese es el siguiente nivel. Todos estamos sacando algo de ello a un nivel diferente. – Un visitante en la Galería Arthur M. Sackler de arte asiático en Washington DC.

Es posible encontrar también visitantes que tienen muy claro el tipo de experiencia que no seria aceptable para ellos en un museo. Un visitante de la Galería Sackler, con interés por aprender declaró

He ido a exposiciones antes donde [es decir, los textos] simplemente no tienen sentido alguno. No pude averiguar qué estaba pasando, y terminé sintiéndome frustrado y me fuí. Visitamos esa exhibición de Potlach hace unos años. Tenían hermosas máscaras y todo resultaba hermoso, pero no pude entender nada, nunca me explicaron qué era un Potlach… Ellos nunca lo explicaron. Así que no tenía sentido para mi. Pensé, esto es bonito, pero no lo entiendo.

Existen, por otro lado, visitantes que no consideran conscientemente si su visita al museo sigue algún determinado patrón. O los que se sorprenden mucho cuando se les explica que pueden encontrar una conexión entre las diferentes narrativas a lo largo de la exposición, algo que genera, indiscutiblemente, una visita satisfactoria. Al margen de las opiniones de los visitantes -que son muy importantes- os mostraremos una lista de distintos tipos de experiencias en los museos recogidas de personas diversas. Llegamos a la redacción de estas experiencias a través de un extenso proceso de escucha y de probar frases alternativas.

La lista de experiencias satisfactorias actualmente incluye 14 conceptos. Han sido clasificados en cuatro grupos en función de  análisis multidimensionales diferentes. Obviamente, la lista no cubre todas las actividades posibles en el museo y no la consideramos  definitiva, ni mucho menos, pero puede ser una referencia valiosa.

Experiencias con objetos:

  • Ver «lo real» de las cosas.
  • Ver cosas raras / no comunes / valiosas.
  • Conmoverse con la belleza.
  • Imaginar cómo sería poseer esas cosas.
  • Continuar mi desarrollo profesional.

Experiencias cognitivas:

  • Obtener información o conocimiento.
  • Enriquecer mi capacidad de comprensión.

Experiencias introspectivas:

  • Imaginar otros momentos o lugares.
  • Reflexionar sobre el significado de lo que estaba observando.
  • Recordar mis viajes / experiencias de la infancia / otros recuerdos.
  • Percibir una conexión espiritual.
  • Sentir un sentido de pertenencia o conexión de identidad.

Experiencias sociales:

  • Pasar tiempo con amigos / familia / otras personas.
  • Observar a mis hijos aprendiendo cosas nuevas.

En las experiencias con objetos, el enfoque va más allá del propio visitante, se relaciona directamente con el objeto de cultura material o «lo real». Las personas cuya experiencia se ve claramente mejorada por las presentaciones contextuales o escenográficas tienden a describir las experiencias cognitivas como las más satisfactorias. Si bien los objetos pueden seguir siendo importantes, estos visitantes encuentran su principal satisfacción en los aspectos interpretativos o intelectuales de la experiencia. Las experiencias introspectivas son aquellas en las que el visitante se vuelve hacia adentro, hacia sentimientos y experiencias que son esencialmente privados, generalmente provocados por un objeto o por el contexto del museo. Gurian (1995), por ejemplo, describe a los visitantes del Museo en Memoria del Holocausto de los Estados Unidos como «aquellos que se preparan para su visita como un viaje de introspección personal».

Algunos visitantes describen su interacción con otra persona como la experiencia más satisfactoria dentro del museo. Esto incluye tanto el «tiempo que se pasa» con la familia o amigos, como la satisfacción de ver a los niños aprender.

Reconocemos los peligros de emplear conceptos fijos. Siempre existe la posibilidad de que se haya omitido alguna alternativa importante. Cuando encontramos algo que podría faltar para un tipo particular de museo, lo apuntamos para añadirlo a una lista del futuro. El enfoque que normalmente se adopta para medir las experiencias en los museos, siempre desde el punto de vista de los visitantes, ofrece la posibilidad de comprender mejor qué es lo que quieren y qué valoran en las actividades que se desarrollan en ellos. Somos conscientes de que, tanto estos como el público que existe en torno a ellos, no son ni típicos ni tópicos en muchos aspectos. Las ideas y conceptos que hemos compartido aquí pueden no ser siempre aplicables a otras situaciones y configuraciones. A medida que continuemos escribiendo sobre estos temas -ya son unos cuantos artículos-, esperamos que vosotros también opinéis ofreciendo la lectura de vuestra propia experiencia en los museos, o la de otros, con enfoques diversos y particulares. Invitamos a que nos aportéis sugerencias y comentarios sobre este tema tan importante.

Recursos:

Andrew J. Pekarik, Zahada D., Doering y Karns D. (1999): Exploring Satisfying Experiences in Museums. Institutional Studies Office, Smithsonian Institution, Washington, DC., EE.UU.

Annis, S. (1974): The museum as a symbolic experience. Doctoral dissertation, University of Chicago, Chicago, IL.

Annis, S. (1986): The museum as a staging ground for symbolic action. Museum, 151, 168-171. Commission on Museums for a New Century. (1984). Mtrseurrzs for a new century: A report. Washington, DC: American Association of Museums.

Falk, J. H. y Dierking, L. D. (1992): The museum experience. Washington, DC: Whalesback Books.

Graburn, N. H. (1977): The museum and the visitor experience. In L. Draper (Ed.), The visitor and the nzuseunz (pp. 5-32). Berkeley: The Lowie Museum of Anthropology, University of California en Berkeley.

Kaplan, S.,Bardwell, L. V., & Slakter, D. B. (1993). The restorative experience as a museum benefit. Journal of Museum Education, 18(3), 15-18.

Korn, R. (1992). Redefining the visitor experience. Jounzal of’MuseumEducation, 17(3), 17-19. Kotler, N. (1999). Delivering experience: Marketing the museum’s full range of assets. Museum, 78, 30.

Kotler, N. y Kotler, P.(1998): Museum strategy and marketing. San Francisco: Jossey-Bass.

McLaughlin, H. (1999): The pursuit of memory: Museums and the denial of the fulfilling sensory experience. Journal of Museum Education, 23(3), 10-2 1.

Pekarik, A, Doering, Z. D. y Kalata, J. M. (1998): The Asian art experience: Visitor preferences and re-sponses to Puja: Expressions of Hindu devotion (98-4). Washington, DC: Smithsonian Institution.

Roberts, L. C. (1997): From knowledge to narrative: Educators and the changing museum. Washington DC: Smithsonian Institution Press.

Wells, M. y Loomis, R. J. (1998): A taxonomy of museum program opportunities-Adapting a model from natural resource management. Curator: The Museum Journal, 41(4),254-264.


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