Sentido y Sensibilidad

salamanca-pieces1La tecnología tiene ya un lugar predominante en nuestra realidad como personas. Aplicamos la innovación a nuestra vida cotidiana con absoluta fluidez, le hacemos sitio y más sitio en nuestra casa, en nuestro trabajo, en nuestro ocio, en nuestra forma de relacionarnos con los demás… Nos esforzamos también mirando hacia el futuro intentando adivinar que vendrá y como será lo que venga. La “era digital” afecta invariablemente a todo nuestro entorno. Reflexionamos sobre si en el futuro seguirá generando nuevas necesidades o solucionará grandes problemas, o ambos. La tecnología lo ha invadido todo en el primer mundo y olvida lo demás. Sin nuestra dosis diaria de bytes estamos perdidos. Pero, ¿cómo afecta el desarrollo tecnológico a nuestro desarrollo como personas? ¿Tiene sentido esta carrera que se va acelerando día tras día? Y que no va a parar. Todo aquello que mejore nuestra calidad de vida tiene justificada su existencia y desarrollo, pero ¿Y todo lo demás?

Bow Wow admiring the view with Lachlan at the Outeniqua Pass.

Para evitar divagaciones y no caer así discursos tópicos, nos vamos a centrar en lo que verdaderamente nos compete a nosotros: los museos. En nuestro campo, la museografía, se avanza cada vez más y más rápido siguiendo el ritmo del desarrollo tecnológico. Son muchos los planteamientos que mejoran la percepción del contenido por parte del visitante, que hacen que esa visita sea amena y cercana en muchos de los museos más importantes del mundo. Aquí os hemos hablado sobre la seguridad que tenemos en que acabaremos siendo androides o peor, que ya lo somos. Siempre esclavos de un móvil – smartphone – o una tableta, nos faltan manos; eso sin mencionar las horas que nos pasamos delante de un ordenador/computadora. Nuestra área de trabajo contempla la didáctica museográfica como la forma de enseñar a través del montaje de exposiciones dentro de los museos. Nos preocupamos que todos, de niños a mayores, reciban ese conocimiento de una forma fluida y divertida. Todo ese desarrollo tecnológico está orientado a eso: a enseñar el contenido y que sea asimilado sin gran esfuerzo. Las coordenadas en las que nos movemos los museógrafos para hacer las propuestas correspondientes reflejadas en nuestros proyectos giran sobre el respeto al patrimonio histórico, el conocimiento humano, y la forma en que los individuos se enfrentan a ese conocimiento, con especial preocupación por los niños. La relación que existe entre los niños y la tecnología nos condiciona absolutamente en el planteamiento de cada proyecto museográfico. Queremos evitar que los niños se tengan que convertir en androides para visitar nuestros museos.

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Pero, a la hora de buscar soluciones que combinen el respeto al conocimiento con el aprendizaje, y con el uso de herramientas de última generación, siempre dentro de un entorno de ocio y disfrute, vemos que se nos escapa algo muy importante: ser capaces de generar emociones. Mucho tememos que la tecnología es inversamente proporcional al desarrollo sensible de los seres humanos y eso nos preocupa. Los androides, al menos los que vemos en las películas de ciencia ficción, carecen de alma – no incluimos a Samantha de la película “Her” porque solo es una voz, carece de cuerpo de robot.

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Habrá quien opine, y posiblemente con razón, que no es asunto nuestro preocuparnos por generar emociones, que, en el caso de los peques, para eso están los padres y los educadores. Nosotros opinamos que por ejemplo, si los visitantes de un museo sobre la guerra no se acercan a experimentar lo que es y se siente dentro de una trinchera en plena guerra, se irán sin haber aprendido algo muy importante dentro de los cientos de cosas importantes que se deben aprender con emoción. Obviamos el Arte, aquí si que no podemos hacer nada, salvo informar sobre artistas y formas de generar Arte y en sus épocas, no podemos insuflar la sensibilidad necesaria para que conmueva un cuadro de Cézanne, aunque nos encantaría poder hacerlo. Hay quien está trabajando duro en ello siendo un esfuerzo muy noble – Museo Thyssen -. El ingrediente del sonido y el olor en los museos aun está poco utilizado, siendo muy importante para provocar que el visitante del museo reciba determinadas sensaciones que den paso a una emoción. ¿Utopías?

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Uno de los momentos mas emocionantes que hemos vivido fue el día que tuvimos ocasión de visitar el estudio de Cézzane, o de recorrer el hospital donde estuvo ingresado Van Gogh, atiborrado de flores de colore muy vivos, comprobando el punto justo donde colocaba su bastidor para pintar. Emociones que permanecerán con nosotros para siempre. ¿Son reproducibles ese tipo de emociones en un museo?

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Foto principal: Steve Shapiro / Marlon Brando en Goodfather I

4 Respuestas a “Sentido y Sensibilidad

  1. Hola.Totalmente de acuerdo con vosotros.¿A dónde tenemos que mirar en el futuro, al desarrollo tecnológico o al de las emociones que parecen perdidas? Vosotros, vuestra página, es el claro ejemplo de cómo se conjugan ambos. Nos informáis sobre domótica, nuevas tecnologías, hologramas, pero no perdéis de vista, en ningún momento, ese punto de sensibilidad que debe tener todo aquel que contemple una obra de arte, nos lo recordáis constantemente, gracias.
    Sobre la entrada de ayer, ¿existe en Madrid algún museo donde pueda observarse claramente el tema de la domótica? Un saludo. Jorge.

    • Hola Jorge, gracias por dejarnos tu comentario. En principio no se nos ocurre museo alguno de Madrid en el que se muestre lo que hablábamos en el post de ayer. De todas formas vamos a comprobarlo y te decimos si encontramos algo. Un cordial saludo.

  2. Es cierto!!!!!!!!!!! Nada más emocionante que sentarse en el café de Arlés en el mismo sitio desde que Van Gogh pintó la “Terra de café por la noche”…..Gracias , gracias….

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