Breve Historia de los Museos de Ciencias

Además de ofrecer recursos para los investigadores y para estudiantes aplicados, actualmente la mayoría de los museos de ciencias están dedicados a la educación pública. Pero, el modo en que estas instituciones definen y cumplen sus metas educativas, es una historia que viene desde muy atrás. La cuestión podría ser: ¿cuándo se despierta nuestro interés por la ciencia? Una encuesta del año 1998 que se hizo a 1400 científicos, realizada por la Organización Roper Starch de la Fundación Bayer y la NSF, informó que los adultos que son respetados, como los son los padres, constituían el factor más importante para estimular el interés de la infancia por la ciencia. Pero la encuesta también identificó otros factores importantes:

“Los maestros han sido tan influyentes como los padres. Y, aparte de las clases de ciencias formales (82 %), desarrollar una variedad de actividades informales tiene efecto positivo. Más del 80 % contestaron que los juguetes y equipos científicos (juegos de química y los telescopios) ayudan mucho a despertar vocaciones. El 78 % informó que eran influyentes los periódicos, revistas y otros medios que cubrían la ciencia. Un 76 % contestó que las visitas al mar habías influido; y el 69 % opinó que hacer experimentos científicos en casa era muy influyente”.


Present & Correct

Todos esos medios, que han inspirado a las personas a mantener su interés por la ciencia, o incluso a convertirse en científicos, realmente influyen en gran medida. Los padres fomentan el interés de sus hijos por la ciencia llevándolos a los museos de ciencias y comprándoles juguetes científicos; los maestros organizan excursiones a los museos de ciencia para sus alumnos, además de recomendar a los peques la lectura de libros y revistas, programas de televisión y sitios web para hacer ejercicios en sus clases de ciencias.

Los museos de ciencias fueron los de mayor crecimiento durante la mayor parte del último cuarto del siglo XX. En 1973, los 24 museos de ciencias de los Estados Unidos y Canadá formaron la Asociación de Centros Científico-Tecnológicos ASTC, que incluye a 349 centros científicos y museos miembros de Estados Unidos y 95 miembros en otros países. Basándose en una encuesta de 2009, ASTC  estima que 82 millones de personas visitaron sus museos miembros ese año. Centenares de instituciones adicionales en todo el mundo pertenecen a organizaciones regionales. El número de museos de ciencia y tecnología en Europa, Asia y América Latina también ha crecido a un ritmo vertiginoso, con el correspondiente aumento del número de visitantes.

Kelly Mullhall

Los museos comenzaron como colecciones privadas – de pinturas, muebles, objetos de recuerdo de personajes famosos, conchas marinas y similares – entregadas a alguna institución pública para su cuidado y exhibición después de la muerte del dueño. La colección Tradescant, que se convirtió en el Museo Ashmolean en Oxford, Reino Unido, es quizás el ejemplo más conocido. Las colecciones, cuyos beneficiarios principales eran investigadores y estudiantes aplicados, a menudo se mostraban con poco orden o plan museológico. Después de la Revolución Francesa, a finales del siglo XVIII, se aplicó un enfoque racional y enciclopédico a las colecciones, siendo tratadas como instrumentos para llevar la cultura al público en general. Las colecciones privadas de pinturas se convirtieron en museos de arte; el mobiliario y los recuerdos se convirtieron en museos de historia; y las conchas marinas se convirtieron en museos de historia natural.

Las colecciones de tecnología empezaron a mostrarse a principios del siglo XIX. Los productos de la Revolución Industrial, sin embargo, apenas se reunieron en colecciones privadas. Se crearon museos de tecnología temprana para satisfacer las necesidades prácticas de las universidades e industrias, en lugar de preservar las colecciones existentes. El primero de ellos, el Conservatorio Nacional de las Artes y Métiers, en París, se inauguró en 1794. Gran parte de su colección estaba recién salida de la fábrica y de la mesa de trabajo del artesano. Una de las funciones principales del Conservatorio era formar a nuevos artesanos y diseñadores, utilizando las colecciones como material didáctico. El Instituto Franklin en Filadelfia comenzó en la misma línea.

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A principios del siglo XX, una segunda generación de museos de ciencia y tecnología empezó gradualmente a fusionar la “forma” de los museos de primera generación con la de las exposiciones industriales populares, como ocurrió en la famosa exposición universal del Crystal Palace en el Reino Unido en 1851, donde mezclaron la idea de la feria comercial con la educación pública. El Deutsches Museum de Munich y el Museo de Ciencia e Industria de Chicago son los primeros miembros más notables de este segundo grupo. La educación pública sigue siendo uno de sus objetivos, e incluye exhibiciones que pueden ser tocadas u operadas por botón y manivela. La preservación y la recolección también definen objetivos, como lo demuestran las exposiciones históricas de artefactos del tipo “aviones” y “parafernalia médica”.

La visita de Albert Einstein a París, en 1922, estimuló el interés por la enseñanza de las ciencias públicas que, después de muchos años de gestación, dio origen al Palacio de la Découverte en 1937. Este Palacio, el primero de los museos de ciencia de tercera generación, deliberadamente omitió colecciones permanentes de artefactos así como de su investigación, recolección y conservación. En cambio, se dedicó exclusivamente a la educación pública. Incluso la palabra “museo” fue omitida.

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El modelo del Palais de la Découverte necesitaba tiempo para expandirse, pero a finales de la década de 1950, coincidieron varias fuerzas que dieron un gran empujón a ese modelo de museo. El éxito de los programas rusos en la carrera espacial, ilustrado por el lanzamiento del satélite Sputnik 1, elevó la educación científica – en particular en los Estados Unidos – al nivel de emergencia nacional. La influencia de las teorías de aprendizaje de Jean Piaget, que subrayó el papel de la experiencia concreta, inspiró un nuevo programa práctico de ciencias para las escuelas. Las exposiciones industriales eran ahora ferias enormes exhibiendo las nuevas tecnologías y las maravillas de los fenómenos científicos y, además, el público podía participar. Las Ferias Mundiales en Chicago y Nueva York, antes de la Segunda Guerra Mundial, y de nuevo en Nueva York en 1964-65, auguraron que millones de personas acudirían a visitar las exposiciones.

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Una mejor comprensión del público, el modelo del Palacio de la Découverte y la popularidad de la ciencia en las Ferias Universales o Mundiales dieron lugar al explosivo crecimiento de la tercera generación de museos, hoy conocidos como centros de ciencia y tecnología. En esos centros, la educación pública suele ser el único objetivo, y la inspiración e interactividad intensivas inspiradas en las Ferias Mundiales son las técnicas principales.

El Exploratorium de San Francisco, fundado en 1969, es el ejemplo más puro de la nueva generación de museos. Como muchos de los nuevos museos, se aloja en un edificio de feria abandonado. Pero la sede actual del Exploratorium, actualmente localizado en un muelle renovado en la bahía de San Francisco, presenta características muy distintas a las de un museo: una entrada severamente utilitaria, piso de concreto desnudo y el ambiente frío de una gigantesca nave de metal de Quonset. Las exposiciones son fenómenos puros. Los visitantes no encontrarán ninguna promoción del producto, y pocas (o ninguna) simulaciones; de hecho, las computadoras no fueron introducidas hasta muchos años después de la fundación. Los visitantes descubrirán que necesitan una interacción intensiva para activar casi todas las unidades de las exposiciones.

Archivo EVE

Las exposiciones de Exploratorium están diseñadas a base de madera y metal, pero los fenómenos y las interacciones que producen son deslumbrantes. Docenas de exposiciones de color, luz, visión y mecánica del Exploratorium están entre las más comúnmente replicadas en todo el mundo. Sin embargo, pocos de los cientos de centros de ciencia y tecnología han copiado deliberadamente el áspero ambiente del Exploratorium. La mayoría de museos de la tercera generación ha apuntado más al glamour de las Ferias Mundiales de la segunda generación. Junto con las exposiciones interactivas, la tecnología de presentación suele ser espectacular, particularmente en forma de películas de pantalla gigante y 3D (IMAX), convirtiéndose en un pilar financiero y programático de la tercera generación.

Unos cuantos museos de primera y de segunda generación continúan en pie hoy en día, aunque a menudo incluyen algunos elementos claramente reconocibles como de tercera generación. Los museos de segunda generación, como el Museo Nacional del Aire y el Espacio en Washington DC, continúan siendo muy populares. De vez en cuando, debutan algunos; un ejemplo reciente es la Colección del Patrimonio Volador, ahora en Everett, Washington, que se abrió al público en 2004. Actualmente, los museos de segunda generación están incorporando aspectos de las instituciones de tercera generación, tales como la interacción intensiva con los visitantes y los teatros de gran formato, pero aún conservan sus funciones de colección e investigación.

Archivo EVE

Los puntos fuertes, desafíos y perspectivas de los centros de ciencia y tecnología de tercera generación son en gran parte reflexiones sobre sus diferencias con respecto a los museos tradicionales. Los centros de ciencia no tienen una colección permanente de objetos y artefactos que se conserven para futuras generaciones, ninguna investigación en materias cubiertas por las exposiciones y, en general, ninguna dotación sustancial.

La falta de una colección, en particular, ha significado que un nuevo centro de ciencia-tecnología se puede crear más fácilmente que un museo tradicional. Sus fundadores pueden comprar sus exposiciones iniciales como copias de exposiciones en otros museos o como unidades originales encargadas a firmas comerciales de construcción de exposiciones. Por otra parte, una colección es a la vez un legado permanente y un recurso que puede ser explotado para la recaudación de fondos para el museo. Su ausencia ha obligado a los centros de ciencia y tecnología a ser oportunistas en sus opciones de proyectos: las instituciones suelen planificar sus temas de exhibición en torno a la disponibilidad de una subvención restringida, aunque ésto implique desviarse de un plan estratégico establecido.

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Hoy en día, los factores económicos y políticos han ampliado el enfoque de los centros de ciencia y tecnología para atraer a las clases socio económicas tradicionales, y a un público adulto que han caracterizado a la mayoría de los museos de arte e historia. Muchos centros han hecho grandes esfuerzos por resultar atractivos y retener audiencias infantiles y visitantes de poblaciones que no tienen contacto con la ciencia y la tecnología. Aunque la demografía de los visitantes no se encuentra fácilmente disponible, algunos datos indican que los programas están consiguiendo éxito. 

Los centros de ciencia y tecnología deberán emprender proyectos colaborativos mucho más interdisciplinarios y extramuros. Actualmente, difundir la ciencia utilizando las cajas tradicionales de física, química y biología es casi imposible. Todo el entusiasmo por la ciencia está emergiendo de las intersecciones sobre disciplinas convencionales, en campos como la nanociencia, robótica, la biología ambiental y la neurociencia. Un tipo similar de entusiasmo proviene de áreas en las que la ciencia y la tecnología se cruzan con las artes y las humanidades. La próxima generación de museos de ciencias probablemente estará representado por instituciones más amplias en donde las ciencias, las artes y las humanidades coexistan, con vistas a explorar cuestiones vitales sobre el universo y sus habitantes.


RECURSO:

Friedman, J.A. (2010): The evolution of the science museum. American Institute of Physics, Washington DC (EEUU).

Fotografía principal: Koning Stuff


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