El Museo Mudo

Todas las estadísticas y estudios de mercado que han llegado hasta nuestras manos últimamente, apuntan a que el uso del teléfono inteligente seguirá creciendo sin parar hasta llegar a un 95% de penetración en la sociedad. En otras palabras, 95 personas de cada 100 – obviamente que usen teléfono móvil o celular- tendrán, en un futuro inmediato, un smartphone y no un dispositivo anacrónico para los tiempos que nos ha tocado vivir.

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Para algunos segmentos de la población, como pueden muchos niños y niñas y casi todos los adolescentes, el smartphone ya forma parte de su anatomía, como si fuera una prolongación de su brazo, algo así como ser un androide. Pero no son sólo los adolescentes, no nos engañemos, quien más, quien menos, está muy pendiente del aparatito, unos más que otros, pero todos pendientes y dependientes, esa es la verdad. Solo debemos pensar que en realidad el cacharrito es bastante tonto, tiene poco de “smart”, por el momento, si buscamos ir un poco más allá del WhatsApp.

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Nosotros hemos comenzado una especie de cruzada a favor del uso del smartphone en el ámbito de los museos. Y lo hacemos por varios motivos que consideramos muy importantes. Entre las diferentes razones, y hay muchas, comprobamos la pasividad que existe normalmente entre las colecciones de los museos y el visitante. Hemos visto, por ejemplo, que en los museos de arte los visitantes se quedan aislados manejando su percepción particular e individual con cada obra que observan. Pasamos de una pintura a otra, de una escultura a otra, de una instalación a otra, mirándolas y gestionándolas mentalmente según nuestro criterio de valoración plástica muy personal, en silencio, o no, si es que hemos ido a visitar el museo con compañía. Esta escena se puede ver en la mayoría de los museos locales, y no sólo en los dedicados al arte.

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A día de hoy, la tecnología ha avanzado exponencialmente, pero no su uso en el escenario de los museos locales. Esa es nuestra cruzada. Queremos ser, entre otros, esa conspiración celestiniana que culmine en un matrimonio feliz: visitante-colección, del museo y patrimonio, pero en vez de arras o alianza utilizaremos los smartphones.

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La reciente aparición de los beacons es muy importante para lograr esa estrecha relación que tanta falta hace para que el visitante del museo estreche vínculos con las colecciones y el patrimonio. Esas pequeñas antenas que en un principio surgieron para que las personas invidentes se orientasen dentro del museo, cumpliendo con su función de balizas sonoras señalizadoras, han desplegado su potencial real y nos están abriendo un universo de posibilidades museográficas. Esos pequeños aparatitos que se adhieren a las paredes al lado de los objetos en la exposición, incluidos cuadros y esculturas, con una pequeña antena en su interior que funciona en modo bluetooth, con una pila que le da una vida de tres años – prorrogables -, son el futuro de ese vínculo entre visitante y colección, no tenemos las más mínima duda. El visitante solo tiene que activar el modo bluetooth de su smartphone y bajar la pequeña aplicación del museo o de la red de museos en su entrada – o desde la página web, si la tiene -, donde nunca fallará el wifi. Entonces se producirá el milagro, el museo dejará de ser mudo, cobrará vida. Ya no se necesitarán esas caras audio-guías limitadísimas en sus prestaciones; hasta el museo más modesto podrá disponer de una visita multimedia, y los museos pudientes ya pueden ir retirando de las estanterías su parque de carísimos ipods.

566d354d84cf504c4f4fa57490bd210aAvión de papel, Ippinka

El mercado del desarrollo tecnológico se mueve a un ritmo de vértigo, y eso es muy bueno, sobre todo en lo que tiene que ver con la generación de soluciones y aplicaciones útiles y prácticas, y más si esos desarrollos facilitan el acceso a la cultura para todos los públicos, si se consigue que más gente visite los museos. Los museos puede comenzar a hablar con sus visitantes, a comunicarse con las personas, los objetos podrán hablar, el arte se explicará a sí mismo, evitando así que tengamos que contestar nuestras propias preguntas, resolver nuestras propias dudas en silencio, dejar de sentirnos solos dentro del museo

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Hemos observado a niños y niñas, con la más absoluta naturalidad, disfrutando con su inseparable dispositivo móvil, sea cual sea, de experiencias didácticas dentro del museo equipado con beacons, ya sea jugando con la realidad aumentada, viendo un vídeo de apoyo explicativo, comunicándose con el objeto, haciendo un test-juego, entendiendo – ya era hora – lo que el artista está expresando o expresaba con su obra en un lenguaje comprensible para ellos, etcétera. Si las niñas y niños se divierten en el museo, debemos estar muy contentos y felices, aunque tengamos que apoyarnos en la ya inevitable, omnipresente e incuestionable, utilidad de la tecnología accesible y asequible que nos acompañará hasta el fin de los días.

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Recursos: MOORE, Kevin. Museum management. Routledge, Londres y Nueva York, (1994).

Foto principal y para redes sociales: Sands of Time, CJWHO

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