¿Por Qué No Podemos Tomar Fotografías en Museos de Arte?

Esta podría ser una escena que se puede observar, cientos de veces al día, en los museos de arte de todo el mundo. Pongamos el ejemplo de una madre con una hija adolescente bastante inquieta, algo nada fuera de lo común por otra parte. La hija, refunfuñando, se pone delante de una famosa pintura, por indicación de su madre. La madre prepara la cámara de su teléfono inteligente y encuadra a su hija delante de una obra famosa, “Los Girasoles” de Van Gogh, por ejemplo. A medida que enmarca el tiro, un guardia da un paso hacia adelante y le dice, muy seco: “No se pueden hacer fotos”. La mujer se disculpa. Ella y su hija (la niña con una amplia sonrisa) salen de la sala apresuradamente, internándose en la siguiente galería, no sin sentirse algo avergonzadas por la pública llamada de atención.

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En un intento de equilibrar tantas restricciones sobre los derechos de autor( ser menos autoritarios y convivir con los omnipresentes teléfonos con cámara), algunos museos están aflojando sus políticas del “no está permitido hacer fotos aquí”. El episodio que nos hemos inventado, podría haber ocurrido en cualquier lugar y momento. Estamos en una época en la que la gente toma fotos en todas partes, a todas las cosas habidas y por haber. Este es un hecho que el crítico de fotografía, Jörg M. Colberg, describe como “un acto compulsivo”. El fenómeno ha creado una serie de retos para los museos de arte, muchos de los cuales tienen limitaciones muy estrictas en lo relacionado a hacer fotografías a todo lo que se mueve y a lo que no, ya sea con el fin de proteger las obras sensibles a la luz de los flashes, o por temas de derechos de autor. Nosotros creemos que se debe más a esto último.

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Sin embargo, la omnipresencia de las cámaras digitales, junto con el impulso irrefrenable de tomar fotografías de la gente, ha llevado a muchos museos a revisar sus políticas en los últimos años. Instituciones como el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, el Instituto de Arte de Chicago, la Galería Nacional de Arte, el Museo Getty, Louvre, Prado, por nombrar unos pocos, comienzan a permitir hacer fotografías en todos o en algunos de sus espacios de exposición. Además, con la introducción de las soluciones de realidad aumentada y virtual, y los dispositivos de emisión de contenidos a los teléfonos (DECs), los guardias pueden volverse locos, lo que ha llevado a tener que levantar un poco la mano.

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Ciertamente, hay razones prácticas para eliminar dichas restricciones. Las políticas del “fotos NO”, resultan  difíciles de cumplir. Puede darse la paradoja de que los guardias de sala estén tan pendientes de la gente con los smartphones en la mano, que no vean a niños tocando una pintura. Además, a medida que los dispositivos se hacen más pequeños, resultan más difíciles de detectar y controlar. Tendremos que analizar si los guardias deberían agudizar tanto la vista como el resto de los sentidos, para poder evitar que se hagan fotografías, o estar más pendientes de los niños y niñas con padres y madres tendentes a la indolencia absoluta (la semana pasada dos madres filmaron con sus teléfonos a sus hijos, mientras éstos rompían una escultura en un museo de arte de Shanghai. Eso si que es de nota).

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Por otro lado,las redes sociales complicana su vez  el problema. En enero pasado, el Pew Research Center y American Life Project, informó que el 97 por ciento de las más de 1.200 instituciones de arte que encuestaron, estaban presentes en plataformas como Twitter, YouTube y Flickr. El Museo de Arte Moderno de Nueva York, por ejemplo, publica fotos de obras de arte y los procesos de instalación de sus obras en Facebook (donde cuenta con cerca de 1,3 millones de seguidores). El Museo de Arte Contemporáneo de Massachusetts, tiene fotos de sus dibujos murales de Sol LeWitt en Instagram, y varias otras instituciones – desde el Museo de Arte Moderno de San Francisco a la Galería Albright-Knox Art, en Buffalo – tienen imágenes en sus respectivos blogs, y otras plataformas con es Tumblr. Por otra parte, instituciones como el Museo de Brooklyn y LACMA contienen archivos de imágenes de alta resolución de sus colecciones, disponibles, de forma gratuita para el público, en sus sitios web.

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Si los museos comparten las imágenes de sus colecciones a alta resolución, resulta difícil para los visitantes entender que no puedan hacer fotos de los cuadros y esculturas en los museos que las facilitan. Si un museo es muy activo en las redes sociales, y publica continuamente fotografías de sus obras, puede resultar molesto para el visitante acceder al espacio físico y que un guardia  le llame la atención al intentar hacer una foto con su cámara digital. MoMA y MASS MoCA, permiten hacer fotografías en la mayor parte de sus salas, eso es cierto, pero hay otros muchos que no.

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El mayor obstáculo a las políticas de aceptación en lo referente a hacer fotos en los museos, es el tema de los derechos de autor. Los museos, en la mayoría de los casos, no poseen los derechos de autor de las obras que exponen, lo que crea serios problemas legales cuando los visitantes empiezan al tomar fotos de ellas. Un abogado/a especializado/a en temas de derechos de autor, podría determinar que la fotografía de una obra  fuera considerada como “obra reproducida”, lo que supondría, potencialmente, una violación de los derechos de autor del propietario de dicha obra. Pero la avalancha de cámaras, y de sus dueños, unida al hecho de que la gran mayoría de los visitantes simplemente quieren tomar una foto para su álbum de Facebook, ha llevado a algunas instituciones, tales como el MoMA, el Museo de Indianápolis, y el Museo de Brooklyn, a plantear a los donantes y propietarios de las obras que exponen, que autoricen, o no,a tomar fotos de sus obras donadas, siempre y cuando las imágenes nos sean para uso comercial.

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Naturalmente, hay visitantes outsiders que ocasionalmente rompen las reglas, acción que nos perjudica a todos: un visitante del Museo de Arte de Indianápolis, recientemente, tomó fotos de todas las galerías, incluso de las que estaban cerradas al público por obras. Lo hizo hasta en las salas privadas, fuera de los límites a la fotografía, y luego las ofreció para la venta en línea. Este tipo de comportamiento es,sin embargo, una excepción bastante rara.

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Durante años, los defensores de la cultura de código abierto, así como un coro creciente de blogueros de arte, han presionado para que se implanten “políticas de hacer fotos” menos restrictivas, justificando, con una opinión bastante generalizada, que nuestro legado artístico común está destinado a ser compartido. Resulta irónico que esté prohibido tomar fotos en los centros culturales que exponen obras de artistas como Andy Warhol, Sherrie Levine, y Richard Prince, figuras cuyo trabajo se basa, en gran medida, en las fotografías que hicieron otros. Como forma de cultura, cada vez  nos comunicamos más a través del uso de las imágenes. Hace veinte años, un visitante de un museo habría discutido sobre una obra de arte con sus amigos durante la cena. Hoy en día, esa misma persona, en vez de preparar una cena y comentar sus amigos, subirá la foto de la obra a Facebook y añadirá los comentarios que se le ocurran. Cómo ha cambiado la película. Tal vez, el mismo visitante puede que “mezcle” su foto con otros elementos visuales y lo transforme, con la ayuda del consabido Photoshop, en algo nuevo. Cada día, son más y más los usuarios de los sitios de intercambio de imágenes, como Pinterest, que crean sus propias obras, collages y galerías temáticas dedicadas a todo tipo de cosas, desde bebés muy feos, a imágenes de horribles edificios del Brutalismo más cochambre.

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Esta transformación, en cuanto a la forma en que las personas digieren los estímulos visuales, es algo que el teórico de la Universidad de Harvard, Lawrence Lessig, ha descrito como un cambio de la cultura de la “sólo lectura” (en el que un espectador pasivo observa una obra de arte). Hemos pasado a la cultura de la “lectura-escritura” (en la que el espectador participa activamente en una recreación de la obra). El primer paso para volver a crear una obra de arte, para la mayoría de la gente, es el de fotografiar, lo que, en última instancia, no resulta tan diferente de la antigua tradición del “copiado de un dibujo” dentro del museo, en presencia de la obra original y de un amable guardia muy sonriente.

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Fotografía principal y para redes sociales: Canon

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