Museos y Educación Imaginativa

Explorar el mundo es como “activar en uno mismo el modo de abstracción”, es decir, ser capaces de sumergirnos en un estado de ánimo en el que la imaginación se impone, dejándonos arrastrar por las emociones, para preguntarnos constantemente “¿qué pasaría si…?”. Este es un estado mental que forma parte también del trabajo creativo en los museos. La labor en los museos no debe enfatizar tanto en los objetivos de educación y aprendizaje, para aproximarse al poder de la narrativa y la imaginación, sino buscar a su vez que el visitante tenga una experiencia estética relevante. Los esfuerzos por utilizar las exposiciones como medio para transmitir mucha información no sólo distorsionan el medio, sino que también están condenados al fracaso. Pero, ¿qué implican estos nuevos métodos de creación? Pues, básicamente, que nos pongamos a trabajar en la creación de las exposiciones de los museos utilizando tres enfoques muy importantes: el de la narrativa, el de la imaginación y el de la experiencia estética.

Jean-Paul Bourdier

La historia (lo que ocurrió) y la narrativa (cómo se explica la historia) son fundamentales para el aprendizaje de todo ser humano. La historia implica darle sentido al mundo, es la manera de medir el tiempo, y es también “cómo” usamos esa experiencia para comunicamos desde que adquirimos la facultad de hacerlo. La historia es una manera efectiva de enseñar y aprender; es más probable que recordemos y asimilemos la información recibida en forma de relato. Finalmente, la historia puede llegar a ser interactiva y generativa; la historia abre la mente del que la escucha para generar aún más historias.

Synaptic Stimuli

Hace no mucho descubrimos un nuevo área de trabajo didáctico aplicado a los museos denominado “Imaginative Education” (Educación Imaginativa). Esta corriente fue creada por el especialista canadiense Kieran Egan, y parte de una filosofía de la educación que antepone la imaginación como el núcleo o el motor del aprendizaje. Egan dice que al enseñar a alguien, no debe comenzarse a hacerlo a partir de lo que la persona ya sabe, sino de lo que puede imaginar. Afirma que la imaginación es la capacidad de poder pensar en lo imposible, no sólo en lo alcanzable.

Reuben Wu

El punto fundamental de todo ésto es que la imaginación implica emoción, y el compromiso emocional es clave para el aprendizaje. Para poder lograrlo, debemos generar primero varias herramientas de aprendizaje. Para explicar cuáles son esas herramientas en el proceso de aprendizaje imaginativo, Egan comienza a desarrollar su mecánica a partir de una historia sobre el hombre primitivo. Evocamos una imagen de un viejo sentado bajo un árbol en algún lugar de las sabanas de África. Una multitud se reúne alrededor de él mostrando admiración y gratitud: el hombre primitivo acababa de inventar el pasado. Dos semanas más tarde, sus hábiles descendientes ya habrán desarrollado el humor abstracto y la metáfora. Egan nos reta a que imaginemos vivir sin la capacidad de rememorar y comunicar el pasado, o la capacidad de preguntar “¿y si…?”

 D.Stry Evrythng

Como era de esperar, la historia es una herramienta cognitiva clave para Egan, y para todos nosotros, y anima a los educadores de los museos a provocar que los visitantes formulen cuestiones y busquen las respuestas, independientemente del tema, preguntándose: ¿cuál es la historia? ¿Qué proporcionará el impulso emocional para involucrar a los visitantes?

Por estas razones, entre otras, la educación imaginativa tiene mucho que ofrecer a los museos. En primer lugar, ofrece el marco ideal para tomar decisiones sobre las estrategias interpretativas que vayamos a desarrollar. Como los creadores de exposiciones de los museos infantiles y científicos a menudo recurren a la teoría del desarrollo cognitivo infantil, a las teorías del psicólogo soviético Lev Vygotsky sobre una zona de desarrollo cognitivo primario, o a la teoría del flujo del psicólogo y autor Mihaly Csikszentmihalyi, podrían incluirse las ideas de Egan a sus kits de planificación didáctica. En segundo lugar, la educación imaginativa es muy útil para ser aplicada al público intergeneracional de los museos. Las herramientas cognitivas y las maneras de comprender el mundo que Egan describe se mantienen durante la vida útil; es cierto que el uso que hacen los adultos de la historia difiere del de los preescolares, pero seguimos en el entorno de la narrativa, no importa la edad ni el nivel de formación.

Alepoire

Para hablar sobre la didáctica de la experiencia estética en el museo, nos apoyaremos en el Instituto del Centro de Lincoln para la educación de las Artes. A partir de aquí jugamos con la idea de que la exposición también podría ser una forma de arte con su propio vocabulario y metodología de desarrollo didáctico en lo estético. ¿Son las exposiciones una forma de arte?, y si es así, ¿qué podría significar ésto, tanto para los equipos creativos de la exposición, como para los visitantes?

Grab my lucky star

Creemos que es nuestra obligación generar estrategias para crear exposiciones memorables, que resulten significativas para las mentes de los visitantes. Para poder lograrlo, debemos trabajar en el modo de abstracción, es decir, nos debemos enfocar en la capacidad de imaginar – la nuestra y la de nuestros visitantes -, usando la creatividad artística que consigue trasladar el contenido museológico a la vida. Podemos usar metáforas y un lenguaje emocionalmente muy potente, que involucre a todos los sentidos, dejando a la imaginación de los visitantes espacio para la inspiración. Vamos a describir tres de las estrategias que nos ayudarán en la creación de este tipo de exposiciones: la metáfora, la narrativa y la experiencia encarnada.

  • La metáfora:  consiste en comunicar una idea en términos derivados a partir de otra completamente diferente. Es el tipo de término académico que puede frustrar a alguno de los involucrados, pero que resulta relevante para nuestro trabajo. Generando, no simplemente articulando, relaciones entre cosas o ideas dispares, la metáfora expande nuestra comprensión. Es una de las herramientas cognitivas que propone nuestro amigo Egan.

    Por ejemplo, en 1983, el diseñador de exposiciones Don Hughes utilizó una hilera de piezas de dominó gigantes que se empujaban unas a otras para presentar la exposición “Animales” de Andy Warhol: Especies en peligro” en el Museo de Historia Natural de San Diego, California.

  • La narración: es un término literario. Es la herramienta que utilizamos para evocar una historia en la mente del visitante o espectador. En una exposición sobre el Australopithecus afarensis (más conocida para los amigos como “Lucy”), ésta, acompañada de su pareja en el Museo Americano de Historia Natural en Nueva York, inspiró a la naturalista y escritora estadounidense Diane Ackerman, quien escribió: 

    “Una erupción volcánica, que se muestra en el fondo, está cubriendo el paisaje con ceniza blanca mientras caminan por la sabana, dejando un rastro de huellas. La cabeza de Lucy se gira a la izquierda, con la boca abierta. Ella parece sorprendida por nosotros. Ella no sabe en qué se convertirá. Mirando hacia adelante mientras camina, su compañero tiene su brazo alrededor de su hombro en un gesto familiar de ternura. Ella no pares preocuparse por la hora de la cena, de la tarjeta del día de San Valentín, de batallas por la custodia. ¿Cómo era su cortejo? ¿Qué les preocupa? ¿Se imaginan un futuro? ¿Qué deleita sus sentidos? ¿Cómo consuelan a sus jóvenes? Anhelo conocerlos cara a cara, para poder alcanzarlos a través del tiempo y poder tocarlos. Es como reconocer a nuestros familiares en la calle de una ciudad bulliciosa”. (Ackerman, 1994, p.335).

Origin

En 2007, el museo actualizó esa exposición. Afortunadamente, la evidencia científica todavía apoyaba el argumento de dos figuras, una más grande que la otra, caminando juntas a través de las llanuras africanas. Dos tipos de huellas se habían conservado en la ceniza volcánica durante unos 3 millones de años, y no habría manera de que los dos individuos hubieran estado tan cerca si uno de ellos no hubiera pasado un brazo alrededor del hombro de Lucy. El museo prescindió del telón de fondo bastante fantasioso e instaló las figuras a nivel del suelo. Tal vez sea menos poético, al menos para los adultos, aunque no necesariamente para los niños, ya que todos, sin excepción, simpatizan con estas figuras bajitas y simiescas, pero su postura sigue siendo evocadora y con un gran potencial narrativo.

  • La experiencia encarnada: es algo que describe la importancia de nuestros sentidos para el aprendizaje y que el campo museístico ha estudiado durante años. Desde el corazón gigante en el Instituto Franklin en Filadelfia hasta el Sensing Chicago en el Museo de Historia de esa ciudad, las exposiciones han ido incorporando estímulos para los sentidos: el tacto, el sonido, el olfato y especialmente la vista (también el gusto en la cafetería, o en las jornadas gastronómicas anexas al museo). Estudios recientes en ciencias neurocognitivas no sólo refuerzan estos conocimientos sino que también sugieren nuevos métodos de trabajo. Encontramos, como ejemplo, lo que escribió la escritora estadounidense Annie Murphy Paul, en 2012: “el uso de un lenguaje vivo y sensorial, mencionando palabras como “café” o “canela”, iluminan la corteza olfativa primaria, de la misma manera como si tuviéramos una experiencia real. Palabras como “silla” o “alfombra” no lo producen. Las personas tienen reacciones similares a las metáforas con el lenguaje sensorial.

Sly Apartment

A través de nuestras redes de neuronas espejo registramos los gestos y expresiones de otros – incluyendo representaciones con el uso de imágenes- y podemos simpatizar con ellas. La exposición “Lucy” no solo trata de narrar una historia sino también generar la empatía del visitante. El espectador sabe, en un nivel precognitivo, lo que es tener un brazo alrededor del hombro de otro. A medida que aumenta nuestra comprensión sobre el creciente campo de la “neuro-historia”, podemos ser capaces de aplicar este conocimiento al diseño de las exposiciones de los museos.

Podríamos sugerir que los creativos de las exposiciones pusieran atención a las capacidades que las personas se traen ya puestas de casa al museo. Somos narradores de cuentos, estamos dotados de imaginación y somos capaces de generar significados. Dicha creación de significados no sólo se refiere a lo que hacemos todos los días, sino también a lo que da valor a la existencia humana, contribuyendo a aumentar nuestro bienestar personal y social. Por otro lado, somos estudiantes y seres sociales que disfrutan del juego y buscan placer. Los museos pueden responder a todas estas necesidades y a muchas más. Del mismo modo que cada visitante es diferente a otro visitando el museo con su agenda personal, sabemos que no existen exposiciones que responden a las demandas y expectativas de todos. Así pues, no todas las exposiciones deben ser diseñadas como una experiencia estética al gusto de todos.

Reuben Miller

Remarcamos la necesidad de que los creativos debemos partir de la esencia fundamental de la historia, desarrollando la narrativa desde un principio sencillo, construyendo los puentes de significado hacia lo más complejo, provocando que el visitante utilice su capacidad de imaginar, dirigiéndolo finalmente hacia una experiencia puramente estética. Además, creemos que el uso del humor abstracto – siempre que sea comprendido por el gran público – ofrece más probabilidades de generar valor diferenciador en ésa búsqueda del sentido y felicidad que nos proporcionan las experiencias en los museos.


RECURSO:

Bedford, L. (2014): The Art of Museum Exhibitions. Revista Dimensiones (junio, 2015).

Foto principal: Imaginary Foundation


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