¿Qué es un Buen Museo?

Podríamos contestar a esta aparentemente simple pregunta utilizando el enunciado de una idea sencilla. Un “buen museo” es aquel del que uno sale más contento que frustrado, habiendo vivido una buena experiencia y sabiendo más cosas que antes de entrar. Un “mal museo” tendría el efecto contrario. Lo cierto es que se podría calificar un concierto o una obra teatral de la misma manera, lo que equivale a decir que todo el asunto de la evaluación podría convertirse en un gran sinsentido subjetivo, es decir, que todo depende del gusto del consumidor. Afortunadamente, o por desgracia, no existe norma alguna acordada para medir la bondad o la maldad de un museo. El mismo museo puede parecer extremadamente aburrido para un grupo de adolescentes y, sin embargo, proporcionar a un visitante erudito una experiencia que recordará toda su vida.

Dead Lyart

Hemos llegado a la conclusión de que la única manera razonable de darle una “nota de valoración” a los museos es considerar a cada uno de ellos como integrador de un paquete de cualidades, asignando un cierto número de puntos a cada elemento que conforma el paquete. Después de una gran cantidad de experimentos y modificaciones, el paquete de museos ha llegado a incluir 10 elementos diferentes: el edificio; las colecciones; la presentación e interpretación del material expuesto; las publicaciones del museo y la tienda; los programas educativos; las actividades que no sean deliberada y obviamente educativas; la publicidad y estrategia de marketing; la gestión; la accesibilidad; el ambiente general del museo; y una calidad un tanto indefinida, pero muy importante, a la que le hemos puesto el título: “ideas, imaginación, creatividad”.

Dead Lyart

Se puede discutir interminablemente sobre este enfoque, pero al menos proporciona un método para comparar los museos pequeños con los grandes. Los museos grandes y prestigiosos pueden no salir del proceso muy bien parados, en parte porque tienen la costumbre de creer que sus colecciones lo son todo, o casi todo, y en parte porque no han tenido un gran incentivo para adaptarse al mundo moderno. El Museo Británico o El Prado, por ejemplo, exponen colecciones enormes e importantes, pero sus puntos totales sobre una base de un paquete valorativo serían, con bastante probabilidad, considerablemente más bajos que los recibidos por museos mucho más modestos y pequeños. La puntuación de los museos grandes podría resultar escasa en términos de presentación de la colección, de interpretación, de accesibilidad, de ambiente general, de actividades, de ideas y  del uso de la imaginación.

Roy DeCarava

Frente a esto, el Prado, el Museo Británico, el Rijksmuseum de Ámsterdam, y la mayoría de los otros grandes museos del mundo, dirían que ser “atractivo” para los visitantes es sólo una parte de su deber, y probablemente la parte menos importante. Su principal tarea, como ellos lo entienden, es recolectar, conservar y poner a disposición la colección para el estudio, lo que hace que el ICOM esté muy contento y satisfecho. Son potencias intelectuales, mini-universidades, y sus galerías públicas son poco más que la guinda del pastel, una licencia para operar de cara al público general.

El verdadero problema es que la calidad de los grandes museos públicos rara vez ha sido cuestionada. No hay un cuerpo reconocido de críticos profesionales de museos para meterles mano en serio. Ejércitos de turistas y escolares acuden a diario al Museo Británico, al Prado, al Rijksmuseum, etcétera, y éso hace que la excelencia de estas instituciones se de por sentada. Se trata, sin embargo, de una suposición peligrosa e injustificada ya que podría impedir que los lugares en cuestión llegaran a ser todo lo buenos que deberían.

Les Dames Du Bois De Boulogne , Robert Bresson, 1945.

El Museo Británico y El Prado, entre otros gigantes, son los Rolls Royces del mundo de los museos, pero esto no significa ni debe significar que se sitúen a un nivel estratosférico. Como museos públicos que son se encuentran en el mismo mercado que los demás, compitiendo por el tiempo libre de las personas que los visitan voluntariamente. Pero, lamentablemente, una proporción bastante alta de sus visitantes no son voluntarios en el sentido estricto de la palabra. La mayoría de los grupos escolares (sectores cautivos) se componen de “soldados”. Es posible que prefieran un día en un Museo de la Ciencia a un día en la escuela, pero seguramente eligirían estar jugando al fútbol o en cualquier otro lugar. Tienen que tomar lo que viene, como también lo hacen los turistas. Si van a París, es impensable que no pasen unos minutos en el Louvre. Se trata una parada obligada en la lista de cualquier empresa turística que desee permanecer en el negocio, por lo que un autobús los arroja allí y ¡a correr! que el bus se marcha en media hora. El hecho de que los visiten cientos de miles de personas en realidad no demuestra nada sobre la calidad de estos museos. La gente acude al Louvre, o a sus equivalentes en otros países, porque la tradición lo exige, no porque hayan tomado una decisión consciente y razonada al respecto. Esta situación es tremendamente provechosa para las administraciones; las multitudes siguen llegando, la tienda del museo sigue vendiendo y la Mona Lisa sigue sonriendo en los millones de selfies.

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Debemos enfatizar entonces que “grandes museos” no es sinónimo de “mejores museos”, “grande” no implica “mejor”, ni mucho menos. A partir de aquí hemos revisado algunas investigaciones para descubrir quiénes son los visitantes “de los grandes” y qué piensan sobre estos museos. Hay que tener en cuenta que los museos, en general, rara vez fomentan el tipo de observación que permite expresar la bondad o la culpa en términos concretos, y por ello el valor de la investigación es muy limitado. Una cosa es saber que en julio y agosto el 62% de los visitantes provienen del extranjero, o que en un día determinado de diciembre el 36% de las personas que llegaron tenían algún tipo de educación superior, y otra muy distinta es mencionar una actitud poco amable de un vigilante uniformado, o la dificultad de encontrar un asiento donde poder descansar. Hasta ahora, la investigación entre los visitantes del museo ha dependido demasiado de generalizaciones simplistas. Este es sin duda un campo en el que la herramienta informática es muy probable que se convierta más en enemiga  que en amiga.

Koning Stuff

Pero, si ahondamos en las experiencias, ¿qué tipo de comentarios hacen los visitantes no profesionales sobre un museo? La investigación que hemos repasado últimamente realizada por Kenneth Hudson (publicada en 2009), se basaba en respuestas de personas que vivían cerca de sus museos locales. Se les dijo que dijeran exacta y honestamente lo que pensaban, que no se cortaran un pelo en las respuestas. De entre 2.000 museos, 400 lograron obtener una buena puntuación sobre los paquetes de 10 características. En esta investigación se excluyeron algunos de los museos más grandes y conocidos, simplemente porque ya habían suspendido en la calificación. Por  ello, varios de los grandes acabaron muy molestos, y maldijeron públicamente y en voz alta. Los comentarios favorables se incluyeron en el lado de lo positivo, y el lodo y la miseria se reservaron para una sección especial denominada “¿por qué no hicieron las cosas bien?”

¿Por qué tantos museos (1.600 de 2.000), incluyendo algunos de los más respetados, no aprobaron? Veamos algunos comentarios,  muchos de los cuales no necesitan explicación alguna:

  • “Extremadamente frío”.
  • “Educativo, pero para nada inspirador”.
  • “Deben retirar los marcos vacíos de las paredes”.
  • “Parece un almacén de objetos”.
  • “Vitrinas con etiquetas para objetos inexistentes”.
  • “Sufres al curador que se ama a sí mismo”.
  • “Cuanto antes se cierre este museo, mejor”.
  • “La mala iluminación perjudica todo”.
  • “El hombre en el mostrador parecía sorprendido por la llegada de los niños”.
  • “La persona a cargo del mostrador no pertenecía al museo”.
  • “El guía estaba distraído escuchando el partido por la radio”.
  • “Había asientos extraños. En su mayoría parecían estar ocupados por trabajadores el museo”.
  • “Varias de las etiquetas se estaban cayendo, o estaban torcidas”.
  • “Había moscas muertas dentro de las vitrinas”.

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¿Y qué hay que decir en el lado bueno? –

  • “La atmósfera agradablemente cercana de algunas partes, pero sin alcanzar el entusiasmo”.
  • “Un lugar honesto, que enseña al visitante que el arte significa la riqueza”.
  • “Los niños encuentran las respuestas a sus preguntas”.
  • “Hay un montón de asientos para aquellos que desean descansar”.
  • “Una excelente cafetería, con pasteles caseros calientes y buen café”.
  • “El personal es muy servicial “.
  • “Ambiente alegre y relajado”.
  • “Maravillosas fotografías en las postales de la tienda, además de baratas”.
  • “Una acogida amistosa y consejos sobre dónde dejar la bicicleta para que seguridad pueda vigilarla”.
  • “El laboratorio, ese sabor del “hágalo usted mismo” de la investigación científica se encuentra aquí”.
  • “Todo el personal parece tener un vivo interés por su museo”.

Off the wall

Después de leer unos cuantos miles de comentarios como éstos, se comienza a construir una idea sobre lo que el público general considera como un buen museo. La idea de lo “bueno” no es tan grande como para representar un desafío imposible del entendimiento. Lo bueno en un museo parece ser un personal amable, acogedor, servicial, una cafetería agradable, y una tienda abastecida con el tipo de artículos que tanto los adultos como los niños quieren comprar, a precios que se puedan pagar. Las salas de exposición deben estar limpias, ser luminosas y alegres. Que el museo no esté demasiado caliente en verano y ni demasiado frío en invierno. Los baños han de estar impecables y deben ser fáciles de encontrar. Textos y subtítulos claramente escritos y  fácilmente localizables. Deberán tener un montón de asientos, bien distribuidos alrededor de un edificio accesible. En un buen museo los niños no serán tratados como criminales potenciales, o como destructores de un ambiente de paz y tranquilidad.

Archivo EVE

Pero, por encima de todo, el museo no debe darnos la impresión de que solo existe para el beneficio de personas diferentes a uno mismo. Un museo no debe ser “territorio Comanche”. Hay muchos museos, particularmente los museos de arte, que parecen haber sido planificados en la suposición de que cada visitante es un experto en Arte.

Los puritanos de los museos, que aun son legión, se siguen resistiendo a los cambios. Normalmente se les escucha decir: ¿para qué cambiar lo que funciona? A lo que el público suele contestar: “nos hemos pasado medio día en tú museo y no hemos aprendido absolutamente nada, es más, ya no recordamos nada de él”. Cuando percibimos estas cosas, preferimos centrarnos en la idea de que un museo es “un centro de ocio didáctico que resulta estimulante e intelectualmente enriquecedor para todas las personas”, una satisfactoria y razonable definición de lo que pudiera ser un buen museo moderno.


RECURSO:

  • Hudson, K. (2009): Measuring the Good Museum. Publicado por Archaeo Lingua, Budapest (Hungría, 2009).

BIBLIOGRAFÍA:

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  • Technology strategy, management and socio-economic impact. Sodagar. Heritage Management Series. Volumen 2. Editado por J. McLoughlin y J. Kaminski, B. 2007. Pag. 134.
  • The Integration of Location Based Services in Tourism and Cultural Heritage. Editado por Daniel Pletinckx en 2007. pag. 96.
  • Digital Application for Tangible Cultural Heritage. Estudio de State of the Union Policies, Practices and Developments in Europe. Volumen 2. Editado por Franco Niccolucci en 2007. Pag. 126.
  • VAST2007 –: Future Technologies to Empower Heritage Professionals. para el 8th International Symposium on Virtual Reality, Archaeology and Intelligent Cultural Heritage. También editado para 5th EUROGRAPHICS Workshop on Graphics and Cultural Heritage. Proyectos presentados en VAST2007. Editado por D. Arnold, A. Chalmers y F. Niccolucci en 2007. Pag. 135.
  • Museum and the Internet, Presenting Cultural HeritageResources On-line. Trabajo seleccionado para International Summer Course, celebrado en Buşteni, Rumanía, del 20 al 26 de septiembre de 2004. Editado por Irina Oberländer-Târnoveanu en 2008.Pag. 259.
  • Strumenti per L’Archeologia Preventiva, Esperienze, Normative, Tecnologie. Editado por Andrea D’Andrea y Maria Pia Guermandi en 2008. Pag. 125.
  • EPOCH Research Agenda for the Applications of ICT to Cultural Heritage. Reportaje del 26 de noviembre de 2008. Editado por David Arnold y Guntram Geser en 2008. Pag. 244.
  • Arnold, D. (2008): Final Activity Report. EPOCH Network of Excellence. Pag. 35.
  • Academic Curricula for Digital Heritage. A Proposal. Proyecto para State of the Union Policies, Practices and Developments in Europe. Volumen 3. Editadopor Sorin Hermon en 2007. Pag. 52.

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