Patrimonio, ¿Producto Turístico?

“El mundo es un libro, y aquellos que no viajan leen solo una página”. San Agustín

Cuando se planifica una estrategia de producto turístico, pensamos en aquello que cubre un viaje de ocio en todo su conjunto, desde que el turista sale de casa hasta que regresa. El producto turístico es el conjunto de servicios que se prestan en un lugar determinado, en unas condiciones de calidad comprometidas con el precio. En todo producto turístico se incorporan prestaciones remuneradas (hablamos globalmente): desplazamientos, alojamientos, comidas, actividades complementarias, etcétera. Existen otras prestaciones gratuitas: clima, paisaje, naturaleza, cultura, etcétera. Estas últimas prestaciones, a pesar de no estar bajo precios de consumo, influyen poderosamente en la decisión de compra del producto turístico por parte del consumidor. Por tanto, el patrimonio es un factor decisivo en la afluencia de visitantes a determinado destino.

317019235082_VgGOjiJZ_lImagen: How to work better by Fischli/Weiss (Flickr Photo Sharing)

No debemos confundir el producto patrimonial con el turístico. Las palomitas forman parte de la experiencia de ir al cine; la película es otro elemento; pero ni las palomitas ni la película hacen toda la experiencia completa de la salida del sábado tarde. Hay más, mucho más. Podemos establecer otra relación para explicar nuestro planteamiento con mayor claridad. El producto patrimonial integrado dentro de una estrategia de venta del producto turístico relacionado con la experiencia cultural y el patrimonio, es el resultado de:

– Puesta en valor del patrimonio.

– Planificación integrada.

– Gestión cultural.

13621635949557_XxnzVAdZ_lImagen: Archivo EVE

Dibujar patrimonio como parte del cuadro del producto turístico en su totalidad, incluido el marco, implica definir un concepto o criterio clave, que, a modo de los que hoy solemos denominar Marca, se posicione y delimite en el territorio a partir del cual desarrollemos el argumento que permita soportar nuestra propuesta turística completa, ya diseñada previamente, bajo una unidad conceptual única. Así generamos un producto. Por supuesto, el territorio a que se convertirá en producto anexo al turismo necesitará previamente un estudio, una investigación de su historia, desarrollo y potenciación a nivel de comunicación de las características principales que sustentarán su interpretación fidedigna, su valor científico-histórico. Y pensando en nuestro cliente, el turista, toca ofrecerle el producto cultural que hemos creado e integrado en el paquete global de su viaje. Hay que decir en este punto que la prestación del servicio, la entrega del producto, determina los puntos clave en la relación visitante con la cultura que le ofrecemos; es la puerta al éxito o al fracaso de nuestro diseño de producto. Para afrontar este momento con la máxima seguridad posible, debemos acometer las siguientes tareas:

– Un trabajo conjunto, detallado y comprensivo del sector público y del privado relacionado con el patrimonio que ofrecemos.

– La asistencia continua de un órgano director único que controle y supervise.

– La asistencia de una dirección cultural que corrija siempre los posibles desvíos (ruidos) que la prestación del producto pueda generar en los objetivos previamente trazados.

– La existencia de una MARCA del plan que impacte en el visitante y funcione como un sello de garantía único e intransferible, aplicada a todos los servicios que se ofrecen, tanto los directamente ligados al plan que ha conformado el producto principal, como todos aquellos aspectos complementarios de la oferta turística integral, como es la gastronomía, la hostelería, transporte y otros servicios complementarios.

3340125156027_QukhJlsY_lImagen: Archivo EVE

Sobre esto último, hay que decir que la información, la orientación al visitante es fundamental. La comprensión de los mensajes científico-culturales debe ser fluida y apta para todo tipo de mentalidades, intereses y capacidades. Por ello, el trabajo que se desarrolla en los centros de recepción de visitantes es absolutamente vital. Si se falla ahí, estamos perdidos.

El ciclo se completará con la actualización de los recursos constantemente, renovando investigación, adecuando productos y soluciones a los tiempos – que evolucionan muy rápidamente -, así como mejorar ofertas y formas de difusión y comercialización del producto con el objetivo de crear un sistema sólido y activo. Este es el cambio de orientación que recaerá para la correcta gestión del patrimonio como producto turístico en su creación, interpretación, producción y presentación relacionado con sitios, monumentos, edificios, lugares históricos, y objetos artísticos de valor material o simbólico. Sin mencionar algo tan sumamente importante como son las manifestaciones culturales de origen social-local, vinculadas a la etnografía y la historia, y así disfrutar del territorio hasta sacarle el último suspiro de placer para los sentidos.

Fotografías utilizadas en las redes sociales para esta entrada: Follow me to, de Murad Osmann

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