El Papel del Curador en el Siglo XXI

 

Desde nuestro punto de vista, el papel de los curadores ha evolucionado mucho en estos últimos 20 años, siendo una transformación modelada por un cambiante clima social y político. Estos cambios han surgido paralelamente al desarrollo de las comunidades, lo que significa que ahora es necesario escuchar una narrativa de múltiples voces: los cambios en el contexto socio-político han hecho que la educación se acerque cada vez más a las estrategias de los museos de cara a sus visitantes.

Hace años, el curador solo necesitaba ser un especialista en su campo, pero ahora debe ser, además, comunicador, operador informático y de las TICs, recaudador de fondos, divulgador de información, especialista en investigación, conservador, planificador estratégico, experto en gestión de la tecnología, director de proyectos, museólogo y, aparte, tiene que asumir que va a estar mal pagado (Asociación de Museos, 2004: 3).

Partiendo de los puntos de vista de ciertos miembros de este gremio – para intentar definir algunos conceptos clave en el desempeño actual del curador -, podemos analizar la naturaleza cambiante de los roles profesionales, y hacerlo, además, desde la revisión de la literatura museológica de hace unos cuantos años, analizando las habilidades y el conocimiento de los trabajos curatoriales, para intentar determinar finalmente el impacto de su particular problemática futura. El objetivo de esta recopilación de opiniones, aunque algunas puedan considerarse obsoletas, es ayudar a conocer más y mejor al sector de los museos, de esta manera podremos entender los roles cambiantes que los curadores deben asumir.

Hace muchos años, muchos, los miembros de los grupos de trabajo que generaron el informe de la Asociación de Museos y Colecciones para el Futuro (Wilkinson, 2005), redactaron una serie de ensayos en los que explicaban sus opiniones personales sobre el estado actual de los museos y de sus colecciones. En ellos, se resaltaba el papel crucial que juegan los curadores en el éxito del sector.

Revisando estos ensayos, encontramos que Caroline Worthington observaba el futuro de la curaduría en general, cuestionando cómo los museos podían capacitar y cualificar a su personal – para después verlo marchar -, y mantener a su vez un nivel adecuado de conocimiento curatorial. Kathy Gee, profundizó sobre el problema del valor del conocimiento curatorial y lo relacionó con las identidades individuales y comunitarias. Gee se planteaba cómo los museos se enfrentarían a una era de autoridad cuestionada (Gee, 2004: 1). Por su parte, Suzanne Keene consideró las implicaciones de las TIC y la digitalización. Javier Pes se preocupó por la influencia de la comunicación, además del solapamiento entre la educación y el conocimiento curatorial. Afirmaba que los objetos y la historia de un museo cultural resaltan la forma en que la comunicación puede utilizarse para brindar información sin sentido, enfatizando sobe las complejidades y absurdos de la manera de interpretar la teoría postmoderna de los museos. Uno de los factores externos que Michael Houlihan considera que podrían afectar profundamente a los museos es la economía de mercado, que ejerce presión sobre estas instituciones para que adopten funciones puramente comerciales, teniendo muy a la vista la sostenibilidad.

A partir de estas opiniones – aunque relativamente antiguas -, podemos identificar los puntos que nos proporcionan un sitio de referencia para vislumbrar cómo se ve afectada la función del curador. Observamos que los temas clave son el conocimiento curatorial, la comunicación y los problemas de gestión,  cuestiones que se dividen en dos subáreas: los problemas actuales y los futuros. Los problemas de hoy se basan en el estado del conocimiento curatorial y las habilidades de los curadores. Los del futuro, estarán determinados por las implicaciones de la teoría de los museos posmodernos, las nuevas tecnologías y su evolución, sus implicaciones, y todo lo relacionado con las cuestiones administrativas y gerenciales.

Para analizar los problemas actuales sobre el estado del conocimiento curatorial, podemos hacer una revisión general y observar qué cambios se han producido en relación al nivel de habilidades y conocimientos que se requieren en un curador actual. Hablamos de habilidades necesarias para poder hacer profesionalmente el trabajo y de un conocimiento sobre un área temática en particular. Debemos buscar los cambios que nos muestran cómo las cualidades, la responsabilidad y la experiencia de los curadores se han visto afectados por la evolución en este sector. Actualmente, los curadores no solo se enfrentan a los desafíos sobre sus roles profesionales, sino también a los futuros desarrollos que están por llegar. Para vislumbrar lo que puede ocurrir en este campo, primero es necesario considerar las implicaciones sobre el nivel de comprensión teórica y el conocimiento de la museística actual de los curadores. La revisión de algunos de los principales cambios en la teoría de los museos muestra que los curadores, particularmente, han sido culpados del mal estado del sector, con una perspectiva teórica actual que, según se mire, no augura nada bueno para el desarrollo del conocimiento curatorial.

Uno de los trabajos realizados para destacar el desarrollo de una rama dedicada al estudio de la evolución del museo moderno, fue la titulada «The New Museology» (Vergo, 1988). Este volumen de ensayos recopilados – que actualmente es un texto académico estándar -, trataba de desarrollar una comprensión teórica sobre la práctica de los museos contemporáneos – comparándola con su devenir histórico -, para luego delinear posibles nuevas direcciones en el sector. El primer ensayo que podemos leer es de Sir Charles Robert Saumarez Smith, secretario y director ejecutivo de la Royal Academy of Arts en Londres. Su ensayo titulado «Museos, artefactos y significados» examina de manera histórica la interpretación del significado que se ha construido en el entorno museológico con relación a los objetos. Se basa en ejemplos reales que resaltan la naturaleza compleja de la historia de un objeto, y cómo ésta puede cambiar a través del tiempo y las circunstancias. Saumarez Smith trata de mantener esta discusión con relación al concepto global de museo, identificando a los curadores como los principales infractores, haciéndoles responsables de no reconocer esa «historia compleja» y de mantener un nivel simple de clasificación e interpretación.

Otros ensayos incluidos en el libro analizan las habilidades y conocimientos actuales de los curadores. Ludmilla Jordanova, por ejemplo, critica la forma de presentar el conocimiento en museos y exposiciones, y sugiere que los curadores no entienden las múltiples formas en que la información – y, por lo tanto, el conocimiento -, pueden llegar a clasificarse. Como resultado de esto, todo lo que ofrecen a público es un tipo de conocimiento «fantástico» (Jordanova, 1988: 23). Philip Wright, considera que los museos de arte no atienden a audiencias no especializadas y nuevas en sus exposiciones, y que no hacen uso de las técnicas de exhibición que necesitarían de un fondo de historia del arte para poder apreciarlas. Wright, sugiere transformar la pirámide de las estructuras profesionales como una forma de avanzar, variando las posiciones de los curadores e historiadores del arte (degradándolos, en otras palabras). Encontramos también una descripción detallada de los principios legales y códigos de práctica que pueden afectar a los museos y galerías del futuro (Palmer, 1988). Este ensayo describe cómo la propiedad cultural está cayendo en el vacío, y muestra cómo un complicado sistema de precedentes legales y códigos de práctica gobierna los derechos de propiedad y de sus propietarios (Palmer, 1988: 172). Esto exige de los curadores que expandan su conocimiento y adquieran conciencia sobre problemas legales complejos y en constante cambio. Todos estos estudios pretenden darnos una idea general sobre aquellas habilidades y conocimiento actuales de los curadores- especialmente en cuanto a la comunicación-, que no son los más adecuados. Para que los museos de hoy tengan éxito, se debe perseguir la capacitación y reclutamiento de un nuevo personal especializado.

Al igual que en el desarrollo de museos, y dado el tamaño de este sector, Stephen E. Weil sugirió que los objetivos en los museos debían evolucionar de un enfoque sobre las colecciones a uno educativo, dando énfasis en la medición del rendimiento didáctico y haciendo que los museos piensen más para las personas que en la mera exhibición de objetos. Weil (2002: 28-29) nos ofrece dos razones para este cambio: la primera tiene que ver con la financiación y la rendición de cuentas. Ya que la mayor parte del dinero proviene del sector público, es necesario justificar la existencia del museo ante la sociedad. Para conseguirlo, según Weil, se necesita un aumento de la profesionalidad en el sector, con el desarrollo de cuerpos profesionales, códigos de ética y estándares para los museos (Weil, 2002: 28-29). La segunda razón es que el sector de los museos «sin ánimo de lucro» se ha visto obligado a adoptar las mediciones de eficiencia empresarial propias del sector privado (Weil, 2002: 35). Weil creía que esto era exclusivo de los Estados Unidos (2002: 35), pero podemos ver que, gracias a la política del gobierno y al reconocimiento de las mejores prácticas, también se ha producido en Europa.

De toda esta discusión, queda claro que la colección ya no es el centro de las funciones del museo, algo obvio por otra parte. Más bien, son las funciones de gestión, administración, marketing, educación y sostenibilidad, comunicación, responsabilidad, así como la eficiencia y la eficacia, lo que impulsa al museo moderno. Weil (2002: 33) nos muestra cómo todo ello se ha incorporado a la acreditación de los museos estadounidenses, con criterios de evaluación que aumentan más y más para incluir el «uso» de la colección y no solo su cuidado, y esto también ha ocurrido en el Reino Unido (MLA, 2004: 21-26).

Si ese uso de la colección engloba» educación» y «exposiciones», la comunicación se convierte en un elemento clave que proporciona un servicio exitoso al público. La comunicación es un aspecto importante del enfoque posmoderno en la teoría de los museos, enfoque que, dados los cambios sociales producidos, no pueda ser ignorado. Son cambios que provocan que a ciertos grupos antes marginados, se les abra una nueva etapa en la que expresar sus propias opiniones, valores y culturas. Estas «nuevas» voces exigen el derecho a ser escuchadas y los museos son, o deberían ser, uno de los foros para que esto suceda.

Pero la comunicación también se enfrenta a dos desafíos, según Eilean Hooper-Greenhill. El primero, está centrado en temas de narrativa y voz: ¿qué voces se escuchan y qué dicen (Hooper-Greenhill, 2004: 563)? El segundo, es un tema de interpretación y tiene que ver con la forma en que las personas construyen el significado a partir de diferentes formas de comunicación (Hooper-Greenhill, 2004: 563).

La comunicación cambia como resultado de los desarrollos en tecnología, computación y digitalización, como también cambia la forma en que los museos presentan la información al público. Suzanne Keene amplió este concepto en su análisis sobre cómo la «era de la información» ha afectado y afectará al sector de los museos (2005: Capítulo 9).

Las modificaciones en las operaciones del museo también son resultado de las prioridades políticas. Por ejemplo, el gobierno del Reino Unido ha potenciado la educación en los servicios públicos, elevando el perfil y la voz de los departamentos de los museos que no son curatoriales. En respuesta, el papel tradicional del curador, como narrador principal y comunicador de conocimiento en un museo, ha tenido que evolucionar, produciéndose una transformación modelada principalmente por las fuerzas externas ejercidas por el cambio social y político.

A partir de esta revisión muy extractada, queda claro que los curadores se enfrentan a muchos desafíos relacionados con sus habilidades, conocimientos y experiencia, particularmente en cuanto a comunicación, gestión empresarial y educación. En el futuro esperamos observar – y nos haremos eco de ello –  los cambios que se produzcan en las habilidades y conocimientos que se auguran para el cuerpo de curadores profesionales.



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