Peleando con la Luz del Museo

“La luz más brillante crea las sombras más oscuras”. ― Jess C. Scott

Las características de los espacios expositivos que debamos iluminar son decisivas, ya que cada espacio exige un proyecto individualizado que resalte sus virtudes, resuelva las necesidades de desarrollo para lo que la exposición va a ser montada y, además, ajuste la luz a las diferentes formas de exponer; o sea, casi nada. Nosotros siempre tenemos en cuenta, en primer lugar, la altura de los techos y los elementos destacables del espacio como pueden ser columnas, recodos, escalones, ventanas, claraboyas, etc. Los muros-paredes expositivos en el caso de museos de arte, son los que concentrarán toda nuestra atención y experiencia. Estas paredes se convertirán en fuentes de luz secundarias también, ya que proyectarán la luz con la que las bañemos. Entradas y salidas, donde se concentra la mayor parte del público, son zonas delicadas ya que se proyectan sombras continuamente.

023-500x751Light Show – Hayward Gallery

Los “puntos calientes” de la sala, donde la mayor parte de los visitantes se parará por ser lugares de atracción y de atención, independientemente del contenido expuesto en ese lugar, será donde se proyectarán las sombras estáticas más inoportunas (las de los propios visitantes). La ubicación de las fuentes de luz natural (ventanas, claraboyas..) y de elementos extraordinarios como son los extintores, sismógrafos, cámaras del circuito cerrado de TV, la silla del vigilante de sala, siempre los sufrimos porque tienen una presencia desmedida en la sala, por eso deberemos tenerlos muy en cuenta para oscurecer su presencia. El tono de los suelos, los colores, los materiales usados en la construcción (liso, rugoso, brillante, opaco..) influyen de manera definitiva sobre el impacto de la luz en nosotros los visitantes espectadores. Si la base sobre la que trabajemos es blanca en toda la sala, será de gran ayuda para nosotros.

1093214468524_w7S1e28Y_lAlexander Kent “Personal”

Las soluciones de luz para un museo son las más delicadas que existen después de las aplicadas a un quirófano. Incluso dentro de un mismo museo deberemos usar diferentes tipos de escenificación lumínica. No es lo mismo iluminar una sala sobre gaviotas que otra sobre fósiles, u otra sobre pintura rupestre. El arte antiguo, los pequeños objetos, el metal, el cristal, obra de gran formato, volumétrica, bidimensional, con pantallas interactivas o solo audiovisuales, todo necesita una atmósfera lumínica creada y medida al milímetro (no todos tenemos la misma agudeza visual). La luz en un museo o espacio expositivo deben tener unas características especiales para la perfecta contemplación del contenido y para su correcta conservación. No vale cualquier luz, no se soluciona el problema en Ikea. No es barato y no se puede regatear en este apartado señores promotores, no se dejen embaucar por los comerciales de la iluminación. Lo barato sale muy caro, un tópico que aquí es una verdad como un templo de grande. Que luego no se extrañen de que los visitantes salgan del museo con los pelos de punta y gritando que nunca más volverán.

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Creemos que crear un sistema de iluminación sencillo, práctico y flexible es de vital importancia, ya que facilitará el futuro desarrollo de actividades sin influir en sus posibilidades, sin tener que hacer grandes cambios. Desgraciadamente, en la mayoría de los museos  no se aplica una solución acertada de iluminación y eso hace que se menoscabe gravemente la manera en que percibimos las colecciones. Es inadmisible que la superficie de un lienzo brille, por ejemplo, o que estemos observando un objeto dentro de una vitrina y que el reflejo de nuestra cara, por muy guapos que seamos o creamos ser, se imponga sobre el objeto. La mala luz agota a veces incluso más que los largos recorridos. A veces salimos con la sensación de agobio de un museo y no sabemos exactamente la razón. Os lo vamos a revelar: mala iluminación. Hemos visto presupuestos de obra para un nuevo museo donde la iluminación es una partida mínima. Por eso nos ponemos tan pesados cuando comprobamos que se le cede toda la responsabilidad al arquitecto. La funcionalidad del edificio pasa por ser un museo, no un chalet de fin de semana o un centro comercial. Hay una cosa que se llama iluminación técnica museográfica (la luz Fórmula 1) de la que muchos arquitectos, la mayoría, no han oído hablar. Es la luz instalada para generar satisfacción sensitiva, para fomentar el estímulo creativo (lo hace), mejora la percepción de la realidad y nos relaja. Esencial.

8tEc6YtFoto principal: Mezquita Nasir al-mulk (Shiraz, Irán)

 

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